La desigualdad socioeconómica se manifiesta en las diferencias en la vida social de las personas, generando ventajas para algunos y desventajas para otros. Estas diferencias son percibidas como injustas en sus orígenes y moralmente ofensivas en sus consecuencias.
Causas de la Desigualdad en el Empleo
La precariedad laboral es un fenómeno global que reemerge con fuerza como la otra cara de la moneda de la flexibilización progresiva de los mercados de trabajo. En Chile, dicha flexibilización se consolidó institucionalmente en el Plan Laboral de 1982, contemporáneamente con profundas transformaciones a la seguridad social, vigentes con ajustes menores hasta hoy. En este modelo, los trabajadores son concebidos solo como un factor más de la economía, y no como sujetos de derecho.
Los mercados laborales en los países en desarrollo se caracterizan por su dualidad. Existe un porcentaje de la población que debe emplearse en trabajos por cuenta propia para subsistir, ya sea en la agricultura o en servicios informales, y otro porcentaje de trabajadores asalariados que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario. A nivel global, existe una correlación positiva entre el PIB per cápita de las economías y la participación del empleo asalariado en el empleo total. Esto quiere decir que en los países más ricos el porcentaje de trabajadores por cuenta propia es muy bajo y el de asalariados es alto.
Durante el sexenio 2014-2019 el tipo de empleo que creció con más fuerza en Chile fue el trabajo por cuenta propia, mientras que el empleo asalariado creció en menos de la mitad. Esto tiene implicancias directas en la composición del empleo, ya que podemos evidenciar un aumento en la participación del trabajo por cuenta propia en el empleo total en dicho periodo. La situación se vuelve más preocupante si es que consideramos que el empleo asalariado privado creció solamente en 1,1% en promedio durante dicho período vs. un 4,3% del empleo asalariado público.
Si bien la composición del empleo en Chile ha sufrido pequeñas variaciones, esto tiene implicancias directas en la calidad del empleo, ya que el trabajo por cuenta propia cuenta con menor estabilidad laboral, menores ingresos laborales mensuales, menor protección frente al desempleo, menor acceso a derechos laborales como los beneficios por maternidad, accidentes de trabajo, etc.; como también falta de acceso a la seguridad social contributiva (contribución al sistema de pensiones).
El promedio de empleados informales en Chile en 2017 a 2019 fue de un 29%. Esto implica que casi uno de cada tres trabajadores en Chile no cuentan con cotizaciones de salud ni con previsión social (en el caso de los trabajadores asalariados), o que sus actividades no están registradas en el Sistema de Impuestos Internos (para los trabajadores por cuenta propia). La informalidad laboral también impacta a los grupos más vulnerables como a las mujeres, que tienen tasas de informalidad más altas que los hombres.
El crecimiento del empleo en Chile durante 2014-2019 se ha basado en la creación de empleos en sectores de baja productividad, con altas tasas de informalidad y concentrando principalmente a población vulnerable en determinados sectores productivos.
América Latina y el Caribe se caracterizan por ser las regiones más desiguales del mundo. A pesar de los avances en términos de crecimiento económico, la pobreza y la desigualdad siguen siendo grandes desafíos que afectan a la población. El escaso acceso al empleo adecuado y la precarización laboral son factores clave que profundizan las desigualdades y laceran el bienestar de la población y la cohesión social.
Según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), un tercio de la población de la vive por debajo de la línea de pobreza, y un porcentaje considerable se encuentra en pobreza extrema. Los índices de pobreza se ven reflejados en la alta dependencia de sectores informales de la economía y la limitada capacidad de los gobiernos de turno para generar políticas públicas inclusivas.
La brecha entre ricos y pobres ha sido históricamente desmedida y sigue siendo una característica fundamental de las economías de la región. Los sistemas educativos y de salud, muchas veces son ineficientes o de baja calidad, no permiten que los individuos de sectores más desfavorecidos puedan acceder con las mismas oportunidades que aquellos en posiciones sociales más privilegiadas.
Consecuencias de la Desigualdad en el Empleo
El empleo precario suele mirarse como un problema para la economía de las familias. Pero las autoras remarcan que se ha transformado también en un problema de salud pública. El trabajo es un determinante clave de la calidad de vida y la salud. Por una parte, cumple la función “manifiesta” de proveer los ingresos necesarios para la reproducción de las familias y alcanzar un nivel de vida socialmente aceptable, proveyendo las condiciones materiales de vida que permitan alcanzar un buen estado de salud.
En una estimación a partir de la única Encuesta nacional de empleo trabajo y salud (ENETS) realizada en el país en el año 2010, se constató que, de todos los asalariados privados con contrato, el 50,8% presentaba niveles de precariedad nocivos para la salud. Desde los años 30 se vienen desarrollando estudios científicos que muestran que el desempleo afecta la salud de las personas, y en especial su salud mental.
Los trabajadores con empleos temporales suelen tener más lesiones por accidentes de trabajo, lo que se ha atribuido a peores condiciones de trabajo, menor inversión en capacitación y equipos de protección personal, así como menor experiencia adquirida en las tareas realizadas. Investigaciones también describen que las mujeres con empleos precarios están en mayor riesgo de acoso sexual en el trabajo que aquellas con empleos no precarios.
En Chile, usando la ENETS 2010, observamos que las personas con empleos altamente precarios se declaran insatisfechos con sus trabajos en una frecuencia que más que duplica la de los trabajadores con empleos no precarios (2.2 veces más). Lo mismo ocurre con la presencia de síntomas depresivos (con una frecuencia de 2.4 veces más) y el reporte de mala o muy mala salud general (3 veces más).
La precariedad laboral y el desempleo comparten la pérdida, total o parcial, de las funciones manifiestas y latentes del empleo, con la consiguiente repercusión negativa tanto en calidad de vida como salud de las personas que trabajan y sus familias. Sumado a ello, las personas en situación de desventaja en el mercado de trabajo (como por ejemplo mujeres, jóvenes y adultos mayores, o quienes están en ocupaciones de baja cualificación) son las más expuestas a tener empleos precarios y muy precarios.
Desde la salud pública, la gran cantidad de personas expuestas a los efectos tóxicos de la precariedad laboral en Chile nos pone frente a una epidemia social urgente, que exige mirar íntegramente al empleo y la seguridad social.
La pandemia ha generado la crisis económica más grave y generalizada que haya sufrido Latinoamérica desde que existen registros estadísticos. En términos generales existió en Chile una destrucción de casi dos millones de empleos entre el último trimestre de 2019 al segundo trimestre de 2020.
Los empleos asalariados formales, que están asociados a mejores condiciones laborales e ingresos, fueron la categoría de empleo menos afectada por la pandemia. Los tipos de empleos más afectados fueron aquellos asociados a peores condiciones laborales y menores ingresos. La crisis no solo se caracterizó por la pronunciada caída en la producción y la pérdida de empleos de los trabajadores más vulnerables, sino también por la pérdida masiva de ingresos laborales de los ocupados.
La pérdida masiva de empleos y de ingresos laborales durante la crisis implicó un aumento en los niveles y tasas de pobreza sin precedentes en las últimas décadas en Chile. Esto significa que si los hogares solamente hubiesen dependido de sus ingresos laborales 7,8 millones de personas en Chile estarían por debajo de la línea de pobreza monetaria.
Políticas para Reducir la Desigualdad en el Empleo
Por tanto, deben ser nuevas políticas y nuevas leyes las que aseguren íntegramente la función social del empleo. En este sentido, existen al menos tres caminos de política para atacar la epidemia de la precariedad hoy en Chile. El primero, sin dudas, es el aumento real de los salarios, que asegure la reproducción de la vida como función manifiesta del empleo. Esto implica ir más allá de lo planteado hasta ahora, puesto que no puede depender de subsidios estatales ni de la buena voluntad de un sector del empresariado.
El segundo, refiere al fortalecimiento de la parte débil de la relación salarial, avanzando hacia la negociación colectiva ya sea por rama o territorio, y así anulando las brechas existentes entre trabajadores de alta y baja capacidad negociadora. Finalmente, un tercer camino es el fortalecimiento de la protección frente al desempleo. Urge mejorar la cobertura del actual seguro de cesantía, eliminando las excesivas barreras de acceso a esta prestación, especialmente las relativas a la continuidad laboral.
Entre las políticas a considerar para disminuir la desigualdad, destacan las que mejoran la productividad vía capacitación y fortalecen todos los niveles del sistema educativo. Siguiendo al texto Desiguales y a la OECD (2012), se necesita reducir las brechas que existen en la estructura productiva de la economía chilena, que se expresan en circuitos diferenciados de productividad, competencias laborales, salarios y estabilidad en los empleos.
Para superar los desafíos de pobreza, desigualdad y calidad del empleo, es fundamental que los gobiernos latinoamericanos y caribeños apuesten por un modelo de desarrollo inclusivo que estimule las condiciones de vida de la población y promueva sus derechos. Hoy es necesario que los líderes de los países en mención avancen en reformas estructurales que fomenten la diversificación de la economía, que generen empleos de calidad y que promuevan la equidad.
Es urgente repensar el modelo económico y político de América Latina y el Caribe. Para superar los desafíos de pobreza, desigualdad y calidad del empleo, es fundamental que los gobiernos latinoamericanos y caribeños apuesten por un modelo de desarrollo inclusivo que estimule las condiciones de vida de la población y promueva sus derechos.
Índice de Gini en Chile (1850-2009)
La siguiente tabla muestra la evolución del índice de Gini en Chile desde 1850 hasta 2009:
| Periodo | Índice de Gini |
|---|---|
| 1850-1920 | Alto (aproximadamente 0.6) |
| 1920-1970 | Disminución gradual |
| 1970-1990 | Aumento significativo |
| 1990-2009 | Ligera disminución |
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