La religión no debe ser ningún poder, y menos la cristiana. Cuando la Iglesia se convierte en poder ya no es la Iglesia de Jesucristo, porque su misión es solo servir: “el mayor entre vosotros ha de ser el servidor de todos”.
Todas las religiones, cuando se convierten en instrumentos de poder, son muy peligrosas porque generan odio, animadversión, división y fanatismos que conducen a la violencia.
Matrimonio Adúltero: Religión y Política como Instrumentos de Poder
Cuando religión y política se convierten en poder se utilizan mutuamente como instrumentos de conveniencia, creando dependencias que les hacen ser mutuamente necesarios uno para el otro y favorecerse recíprocamente.
El poder político favorece al religioso con leyes, concordatos, donativos, exenciones fiscales, prebendas, etc. Y el poder religioso legitima las decisiones del poder político aunque a veces no sean ni de lejos coherentes con el mensaje evangélico.
Lo hemos visto bien claro en España durante los largos años de la dictadura, y aun ahora con los colegios concertados, con el 0,7 en el IRPF recaudado por el Gobierno para ella, con la inscripción masiva de muchos inmuebles que, costeados con dinero e incluso mano de obra gratuita del pueblo, los recientes gobiernos de turno permitieron a la Iglesia católica inscribirlos todos a su nombre en los Registros correspondientes.
La Iglesia no Debe Hipotecarse
La Iglesia no se puede hipotecar a ningún César, a ningún gobierno, a ningún poder, y menos al económico, y aun mucho menos ser ella un poder económico. La Iglesia no puede hipotecar jamás lo que solo es de Dios.
Y de Dios son especialmente los últimos de la sociedad: los oprimidos, los pobres, los indefensos, los desvalidos, los marginados, los hambrientos, enfermos, sedientos, encarcelados, emigrantes, desnudos… La Iglesia cuanto más se acerca a los pobres, más se acerca a Dios, no con asistencialismo, sino reclamando justicia para ellos (“dichosos los que tienen hambre y sed de justicia”).
Pero cuando la Iglesia calla la boca ante leyes injustas (reforma laboral, reformas y amnistías fiscales a favor de los que más tienen, reducción drástica como hizo el gobierno español, a la cooperación internacional, etc.), que favorecen más a los de arriba que a los de abajo, está traicionando a Jesucristo presente en los débiles y necesitados.
La iglesia no puede consentir de ninguna manera la sumisión y el sacrificio de los débiles al poder político ni económico, como está pasando ahora en España. No basta acudir, aunque haya que hacerlo, a ayudar a los desahuciados, los parados, los inmigrantes, los excluidos de la sanidad pública y asistencial, sino que tenemos que denunciar al sistema que los produce, las causas y los causantes que los generan, y quien primero tiene que hacerlo son los Obispos y su Conferencia Episcopal.
Sistema Político Injusto
Es injusto un sistema político, cuyos cargos públicos están mucho más al servicio de su dinero, incluso con la corrupción, o el de los bancos, o el de los grandes empresarios del IBEX, que al servicio del pueblo; es incompatible con el Evangelio; es incompatible con asistir a actos religiosos y a celebraciones cultuales cristianas, y mucho menos celebrarlas para ellos como a veces hacen incluso algunos jerarcas.
Todos los que tienen el dinero y el poder como meta de su vida, no deberían entrar nunca en un templo cristiano porque su dios no es el Dios de Jesucristo. Cuando Zaqueo le dijo a Jesús “si a alguien he defraudado le devolveré cuatro veces más”, es cuando Jesús le dice: “hoy ha venido la salvación a esta casa”.
No hay ninguna riqueza inocente, ni mucho menos la de la Iglesia, ni la de los áticos de los cardenales señores Rouco (370 m2, Reforma 370.000 €) y Bertone (700 m2 y 442.000 € de reforma). Francisco no quiere obispos ni cardenales “untuosos, suntuosos ni presuntuosos”.
Impuestos Justos y Servicio Público
Es justo y necesario pagar impuestos para sostener y potenciar lo más posible la educación, la sanidad, las comunicaciones, la discapacidad, los servicios sociales, etc. de personas que no tienen medios para costearlos por si mismas. Pero si luego esos impuestos van a ser empleados para mordidas, para sobornos, para influencias, para gastos suntuarios y militares injustificados como los desfiles aéreos o paradas militares, eso ya no es del César.
Ejercer un cargo político con honradez, lealtad, honestidad, entrega personal y vocación de servicio a la Comunidad tiene un gran valor humano y por lo mismo cristiano. Estos merecen nuestro voto. Pero ejercerlo para enriquecerse, dejarse sobornar, tener influencias, llevar una vida por encima del nivel del pueblo, trepar hacia más poder y querer perpetuarse en él, no para servir al pueblo, sino para servirse del pueblo, tomar decisiones que favorecen a los que más tienen, es inhumano, injusto, indecente y deleznable. A estos tales un cristiano nunca les debe dar su voto.
Recortes y Financiación de la Iglesia
El Gobierno recortó, por ejemplo en 2015, un 15% el gasto en prestaciones por desempleo, y recortó, y mucho, en sanidad, en educación, en servicios sociales, pero no recortó para nada el dinero destinado a la Iglesia católica.
Más del 80 % de los 250 millones que recibe la Iglesia de esta Asignación Tributaria a través de la casilla de la X va destinado a financiar las 70 diócesis que la Iglesia tiene en España, como sueldos de sacerdotes y obispos, rehabilitar parroquias o pagar universidades privadas católicas, excepto los capellanes castrenses que son personal militar a sueldo del Estado.
Madrid es la diócesis más beneficiada, con más de 14 millones de euros, seguida por Valencia (8,7), Toledo (5,4) o Santiago de Compostela (5,2), mientas que el Arzobispado Castrense, con 129.000 euros, es el que menos recibe, aunque hay que añadir que, en este caso, el sueldo de sus sacerdotes es asumido por Defensa.
Parte del importe restante se destina a pagar la Seguridad Social de los sacerdotes (6,5 %), financiar proyectos de rehabilitación y construcción de los templos (1,9 %), realizar actividades pastorales (3,1 %) u ofrecer una aportación extraordinaria a Cáritas (2,4 %,) que es sin duda la actividad social de la Iglesia más valorada por la sociedad y especialmente por los pobres y sin embargo los Obispos solo le conceden unos 6 millones de euros.
Distribución de la Asignación Tributaria a la Iglesia Católica en España
| Destino | Porcentaje |
|---|---|
| Financiación de diócesis (sueldos, rehabilitación, universidades) | >80% |
| Seguridad Social de sacerdotes | 6.5% |
| Rehabilitación y construcción de templos | 1.9% |
| Actividades pastorales | 3.1% |
| Aportación extraordinaria a Cáritas | 2.4% |
¿Puede la Iglesia, desde esa situación privilegiada, ser crítica con las decisiones gubernamentales causantes de muchas de las necesidades que sufre el pueblo, o denunciar, por ejemplo, a los 79 directivos y consejeros de Caja Madrid que utilizaron presuntamente tarjetas opacas con las que cargaron a la entidad más de 15 millones de € para sus gastos privados, o dejar en evidencia pública y notoria la inmensa cantidad de corrupción que hay en España?
El maridaje entre religión (La Iglesia), poder (El Estado) y dinero (de ambos) son nefastos, sobre todo para la Iglesia y el Pueblo.
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