Podría ser cualquier ciudad, donde los abstraídos inauguran silencios, complicidades y las indiferencias quedan flotando entre segundos del reloj. Casi todos se conocen, o al menos se han visto alguna vez… Cruzando la plaza Muñoz Gamero, avanzan los carteros, una pancarta extendida explica su marcha: “Dignidad salarial”.
“Hay dos Chile. Uno vive bien y gana mucho a costa de otro que se las arregla con lo que puede y estira hasta lo imposible el sueldo, ahí estamos los carteros”, sintetiza el dirigente Radomiro Angulo Silva. Tiene 33 años en la empresa, camina un promedio de 20 kilómetros al día.
Cada cartero, para cumplir su tarea camina, entre 12 y 20 kilómetros cada día, cargando un mínimo de diez kilos que puede variar según la entrega. Podrían recorrer a ciegas la ciudad, porque conocen las calles como la palma de su mano.
En Punta Arenas hay 34 carteros, de ellos una es mujer y gana cerca de 191 mil pesos mensuales, en un horario que va de las 8.30 a las 17 horas, dependiendo de la entrega y demanda que tenga. Gloria Levicoi, de 38 años, todos los días, sin pedir permiso a las condiciones climáticas, avanza a paso rápido por la Población 18 de Septiembre. Conoce los perros buenos y malos.
Su sorpresa es parte de la historia que reclaman los trabajadores. “Imagínate que tengo 33 años de servicio y gano 329 mil pesos, una cifra muy por debajo de lo que gana un funcionario público en cualquier repartición del Estado.
Otra de las dificultades que aducen los trabajadores de Correos de Chile es que están obligados por ley a cumplir lo que se conoce como Servicio Postal Universal (SPU); es decir, que debe tener presencia territorial completa en Chile, sin importar la rentabilidad de las oficinas que quedan en localidades pequeñas y alejadas de los principales centros urbanos.
En su paso por la ciudad, reciben el reconocimiento de la comunidad, pero también la incomprensión. Hay gente que piensa que porque llega una cuenta de una tienda comercial no debe cancelar por la entrega.
“Existe en nuestro país un decreto que fija la tarifa de conducción de correspondencia, la normativa fijó en $30 pesos el derecho por cada carta, impreso u otro objeto de correspondencia, y nos autoriza para convenir un pago mensual con los clientes”, explica Héctor Leiva Rodríguez.
Radomiro y Héctor vivieron de carteros en la dictadura de Pinochet. Entonces no recibían sueldo y vivían del pago de entrega por cada carta. “Cuando era difícil la situación en el país, ingresé por necesidad. Fue súper duro, en ese tiempo no tenías derecho a opinar, era sólo trabajar y agachar la cabeza… Entonces éramos doce carteros, ahora somos 34. Recuerdo que en nuestra sala golpeábamos con el zapato el piso y parábamos cuando aparecía el militar encargado, teníamos que callarnos.
Y continúa: “Espero que nuestras autoridades no sean tozudas ni displicentes, los trabajadores nos merecemos ganar un sueldo decente y digno para nuestras familias. Hoy esperan comprensión. Están acostumbrados a entregar, pero hoy esperan una buena noticia, con la misma ansia que en antaño el amante esperaba la postal de la amada.
Aspiran a un reconocimiento de dignidad, un sueldo que llegue al menos a los 250 mil pesos, un pequeño gesto -dicen-, para un Chile, donde sus autoridades califican al país de exitoso en lo económico.
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