Muchos se encuentran en la disyuntiva de considerar una carrera militar, y uno de los elementos más importantes a la hora de tomar la decisión es el sueldo.
Entre aquellas personas que se encuentran considerando la opción de postular, los y las jóvenes quienes están terminando la enseñanza media, son quienes generalmente se encuentran ante la interrogante respecto a qué profesión ejercer durante el resto de su vida. En ese sentido, muchas personas consideran como una posibilidad entrar al Ejército.
Combatientes a Sueldo: Una Perspectiva Global
Para ilustrar la situación de los combatientes a sueldo en un contexto bélico, se presenta el caso de un veterano colombiano que decidió alistarse en el ejército ucraniano.
Ante la propuesta, optó por alistarse e irse de su país. Como el gobierno colombiano ha estado monitoreando las salidas de veteranos -desde que al menos 20 de ellos estuvieran implicados en el asesinato del presidente de Haití en 2021- y se opone al reclutamiento de combatientes para Ucrania, Pinilla declaró que quería salir del país por motivos de turismo.
“Simplemente les dijimos a las autoridades que íbamos como turistas a Polonia”. Así, salió en un vuelo desde Bogotá hacia Madrid. Llevaba consigo una carta oficial ucraniana que confirmaba su alistamiento. Tras llegar a España, voló a Varsovia. Y, desde la capital polaca, tomó un tren hasta llegar a la frontera con Ucrania. Entró caminando.
“Revisaron mi pasaporte y luego me fui a la guerra”, contó Pinilla.
La Realidad del Combate: Experiencias de un Veterano
Las autoridades militares ucranianas pusieron al veterano colombiano al mando de una unidad de reconocimiento, que estaba conformada por una treintena de soldados. También le asignaron un traductor. Aún así, agregó Pinilla, gran parte de la comunicación se hace a través de aplicaciones de traducción que tienen en sus teléfonos celulares.
En un principio, él y otros camaradas fueron enviados a un entrenamiento en un campo de girasoles, que estaba ubicado a unos 60 kilómetros del frente de combate. Ahí, les enseñarían sobre áreas como primeros auxilios.
Mientras estaban en ese entrenamiento, un dron ruso apareció repentinamente y comenzó a disparar granadas a unos 20 metros del grupo. Luego, vino un bombardero de artillería. Pinilla contó que quedaron desconcertados y que, en esa instancia, optaron por escapar, ya que en ese momento no llevaban armas, “ni siquiera un chaleco antibalas”.
“Realmente podías sentir las ondas explosivas, la tierra temblando, las casas sacudiéndose. Nunca había experimentado eso en mi vida”, comentó al Journal. Mientras corrían para esconderse de los ataques enemigos, vio a unos agricultores ucranianos que estaban en las cercanías. Dijo que siguieron trabajando la tierra como si nada estuviese ocurriendo.
En este sentido, afirmó: “Lo más triste es que hay gente en Ucrania que se acostumbró a vivir así”.
Más adelante, su unidad fue enviada a las cercanías de las líneas de frente. Su tarea consistía en observar las posiciones enemigas y dirigir el fuego de artillería. “Era tan intenso que no podías permanecer apostado en los mismos lugares durante más de dos días”.
El veterano colombiano relató que, en una ocasión, un comandante ucraniano le advirtió que era probable que su unidad estuviera luchando contra otros soldados provenientes del país sudamericano. Había llegado a esa conclusión tras una intercepción en la comunicaciones de las tropas rusas.
Cuando le preguntó su visión al respecto, Pinilla le respondió que seguirían luchando, ya que cualquiera que se aliara con Rusia era el enemigo, “sea de nuestro país o no”. Relató que, en una ocasión, un joven colombiano de su unidad vio cómo dos connacionales -que batallaban por el lado ruso- mataron a dos peruanos con granadas.
“No pudo hacer nada."
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