Los desarrollos hasta el presente respecto de la temática, se han centrado en alguno de sus diversos aspectos soslayando, a mi entender, una necesaria perspectiva integral, posible de ser abordada desde una postura que rompa con el pensamiento binario y, por lo tanto, aloje la construcción del conocimiento en las ciencias sociales, y por ello en el trabajo social desde esa línea teórica. Pienso a esa construcción, alejada de la meritocracia, reforzando el conocimiento sobre la sociedad capitalista globalizada, neoliberal, mediática, totalitaria, con desarrollo desigual y combinado y patriarcal desde las ciencias sociales y, por lo mismo, desde el trabajo social.
El Contexto Actual y los Desafíos del Trabajo Social
Es cierto que, de manera general, existe uniformidad en reconocer que la impronta positivista fragmenta el conocimiento de lo social en distintos saberes. También es cierto que decimos entender a la sociedad desde su complejidad y opacidad y, por lo mismo, de los escenarios donde se interviene; en distinguir al trabajo social como una especialización ubicada en las Ciencias Sociales; como una profesión inscripta en la división social y técnica del trabajo colectivo de la sociedad; en el diagnóstico de la realidad que considera un recrudecimiento de las manifestaciones negativas de la cuestión social; en nominar a nuestras instituciones como estalladas y a entender al ejercicio profesional como un quehacer eminentemente político.
En muchas ocasiones el trabajo realizado junto a los que más sufren, los excluidos y olvidados del sistema, genera en los profesionales una mezcla de fastidio y frustración, al no poder satisfacer las demandas requeridas. Estas situaciones producen angustia, que se traduce luego en desgano, apatía y/o parálisis; o, en su defecto, en desengaño, perplejidad y mayor preocupación. En el primer caso, se corre el riesgo de una sobre adaptación institucional, caracterizada por la pérdida de autocrítica, autocomplacencia, excesiva competencia, intolerancia a la crítica, problemas de relación, etc., que conllevan a culpabilizar al trabajador cercado por la burocracia estatal, ocultando la naturaleza política tanto de la prestación del servicio como de su práctica.
Este contexto es de fuerte condicionamiento -donde los trabajadores sociales se hallan demasiado cerca de las demandas y necesidades sociales- y frecuentemente demasiado lejos de los ámbitos destinados a la reflexión. Sin embargo, me parece que son estos los momentos históricos en los que resulta fundamental construir estrategias profesionales que permitan a los colegas reflexionar en y sobre su situación, con el fin de identificar los modos y supuestos implícitos en ella y analizarlos críticamente en pos de cambios que su creatividad los lleve por otros caminos más prolíferos.
La Necesidad de una Perspectiva Interdisciplinaria
Dicha búsqueda exige, a mi entender, reconocer la complejidad de lo social en todas sus dimensiones, las más objetivas y las más subjetivas. Entenderlo, como dice Inmanuel Wallerstein, como “sistema mundo”. En síntesis, construir marcos epistémicos que posibiliten diseñar e implementar abordajes interdisciplinarios. Este posicionamiento obliga a reconocer la incompletud de las disciplinas y trascender sus fronteras. Se trata de abandonar la naturalización del recorte que cada disciplina efectúa. Si reconocemos la complejidad de las manifestaciones de lo social, su tratamiento no puede ser abordado de manera disciplinar ya que; “la realidad misma es interdisciplinaria.
La parcelación de la realidad, legado del paradigma positivista, donde cada disciplina inventó su propio lenguaje, estableció sus rígidas fronteras y creó un objeto específico de estudio queda atrapado en su propia escasez. Pienso que existe una herramienta epistemológica y metodológica que el Trabajo Social tiene y debe abrazar: la interdisciplinariedad. Esta herramienta es un posicionamiento, no una teoría unívoca, que obliga básicamente a reconocer la incompletud de las herramientas de cada disciplina.
En la práctica concreta, la concepción del trabajo en equipo es indispensable para su aplicación en escenarios siempre complejos, con el objetivo de operar con problemáticas sociales que requieren de la intervención de varias disciplinas y de la introducción de nuevas estrategias de intervención. Creo fundamental aportar a los discursos argumentativos que permiten reflexionar, que en un contexto socio institucional complejo el lugar del trabajador social debe estar formado para comprender la necesidad de la verdadera interdisciplina.
Desafíos Contemporáneos y el Rol del Trabajo Social
Ahora bien, el trabajo social como profesión presenta algunas características particulares vinculadas con su origen y desarrollo histórico, que data de más de cien años en el mundo. A mi entender la existencia de diferentes posturas respecto de lo anteriormente mencionado, se ha debatido en general desde una perspectiva simplificada y segmentada. Necesitamos una reflexión que dé cuenta de las dificultades de la práctica profesional englobando las distintas dimensiones que -en forma de malla- la atraviesan, desde una mirada que profundice el análisis de la complejidad de lo histórico social y el plus que el mismo adquiere en la actualidad.
Este escenario visibiliza un cambio notorio, que marca el quiebre en los modos modernos de pensar y operar, penetrando la totalidad de las condiciones de vida de los sujetos, en sus emociones y sus sentimientos. Hoy los datos proporcionados por la realidad nos muestran cómo la desregulación del mercado de trabajo, la ausencia de justicia, la variación del estatuto de la ley jurídica, la debilidad del sistema de representación y el uso bárbaro de la violencia, ponen en cuestión la eficacia de las instituciones y del propio sistema democrático.
La disposición de las personas a confiar y participar en los escenarios institucionales estratégicos que les ofrece la sociedad parece depender cada vez más de una condición básica: del grado de seguridad, certidumbre y sentido que estos logren proponer para sus vidas cotidianas. Y eso no se refiere solo a los bienes materiales, sino también al reconocimiento que reciben en su calidad de ciudadanos. En este sentido, las características con las que cuentan las instituciones es de perplejidad, miedo o impotencia (Lewkowicz, 2004, p. 181) para todos los actores y equipos profesionales.
Frente a este escenario, las instituciones y sus actores no tienen la capacidad de resolver aisladamente la conflictividad social; no obstante, se les demanda que lo hagan. Hay dificultades en la conformación de lazos por parte de las instituciones en la sociedad actual; ellos son muy inconsistentes, volátiles en lo cotidiano: todos parecemos estar más agresivos, más intolerantes, más crispados.
El Totalitarismo Tecnológico y la Democracia
José María Espona, en su libro Totalitarismo Tecnológico Versión 2.0: Por qué el avance tecnológico y la crisis financiera nos lleva inevitablemente al Totalitarismo, advierte que se está configurando una dictadura electrónica sin precedentes, un sistema controlado por una minoría capaz de manipular la mecánica de los partidos políticos, de los grandes medios de comunicación, cambiar la legislación y utilizar el propio aparato del Estado de Derecho.
Jaime Bartlett, en su libro El pueblo versus la tecnología: cómo internet está matando la democracia, pronostica que, si la política no impone su autoridad sobre el mundo digital, la tecnología destruirá la democracia y el orden social tal como los conocemos. Por el momento, mientras se demora un marco normativo que detenga su concentración en manos privadas, la tecnología está ganando esta batalla.
Sociedades enteras están siendo capturadas, teledirigidas, heterodeterminadas por una sofisticada coordinación de dispositivos. Particularmente América Latina es un territorio en peligro y algunos de nuestros países -por ejemplo, Argentina y Brasil- están bajo el ropaje de la democracia pero consolidando un nuevo modelo de gestión política: el totalitarismo. Una simbiosis gobierno-justicia-medios impone su propia realidad virtual:la antigua división de poderes propia del Estado de Derecho se va convirtiendo en una gestión monolítica y sin fisuras de un poder homogéneo y unificado.
Se avanza hacia el voto electrónico:se tiende a dejar de lado el voto manual e imponer, pese a que cualquier tecnología electrónica conlleva inseguridad, vulnerabilidad y posible distorsión de la voluntad ciudadana. Las observaciones expresadas hasta ahora ponen de manifiesto que estamos ante un complejísimo escenario que configura la condición de pensamiento desde donde miramos, y requiere de una búsqueda para pensar los alcances, limitaciones y dirección, en cuanto a los marcos referenciales teóricos que direccionen nuestras búsquedas.
Esta situación afirma el individualismo ante la solidaridad, viendo al otro como rival y alguien con quien competir, fragmentándolo como sujeto y debilitando las redes sociales. Si bien sin conflictividad no existe lo social, necesitamos de un sujeto capaz de sostener y desarrollar esas tensiones.
Preguntas Clave para el Trabajo Social
¿Cuáles y cómo deben ser las intervenciones del trabajo social en medio de esta situación en nuestro mundo, particularmente en nuestra América Latina? ¿Quiénes y cómo son los sujetos involucrados en ese proceso? Y aquí nos referimos también al propio trabajador social. Obviamente esta preocupación va mucho más allá de las posibilidades de los trabajadores sociales, pero en ellas trabajamos y ese es nuestro espacio profesional.
¿Intentamos hacerlas funcionar o las abandonamos? Pensamos a las instituciones como construcciones simbólicas, imaginarias y materiales, generadoras del lazo social que posibilita la filiación de los sujetos a un entramado social. El entramado institucional habilita la relación cara a cara entre las personas; por lo tanto, expresa relaciones de poder, imposiciones, resistencias.
Dicho en otros términos, lo prescripto por la institución recorta con límites variables las conductas que los sujetos deben realizar según su posición en la estructura. Este último aspecto produce, al interior institucional, una serie de trastrocamientos que van desde la corrupción y la inseguridad hasta la propia parálisis, afianzando -muchas veces aún de modo inconsciente- prácticas autoritarias, pragmáticas e instrumentales.
Así, las instituciones que empujaron los progresos de lo social, la urbanización, la producción, el trabajo, la medicina, la escolarización, la seguridad social, etc., hoy se encuentran imposibilitadas de tal función y en ocasiones hasta destruyen lo social en el mismo movimiento que lo producen. En esta dirección, los aportes del pensamiento gramsciano nos permiten entender que “las instituciones de las políticas sociales constituyen por excelencia el campo de lucha por la hegemonía, a través de la combinación de mecanismos de dominación y de dirección/consenso.
Así entonces, hablar de estrategias permite comprender que toda intervención es política; que intervenir en situación de incertidumbre implica incorporar el análisis político a la cotidiana vida del profesional y tomar decisiones, aún con los riesgos que ello acarrea. Ahora bien: entiendo lo interdisciplinario como la conjunción de lenguajes diferentes que suponen un arduo esfuerzo por mancomunar puntos de vista, acercar diferencias de significado de las palabras y construir un marco conceptual referencial (Follari, 1997). Las profesiones presentan diferentes consolidaciones según los estatus adquiridos por las disciplinas en el ámbito científico. La interdisciplina constituye una herramienta necesaria para intervenir en lo social hoy.
No es desde la soledad profesional que se pueda dar respuestas a la multiplicidad de demandas que se presentan a las instituciones, como tampoco es posible mantener una posición subalterna dentro de los equipos. Tanto la impotencia como la omnipotencia se constituyen en actitudes duales que niegan el carácter complejo de la vida social y en consecuencia obstruyen la posibilidad de intervenciones coherentes, creativas y contenedoras de la utopía (Follari, 1997, p. “La interdisciplina no emerge espontáneamente por el hecho de trabajar en equipos multidisciplinarios, se requiere de una síntesis integradora de los elementos de análisis provenientes de tres fuentes: a) el objeto de estudio o sistema complejo fuente de una problemática irreducible a fenómenos que pertenezcan al dominio exclusivo de una disciplina; b) el marco conceptual o bagaje teórico desde cuya perspectiva se identifican, seleccionan y organizan los datos de la realidad que se propone estudiar; y c) los estudios disciplinarios que corresponden a aquellos aspectos de la realidad compleja, visualizados desde una disciplina específica.
Es decir, la interdisciplinariedad comienza desde la formulación misma de los problemas, se prolonga en un largo proceso no lineal, y acompaña a los propios estudios disciplinarios hasta el término mismo de la investigación. Para cerrar quisiera plantear que desde mi forma de pensar el tema que nos trae hoy aquí hay dos categorías centrales que conforman la construcción de la perspectiva teórica para la construcción del conocimiento y la actividad de investigación: poder y autonomía.
Así una cosa es criticar en profundidad la manera en que la disputa por el poder logra degradar y aniquilar la posibilidad de construir una sociedad alternativa; o alertar contra las formas de replicar en la práctica el esquema de poder que se desea combatir. La comprensión de la dimensión estructural -esto es, aquella que trasciende a los sujetos que la soportan- es un ejercicio teórico fundamental que sirve para entender el marco de la lucha política.
Ernesto Laclau, al analizar las relaciones sociales, el poder y las luchas hegemónicas desde una perspectiva que intenta superar las falsas antinomias que caracterizaron a corrientes teóricas de lo social en la contemporaneidad, produciendo lecturas simplificadoras, sostiene que las relaciones sociales son siempre contingentes, de poder, de supremacía de lo político sobre lo social y de radical historicidad. Su pensamiento, al igual que el de Cornelius Castoriadis, aporta a restablecer la complejidad a lo social; afirma, entonces, que la sociedad como objeto unitario e inteligible que funda sus procesos parciales es una imposibilidad. “Pero esta imposibilidad de fijar sentido va siempre acompañada de otra dimensión, ya que lo social, no es tan so...
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