En muchos países occidentales, se ha popularizado el término medicina preventiva, a menudo con un error conceptual significativo. Los sistemas de salud, tanto públicos como privados, ofrecen a sus afiliados "exámenes preventivos" de salud.

Pero estos supuestos "exámenes preventivos" a menudo no cumplen con el objetivo real de la prevención. Su función principal es diagnosticar la presencia o ausencia de una enfermedad específica. En otras palabras, en lugar de prevenir la enfermedad, se enfocan en detectarla tempranamente, lo cual es fundamentalmente diferente.

La verdadera medicina preventiva se centra en mantener un estado de salud óptimo tanto en pacientes individuales como en la población en general.

El diagnóstico precoz de enfermedades es, sin duda, importante. Sin embargo, un programa real de medicina preventiva debe entenderse como una inversión en salud, ya que procuraría evitar gastos en morbi-mortalidad (es decir, en enfermedades crónicas costosas, ausentismo laboral, discapacidades y muerte).

Niveles de Prevención en Medicina

En medicina, las medidas de prevención se clasifican en cuatro niveles:

  • Prevención Primaria: Es la verdadera promoción de la salud, que busca mantener un estado de salud equilibrado y libre de enfermedades crónicas, dirigida a toda la población.
  • Prevención Secundaria y Terciaria: Buscan disminuir las repercusiones en los pacientes que ya padecen la enfermedad o en una población de pacientes que ya tienen patologías establecidas.
  • Prevención Cuaternaria: Busca disminuir el daño que el mismo sistema de salud infringe sobre los pacientes (es decir, el desarrollo de enfermedades o empeoramiento de éstas debido al propio acto médico).

La mayor parte del presupuesto en salud se destina a las prevenciones secundarias, terciarias y cuaternarias.

El Enfoque Actual en el Diagnóstico

En muchos sistemas de salud, se considera exitoso al médico que logra diagnosticar casos complejos, con síntomas raros y de difícil manejo. Sin embargo, existen países y regiones con sistemas de salud más avanzados que clasifican al médico como exitoso no solo si logra desentrañar casos de pacientes con enfermedades complejas.

En la realidad, en muchos sistemas de salud el médico actúa como un bombero: intenta apagar incendios ya declarados. El problema es que este bombero no le enseña a sus pacientes que no deben jugar con fuego.

Si los exámenes están bien y el paciente se siente bien, se le indica que regrese en un año o más. Hasta que llegue el momento en que aparezca una alteración en los exámenes, un síntoma o una enfermedad. El médico convencional sabrá diagnosticarla e incluso tratarla, pero muchas veces carece del conocimiento y formación para enseñar a prevenirla realmente, y para guiar a un paciente sano en la importante tarea de aprender a mantenerse sano.

La palabra doctor proviene de docere (docente), es decir "el que enseña". Los doctores "modernos" no enseñan a sus pacientes a cuidarse de la enfermedad.

El Aumento de las Enfermedades en el Siglo XXI

Un análisis médico y antropológico revela que hoy, en pleno siglo XXI, e incluso con el desarrollo tecnológico, científico, industrial y farmacéutico, estamos más enfermos que nunca en nuestra evolución como especie humana.

Estamos frente a tasas crecientes de cáncer, enfermedades autoinmunes, alergias, enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Ni hablar de depresión, insomnio, angustias y ansiedades.

La primera pregunta que debemos hacernos, para evitar el desarrollo de enfermedades agudas recurrentes y/o enfermedades crónicas, es: ¿por qué nos enfermamos?

Las razones, claramente, son múltiples y no existe un consenso definitivo en el mundo científico sobre cuántos y cuáles son realmente las variables que han influido en este aumento de la prevalencia de enfermedades. No obstante, sí existe un acuerdo respecto a algunos macro-parámetros que inciden negativamente sobre la salud de los seres humanos.

El Impacto de la Epigenética

Lo interesante es que hasta los factores genéticos (que aparentan ser algo irremediable, como una condena heredada de nuestros padres y abuelos) se podrían manejar a nuestro favor. El factor genético representa en promedio un máximo de 20% de influencia sobre la salud en general y el desarrollo de enfermedades.

Tenemos a nuestra disposición un 80% de posibilidades de cambiar el curso de una predisposición genética, tan solo a través de nuestros hábitos de vida. Lo otro destacable es que un enfoque preventivo de salud trabaja todos estos aspectos, para evitar el desarrollo o empeoramiento de una enfermedad en un paciente, e indirectamente mejora también la salud de sus hijos y nietos.

No se trata de ser apocalíptico, pero la verdad es que todo lo que hagamos durante nuestra vida puede ser, de alguna manera, heredado también a nuestros descendientes. Esto es lo que se conoce hoy como epigenética, un concepto médico relativamente nuevo, que ha demostrado que además de la secuencia de genes (genética), se puede heredar también una mayor o menor predisposición a que ciertos estos genes se activen o se expresen (epigenética).

En otras palabras, a través de nuestros hábitos podemos modificar la herencia que le entregaremos a nuestras futuras generaciones. Es por esto que cuando hablamos de medicina preventiva, no solo estamos abordando a una persona determinada, sino que indirectamente estamos generando cambios potencialmente heredables para que su descendencia sea también más sana.

Debemos ser proactivos en el cuidado de nuestra salud (y por ende de la salud de nuestra descendencia). Es por esto que debemos entender que la medicina preventiva va mucho más allá que el diagnóstico precoz de las enfermedades.

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