El trabajo, desde una perspectiva bíblica, es un tema que ha evolucionado a lo largo de la historia. En su artículo, Dominique Meda realiza un repaso histórico de cómo la concepción del trabajo ha ido evolucionando a través de los tiempos y de las distintas sociedades, convirtiéndose en la base de lo que ella denomina el orden social. Meda distingue en este proceso histórico tres enfoques o puntos de partida.
El Trabajo en las Sociedades Pre-Capitalistas y la Antigua Grecia
Para las sociedades pre-capitalistas, el trabajo como tal ni siquiera era concebido, pues aquel concepto no se relacionaba a lo penoso de la labor como en la actualidad, siendo esta última un fin más que un medio. Es por ello que las sociedades aún no se estructurarían por el. Por otro lado, en la cultura de la antigua Grecia, no se habla del trabajo aún, sino que de actividades, las cuales jerarquizaban las sociedades desde la dependencia de estas en relación a otros sujetos. Es así como los esclavos, artesanos o mendigos se encontraban en el fondo del escalafón debido a su esencia "imitadora", ligadas a la servidumbre, en desmedro de las labores "libres" y creativas que eran especialmente bien vistas.
El Trabajo en la Edad Media y la Influencia Bíblica
En la edad media el concepto no cambiaría mucho, pero se generó una gran dicotomía frente a la gran influencia bíblica en el. Pues el trabajo aparecía también como esencia divina en proverbios que señalaban que "Dios descansó al séptimo día" o "Adán, trabajarás con el sudor de tu frente". Sin embargo la interpretación de estas frases fue más ligada al ataque contra el ocio (castigado por la Biblia debido a que la pereza se alejaba de la oración), más que por la fuerza penosa de la labor.
Evolución del Concepto de Trabajo en el Siglo XVIII
Meda señala que el concepto actual de trabajo (como factor de producción), comienza a forjarse a inicios del siglo XVIII desde diferentes puntos de vista. Se concibe el trabajo como una unidad de medida donde se ven comparables las diferentes mercancías, siendo su esencia el tiempo, además de mercantil y extraíble de la persona que ayuda a categorizar las cosas que pueden ser adquiridas. Fue así como el trabajo se convirtió en el fundamento del orden y del lazo social, corriente llamada smithiana. Para Smith, el trabajo es sinónimo de sacrificio y esfuerzo, idea que Marx desaprobaba. Para el filósofo alemán, la mirada del trabajo no era un sacrificio como tal, sino que le permitía al hombre desarrollar su libertad creadora, además de ligar al concepto a una actividad propiamente de él, humanizando su significado.
El Concepto Actual de Trabajo
Tras la evolución histórica, Dominique Meda señala el actual concepto del trabajo en la sociedad, como factor de producción, como esencia del hombre y como sistema de distribución de los ingresos, de los derechos y de las protecciones. Para la Comisión Europea, el trabajo es "toda acción realizada". Definición amplia pero muy poco específica, pues el amar también cabe en esa concepción. Otras acepciones hicieron hincapié en la nobleza del concepto, dándole una valía y reafirmando la utilidad de ciertas actividades, por ejemplo la de dueña de casa, pero siguen siendo definiciones muy abiertas y carentes de generalidad. Esto último generaría para Meda un arma de doble filo pues se corre el riesgo que estas actividades se economizaran, llevándolas a la remuneración. Es así como la profesora francesa de la Universidad Paris-Dauphine define el trabajo comenzando desde su concepto más amplio, la actividad humana.
El trabajo es una actividad humana, coordinada, remunerada, que consiste en poner en forma una capacidad o a algo dado para el uso de otros, de manera autónoma o bajo la dirección de otro a cambio de una contraparte monetaria.
Finalmente en su escrito destaca la importancia y el aporte del trabajo en las personas, y en sus relaciones con la sociedad, pues impone una estructura temporal de vida, crea contactos sociales fuera del círculo familiar, brinda objetivos que sobrepasan las propias ambiciones, define una identidad social y obliga a la acción. Es trabajando que se adquiere los medios para vivir, pero también el trabajo es el lugar principal donde se pueden mostrar las capacidades personales, darles utilidad y participar en las construcciones de nuevas realizaciones. Esa es su importancia.
El Trabajo a la Luz de la Resurrección de Cristo
En la Encíclica Laborem Exercens, se ha afirmado que “En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrección de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva”. Ese resplandor, sigue emanando aún de la resurrección de Cristo, y esparciendo su luz sobre todos nuestros trabajos para hacernos descubrir lo maravilloso de una vida ordinaria, como fue la vida de trabajo de Jesús de Nazaret. El Señor quiso asumir todo lo humano, y lo santificó, para que nosotros pudiéramos recorrer de un modo nuevo, divino, todos los caminos de este mundo; para que pudiéramos santificar todas las ocupaciones honestas de los hombres.
La formación de una “cultura del trabajo” constituye un gran reto para la vida de cada cristiano, y para toda la obra de evangelización. Esa cultura debe caracterizarse por una gran responsabilidad y amor en la ejecución del trabajo, así como por el pleno reconocimiento de su dignidad. El trabajo humano se presenta, en efecto, “con toda su nobleza y fecundidad a la luz de los misterios de la Creación y de la Redención”. De conformidad con su dignidad humana y cristiana, todo trabajo honrado, intelectual o manual, debe ser realizado en honor de Dios, y con la mayor perfección posible. Hecho así, por humilde e insignificante que parezca, contribuirá al bien del hombre, a ordenar cristianamente las realidades temporales y a manifestar su dimensión divina.
La vida de Jesús en Nazaret nos ofrece la base para una visión del mundo laboral, que debe dar al trabajo aquel significado que tiene a los ojos de Dios. El desafío que plantea hoy el trabajo humano no es sólo su organización externa, para que sea ejercido en condiciones verdaderamente humanas, sino sobre todo su transformación interior, para que sea realizado como una tarea diaria, con plenitud de sentido, esto es, de acuerdo con su significado último dentro del plan divino de salvación del hombre y del universo.
El Número Seis y el Trabajo
El 6 es mencionado 199 veces en la Biblia. "Seis" es el número del hombre, porque el hombre fue creado en el sexto día de la creación. El "seis" está más acá del "7", que es el número de la perfección. Es el número del hombre en su estado de independencia sin el cumplimiento del eterno propósito de Dios.
El número seis ha sido bastante considerado por los griegos, e incluso por los mismos griegos antiguos, como el número perfecto. Ellos aducían que seis es la suma de sus divisiones: 1, 2, 3 (no incluyéndolo a él mismo): 6 = 1+2+3. El próximo número perfecto es 28, puesto que 28 = 1+2+4+7+14. Actualmente, según la Biblia, este es un perfecto número de imperfección.
Solamente cuando el hombre acepta a Cristo como su Salvador personal, y Su vida, entonces se completa en él. En Job 5:19 leemos: «En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal». «Seis tribulaciones» ya es demasiado para nosotros, representa «tribulaciones en exceso». Sin embargo, el poder de la liberación de Dios nunca se manifiesta tan grandemente como cuando las tribulaciones alcanzan su medida perfecta: siete.
Ocupaciones Aprobadas por Dios en la Biblia
En el momento de la creación, Dios no solo creó al hombre sino también previó su ocupación. Nombró a Adán y Eva para vestir y para mantener el jardín del Edén. Por lo tanto, el trabajo de ellos antes de la caída fue el de un jardinero. Tras la caída, ellos tuvieron que trabajar con sudor para obtener su pan, porque el suelo estaba maldito por causa de ellos mismos. Esto indica que después de la caída, la ocupación designada para el hombre es la de un agricultor. Dios sabe mejor que nadie que la agricultura es el mejor ejercicio para una humanidad caída.
En el Nuevo Testamento, observamos la pesca como una ocupación. Pescar en el mar todavía es extraer recursos de la naturaleza. Nadie se volverá más pobre porque yo pesco en el mar. Puede que yo me enriquezca con la pesca, pero nadie se empobrecerá por mi causa. Mi oveja puede dar a luz a seis corderos y mi vaca puede tener dos terneros, pero nadie se empobrecerá por mi causa. O yo puedo ser agricultor y obtener un rendimiento del ciento por uno. Sin duda, eso no causará que ninguna persona o familia sufra hambre o pérdida debido al buen rendimiento de mi tierra. Por lo tanto, el principio básico para las ocupaciones humanas es: yo gano, pero nadie perderá. Las ocupaciones más nobles diseñadas por Dios entran bajo esta regla.
El Principio que Rige las Ocupaciones
Revisando las Escrituras, encontramos que Dios ha ordenado para los hombres diversos tipos de trabajos. Detrás de estas ocupaciones, hay un principio básico: los hombres deberían beneficiarse de la naturaleza al ganar su salario invirtiendo su tiempo y su esfuerzo. Aparte de este principio que opera en cualquier ocupación dada, la Biblia no parece aprobar ningún otro tipo de empleo. Analicemos varias facetas de este principio, de la siguiente manera: Obtener los recursos de la naturaleza para aumentar la riqueza.
En el caso de un empleado que trabaja para otro, o en el caso de un albañil o un médico, tal persona simplemente está ganando el salario derivado de su propio trabajo. Aunque no obtiene provecho de la naturaleza ni aumenta su valor a través de la manufactura o fabricación, no obstante ha dedicado gran parte de su tiempo y ha ejercido mucho esfuerzo, que él tiene legítimo derecho a recibir una cantidad en salario acorde con su esfuerzo y tiempo. Dios permite que un trabajador tenga su parte de salario.
Desde el punto de vista de la palabra de Dios, el comercio es la forma más baja de todos los empleos. Si se nos da la oportunidad de elegir nuestra ocupación, podemos elegir aquello que aumentará la riqueza o el valor en lugar de aquello que solo multiplica nuestro dinero. Es una actitud muy egoísta si elegimos esto último.
La regla, entonces, es trabajar o producir. Aunque no nos atrevemos a prohibir el comercio, no obstante sostenemos que debemos hacer todo lo posible por evitar el comercio neto. Es un empleo básico que puede fácilmente hundir a un cristiano en destrucción y llevarlo a ser traspasado de muchos dolores (1 Tim.
La Doctrina Social de la Iglesia y el Trabajo
Con una serie de diálogos que giraron en torno al mundo del trabajo a 130 años de la encíclica Rerum Novarum, se realizó la Semana Teológico Pastoral organizada por el Arzobispado de Santiago entre el 20 y 23 de julio. En la primera jornada de este importante encuentro de formación se abordó la realidad del trabajo en el Chile de hoy, desde la óptica internacional y de la Doctrina Social de la Iglesia. En el segundo día, se reflexionó sobre ciertos valores que impactan en el mundo laboral de hoy.
En cuanto al marxismo o colectivismo, el académico sostuvo que Karl Marx tiene algunas ideas que son contrarias a la DSI, como una concepción del trabajo que es negativa, que busca liberarse de él, cuando para los cristianos el trabajo es muy positivo, es un mandato divino, un ámbito de santificación y una forma de participar en la obra creadora de Dios. Al respecto, citó la encíclica Laborem exercens, del Papa Juan Pablo II (1981), que plantea que el trabajo implica participación en la empresa, de manera que el trabajador quiera buenos resultados para la empresa, que pueda aportar ideas, colaborar en la toma de decisiones y quiera su trabajo.
En cuanto a la postura de la Iglesia, indicó que “hay que entenderla desde su confrontación con el mundo moderno y sus nuevas ideas, sobre todo, las ideas liberales”. En otro momento de su intervención, el religioso señaló que hay personas que “aunque tienen un contrato de trabajo, con la retribución que tienen, acordada en un contrato teóricamente libre, no tienen posibilidad de superar el umbral de la pobreza”.
Humanizar el Trabajo
Tomando como base un gráfico sobre las horas de trabajo que realiza nuestro país, versus la producción que se genera, Fernando Contreras sostuvo que es muy importante humanizar el trabajo y mejorar la productividad: “Humanizar significa cumplir con estándares de trabajo decente, jornadas, salarios y derechos laborales.
El servicio voluntario es algo que está a lo largo de la Biblia. Jesucristo resaltó este aspecto de la vida del creyente. A veces tenemos tantas cosas que «hacer» que no dejamos tiempo para el llamado de servir al prójimo. Servir sin buscar mayor recompensa que el saber que estamos haciendo la voluntad del Señor. Amar en acción.
Todo lo que te venga a la mano hacer, hazlo según tus fuerzas. En el sepulcro, que es adonde vas, no hay obras ni proyectos, ni conocimiento ni sabiduría.
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