El aumento sostenido del salario mínimo interprofesional (SMI) se ha convertido en una tendencia global que, lejos de provocar los efectos negativos que preveía la ortodoxia económica, está generando mejoras en la calidad de vida y en la equidad salarial.

Los datos recientes muestran que países como España, México, Alemania y varias naciones de Europa del Este han incrementado de forma notable sus salarios mínimos en los últimos años. Estas alzas han sido impulsadas, en gran parte, por el impacto inflacionario derivado de la pandemia y la crisis energética global. La experiencia española es una de las más llamativas: desde 2018, el SMI ha subido un 61%, mientras que la inflación en el mismo período fue de un 19%. En paralelo, la tasa de desempleo ha disminuido y el empleo ha crecido ligeramente.

Este patrón se repite en otros países europeos, como Lituania, donde el salario mínimo aumentó un 160%, o en Montenegro y Albania, donde las subidas han superado el 100%. A pesar de las advertencias de la economía neoclásica, que durante décadas sostuvo que subir el salario mínimo destruiría empleos y aumentaría la inflación, la evidencia reciente apunta en otra dirección.

“Los modelos convencionales han fallado, sobreestimando lo negativo y subestimando lo positivo”, explicó Juan Carlos Moreno Brid, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, en declaraciones a El País. Otro ejemplo contundente es el de México, donde el salario mínimo más que se duplicó durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.

Más allá de Europa y América Latina, el fenómeno también se ha visto en Estados Unidos, donde algunos estados como California han elevado de forma significativa sus salarios mínimos. Michael Reich, profesor de la Universidad de Berkeley, señaló a El País que estas alzas han mejorado el nivel de vida de millones de trabajadores mal remunerados sin afectar negativamente la creación de empleo ni generar inflación relevante.

Nuevas investigaciones también sugieren que las subidas del SMI tienen efectos colaterales positivos a nivel macroeconómico. Entre ellos, el impulso al consumo interno, ya que las personas con menores ingresos suelen destinar una mayor proporción de sus recursos al gasto, fortaleciendo así la demanda agregada.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre 2021 y 2022 el 57% de los países del mundo incrementaron su salario mínimo nominal, y entre 2022 y 2023 lo hicieron el 59%. Este cambio de enfoque se ha visto respaldado por la concesión del Premio Nobel de Economía a David Card en 2021 por sus estudios que desafiaron la visión convencional sobre los efectos negativos del SMI.

Análisis del Salario Mínimo en Chile: Un Enfoque Comparativo

El mes de junio es el mes del salario mínimo. O al menos debería serlo. Lo cierto es que de discusión es poco lo que se ve, y año tras año se repite un ritual que pide a gritos ser más participativo. En esta idea, desde la Fundación SOL, ha comenzado una campaña por un salario mínimo que permita alcanzar el desarrollo. Como parte de ella, la presente columna, aborda un tema específico, pero muy manoseado por estos días: “En términos comparados, ¿es alto el salario mínimo en Chile?”.

A nivel internacional, existen al menos tres indicadores: salario mínimo nominal en dólares y ajustado por poder de compra, salario mínimo como proporción de la línea de pobreza y el Índice de Kaitz con sus tres derivaciones (respecto al salario promedio, salario mediano y valor agregado por trabajador). Dependiendo de las particularidades de cada país la OCDE recomienda seguirlos complementariamente. Es un indicador que da información de fácil comprensión.

Salario Mínimo Ajustado por Paridad de Poder de Compra (PPP)

Para controlar por capacidad adquisitiva, la medida se ajusta por Paridad de Poder de Compra (PPP). Según los datos del Informe Mundial de los Salarios de la OIT (2010/2011), los países industrializados tienen un salario mínimo promedio de US$ 1.306 (cerca de $653 mil pesos chilenos a un tipo de cambio de $500). En los países que tienen un PIB per cápita mayor a US$20.000 el promedio de su salario mínimo es US$ 1.250.

Si nos concentramos en la cola inferior de este grupo de países (los que tienen un PIB per cápita entre 25 mil y 20 mil dólares), podemos observar el caso de Portugal (país al cual Chile ha colocado como benchmark para alcanzar el desarrollo en el año 2018), con un salario mínimo de US$ 618. Se trata de una medida que intenta reflejar el poder de compra que tiene el salario mínimo en término de canastas de necesidades básicas.

Salario Mínimo y Línea de Pobreza

Este indicador suele utilizarse en países donde existe línea de pobreza absoluta (como es el caso de la mayoría de los países subdesarrollados o de ingresos medios). Sin embargo, no es posible tener el dato comparativo en el caso de los países industrializados, pues en ellos, la pobreza se mide en términos relativos. En el caso chileno, de acuerdo a los datos de la encuesta CASEN 2006, el salario mínimo cubría 2,9 veces la línea de la pobreza.

En ese entonces, comparando con los países de la región, el indicador se situaba entre los más altos. Con datos de CASEN 2009, la proporción cae a 2,54 líneas de pobreza. En el caso específico de este indicador, el punto débil se encuentra en la medición de la línea de pobreza, que como se ha visto se encuentra sub-estimada en Chile.

Índice de Kaitz

Este indicador es uno de los más conocidos y su versión más clásica es cuando se computa de acuerdo al salario promedio, esto es, cuál es el salario mínimo como proporción al salario promedio. Chile, de acuerdo a los datos CASEN 2009, tendría un Kaitz a salario promedio de 0,32. Bastante menor a los ratios de los países industrializados dónde el promedio superaría a 0,5.

El Índice de Kaitz en su versión salario promedio, tiene la debilidad que no controla por la dispersión en la distribución de ingresos. En este sentido, países con mucha desigualdad económica tendrían un alto valor en el salario promedio. En la versión salarios medianos, el índice de Kaitz para Chile utilizando los datos de la Encuesta CASEN 2009, llega a 0,55. De acuerdo a este indicador se dice que Chile tendría uno de los salarios más altos de los países de la OCDE.

Sin embargo, el talón de Aquiles del Kaitz, versión salarios medianos, es precisamente la situación que se da cuando los países enfrentan salarios medianos muy bajos. Sin embargo, Saget (2008) entrega valiosos aportes al debate mediante el uso de una tercera derivada del indicador de Kaitz. En este caso, es el salario mínimo como proporción del PIB per cápita mensual, todo ajustado por poder de compra (el ratio también es conocido como la razón salario mínimo a valor agregado por trabajador).

De acuerdo al documento, los salarios mínimos son incorrectamente fijados, cuando los países obtienen ratios inferiores a 0,3 (mini-salario mínimo) o superiores a 0,6 (maxi-salarios mínimo). Entre ambas cotas, existe espacio de movimiento para la fijación. De acuerdo a dicho indicador, Chile tendría 0,34 ajustando por los resultados de la última encuesta CASEN 2009.

Para la autora, los salarios mínimos muy altos (maxi-salarios mínimos), son aquellos que superan el 60% del valor agregado por trabajador. Por otra parte y tomando los resultados de Saget (2008), pasar bruscamente a un nivel de maxi-salario mínimo aumenta la probabilidad de tener una elasticidad empleo-salario mínimo negativa, es decir, resultan peligrosos en cuanto podrían afectar los niveles de empleo en la economía, a través de la clásica línea de transmisión dónde mayor salario mínimo afecta a los empleos menos calificados (defendida por Hammermesh, 1993).

En conclusión, nuestro país tiene amplio espacio para avanzar en cuanto al salario mínimo. Existe evidencia (expuesta en otras opiniones de la misma Fundación SOL), dónde se desdramatiza los supuestos impactos en materia de empleo y presiones inflacionarias. En lo relativo a compararnos con los países OCDE, aún estamos muy rezagados, aún queda mucho por hacer.

TAG: #Sueldo

Lea también: