Los elevados precios de Río de Janeiro, la ciudad más turística de Brasil, han sido denunciados en una página web creada por brasileños enfadados con unas cifras que, según ellos, ya han superado la frontera de la realidad y se han convertido en “surrealistas”. Algunos ejemplos incluyen "Palomitas en el cine a 20 reales (unos 8,5 dólares)?" y "Alquileres absurdos de apartamentos en pésimo estado (de conservación), costando 4.500 reales (1.915 dólares)".

Una trabajadora brasileña, al enterarse de que un periodista chileno vio diferentes partidos del Mundial, pregunta: "¿Usted es rico?". Ella gana el salario mínimo de este país: 724 reales, que son, dependiendo del cambio, entre $182 mil y $185 mil cada mes. Ella tiene dos hijos y un marido que igualmente trabaja por una remuneración básica.

Ella se gana la vida limpiando el piso, los baños y las mesas de un restaurante popular del centro de la capital paulista. Ella gasta a diario 15 reales ($3.800) en movilización -una micro y el metro- desde su casa al trabajo, con lo que cada mes debe "invertir" $114.000 de sus $185.000 para ir y venir desde su hogar. Como ella, observé a muchas mujeres y hombres, siempre todos de piel negra, limpiando gasolineras, restaurantes, hoteles, posadas, hostales, fuentes de soda, centros comerciales o la calle. No pude ver a una sola persona de piel blanca cumpliendo ese oficio.

Entre una comida al día, la movilizacion para ir a conocer lugares y comprar un periódico, se gasta más de lo que ella se gana trabajando. Ella, mientras leo un libro y escucho una radio local que -como la mayoría- toca música en inglés, sale sin el delantal y se encamina a su casa cerca de las 6 pm. Se despide con un gesto amable a lo lejos. Se ira caminando a tomar el metro en horario peak y tendrá que irse cual sardina enlatada por 30 a 45 minutos hasta llegar a la estación de buses urbanos. Ahí hará una fila enorme, se subirá a la micro, donde con mucha suerte podrá sentarse y luego tendrá que esperar entre 1 a 2 horas -según esté el tránsito en las carreteras- para llegar a su paradero. Luego bien puede ser que deba caminar algún kilómetro para llegar a su casa. Ahí verá a sus hijos y les preguntará de su día.

La promesa de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, de reducir el gasto durante su segundo mandato tuvo un comienzo difícil, debido a que su nuevo ministro de Planificación se retractó del compromiso de cambiar la forma en que se calcula el sueldo mínimo del país. El ministro Nelson Barbosa había dicho a periodistas el viernes, su primer día en el cargo, que planeaba enviar al Congreso un proyecto de ley para cambiar la fórmula que se utilizaría para ajustar el salario mínimo a comienzos del 2016. Un día después, sin embargo, publicó una nota en el sitio del ministerio en internet diciendo que se mantendrá la fórmula actual.

La fórmula del salario mínimo, que se basa en el aumento de los precios al consumidor más el crecimiento del Producto Interno Bruto durante los últimos dos años, busca garantizar que las personas de bajos ingresos obtengan un alza que supere la inflación. Esos ajustes, sin embargo, impactan más al sueldo de los trabajadores de bajos ingresos. Como las pensiones y algunos sueldos del Gobierno se basan en múltiples salarios mínimos, los aumentos del último pueden golpear al presupuesto del Gobierno, aumentando el gasto obligatorio e impulsando la inflación.

Bajo la fórmula actual, se espera que Rousseff anuncie un aumento del sueldo mínimo de un 8,8% para el 2015, a 788 reales (US$ 293) al mes, desde 724 reales en el 2014. En noviembre pasado, el diario español El País destacaba que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, hacía “equilibrios” para recortar gastos gubernamentales y cumplir la gran promesa electoral a la clase media. Ese mes, el gobierno del líder del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) anunció un paquete de recortes para ahorrar en dos años 70.000 millones de reales (12.000 millones de dólares). En paralelo, el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, el delfín de Lula, informó de un proyecto legislativo para eximir del impuesto de la renta a quien gana menos de 5.000 reales al mes (835 dólares) y gravar más a los que ingresan por encima de 50.000 reales mensuales.

Ahora ese sector, la clase media, ha vuelto a convertirse, luego de nueve años, en el mayoritario de Brasil. Así lo informó este domingo el diario O Globo, que tuvo acceso a un estudio de Tendências Consultoria, el cual muestra que el año 2024 marcó un cambio en la distribución de las familias brasileñas por estrato social. En concreto, la investigación encontró que el 50,1% de los hogares están en la clase C y superiores, lo que significa ingresos mensuales del hogar superiores a 3.400 reales (unos US$ 550). Según el periódico carioca, es la primera vez que esto sucede desde 2015, cuando el 51% pertenecía al menos a la clase media. En 2023, los hogares de las clases C, B y A representaban el 49,6%.

La mejora del empleo es el principal factor responsable del ascenso social de los brasileños, sostiene O Globo. Al respecto, la economista Camila Saito, de Tendências Consultoria, explica: “Desde 2023 se ha producido una importante migración de familias de la clase D/E a la clase C, fruto de la importante mejora del mercado laboral pospandemia”. Las clases C y B son típicamente las de clase media. En estas familias, la principal fuente de ingresos proviene del trabajo, y la masa salarial (ingresos totales de todos los trabajadores) ha aumentado en los últimos años, dice Saito, con la recuperación de la economía tras la pandemia y la apreciación real del salario mínimo en 2023 y 2024, después de años sin ajustes por encima de la inflación.

Al respecto, el economista Marcelo Neri, director de FGV Social, dijo a O Globo que Brasil tuvo resultados sociales “muy prometedores”, comparables a los de 2014 (el mejor año hasta ahora para el mercado laboral), pero incluso mejores. El economista evalúa que los tres componentes que favorecen el ascenso social estaban presentes en 2024: “En nuestros estudios sobre la nueva clase media estaban presentes tres componentes: el crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto), como ha sido el caso en los últimos dos años; crecimiento de los ingresos laborales muy por encima del PIB, lo que también está ocurriendo. En 2023, el aumento de los ingresos laborales fue apenas superado por el auge del real (en 1994) en un solo año”.

El tercer componente, explica Neri, recién apareció en 2024 y fue la caída de la desigualdad. Hasta el tercer trimestre, el ingreso promedio per cápita de los hogares en 12 meses creció un 6,98%, pero entre el 50% más pobre el aumento fue del 10,2%. Y la principal causa de este mayor aumento provino de la caída del desempleo, que representó el 40% del aumento de los ingresos familiares, afirma Neri. Las cifras reflejan la recuperación económica del país, bajo el gobierno de Lula, destaca el sitio Congresso em Foco. El mercado laboral se fortaleció entre 2023 y 2024, durante el cual se crearon 3,6 millones de puestos de empleo formales.

Con todo, Hadass Leventhal, columnista del portal brasileño Terra, advierte: “A pesar de los avances sociales y económicos, las desigualdades persisten como un desafío en Brasil. Si bien la tasa de desempleo ha alcanzado su nivel histórico más bajo, aspectos como la informalidad y la diferencia de ingresos entre distintos sectores siguen impactando negativamente en las capas más bajas de la sociedad. Reducir la desigualdad es un elemento crucial, ya que proporciona una distribución más equitativa de recursos y oportunidades”.

El nuevo proyecto de ley de sueldo mínimo impulsado por el Gobierno y que se ingresará hoy para su discusión inmediata en el Congreso, pretende aumentar el actual salario base de $193.000 -que rige desde el 1 de julio de 2012- a $205.000, $2.000 más que la propuesta inicial. Desde que se planteó la iniciativa con el monto inicial de $203.000, algunos sectores de la oposición sostuvieron que el incremento planteado por el Ejecutivo no es suficiente, esperando que el alza llegue a un piso mínimo de $217.000, mientras desde la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) creen el monto debería ascender a $250.000.

Lo que sí está claro es que desde todos los sectores, tanto oficialismo como oposición, se espera que el salario base supere la barrera de los $200.000, un anhelo que hace mucho tiempo tienen los trabajadores. Teniendo en cuenta esto, vale la pena revisar en qué posición nos encontramos con respecto a Latinoamérica, considerando además que nuestro país tiene el ingreso per cápita (relación entre el PIB anual y la cantidad de habitantes) más alto de la región, el cual asciende a 18.354 dólares -8,6 millones de pesos-, según el último informe del Fondo Monetario Internacional.

Asimismo, tiene la 6º ciudad más cara de Latinoamérica (Santiago), después de Sao Paulo, Río de Janeiro y Brasilia (todas de Brasil), Caracas (Venezuela) y Bogotá (Colombia), de acuerdo al último estudio Mercer Global. Además, existen otras naciones como República Dominicana donde existen sueldos mínimos diferenciados, pues a las grandes empresas se les exige pagar una remuneración base de 115.739 pesos chilenos; a las medianas $78.201; y a las pequeñas 70.516. Algo similar pasa en El Salvador, donde hay 4 sueldos mínimos dependiendo del rubro, donde el más alto es el del área comercial con 105.784 pesos y el más bajo el del área agrícola con 49.114 pesos.

México y Nicaragua, por su parte, también tienen exigencias diferenciadas. Mientras en el primero los valores se dividen en dos zonas geográfica (A y B), donde un grupo alcanza los 73.915 y el otro 70.071. En el caso del segundo, los sueldos mínimos se dividen por sector, siendo el más alto el rubro de la construcción con 101.533 y el más bajo el área agropecuaria con 44.391.

Si bien en América Latina, Chile se encuentra en la mitad “más alta” de los sueldos mínimos, si se compara con países desarrollados, la diferencia es abismante. Por ejemplo, en Australia el sueldo mínimo es de $1.294.177, en Dinamarca alcanza $1.224.172, en Francia $872.222, mientras en Estados Unidos se fijó en $680.400, aunque el monto varía en algunos estados.

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