Los domingos es habitual escuchar lamentos en las distintas plataformas y reuniones sociales porque se aproxima el lunes, sinónimo de trabajo. El desánimo, la falta de motivación y el paso de los días sin mucho sentido se han apoderado de muchos, más de lo que quisiéramos.
Es cierto que hoy, una importante cantidad de personas tienen trabajos agotadores, poco reconocidos, mal remunerados y sin un horizonte muy atractivo. Pero, la visión del trabajo se parece mucho a la del amor. Con eso me refiero a que hemos construido una idealización del trabajo perfecto y cuando entramos al mundo laboral la frustración es potente y el pasto de al lado siempre es más verde.
Porque cuando trabajamos en una empresa chica, queremos una grande. Cuando es una demasiado ordenada, queremos algo más hippie. Cuando nos desempeñamos en una organización tradicional, buscamos algo más cool o cuando ya nos sacamos el gusto de lo público, queremos escapar a lo privado. Nunca estamos satisfechos y si no cambiamos el switch les aseguro que realmente nunca lo estaremos.
Porque aunque te contraten en Disney, ahí también habrá un compañero amargado; aunque te recluten en Apple, te toparás con gente estructurada y con resistencia al cambio; aunque hayas firmado con Redbull existirá un jefe poco motivado o seas la nueva en el staff de Adidas, incluso ahí, habrá gente floja. En conclusión… no existe ni existirá el trabajo perfecto.
Obviamente que hay empresas mejores que otras, con visión de equipo, con cuidado del clima laboral, que intentan conciliar el trabajo, la familia y el tiempo libre, pero también soy una convencida que el sentido y la satisfacción en el trabajo depende mucho de cada uno.
Esperar siempre que los demás nos resuelvan nuestras dificultades, que otros generen los cambios, que el ambiente sea buena onda sin poner de nuestra parte y que el jefe adivine que necesitamos más y nuevos desafíos, es tan iluso como pretender ganarnos la lotería sin al menos haber comprado el boleto.
Hay un proverbio que explica con maestría lo anteriormente dicho. “Si piensas que eres demasiado pequeño como para hacer una diferencia, es que no has dormido nunca con un mosquito en la habitación”.
Todos podemos ser ese mosquito y solo basta decidirse a serlo. Con esto no quiero animar a que nos transformemos en el personaje agotador o ruidoso de nuestros ambientes laborales, solo a que nuestra realidad, sí la podemos cambiar con pequeños gestos y actitudes.
Decir lo que pensamos con respeto y cariño en los momentos adecuados, estar dispuestos a perder algunas batallas y no empecinarse o frustrarse cuando eso sucede, esforzarse por ponerle onda y humor a las relaciones que construimos en el trabajo, tener un espíritu colaborativo real con nuestros compañeros, decir la verdad siempre y asumir con hidalguía los errores, no perseguirnos y ser autocríticos con honestidad brutal, asumiendo que no toda la culpa es del “otro”; pueden ser pequeñas grandes cosas que nos hagan darle sentido a nuestro trabajo y manejar con fortaleza los tiempos difíciles.
Según una definición de los Chief Emotions Officers (o directores generales de emociones) para lograr una cultura positiva, de compromiso y que logre que los equipos trabajen mejor, hay tareas que un líder debe realizar si quiere despertar emociones positivas en su equipo. Una de ellas es: “establecer una visión: darle sentido al trabajo. ¿Cuál es el sueño? Debe ser algo que despierte emociones, que dé ganas de saltar de la cama todas las mañanas para trabajar”.
Aquí difiero tanto de estos señores. Porque las emociones son muy importantes en nuestra vida, pero no pueden ser el único motor. La frase anterior es justamente la que crea un mundo de fantasías en quienes están desmotivados y que tienen la expectativa de que algo tan improbable les pase. ¿Quién salta los 365 días del año motivado por esas emociones y ese sueño? NADIE.
Hay que buscar un trabajo que obviamente nos guste, nos haga ser mejores personas, aporte a la sociedad y nos permita vivir con tranquilidad y dignidad. Pero nuestra relación con el trabajo, así como con el amor, tienen mucho de voluntad, cabeza y decisión. Y cuando comenzamos genuinamente a ver lo positivo y sacamos el foco en lo que nos falta, la pega adquiere otro rumbo y no solo nuestro desempeño será mucho mejor, comenzaremos también a disfrutar la vida… aunque eso es hoy nos parezca imposible.
Han pasado más de 40 años desde que Christina Maslach, profesora emérita de psicología en UC Berkeley, en Estados Unidos, escribió por primera vez sobre el trauma del agotamiento laboral. “Un lugar de trabajo disfuncional no es algo que la gente deba soportar”, escribe.
“Comparte mucho con el estrés, pero va más allá”, explica la autora. La experiencia tiene 3 componentes interrelacionados. Uno es el agotamiento, que es la respuesta al estrés. Y luego, el tercer componente es que las personas comienzan a sentirse negativas sobre sí mismas, en lugar de solo sobre su lugar de trabajo. ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué entré en este trabajo? No estoy orgulloso de algunas de las cosas que he hecho. Todo esto, como señala la Organización Mundial de la Salud, puede conducir a todo tipo de resultados en el futuro en efecto dominó, incluidos problemas de salud física, problemas de salud mental, bajo rendimiento y abandono del trabajo.
Si enmarcas la pregunta como «¿Qué le pasa al trabajador que está agotado?», entonces las soluciones tienden a ser sobre cómo esa persona se cuida a sí misma: ¿Necesita tiempo libre? ¿Necesita ver a un médico?
Debemos mirar a ambos lados. ¿Qué está pasando en el lugar de trabajo? “Las cosas que decía incluso antes de la pandemia a menudo se hacían con las mejores intenciones. ‘¿Qué podemos hacer por nuestros trabajadores?’, se preguntaban las empresas. Mejor comenzar con las piedras en el zapato, y luego continuar con otras cosas. ¿Qué está funcionando bien? ¿Dónde no lo estamos haciendo tan bien?
La primera respuesta es preguntar: “¿Hay alguna manera de mejorar las cosas aquí y hacerlo mejor? ¿Soy el único que no está contento con esto? Tal vez haya otros. A partir de ahí, utiliza las áreas que describe Maslach en el libro: carga laboral, control, recompensas, comunidad, equidad y valores.
Causas del bajo rendimiento laboral
En los negocios de hoy en día, el bajo rendimiento laboral de los empleados se ha convertido en un problema creciente y en un tema común de discusión en las reuniones de juntas directivas, en búsqueda de crear las motivaciones necesarias. Cuando los gerentes deciden delegar el trabajo, las frustraciones son altas ya que se espera que los empleados demuestren un buen trabajo y sepan cómo son los buenos resultados. En el hecho de que los empleados tengan un bajo rendimiento laboral, inciden muchas razones; pero la razón principal podría ser que los gerentes no se dan cuenta de que pueden estar contribuyendo a la falta de desempeño de sus subordinados, al no crear motivaciones efectivas.
Como gerente, necesitas primero entender las fortalezas y debilidades de cada uno de los miembros de tu equipo. Es fundamental que, al mismo tiempo que comprendes a sus empleados, ajustes tu estilo para un liderazgo efectivo, maximizando el rendimiento; también debes generar las condiciones necesarias para que los empleados se desempeñen óptimamente. El bajo rendimiento laboral suele ocurrir cuando los empleados no saben qué se espera de ellos. A menudo, los supervisores no explican bien qué deben hacer, hasta dónde esforzarse ni les ayudan a fijar metas. También pasa que los empleados no comparten sus problemas, y muchos gerentes no entienden cómo piensan ni cómo motivarlos. Algunos gerentes no se interesan en esto y solo dan órdenes o amenazas. Por eso, evita que tus empleados se sientan perdidos o bajo presión. Crea un ambiente laboral agradable, donde puedan trabajar con tranquilidad.
Si tus empleados no están rindiendo bien en los proyectos, explícales para qué sirve lo que hacen, qué lograrán y qué beneficios tendrán. Algunos no preguntarán y harán lo que les pidas, pero otros querrán entender el propósito del trabajo. El primer paso para alcanzar un óptimo rendimiento laboral, es aclarar los títulos de los puestos y proporcionar descripciones detalladas de los mismos. Aunque la mayoría de los trabajos requieren flexibilidad, los empleados deben tener claro quién debe hacer qué.
Como se dijo, para aumentar el rendimiento laboral en tus empleados, puedes empezar por aclarar o establecer objetivos para cada proyecto o tarea. Define los estándares y expectativas, dando un conjunto claro de objetivos que deben ser alcanzados. Si los empleados sienten que están siendo cuestionados constantemente, su creatividad y motivación disminuirán; pero si la motivación al éxito también es constante, el rendimiento laboral será el esperado para el beneficio de la empresa. Por último, es importante contar con un sistema de recompensas y compromisos comunes, donde todos sean juzgados con la misma vara.
A veces el bajo rendimiento laboral de tu empleado puede deberse simplemente a que él no tiene la voluntad de hacer el trabajo que se le asigna. No hay una solución simple para este problema de bajo rendimiento laboral, porque no hay una sola causa.
Soluciones para el bajo rendimiento laboral
No todas las situaciones de bajo rendimiento laboral tienen que ver con el ambiente de trabajo; hay otros factores personales, sociales, económicos. Un empleado puede estar pasando por una situación personal difícil, como una separación, fallecimiento de un familiar, un hijo enfermo. Sin embargo, no debemos desestimar otros factores, como por ejemplo, cuando la relación ha llegado a su fin, porque el empleado considera que quiere algo mejor y piensa que en otra organización pueden ofrecérselo. Por último, está la opción del empleado que quiere abrirse paso por su cuenta, con un emprendimiento.
La percepción de la realidad y la vida cotidiana
La vida cotidiana representa el todo del ser humano y a su vez forma parte de la estructura de su historia, es la esfera de la forma en que cada individuo percibe su realidad, la misma es susceptible a los cambios realizados a nivel social, por lo que siempre se encuentra en constante construcción.
Ese es precisamente el espacio, en el que cada sujeto elabora la identidad y subjetividad a través del estudio de su esencia como ser social con características culturales, lo que le permite organizarse y reorganizarse en su entorno de acuerdo a sus necesidades y satisfacción de las mismas.
La vida cotidiana se alimenta de los hechos y diferentes dinámicas, resultado de la influencia de las condiciones externas a cada individuo, tales como: factores económicos, sociales, políticos y culturales, siendo estos gestados en diferentes espacios relacionados a su entorno.
Pérdida de interés en actividades diarias (Anhedonia)
Las personas que han perdido interés en las actividades cotidianas, son aquellas que se sienten incapaces de experimentar placer o disfrutar de las cosas que solían hacer en el día a día, actividades laborales, sociales, de ocio, apetito por la comida, relaciones sexuales o cualquier otro evento o circunstancia. Esta situación, también es conocida bajo el término Anhedonia y en las últimas décadas se le ha dado mayor importancia, relacionándola como un síntoma fundamental de diversos trastornos psiquiátricos, dentro de los cuales se hace presente la depresión y la esquizofrenia.
Ribot (1886), psicólogo francés, indicó, que esta incapacidad para experimentar placer o satisfacción en todas actividades de la vida, se considera una falta de reactividad en casi todos los estímulos habitualmente placenteros, lo que constituye uno de los síntomas más claros de depresión.
Muchas personas pueden estar expuestas a la pérdida del interés o del placer en las actividades cotidianas, sobre todo si sufren de depresión. En ocasiones, no se le da la importancia que amerita, porque las personas que presentan cuadros depresivos les cuesta trabajo admitir su condición.
Una depresión profunda puede hacer que en una persona no exista ningún tipo de motivación, ni de alegría, ni de disfrute, es como una especie de congelamiento emocional, así estén en juego las actividades que más le guste o las personas más importantes de su entorno.
Este trastorno tiende a aparecer mayormente cuando se está expuesto a situaciones que generan preocupación, ansiedad, estrés o disgusto.
Diagnóstico de la Anhedonia
Dentro de los criterios generales que son considerados para diagnosticarla como un trastorno, se debe considerar en cada paciente, los siguientes elementos:
- El grado de insatisfacción con las capacidades y logros que alcanza.
- Cómo son sus relaciones interpersonales.
- De qué manera afronta los acontecimientos del día a día.
- Cómo afecta su actitud al entorno.
Es fundamental que los pacientes puedan asumir que tienen un conflicto para buscarle solución, y más cuando su comportamiento comienza a afectarle de manera negativa, tanto a sí mismo como a las personas que están a su alrededor. De ser así, esa incapacidad de sentir placer, debe ser considerada como una patología y requiere atención psiquiátrica.
Causas de la Anhedonia
Muchos investigadores consideran que la causa principal está relacionada con una alteración del sistema dopaminérgico, el mecanismo por el cual la dopamina, que es una sustancia química que segrega el cerebro, produce sensaciones de placer al comer, cuidar de un hijo, tener relaciones sexuales, otros. Este sistema no produce satisfacción, placer y bienestar en situaciones como la depresión, la abstinencia de la persona que consume algún tipo de droga y la esquizofrenia.
En relación a la pérdida del placer sexual, vale la pena resaltar que puede ser causado por medicaciones utilizadas para la depresión, la esquizofrenia, la ansiedad, otros.
Tratamiento de la Anhedonia
Una vez conocido su diagnóstico y su causa, se debe saber que en la generalidad este trastorno se da como consecuencia del abuso de sustancias o por algún tipo de enfermedad. Cuando aparece por depresión, esquizofrenia, trastornos de ansiedad y consumo de drogas, al tratar la enfermedad y obtener mejoría, este trastorno irá desapareciendo. En el caso de que la causa se derive de una medicación, la misma podría mejorar al hacer una modificación en la dosis que se consume o cambiándola por otra.
Sin embargo, cualquiera que sea el caso, es recomendable buscar la ayuda profesional pertinente para sobrellevar el malestar que ésta causa.
Consejos para sobrellevar la pérdida de interés
Si la pérdida del interés o placer en las actividades cotidianas, es por causa de la depresión, es posible que, siguiendo algunas recomendaciones, esta pueda gestionarse:
- Dormir lo suficiente, respetar el horario del sueño y realizar las actividades diarias, cada una, en su horario correspondiente.
- Realizar con regularidad actividades físicas, las mismas contribuyen a mejorar el estado de ánimo de la persona.
- Evitar el consumo de alcohol, tabacos y drogas, ya que no ayudan a mejorar las causas ni los síntomas.
- El tiempo que se pasa frente a los artefactos electrónicos debe ser limitado, el no hacerlo trae como consecuencia aislamiento, afecta los horarios y además pueden causar adicción y depresión.
- Leer revistas o libros según cada gusto, pues se da espacio para la distracción y relación en la persona.
- Se recomienda dividir las tareas grandes en pequeñas y a su vez organizarlas por orden de prioridad.
- Establecer relaciones interpersonales, conversar, buscar un viejo amigo con el que no se ha conversado durante largo tiempo. Compartir es de gran ayuda.
- Las decisiones importantes deben ser pospuestas hasta sentir mejoría.
- Bañarse y cambiarse de ropa diariamente, arreglarse, así no se vaya a salir de casa.
- Se recomienda escuchar música, ver fotografías, recordar momentos que fueron significativos, dejando tras ellos gran alegría.
Seguir cada una de las recomendaciones sugeridas, así como el tratamiento farmacológico que pueda ofrecer el especialista resulta de gran importancia en la recuperación de cada paciente, hasta que éste pueda nuevamente iniciar sus actividades cotidianas con entusiasmo e interés.

