Todos aspiran a una jubilación digna, pero, ¿cuántos latinoamericanos tienen realmente ese privilegio? Mientras la población en la región envejece cada vez más, más preocupación generan los sistemas de pensiones.
Según un ránking del Índice Global de Jubilación sobre los diez mejores lugares para jubilarse en 2024, cinco se encuentran en América Latina: Costa Rica, México, Panamá, Ecuador y Colombia son el refugio ideal para personas de distintas partes del mundo con ingresos medios o altos.
Sin embargo, hacer un ránking o comparación de los sistemas de pensiones en la región es difícil para Bertranou, debido a que estos están ligados a una historia de desarrollo de las instituciones de seguridad social, al nivel de desarrollo de los países y también al desempeño de sus políticas económicas, laborales y sociales.
A pesar de ello, Bertranou destaca que los países del Cono Sur están mejor posicionados, mientras que los países andinos están en una situación intermedia. Los países de Centroamérica, con excepción de Costa Rica, tendrían todavía un largo camino por recorrer y mejorar la cobertura prestacional.
En el caso de los países de la región mejor posicionados, el economista Cuadros cree que está funcionado un poco mejor porque estos han estado migrando a sistemas complementarios en lugar de solo optar por sistemas alternativos.
En otro reciente ránking internacional elaborado por el Índice Global de Jubilación, que analizó en 44 países criterios como salud, finanzas, calidad de vida y bienestar material, Chile es el país latinoamericano mejor situado en el puesto 35.
El promedio de edad en la que los latinoamericanos pueden pasar al retiro es de 65 años, pero en algunos sistemas de jubilación va desde los 55 hasta 70 años.
Según el Índice Global de Jubilación, en Uruguay, el monto de la pensión mínima mensual por jubilación es de aproximadamente 394 dólares, en Colombia 252 dólares, en Brasil 250 dólares y en Chile 220 dólares. En Argentina, los jubilados perciben entre 192 y 274 dólares, en México 194 dólares y en Perú 134 dólares.
Ante este panorama disperso, el representante de la OIT en la región opina que el principal desafío de los gobiernos es construir políticas de consenso, sostenibles y legitimadas desde el punto de vista social, acordes a las realidades económicas y laborales que presenta cada país.
Una salida para los países menos favorecidos, cree el economista Cuadros, sería empezar de forma gradual con sistemas complementarios. “Primero se debería establecer el aporte obligatorio al sistema público de todo tipo de trabajador y todo debería ir a una bolsa de fondo común, pero también debe haber un aporte solidario de empleadores y del Estado, como ocurre en países más desarrollados.
Ranking de los Sueldos Mínimos Más Altos de Latinoamérica
Durante los últimos años, distintos países de Latinoamérica han presentado reajustes en lo que respecta a sus sueldos mínimos, tal como sucedió con Chile, pasando de $460 mil a $500 mil.
Respecto a lo anterior, la periodista María Florencia Melo de la página Statista, la que se caracteriza por sus datos y estadísticas, elaboró un ranking donde muestra y ordena los salarios de América Latina.
Según el listado, el país de Latinoamérica que posee un sueldo mínimo más alto es Costa Rica, en donde el salario llega hasta los $687 dólares, seguido muy de lejos por Uruguay con $570 en moneda norteamericana.
En tercer lugar se ubica Chile, sin embargo, el gráfico mostrado en la plataforma no consideró el reciente aumento que tuvo el ingreso mínimo, por lo que se contabilizó solo como 460 mil pesos (unos $521 dólares para esa fecha).
En cuanto a la parte baja de la tabla, aparece en el último lugar Venezuela con poco más de $3 dólares para después tener a Argentina con $152 dólares mensuales.
“Estas estimaciones se basan en valores nominales, es decir, no están ajustadas en función del poder de compra ni el costo de vida en cada economía. Por lo tanto, la comparación puede parecer muchas veces injusta.
Sin duda una de las discusiones que se toman la agenda es la del salario mínimo, en el caso de Chile el ingreso básico tendrá un aumento del 4,5% a partir de marzo pasando de $288 mil a $301 mil. Según un estudio realizado por Statista , Chile es el segundo país de Latinoamérica con el sueldo mínimo más alto, siendo superando por Uruguay en donde el ingreso básico llega a los US$461 ( $309.440 aprox).
En el caso de los países con peor ingreso, están México con US$160 ( $107.000 aprox), siendo la nación de la OCDE que más horas trabaja, llegando a las 2.255 al año, y Venezuela con US$6 ($4.028).
La empresa Picodi realizó un estudio en el que reveló cuál es el costo de la canasta básica en Chile y cuánto es el porcentaje del sueldo que uno gasta en comprarla.
En Chile, esta canasta básica alimentaria cuesta un promedio de 67.235 pesos.
La composición de la canasta y el precio medio:
- Leche (10 litros) - $ 7.876
- Pan (10 barras de 500 g) - $ 8.167
- Arroz (1,5 kg) - $ 1.392
- Huevos (20 unidades) - $ 2.993
- Queso (1 kg) - $ 6.137
- Pollo y carne de vacuno (6 kg) - $ 29.533
- Frutas (6 kg) - $ 5.022
- Verduras (8 kg) - $ 6.115
Desde el 1 de septiembre del 2018, el salario mínimo en Chile aumentó a 288.000 pesos brutos (204.082 pesos netos).
De forma transversal en Latinoamérica, el poder Legislativo no goza de buena fama, pese a su importancia a través de las leyes que aprueban o rechazan. Recientemente, esta temática causó revuelo en Argentina luego que se anunciara una subida de la dieta de senadores y diputados de ese país, que es 10 veces más que el salario mínimo. El cuarto lugar lo tienen ahora los senadores argentinos, quienes recordemos aumentaron su sueldo hace unas semanas en un 170%. Por su parte, las y los diputados de ese país tienen un salario distinto. El último lugar de este análisis se lo lleva Colombia.
Comparación de Chile con Países de la OCDE
Al comparar a Chile con los países de la OCDE, se observa que el salario anual de $103.265.772 (pesos chilenos), equivalente a US$252.505 (ajustado por paridad del poder adquisitivo, PPA) es el más alto del grupo.
Le siguen en la lista países como Estados Unidos, con US$174.000 (PPA); Italia, con US$173.488 (PPA); y Japón, con US$140.263 (PPA).
El ejercicio anterior, sin embargo, no permite sacar muchas conclusiones, ya que siempre se puede argumentar qué significa realmente un salario más o menos alto al interior de cada país. Por lo mismo, una mejor forma de enfocar la discusión es preguntarse qué implica este salario respecto del PIB per cápita de cada nación y del ingreso mínimo al interior de los países.
Es en este desglose donde emerge la principal conclusión de este estudio, y que apunta a la magnitud de la diferencia de ingresos entre nuestros parlamentarios y los de otros países.
Así, Chile ocupa el primer lugar al comparar la diferencia entre el sueldo de los parlamentarios con el PIB per cápita (11,8), seguido por Turquía (6,3), México (5,6) e Italia (5,1). En el extremo opuesto se encuentra un país como Suiza, donde esta diferencia es de 0,7 veces, es decir, el sueldo de un parlamentario es inferior al PIB per cápita de dicho país.
En el caso de la relación entre dieta parlamentaria e ingreso mínimo, Chile ocupa el segundo lugar, ya que los parlamentarios perciben 40 veces el ingreso mínimo. Nuestro país solo es superado por México, donde esta diferencia es de 55,8 veces.
El problema de la desigualdad en Chile se expresa en todos los niveles, incluida su principal estructura democrática. El entramado político-institucional ha generado un sistema donde diputados y senadores perciben sueldos que se encuentran totalmente fuera de proporción respecto de lo que gana la mayoría de la población.
Y esto tiene serias consecuencias para la calidad de la democracia chilena, porque se establece una distancia abismal entre los representantes y sus representados. Tal brecha no es solo simbólica, sino que, como muestra este análisis, material.
Incluso sería posible argumentar que esta distancia económica “blinda” a los parlamentarios chilenos de las condiciones de vida promedio de chilenas y chilenos, haciéndoles insensibles a tales condiciones. Más aún, esta realidad transforma en “pares” de diputados y senadores, en términos no solo de ingresos sino que de estilo y calidad de vida, a los hombres y mujeres más poderosos de Chile, por su situación económica.
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