La mayoría de la gente sabe lo que hace un maestro, una enfermera o un abogado, pero no muchas personas han tenido alguna experiencia directa con el trabajo que desarrollan las y los Trabajadores Sociales. Si queremos apoyo público para el trabajo social, debemos dejar que la gente sepa qué hacen los trabajadores sociales y por qué. Las definiciones formales y los libros de texto no interesan a la gente en general, así que me preguntaba si podríamos expresar el trabajo social a través de objetos, utilizándolos para una Exposición Virtual de Trabajo Social.

Trabajo Social en 40 Objetos: Una Iniciativa Innovadora

Un día surgió la idea de crear un sitio web, para recolectar objetos e historias del trabajo social, la página lleva el nombre de Trabajo social en 40 objetos y cualquier persona puede donar un objeto y contar la historia de cómo el objeto le conecta con el trabajo social. Los valores del Trabajo Social como la justicia social evocan sentimientos de pasión por el cambio e indignación por la injusticia y también otras emociones. Pensamos en el objeto que amamos; amamos los objetos con los que pensamos. Así, Sherry Turkle (2011) vincula objetos con sentimientos. Es una paradoja, porque pensamos en los objetos como fríos e inanimados, lejos de la calidez y subjetividad de los sentimientos.

Winnicott (1953) teorizó sobre el papel de los objetos para ayudar en la transición del niño pequeño de un mundo totalmente centrado en mí a un mundo que no soy yo. Turkle continúa reflexionando que “la mayoría de los objetos ejercen su poder de sujeción debido al momento y circunstancia particular en que llegan a nuestras vidas”. ¿Puede esto ser también cierto en nuestra vida profesional?.

El Significado Personal de los Objetos en la Práctica del Trabajo Social

Mark Doel nos señala “Mi hija mayor, Trabajadora Social, conserva el mapa de calles A Z que utilizó para desplazarse por la ciudad de Birmingham, donde tuvo su primer trabajo como profesional del Trabajo Social”. Una mujer joven, embarazada, entró a la oficina pidiendo ver a la Trabajadora Social. No hacía mucho que la profesional había egresado, teniendo una edad similar a la de la mujer. Ella le contó cómo había sido cuidada en ese hogar de niños, pero que tenía poca memoria o conocimiento de su infancia, dónde había estado y cuándo, y que ahora estaba a punto de dar a luz a una nueva vida, realmente quería saber más sobre su propio origen. ¿Me preguntó si la podría ayudar?.

La profesional fue a la sala de archivos donde se guardaban todos los expedientes de los distintos casos y encontró su expediente: estaba repleto de papeles y documentos mal archivados y su apariencia general era poco querida e irrespetuosa. No quería que ella viera su “vida” tan descuidada, así que le preguntó si le importaría regresar en unos días para darle tiempo para ordenar las cosas en su archivo para ayudar a reescribir su “historia”. Lo que hizo la profesional fue darle una cronología de los acontecimientos de su vida y sus movimientos (había habido muchos), regalándole fotografías y dibujos que había hecho de niña. Me preguntaba cuántos de los otros archivos abultados contenían elementos que deberían devolverse a las personas (Chambon et al, 2011). Eso fue un momento fundamental de aprendizaje profesional y guió mi práctica y mi enseñanza posterior con los estudiantes.

La humildad de los objetos (Miller, 1986) puede cegarnos a su importancia para proporcionar un sentido de identidad continua a través del tiempo (Mehta y Belk 1991). Aunque el apego a los objetos puede volverse disfuncional, como el acaparamiento (Shaw et al 2016), la persistencia de un objeto de confort a través del tiempo puede ayudarnos a aterrizar, como un osito de peluche o la bufanda que Papá Noel le dio al niño en la caricatura.

La Importancia del Tacto y los Objetos Tangibles

La teoría y la práctica del Trabajo Social se centran en la importancia de las habilidades de comunicación y estas se consideran implícitamente visuales, auditivas y orales: observación, comprensión auditiva y expresión oral (Trevithick, 2012). Se descuida el significado del tacto. Los objetos son notablemente tangibles (Hocking, 2000). El poder del tacto está bien ilustrado por los objetos reunidos por Thomas Clarkson en su campaña por la abolición de la trata de esclavos a finales del siglo XVIII (Devenish, 1994). Clarkson era un ferviente oponente de la esclavitud y su cofre de objetos contenía ejemplos de los artefactos de la trata de esclavos: los espantosos instrumentos como esposas y hierros para marcar, así como las especias que se comercializaban; y, significativamente, los hermosos objetos de madera y marfil que fueron exquisitamente tallados por los pueblos esclavizados.

Viajó por el país con este cofre de objetos que animaba a las personas a tocar y ser tocados por los objetos de la esclavitud. En su campaña para abolir la esclavitud y la trata de esclavos Thomas Clarkson notó que los artefactos pueden influir en la opinión pública más que las palabras “. (Doel, 2019). No solo un objeto que tenga significado y poder, sino la relación de ese objeto con los demás y con el mundo humano. De esta manera invitamos a los profesionales participantes a la “donación de un objeto en forma virtual” que les sirva para contar la historia de cómo y por qué dicho objeto les conecta con el Trabajo Social.

Esto servirá para mostrar una manera de expresar la controvertida naturaleza del Trabajo Social de forma más inmediata y accesible que las definiciones de libros. Es así como la invitación está abierta para quienes quieran compartir y donar simbólicamente aquel objeto que cuente la historia de una experiencia vivida en torno al Trabajo Social.

El Trabajo Social ante los Desafíos Actuales

Las sucesivas crisis y sus efectos demandan actuaciones públicas de profundo calado, vertebradas y coordinadas en beneficio de la población que más las padece. Al respecto, este artículo se propone conocer la posición del Trabajo Social sobre la existencia o no de instrumentos aplicados en las políticas públicas para la inclusión que contribuyan a reducir la exclusión social y mejorar la intervención social que se torna difícil ante la complejidad de los fenómenos actuales. Se parte de conceptos como el de integralidad, gobernanza y participación, que actuarían como palancas en la conexión entre la acción del Estado y los intereses de la ciudadanía, la sociedad, garantizando una mayor profundidad democrática y bienestar. Para ello, se ha optado por la aplicación de la metodología cualitativa y se han llevado a cabo entrevistas en profundidad con profesionales relacionados vinculados con el Trabajo Social con la finalidad de obtener un acercamiento a su cosmovisión sobre la manera en que la administración afronta la cuestión social y su influencia sobre su quehacer diario.

Vivimos en tiempos de desequilibrios y eso ha afectado al desempeño profesional propio de los y las trabajadoras sociales. No se trata de un hecho nuevo, desde hace décadas el trabajo social ha tenido que lidiar con el surgimiento de considerables acontecimientos, como el debilitamiento del Estado de bienestar y los sistemas de protección social. En ambos han incidido las distintas crisis económicas mundiales, contribuyendo a la destrucción de empleo y al aumento de la flexibilidad laboral, que ha precarizado a parte importante de la población empleada, lo que en su conjunto ha llevado al cuestionamiento de la viabilidad del gasto social (Laparra y Pérez, 2012). A grandes rasgos, se podría afirmar que todos estos elementos han ido transformando tanto a los grupos humanos y sus necesidades como a los propios escenarios que son objeto de intervención social por parte del Trabajo Social.

Numerosos y complejos problemas sociales determinan limitaciones y tensiones para la vida de gran parte de la población. Se abren aún más las brechas de desigualdad a nivel global, pero también en lo local. Por tanto, no se trata tan solo de una caída económica o debilitamiento del capitalismo, sino de una auténtica crisis de lo social (Serrano; Parajuá y Zurdo, 2013). Las consecuencias de la inestabilidad financiera se extienden a las condiciones de vida de la ciudadanía, desembocando en el incremento de la vulnerabilidad social (Abad y Martín, 2015). Ante tales desafíos, es necesario repensar las políticas sociales como instrumentos que buscan tener un impacto en el bienestar humano.

Políticas para la Inclusión Social: Un Enfoque Integral

En concreto, se trata de las políticas para la inclusión social; es decir, aquellas que están ligadas a la intervención de los profesionales de primera línea que trabajan con población vulnerable y en riesgo de exclusión social. Desde la perspectiva que aquí se plantea, esta reflexión sobre la política pasa por atender a los instrumentos que aumentan los vínculos entre el Estado y la sociedad; es decir, que favorecen que suceda una mayor interacción entre la acción de gobernar y los intereses de la ciudadanía, mejorando las fórmulas organizativas de la administración, así como aunando las capacidades y los intereses de los actores políticos y los actores sociales. Las respuestas por parte del Estado a estos desafíos han de provenir, entonces, de la integralidad, la gobernanza o el trabajo en red, y la participación ciudadana.

La presencia de estos rasgos favorecería la legitimidad y efectividad de las políticas para la inclusión social. Además, están conceptual e íntimamente relacionados entre sí y, sobre todo, implican un cambio sustancial en el diseño y ejecución de las políticas (Peters y Pierre, 2005). De tal manera, involucran la competencia o aptitud de la política social para afrontar de manera integral un asunto social (Cunil-Grau; Fernández y Thezá, 2013). Son, asimismo, primordiales para regenerar el ejercicio de las formas de gobierno, proceso inacabado. Estos tres elementos son relevantes por dos razones. La primera es que los tres contribuyen a fortalecer al Estado, modernizar las instituciones y profundizar la democracia, de ahí que se generen más conexiones con la ciudadanía.

Los planteamientos de este artículo giran en torno a la urgencia de revisar los enfoques conceptuales y estratégicos de la gestión operativa en el quehacer profesional diario de los y las trabajadoras sociales, con el fin de hacerlos más pertinentes a esta realidad enmarañada y cambiante. Se pretende un acercamiento al Estado y la condición del nexo entre el Estado y la sociedad, observándose la presencia de estos tres mecanismos: integralidad, gobernanza y participación en las políticas para la inclusión social y su acción sobre la población más vulnerable, a través de la mirada de los profesionales del Trabajo Social que implementan tales medidas.

Andalucía es una región en el sur de España que cuenta con las competencias suficientes sobre el bienestar social y el sistema de servicios sociales, al tiempo que cuenta con una de las mayores cifras de exclusión social del país. La tasa de riesgo de pobreza o exclusión social (indicador Arope1) fue del 35,1% en 2020, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque las políticas para la inclusión social son políticas de multinivel y vienen trazadas desde la Unión Europea (UE) para que se desarrollen con especial sentido en el espacio local, Andalucía dispuso un Plan Andaluz de Inclusión Social de 2003 a 2006 prorrogado a través de órdenes de subvención anuales hasta la actualidad.

Instrumentos para la Inclusión Social

Integralidad y Transversalidad

Una de las fórmulas para una mayor eficacia de la administración pública es el establecimiento de criterios como la integralidad y la transversalidad en la planificación y ejecución política, frente a formas de hacer más tradicionales colmadas de acciones sectoriales y burocratizadas (Subirats, 2005). El modelo integral supone una manera de organización administrativa que surge ante la aparición de demandas sociales que no pueden ser resueltas por las competencias asignadas a una sola parte de la estructura orgánica vertical, que implican a toda la organización o a su gran mayoría. Asimismo, la integralidad, como fórmula de organización, permite una intervención plural que determina que las personas afectadas y las instituciones implicadas se integren en políticas que pretendan responder a problemas multicausales con numerosas aristas, como los actuales, tales como “la debilidad de las clases medias, el aumento de la pobreza infantil y la exigua efectividad alcanzada por la cobertura de los sistemas de protección social” (Sevilla y López-García, 2019, p.

El concepto de integralidad indica la necesidad de dar respuestas completas, exhaustivas y personalizadas al problema de la exclusión social, debido principalmente a los rasgos de multifactorialidad y multidimensionalidad de sus causas económicas, de empleo, sociales, personales y/o culturales. Esta integralidad y/ o transversalidad se proyecta imprescindible en el trabajo social, pues permite abordar simultáneamente más de una carencia de protección social. Además, lo provisión de servicios cada vez más tiende a proceder de distintos sectores de la administración pública, tanto del ámbito estatal como del autonómico y local. Estos han de coordinarse para proporcionar beneficios a las personas y familias en situación de vulnerabilidad o en riesgo de estarlo en algún momento de su itinerario vital.

Gobernanza: Gestión Compartida y Participación

La gobernanza supone la gestión compartida de la complejidad social (Morata, 2011). Con ella se desdibujan los límites y las responsabilidades del Estado para hacer frente a las necesidades. La gobernanza nace para responder eficazmente a las nuevas demandas sociales y a los nuevos retos de gestión democrática de los asuntos públicos propios de la sociedad postindustrial (Fernández y Mota, 2009). La gobernanza entraña la existencia de una pluralidad de actores públicos en distintos niveles de gobierno y privados, tales como organizaciones empresariales y sociedad civil, que interactúan de manera cooperativa mediante la coordinación del Estado (Mayntz, 1998). Estas redes mixtas propiciarían la mejora en la calidad de los servicios públicos al desburocratizarlos y reforzarían dinámicas democráticas amplias con una sociedad más participante y, por lo tanto, vigilante (Peters, 2004).

En las instituciones de atención y de servicios sociales se entenderá la gobernanza como un escenario que, si bien privilegia la gestión estatal, también se abre a la participación civil y a las iniciativas de colaboración con sectores civiles organizados. No obstante, el modelo de la gobernanza, como instrumento organizativo que mejora la intervención del Estado y se acerca a la ciudadanía, dispone de ventajas e inconvenientes. Entre las primeras, “una mayor participación ciudadana traerá consigo mayor calidad en la tarea de gobernar” (Peters, 2005, p. 586). A pesar de la pérdida de poder del Estado nacional a favor de entidades subestatales y supranacionales, y de la transformación que ello supone, este no perderá ni la relevancia ni la centralidad política, aunque es cierto que su papel cambia. Hay dos posturas respecto de este controvertido tema.

Una primera asevera que el Estado ha perdido la capacidad de gobernar (Rhodes, 1997). Una segunda sostiene que el Estado sigue teniendo un rol central, pues es quien define el marco organizativo de la red, marca la dirección política y administrativa, crea las estructuras y procesos sociopolíticos interactivos que estimulan la comunicación entre los actores involucrados y la creación de responsabilidades comunes (Peters y Pierre, 2005; Prats i Catalá, 2005). Este acercamiento a un modelo de gobernanza presenta numerosas dificultades. Los gobernantes no asimilan que su posición se modifica y pasan de dirigentes a coordinadores de distintas esferas institucionales en forma de red. Además, existe el riesgo de que los intereses partidistas de quienes están en el poder acaben interfiriendo el ámbito de las políticas públicas, debido a que este modelo de gestión estratégica de los asuntos públicos favorece la permeabilidad del sistema por parte del entorno social afectado y, por tanto, representa una amenaza de clientelismo si lo que se busca con ello es apoyo electoral.

Entre los inconvenientes de la gobernanza destacan: la falta de transparencia de las redes y los problemas en la rendición de cuentas derivados de la dispersión de la responsabilidad entre los distintos actores. También juega en contra la ausencia de legitimidad democrática de los actores que participan en las redes, con la consecuente debilitación de los cargos electos y de las instituciones representativas. Y, sobre todo, su mayor debilidad es la facilidad que tienen los actores más fuertes frente a los débiles, con mayores recursos y capacidad de lobby para acceder a las redes. En definitiva, se trata de una forma de gobernar con nuevas formas de asociación y cooperación en el sector público, con una voluntad de integración y coordinación, construyendo alianzas entre actores.

Participación Ciudadana: Un Derecho Fundamental

La participación ciudadana entronca con el concepto de gobernanza. Significa tomar parte en las decisiones institucionales para configurar las políticas que afectan a un territorio y a las personas que viven en él. Una mayor participación ciudadana favorece el mejor funcionamiento de la organización, así como su legitimidad, aumentando la confianza en la administración. La participación está ligada con el concepto marshalliano de ciudadanía y a la adquisición plena de derechos políticos y sociales. Sin participación, el término ciudadanía queda incompleto. “Frente a fórmulas jerárquicas y segmentadas, se proponen innovaciones destinadas a favorecer el diálogo, la relación, la capacidad de abordar los problemas entre todos” (Brugué, 2009, p.

La participación ciudadana activa en los Servicios Sociales es un elemento esencial en la transversalidad y corresponsabilidad de las Políticas Sociales, facilita una orientación preventiva y educativa -no burocrática- de los Servicios Sociales y un modelo de gestión e intervención que posiciona de forma diferente a profesionales, instituciones, ciudadanos y entidades sociales ante los nuevos contextos (Pastor Seller, 2009, p. Barnes; Newman y Sullivan (2007) expusieron cuatro modalidades de discursos sobre la participación, imbricadas en cuatro ideologías: la conservadora, la liberal, la socialdemócrata y la radical-democrática.

  • El discurso del ciudadano implicado representa a aquel ciudadano que tiene un interés en el buen gobierno y los asuntos públicos, lo que le impulsa a participar para poder expresar su opinión.
  • Se preocupa por la identificación de los diferentes intereses individuales y colectivos en juego, así como por el establecimiento de mecanismos que permitan la incorporación efectiva de estos intereses a los procesos de toma de decisiones.
  • Por último, el discurso del ciudadano empoderado se centra en los grupos y comunidades desfavorecidos o excluidos. Se considera que el origen de esta exclusión es la institucionalización de la discriminación.

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