El contexto actual en el que se presenta el proyecto de ley que propone el reajuste del ingreso mínimo mensual, corresponde a una economía que no termina de recuperarse debido a los daños ocasionados por la pandemia producida por el COVID-19.

El año pasado, el Producto Interno Bruto se contrajo 5,8%, caída que se extendió a los meses de enero y febrero de este año.

Así, según el Informe de Política Monetaria (IPoM) presentado por el Banco Central en marzo de este año, si bien se observa un positivo desempeño reciente de la economía, el mercado laboral aún presenta rezagos importantes respecto del avance que ha mostrado la actividad económica, los cuales constituirán un desafío para este año.

Según dicho informe, el Producto Interno Bruto se expandirá entre 6% y 7% en 2021, mientras que la inflación terminará el año en el centro del rango de tolerancia de la meta del Banco Central de Chile, es decir, en 3%.

No obstante, a más de un año de iniciada la pandemia por el COVID-19, aún no hemos recuperado los empleos destruidos.

Según las últimas cifras de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), para el trimestre móvil de enero-marzo 2021, la cantidad de asalariados del sector privado se encuentra 499 mil empleos por debajo de la misma cifra para el año anterior, lo que, a nivel de empleo total, significa que restan más de 900 mil empleos por recuperar.

Asimismo, señala que, según sus estimaciones con los datos del Seguro de Cesantía, es posible constatar que aproximadamente 840 mil trabajadores ganaban, a diciembre de 2020, una remuneración entre 0.9 y 1.25 ingresos mínimos mensuales.

De estos trabajadores, alrededor de un 31% son menores de 30 años y se encuentran principalmente en los sectores del comercio (19%), servicios administrativos y de apoyo (13%), construcción (12%), y agricultura y pesca (10%).

Adicionalmente, un 67% de ellos se concentran en empresas con menos de 50 trabajadores.

Si consideramos la participación de estos trabajadores según su género, podemos ver que proporcionalmente la cantidad de mujeres que reciben una remuneración entre 0.9 y 1.25 ingresos mínimos mensuales (18%) es mayor a la de los hombres (15%).

Agrega que, durante este último año de pandemia por COVID-19, los trabajadores que reciben una remuneración entre 0.9 y 1.25 ingresos mínimos mensuales; jóvenes, mujeres, trabajadores con menos años de escolaridad y aquellos que se desempeñan en sectores como el comercio o construcción, han sido afectados de manera negativa.

La pandemia está afectando principalmente el empleo de estos grupos.

Según datos del Seguro de Cesantía, es posible concluir que proporcionalmente se destruyen más empleos entre los trabajadores que reciben una remuneración entre 0.9 y 1.25 ingresos mínimos mensuales que en aquellos trabajadores con ingresos superiores a éste.

Lo anterior se ha visto agravado durante la crisis sanitaria.

Los mismos datos reflejan que el porcentaje de empleos destruidos, para trabajadores que ganan entre 0.9 y 1.1 ingresos mínimos mensuales, es 4 puntos porcentuales mayor (6%) que aquellos trabajadores que ganan una cifra mayor a 1.25 ingresos mínimos mensuales (2%).

Con el objetivo de ayudar económicamente a los trabajadores de menores ingresos, como Gobierno hemos generado mecanismos de apoyo económico, tales como: la ley N° 21.218 que Crea un Subsidio para alcanzar un Ingreso Mínimo Garantizado; la ley N°21.230 que concede un Ingreso Familiar de Emergencia; la ley N° 21.323 que establece un nuevo bono clase media y un préstamo solidario para la protección de los ingresos de la clase media; la ley N° 21.227, que faculta el acceso a prestaciones del seguro de desempleo de la ley N° 19.728, en circunstancias especiales, entre otras iniciativas que se presentan como una herramienta para alcanzar estos objetivos.

Estos instrumentos se han ido perfeccionando durante el año 2021, en función de la realidad de nuestro país y del uso que le ha dado la población.

Finalmente, debemos recordar que uno de nuestros principales objetivos como Gobierno es proveer estabilidad económica para nuestros compatriotas, lo que creemos se logrará de forma permanente a través de la creación y mantención de empleos formales.

Reajuste del Ingreso Mínimo Mensual

Considerando los antecedentes señalados, se propone un reajuste del ingreso mínimo mensual de acuerdo a la evolución del Índice de Precios del Consumidor, con el objetivo que mantenga su poder adquisitivo.

Esto quiere decir, que el monto del ingreso mínimo mensual se incrementa a $337.000, de acuerdo con la variación acumulada entre septiembre de 2020 y hoy, que, de acuerdo con datos disponibles (incluyendo las proyecciones para abril de 2021) es de 3,1%.

A su vez, el ingreso mínimo mensual para los trabajadores menores de 18 años de edad y mayores de 65 años de edad se eleva a $251.394 y el ingreso mínimo mensual para efectos no remuneracionales a $217.226.

Adicionalmente, se proponen cambios en el ingreso mínimo garantizado.

Considerando que en la actualidad no se cuenta con registros administrativos para verificar la jornada de trabajo y las horas efectivamente trabajadas, se propone una norma que regula la postulación al subsidio.

En Chile hay 198.438 personas que ganan el sueldo mínimo, lo que representa el 4,5% de los trabajadores que laboran con contrato.

Hoy el sueldo mínimo es de $241 mil bruto y viene subiendo paulatinamente desde julio del año pasado, tras un reajuste en tres etapas, negociado en julio de 2014 por el Gobierno y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

Es el “sueldo ético” que pidió en agosto de 2007 a los empresarios monseñor Alejandro Goic, hoy obispo de Rancagua y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, cuando el salario mínimo era de $144 mil.

Tras su declaración se abrió un fuerte debate en Chile en torno al esfuerzo que significaría llegar a esa cifra y a los impactos que podría ocasionar en el empleo.

En su propuesta, monseñor Goic apelaba a que con $250 mil se podría mitigar la inequidad.

Desde un punto de vista técnico, la economista de Libertad y Desarrollo Cecilia Cifuentes, alerta sobre el hecho de que un alza del salario mínimo superior al alza promedio de los salarios, perjudica más a quienes ganan el salario mínimo.

La investigadora además comparó el alza del salario mínimo con el crecimiento de la productividad, que en los últimos 25 años ha crecido 83%, muy por debajo del alza del sueldo mínimo.

Según la última encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen 2013), un hogar con cuatro miembros es pobre si su ingreso es menor a $360 mil o $90 mil por persona.

“Entonces una persona sola que gana el sueldo mínimo no es considerada pobre monetariamente. Pero una persona que mantiene una familia probablemente sí sería pobre”, explica el director ejecutivo de la fundación Emplea, del Hogar de Cristo, Remo Pompei.

Otro aspecto que ha detectado la fundación Emplea es que la mayoría de quienes trabajan por el sueldo mínimo son personas sin educación completa y nula experiencia laboral.

Un estudio de la Fundación Sol, presentado en julio de este año, revela que si se incluyen todas las categorías ocupacionales (asalariados, cuenta propia y empleadores), el total de personas que ganan el salario mínimo o menos alcanza a 1.681.213, es decir, 24,5%.

La diferencia entre las estimaciones de la Comisión y las cifras de Fundación Sol radican principalmente en que el estudio de la Comisión Asesora toma como referencia los datos del Seguro de Cesantía, que incluyen solo a personas con contrato.

Impacto en la Vida Cotidiana: El Caso de Rosa

“En la mañana me fui rapidito a vender unos paraguas. Vendí como 30, ayer traje como siete docenas y los voy a vender en estos días”, cuenta Rosa Fuenzalida (43), empleada de una empresa de aseo en la que trabaja pasando el trapero y sacándole brillo a los pasillos de una gran tienda en Las Condes durante cinco noches a la semana.

Hace unos días Rosa salió a la calle para vender paraguas. El ojo comercial lo tiene bastante desarrollado, y como sabe que necesita más dinero que su sueldo para alimentar a sus dos hijos, complementa su ingreso de la empresa de aseo con la venta de confites y bebidas en un carrito que tiene en la esquina de Recoleta con Artesanos.

Ahí trabaja desde la una del día hasta las 20:30, cuando cierra para tomar una micro y, tras una hora de viaje, llegar hasta Las Condes, donde trabaja limpiando desde las diez de la noche a siete de la mañana.

En total, trabaja 16 horas al día y gasta 2 horas en movilizarse a su trabajo.

Gana más que el mínimo porque suma bonos, y alcanza cerca de $330 mil.

Siempre que no falte, porque le descuentan el día, más una parte de los bonos.

A diario dice que son fijos $7 mil para que sus hijos almuercen y se den vueltas y unos cigarros para ella por cerca de $2 mil.

Solo con esto suma $270 mil al mes.

Para ir a trabajar carga con $2 mil la tarjeta Bip! y a la semana le pone unos $4 mil de carga a su teléfono.

“Con lo que gano no me alcanza. Uno compra cosas para el desayuno, mercadería cuando cocino -que puede ser arroz, tallarines o porotos y verduras-, una bebida y el tarrito de café que llevo para el trabajo”.

No suma gastos escolares, porque sus hijos dejaron el colegio.

Arriendo tampoco paga, porque dice que vive de ‘ocupa’ desde que murió quien le cobraba el alquiler de su pieza.

Dice que ropa, zapatos y algunos electrodomésticos, como un microondas y un hervidor que hay en su pieza, los sacó a crédito.

Tuvo una libreta para la vivienda, pero ha tenido que sacar la plata varias veces.

“No tengo para ahorrar para la casa. Pero ahora me pagan algo fijo con lo del aseo y quiero ahorrar.

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