Portugal se ha convertido en un modelo recomendado por muchos progresistas de izquierda. Kicillof afirmó que “Portugal es una salida con crecimiento”, Cristina Kirchner llamó a renegociar con el FMI “a la portuguesa”, y Alberto Fernández se reunió con Antonio Costa, el primer ministro, “para conocer de su propia boca cómo fue la experiencia portuguesa: ser muy cuidadoso con las cuentas públicas y desarrollar el consumo”.
El Contexto Político y Económico
En noviembre de 2015, Antonio Costa fue nombrado primer ministro, en base a un acuerdo parlamentario del Partido Socialista con el Bloque de Izquierda, el Partido Comunista y los Verdes. El objetivo proclamado era “acabar con la austeridad para reactivar la economía”. El gobierno del PS restauró entonces la semana laboral de 35 horas para los empleados públicos y aumentó sus salarios; frenó privatizaciones en el transporte y recuperó el control de la línea aérea estatal; elevó el salario mínimo y las pensiones; aumentó la carga impositiva a grandes fortunas e impulsó la ayuda a las pymes.
Dado que la economía ha crecido en los casi cuatro años que lleva el gobierno de Costa, el “modelo portugués” muchos afirman que es la demostración palpable de que es posible una salida de la crisis capitalista vía la redistribución progresista del ingreso, y sin sufrimientos para las clases trabajadoras. Por eso la experiencia portuguesa es citada como “modelo a imitar” por el kirchnerismo, stalinistas varios y por los partidos socialistas y organizaciones izquierdistas, como son el PSOE y Podemos, de España.
Crisis y Recuperación en Portugal
La recuperación de la economía había comenzado antes de la asunción del gobierno socialista. De hecho, entre 2015 y 2019 (este último estimado), el producto creció un magro 1,73% anual promedio. Por otra parte, la relación inversión /PBI -una variable clave a la hora de evaluar la dinámica de la acumulación- se mantuvo por debajo del nivel anterior a la crisis: entre 2013 a 2018 promedió 15,5%, contra 22% en 2008-9.
Además, la recuperación se produjo luego de una caída de salarios y del empeoramiento de las condiciones laborales y de vida de la población en general. Ese ajuste se profundizó a partir del acuerdo, de mayo de 2011, entre el gobierno portugués y la Troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea): a cambio de un préstamo de 78.000 millones de euros, Portugal aplicó un programa que incluía, entre otras medidas, el congelamiento de salarios, la reducción de los salarios de los estatales, la reforma de leyes laborales y diversas privatizaciones. Un ajuste que se impuso en el contexto de una elevada desocupación, que alcanzaría su pico de 16,4%, en 2013.
Evolución del Salario Real
El ajuste fue de la mano de la caída del salario real. Según la OIT, el salario real experimentó, entre 2008 y 2018, una evolución que muestra que los salarios reales recuperan, entre 2014 y 2017, muy poco del terreno perdido con la crisis, y que esa recuperación comenzó después de que la economía tocara fondo, en 2012-3. Los salarios portugueses están por debajo de la media europea.
Pero además, con la crisis se profundizó la caída de la participación de los salarios en el ingreso nacional. En particular, porque a partir de 2010 los salarios se desengancharon de los aumentos de la productividad. El resultado: mientras que en los 1990 la participación era de aproximadamente el 60%, en 2015 fue de solo el 52%.
Tabla Comparativa del Salario Mínimo
Para una mejor comprensión, veamos una comparación del salario mínimo en diferentes países:
| País | Salario Mínimo (Euros) |
|---|---|
| Francia | 1.467 |
| Portugal | 618 |
Reformas Laborales y Precariedad
Con la reforma laboral, introducida por el gobierno conservador, “disminuyeron las indemnizaciones por despido y se facilitó el despido por inadaptación, o extinción del puesto de trabajo; se redujo a la mitad la cantidad pagada por horas extraordinarias; y se recortó el subsidio de desempleo, que solo podía ser cobrado durante dos años y dos meses, contra tres años y un mes antes de la reforma. También se quitaron los tres días de vacaciones que algunas empresas daban a los empleados que no faltaban durante el año; se suprimieron cuatro días festivos; y se creó una bolsa de 150 horas extra a disposición de la empresa, que decide qué días se trabaja. Esta reforma se impuso, a pesar de la resistencia de los trabajadores y la huelga general convocada por la Confederación General de Trabajadores Portugueses, el 24 de marzo de 2012”.
El gobierno del PS adoptó medidas que significaron mejoras para los trabajadores. Su contrapartida, sin embargo, es que dieron margen al gobierno para no cuestionar, en ningún sentido fundamental la precarización de las condiciones laborales y la pérdida de posiciones frente al capital, experimentada durante la crisis. Dicho en otros términos: una vez que el capital adelantó 100 pasos, es posible retroceder 10 o 20 para asegurar los otros 80 de avances y proclamar, además, que “estamos gobernando en beneficio de los trabajadores”.
Por eso, no debería extrañar que el gobierno PS no haya derogado la reforma laboral impuesta por la Troika y el PSD. Recortó el tiempo de los contratos laborales a dos años y los contratos experimentales a 180 días, el gobierno del PS pero no corrigió el cálculo de compensación de los despidos, que fue clave en la reforma de la Troika. Por eso la reforma impulsada por el PS tuvo el visto bueno de las patronales y de la derecha; y el voto en contra del PC, Verdes y BI. En forma parecida, el PS votó en el Parlamento, junto a la derecha, contra la propuesta del PC, BI y Verdes de restaurar la paga extraordinaria por días festivos.
El resultado fue que, por diversas vías, se consolidó el trabajo precario. Según el informe de la OIT citado, “el nivel de empleo temporario en 2017 era exactamente el mismo que en 2008. El nivel de empleo temporario involuntario también permanecía estable”. El trabajo bajo contratos temporarios comprendía al 37% del trabajo total en 2000; alcanzó un pico de 66% en 2015, y en 2017 apenas había bajado a 63%.
Uno de los sectores en que más aumentó este tipo de empleo fue el turismo que, significativamente, fue motor de la recuperación. Entre 2013 y 2017 se firmaron 3,8 millones de nuevos contratos laborales, de los cuales 2,6 millones terminaron en el mismo período. Solo un tercio, aproximadamente, de esos nuevos contratos son permanentes, mientras que los dos tercios restantes son atípicos (trabajo por agencia) o de tiempo limitado. Incluso con el salario mínimo más elevado, estos trabajos proveen salarios bien por debajo del promedio nacional.
Trabajadores Estatales y Gasto Público
Con la aplicación del plan de 2011 bajaron las nóminas salariales de los estatales, tanto porque hubo recortes en el empleo como de salarios. Según el FMI, los recortes fueron entre 3% y 10% en 2011 para los salarios que estaban por encima de los 1500 euros. En 2012 se suspendieron los pagos extras de los meses 13 y 14. En 2013 se tomaron medidas adicionales para recortar el gasto público. En 2014 hubo bajas adicionales de entre el 2,5% y 12% para los salarios que superaban los 600 euros. También se congeló la progresión de las carreras en el Estado como un medio para contener la nómina salarial en el sector público. Estos recortes luego se retiraron.
El compromiso del gobierno de Costa de contener el gasto fiscal a costa de recortes a derechos de los trabajadores sigue firme hasta el presente. Por eso se negó a apoyar un proyecto de ley, del PC, BI y Verdes, que recuperaba de forma integral el tiempo de servicio de los maestros y profesores. Congelado entre 2011 y 2017, ese tiempo es esencial para la progresión en las carreras.
Motores de la Recuperación Económica
La realidad entonces es que la recuperación de la economía portuguesa no estuvo tirada por el consumo. El gasto en consumo final de los hogares en 2010 representaba el 63,9% del PBI; en 2018 la participación había bajado al 63%. La recuperación tampoco estuvo liderada por el gasto en consumo de la administración pública: pasó del 20,7% del PBI en 2010, al 17,3% en 2018.
Los principales motores de la recuperación no estuvieron en el consumo, sino en el turismo, la inversión extranjera y la inversión en construcción y propiedad inmobiliaria. El turismo pasó de representar, en cuatro años, del 13% al 17% PBI. Fue decisivo, además, para el equilibrio externo: en tanto la balanza de bienes, entre 2016 y 2019, fue deficitaria (6,7% del PBI, promedio anual), la balanza de bienes y servicios se mantuvo positiva en torno al 1,3%, promedio anual (datos del FMI). La participación de la inversión extranjera en la formación de capital bruto fijo, por su parte, pasó de 8,6% en 2014 a 20% en 2017.
También entró dinero destinado a inversiones inmobiliarias. Recordemos que desde 2012 se otorga el derecho a vivir en Portugal a todo aquel que adquiera una propiedad valuada en al menos 500.000 euros (también a los que inviertan capital). El Banco de Portugal señala una sobrevaluación de las propiedades inmobiliarias, vinculada al auge del turismo y a las inversiones de no residentes: entre el final de 2013 y la primera mitad de 2018 los precios de las propiedades residenciales crecieron, aproximadamente, un 29%.
Naturalmente, la recuperación basada en turismo e inversión en construcción inmobiliaria se refleja en los cambios en las participaciones de los sectores en el valor agregado bruto: el sector servicios elevó su participación desde el 66,4% en 1995, al 75,3%. La construcción, en el mismo lapso, la incrementó del 4% al 6,5%. En cambio industria, energía, agua y saneamiento vio disminuida su participación desde el 21,6% en 1995 al 18,5% en 2018.
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