Este artículo presenta una lectura espacial donde se estampa un desplazamiento o devenir a través de textos poéticos.
Introducción
Visualizo en la siguiente reflexión de la poesía de Jorge Teillier un desplazamiento que conecta ciertas figuras poéticas textuales y ficcionales -sujetos de la enunciación y personajes- con el autor entendido como proceso de construcción autorial.
Se concibe la lectura de la obra de Teillier de manera espacial y se propone participar -como lector- de un viaje dentro de la ficción literaria hasta sus propios límites en tanto arte de la palabra o poesía.
Se sitúa así un devenir a través de la textualidad poética, un recorrido que se aproxima al silencio como límite de la palabra poética.
El objetivo de este trabajo es, entonces, recorrer un periplo a través de la escritura de ciertos textos; escritura que, por su parte, reescribe y actualiza la figura del poeta, cuestionando tanto el sentido de la práctica poética como la propia condición y construcción del autor a través de su obra.
Para efectos de análisis crítico trabajo con la perspectiva o mirada escénica de los textos poéticos, situando en ellos un determinado desplazamiento que conecta las categorías del autor y de la obra.
De este modo se propone la posibilidad de transgredir la dicotomía epistemológica autor-obra y también, en cierto sentido, aquella que separa la ficción de la realidad designada.
Sigo en este punto a Jacques Derrida (1971), cuyas ideas permiten deconstruir "la vieja rejilla" que supone la existencia de categorías absolutas que dividen, por ejemplo, el autor de la obra literaria.
Para establecer esta lectura propongo diálogos con ciertos autores asociados al posestructuralismo, entre ellos, Michel Foucault, Gilles Deleuze, Félix Guattari y Jacques Derrida.
Específicamente, para situar la poesía de Teillier en el contexto de la escena literaria chilena me refiero al concepto de literatura menor (Deleuze y Guattari, 1990; Deleuze, 1994; Deleuze y Guattari, 1997).
Como objeto de reflexión de este ensayo se ha escogido una serie de poemas -o fragmentos de la obra- que conforman distintos espacios en la obra de Jorge Teillier.
Como se verá, la elección de éstos no responde a un orden cronológico de aparición o publicación, los textos escogidos aparecerán según el desarrollo mismo del objeto de reflexión.
Conforme al carácter ensayístico de esta lectura, se establecerá como objetivo específico la necesidad de producir un texto que dialogue con los textos poéticos, es decir, otro texto que dé cuenta de ciertos momentos de esta poesía y que a su vez recorra el camino que trazan estos poemas, ello con el fin de identificar y describir los desplazamientos de los sujetos de la enunciación en el espacio de esta poética; y la configuración de una determinada figura imperceptible de autor, rastreable en el texto aun en el signo aparente de su desaparición.
La poesía lárica como una literatura menor
Jorge Teillier señala en su ensayo "Los poetas de los lares" (1999) la aparición de un grupo relativamente homogéneo de poetas vinculados a la generación del '50.
Dentro de esta generación surge un movimiento que posee una línea característica que se denomina poesía de los lares.
Una primera característica de estos poetas es el hecho de que "vuelven a integrarse al paisaje, a hacer la descripción del ambiente que los rodea" (…) "los poetas nuevos han regresado a la tierra, sacan su fuerza de ella" (Teillier, 1999: 22).
Se habla, entonces, de un regreso al lugar del origen, de la niñez, por la nostalgia de un tiempo perdido, a la vez que se advierte un regreso de la ciudad al campo, "un rechazo a veces inconsciente a las ciudades, estas megápolis que desalojan el mundo natural" (Teillier, 1999: 22).
En este sentido, la poesía de los lares propone, aunque no mediante un plan previo explícito, una resistencia al proyecto de modernización del hombre en nuestro tiempo.
La modernidad, señala García Canclini, se compone de cuatro proyectos, a saber: proyecto emancipador, expansivo, renovador y democratizador (García Canclini, 1998).
Es a este proyecto moderno al cual se opone esta llamada poesía de los lares, sobre todo en sus ideales expansivo y renovador, no declarándose como un movimiento de ruptura, explícitamente crítico de la realidad, ni con una intención vanguardista, sino creando una línea de fuga, en este caso, al estado sitiado del hombre en nuestras sociedades y al estado sitiado de la poesía chilena.
De modo que la poesía lárica se establece como crítica de la modernidad y en este sentido puede ser considerada en tanto poesía posmoderna, ya que se establece una resistencia a la condición espacio-temporal originada en la primera modernidad.
De esta forma, la poesía de los lares, o más específicamente el término lar, nace como oposición al orden establecido de las megápolis modernas y posmodernas, cuya concepción del tiempo y del espacio, así como de la vida, condicionan la existencia del sujeto.
Jorge Teillier explicita de esta manera la poesía de los lares:
Frente al caos de la existencia social y ciudadana los poetas de los lares (sin ponerse de acuerdo entre ellos) pretenden afirmarse en un mundo bien hecho, sobre todo en el mundo del orden inmemorial de las aldeas y los campos, en donde siempre se produce la misma segura rotación de las siembras y cosechas, de sepultación y resurrección, tan similares a la gestación de los dioses (recordemos a Dionisos) y de los poemas (Teillier, 1999: 25).
Los poetas de los lares configuran un nuevo espacio, un nuevo territorio.
Así entendido, el lar constituye un encuentro del hombre consigo mismo, es decir, con sus raíces ancestrales, un retorno al "no tiempo" mítico, al eterno ciclo de la naturaleza y el hombre, de la vida y la muerte.
El mismo concepto lar designa en sus orígenes el lugar de la casa donde está el fuego, donde se reúne la familia, donde se invoca a los dioses.
No se trata, como señala Niall Binns, quien cita a su vez a Teillier, de una "vuelta al descripcionismo de la poesía criollista, sino una especie de `realismo secreto', una visión del mundo como `un depósito de significados y símbolos ocultos'" (Binns, 2001: 32).
Este espacio constituye un centro, el lugar primordial del hombre, que en nuestras sociedades actuales es desintegrado.
Por ello el lar se entiende como una aldea en las márgenes, un territorio limítrofe, fuera del orden de la urbe y de la vida de la ciudad posmoderna.
Se verá más adelante cómo esta aldea es más que limítrofe y cómo el sujeto o los sujetos que la habitan se encuentran siempre en tránsito hacia otro espacio, en un perpetuo devenir.
De esta forma, el lar o la aldea lárica constituye la configuración de un espacio que desterritorializa al hombre cercado en la ciudad, en la urbe contaminante y bulliciosa.
Los poetas de los lares trazan una línea de fuga, una resistencia al orden alienante de la ciudad moderna o posmoderna, y en este sentido, cumplen las características señaladas por Deleuze y Guattari, respecto de una literatura menor.
Ahora bien, esta creación de un espacio nuevo no sólo es una configuración de un territorio que se resiste al espacio cercado y al orden alienante de la ciudad.
La poesía de los lares se establece también como una literatura menor, puesto que desterritorializa el proyecto literario moderno de las primeras décadas del siglo XX, cifrado en la altisonante vanguardia de los años 30.
De esta forma la nueva poesía de la generación del '50 se establece como una literatura menor respecto de un proyecto de literatura mayor ya concretado en nuestra tradición poética.
Dicha literatura mayor estaría representada por las figuras paradigmáticas de Neruda, Huidobro y Mistral, principalmente, y de De Rokha y Parra, en un cierto sentido.
Al respecto, señala Teillier que los poetas no son ya "el centro del universo", "sino que son observadores, cronistas, transeúntes, simples hermanos de los seres y las cosas" (Teillier, 1999: 24).
En cuanto a las características señaladas por Deleuze y Guattari (Deleuze y Guattari, 1990 ) respecto de una literatura menor se puede señalar lo siguiente.
Señalan los autores que "una literatura menor no es la literatura de un idioma menor, sino la literatura que una minoría hace dentro de una lengua mayor" (Deleuze y Guattari, 1990: 28).
Así, los llamados poetas de los lares constituyen la expresión de una minoría, aquella de los poetas de provincia, los poetas de las aldeas rurales, los poetas de La Frontera.
Ahora bien, no se percibe en Teillier un grado extremo de desterritorialización del idioma, aunque sí una recuperación de un registro propio del lenguaje de la vida rural.
Al respecto, se puede decir que la poesía de los lares toma elementos de la antipoesía parriana, puesto que redescubre el lenguaje simple y directo de la vida del campo, pero dejando a un lado el carácter desacralizador de la antipoesía de Parra.
En cuanto a la segunda característica señalada por los autores, se podría afirmar, en primer lugar, que en la poesía de Teillier nada hay de un discurso político.
Sin embargo, una segunda lectura revela la conformación de una crítica (a veces implícita y a veces explícita) que es, a la vez, política, social, económica y cultural.
Más aún, la conformación del lar como un nuevo territorio que desterritorializa el orden político, social, económico y cultural imperante supone un nuevo orden, una nueva casa real e imaginaria, es decir, una nueva micropolítica.
De esta forma los sujetos y los personajes que figuran la voz del poeta -de la construcción autorial Jorge Teillier- trazan una línea de fuga, una resistencia.
A ellos les está dada la posibilidad siempre difícil y, también, como se verá, siempre precaria, del retorno a la aldea lárica.
La tercera característica es que en literatura menor "todo adquiere un valor colectivo".
La proposición del lar como espacio desterritorializante supone "la posibilidad de expresar otra comunidad potencial, de forjar los medios de otra conciencia y de otra sensibilidad" (Deleuze y Guattari, 1990: 30).
En este sentido, el lar sería el espacio donde se hace posible forjar esa otra conciencia y esa otra sensibilidad.
El lar sería la aldea de los poetas o el lugar de los metecos, como diría Lihn.
El lar se constituye entonces como un espacio en donde el hombre alienado de la ciudad encuentra la posible salud, el retorno a la vida y a la voluntad de la naturaleza.
"La salud como literatura, como escritura, consiste en inventar el pueblo que falta" (Deleuze, 1994: 15), ese pueblo no es otra ciudad, estructurada y jerarquizada, en este caso, por el cuestionado proyecto moderno, es un pueblo "en perpetuo devenir, siempre inacabado".
Los desplazamientos de los sujetos en la poesía de Jorge Teillier
Seguir la línea de fuga que trazan los sujetos láricos supone abandonar la noción tradicional del lector, supone abandonar, a su vez, cierta condición espacial y territorial.
El lector es entonces, en esta poesía, el sujeto que recorre las líneas de fuga trazadas por los sujetos del texto.
El lector es el sujeto que se abandona totalmente en el viaje de la literatura, para devenir finalmente imperceptible, en la medida que la propia ficción, con sus múltiples sujetos creados, deviene imperceptible.
Para seguir los movimientos desterritorializantes visualizaremos la poesía de Teillier en tanto espacio que constantemente es desterritorializado.
Así entendido, el lector forma parte del dispositivo colectivo de enunciación, puesto que al seguir la línea de fuga trazada por la escritura participa en la recreación de ésta y en la resistencia que se propone.
Puesto que no se hará referencia a un solo texto poético, es necesario tomar en cuenta la noción de intertextualidad, que a su vez constituye un espacio, entre los textos.
La noción de intertextualidad se entiende como "la interacción de textos que se produce en el interior de un solo texto.
Según esto, el lenguaje poético aparece como un diálogo de textos: toda secuencia está doblemente orientada, hacia un acto de reminiscencia (evocación de otro texto) y hacia un acto de sumación" (Kristeva, 1981: 167).
Los textos escogidos dialogan entre sí, representan distintos momentos y estados de una poética, configuran un espacio, es decir, conforman una red intertextual.
Para seguir estos movimientos desterritorializantes se propone observar el conjunto de textos como puntos de un mapa, como lugares dentro de un macroespacio, donde a la vez se construyen y deconstruyen ciertos proyectos espaciales trazados por una determinada figura y construcción de autor.
El primer desplazamiento es la proyección y el tránsito hacia el lar.
El segundo de ellos es aquel que desterritorializa el proyecto mismo del lar y que propone el llamado devenir imperceptible, en donde es posible visualizar una figura distinta del autor, no ya el llamado poeta lárico.
En el poema "Juegos" tenemos a un sujeto que expresa la posibilidad de un deseo.
En la ciudad el sujeto recuerda los juegos de la infancia, se da cuenta de que el niño es quien quiere y puede jugar.
El hombre, atrapado en su conciencia temporal, permanece solo y triste: "los grandes están de pie junto a la luz ruinosa de la tarde" (Teillier, 1992: 44); el niño es quien le recuerda al hombre la muerte; el niño juega con la muerte, mientras el hombre no puede esconderse de ésta, puesto que ha perdido toda conciencia lúdica, toda conciencia atemporal.
No hay aquí movimiento, hay una certeza de la irreversibilidad del tiempo y del espacio, una certeza del tiempo perdido de la infancia.
La conciencia del tiempo lineal, del tiempo que no se muerde la cola, como también la condición del hombre en la ciudad moderna, terminan aprisionando a este sujeto-personaje:
"para los grandes ...
TAG: #Despido

