Modificar el sistema de pensiones de las Fuerzas Armadas y de Orden Público en Chile se viene conversando, al menos, desde que se recuperó la democracia en 1990.
En la reciente reforma de pensiones que presentó el gobierno de Gabriel Boric, de las pensiones de las FFAA no hay una letra.
La ministra del Trabajo, Jeannette Jara, lo resume así a DF MAS: “El proyecto de ley que crea un Sistema Mixto de Pensiones tiene por objetivo mejorar las pensiones de la mayoría de los chilenos, de la población que por 41 años ha estado en el sistema de AFP, un régimen que no ha cumplido con la promesa que hicieron sus creadores.
El propio Presidente Boric lo reiteró esta semana. “Deberíamos entrar gradualmente hacía allá, pero creo que hoy uno tiene que empezar a elegir sus batallas y hoy estamos preocupados de aumentar las pensiones a la mayoría de los chilenos y no disminuirlas”, aseguró en conversación con el canal Televisión Regional de Chile (TVR).
Quizá uno de los que más avanzó en esas tratativas fue el segundo gobierno de Sebastián Piñera. Si actualmente en el caso de los oficiales se exigen 30 años para optar al retiro absoluto voluntario y acceder a una jubilación, el proyecto de ley lo sube a 35 años de servicio.
Asimismo, fijó en 41 años de servicios, o 44 años efectivos computables para el retiro -en vez de los 38 y 41 actuales, respectivamente-, como tiempo máximo de duración de la carrera militar.
Así lo reveló una filtración de The Clinic en 2018, cuando el excomandante en jefe del Ejército, Ricardo Martínez -hoy enjuiciado por fraude al interior de la institución-, dijo en un evento reservado de la Escuela Militar que el gobierno alistaba un cambio en la previsión castrense.
En una entrevista posterior, en El Mercurio, el uniformado explicó que con “defender las pensiones” trataba de enfatizar que los militares prestan un servicio las 24 horas, los siete días de la semana, sin que les paguen horas extra, y que incluye traslados a distintos lugares.
Los números más actualizados de la Subsecretaría de Previsión Social dan cuenta de que a diciembre de 2020 existían 68.583 pensiones de la Dirección de Previsión de Carabineros de Chile (Dipreca), que reúne a personal de la policía uniformada y de la PDI.
El monto promedio de las pensiones por antigüedad a diciembre de 2019 fue de $1.096.167; por invalidez otros $ 1.270.309; viudez $ 704.787 y orfandad $ 309.427.
El promedio de las pensiones mensuales, para el caso de los retiros, es de $ 1.060.470; $ 757.943 para las de viudez; $ 380.739 para la de orfandad y $ 416.950 para otros.
El tamaño del desembolso del Fisco en pagar pensiones a personal retirado y sus familiares es una mochila pesada, asumen todos quienes han pasado por el Gobierno.
En tanto los ingresos por imposiciones previsionales que recibirá el Fisco de los funcionarios activos de las FFAA y de Orden Público ascienden a $ 385 mil millones o US$ 419 millones.
La mitad de las personas en el país piensa que el fondo que acumulan en las AFP al momento de jubilar está compuesto mayoritariamente por el dinero que aportaron, y no por la rentabilidad que consiguieron las AFP con sus ahorros. Esto, pese a que con anterioridad la Superintendencia de Pensiones ha mostrado cálculos que arrojan que eso no es así.
En concreto, eso es lo que muestra una encuesta de opinión pública de Descifra -alianza entre Copesa y la empresa de investigación de mercado y comunicaciones estratégicas Artool-, realizada entre el 3 y 10 de abril, la cual aborda el conocimiento que tiene la ciudadanía de la reforma de pensiones, el sistema actual, así como también la visión que tienen las personas sobre la industria de AFP.
Allí, tras comentar a las personas que el fondo con el que se jubilan “se compone de su ahorro proveniente de las cotizaciones y de la rentabilidad que obtiene su AFP”, el 49% respondió que cree que “la mayoría del fondo es ahorro de sus cotizaciones”.
Un 28% piensa que “la mitad del fondo es ahorro de sus cotizaciones y la mitad rentabilidad de su AFP”, mientras que un 23% estima que “la mayoría del fondo es rentabilidad conseguida por su AFP”.
Camilo Feres, director ejecutivo de Descifra, comenta que “desde el punto de vista de las administradoras la encuesta también arroja cifras interesantes.
Por una parte, los encuestados muestran una relativa subvaloración de la rentabilidad -que logran las AFP con su gestión- o al menos un escaso conocimiento sobre su peso en fondo previsional individual.
Por otro lado, un porcentaje mayoritario (57%) se muestra dispuesto a cambiarse a nuevos administradores de fondos una vez que comience a implementarse la reforma y aspectos clave de ésta”.
Justamente el año pasado la Superintendencia de Pensiones calculó cuál es el porcentaje que representan las cotizaciones que realiza un trabajador sobre el saldo total acumulado al momento de pensionarse, versus el dinero que fue aportado a dicho saldo final por la rentabilidad que obtuvieron las AFP.
Allí concluye que para un individuo representativo, un tercio de los fondos son aportados por el trabajador, mientras que dos tercios son rentabilidad.
Eso, en base a lo siguiente: una persona que entró al mercado laboral en el año 1981, y que se pensionó en el año 2023, manteniendo sus ahorros siempre en el fondo C, cotizando por el ingreso promedio (creciendo a una tasa de 1,5% real anual para los períodos proyectados), y que entra en distintos períodos al mercado laboral.
Esa persona obtuvo un retorno real anual promedio de 7,04%. “Para este individuo representativo, sus cotizaciones representan casi 30% de su saldo final, mientras que la rentabilidad del fondo es 70% de su saldo”, señala el documento.
Eso sí, el regulador proyecta que a futuro esa proporción cambiará, y el peso de la rentabilidad caerá.
Según sus cálculos, una persona que entró al mercado laboral en el año 2001 y que se va a pensionar en 2043, obtendría un retorno real anual de 3,73% en promedio, por lo que con los mismos supuestos anteriores, “sus cotizaciones representarían 50% de su saldo final, mientras que la rentabilidad representaría el restante 50% aproximadamente”.
Para alguien que empieza a trabajar en 1991 y que se pensiona en 2033, la proporción sería de 45% en cotizaciones y 55% rentabilidad.
En tanto, para una persona que ingresa al mercado laboral en 2011 y se pensiona en 2053, las cotizaciones representarían un 50,7%, y la rentabilidad un 49,3%.
El cálculo de la Superintendencia no considera las comisiones que pagó cada afiliado, dado que se cobran como un porcentaje del ingreso imponible y no se descuentan del saldo de la cuenta individual.
Esta proyección que hace el regulador, además, no es un reflejo de lo que ocurrirá con todos los afiliados del sistema, sino que más bien es el cálculo para un individuo representativo.
Y según los parámetros que se utilicen para realizar dicha estimación, el resultado cambiará, ya sea por el periodo que se analiza o el nivel de cotizaciones que tiene una persona, entre otros.
¿Qué es lo que más influye en el monto de pensión?
El sondeo realizado por Descifra también consultó a las personas sobre cuáles creen que son los aspectos que más influyen en el monto de la jubilación que se recibe. Dieron cinco alternativas a los encuestados, pero solo podían escoger tres.
La alternativa que más escogieron los consultados fue “la cantidad de años que cotizó de manera constante”, con un 81% de las preferencias.
Luego, “el sueldo del trabajador”, con un 70%. En tercer lugar se ubicó “la rentabilidad de los fondos”, con un 66%.
En la Armada una parte importante de los oficiales jefes y superiores se incorpora a las actividades del pilotaje de canales o el practicaje de puertos, y algunos se recontratan en la misma institución.
Sea como fuere cada caso particular, mucho antes de los 65 años de edad el oficial de marina en retiro debe asumir actividades profesionales que no estaban en el prospecto de admisión a la Escuela Naval.
¿Cómo le afecta al oficial este cambio de régimen de vida? ¿Con qué grado de éxito se puede lograr la reinserción en la vida civil?
La carrera militar se distingue de muchas otras por cuanto exige el sublime compromiso de dar la vida por la Patria.
A ese compromiso están asociadas una vocación de servicio muy profunda, una relación afectiva con los símbolos navales, pautas de comportamiento propias de la vida a bordo y, en definitiva, muchas amistades con quienes se han compartido inolvidables momentos, travesías y aventuras de un servicio abnegado que da pena dejar y se perpetúa después en nostálgicas remembranzas.
Pero la vida no se acaba con el inevitable término de esa etapa, cuando muchas veces los hijos todavía no han salido del colegio.
El horizonte laboral se proyecta 20 o 30 años después del último día en que dejamos de vestir el uniforme, momento en el cual ocurre un abrupto final de las compensaciones que permiten un digno nivel de vida a quienes se encuentran en servicio.
En otras palabras, las Fuerzas Armadas (FF.AA.) se ven forzadas a compensar sueldos comparativamente bajos, en relación a profesionales y técnicos equivalentes del mundo civil, con asignaciones que no forman parte del sueldo imponible pero que incrementan significativamente el total haberes mensuales, amén de las mencionadas retribuciones.
Cuando el servidor pasa a retiro la institución envía el expediente y cese de sueldo a la Subsecretaría para las FF.AA., que calcula y concede beneficios.
Una vez revisado por la Contraloría General de la República (CGR), Capredena otorga al retirado una pensión fiscal de por vida, con un monto fijo, que se calcula respecto de los años de servicio en un porcentaje que varía entre 20/30 y 100% del último sueldo imponible.
Esto es factible porque el monto de la pensión en un sistema de reparto, como el que todavía rige para las FF.AA., no dice relación con las cotizaciones acumuladas durante la vida laboral que exige sistema de capitalización individual.
En este último la cotización previsional, efectiva y continua, del 10%, del sueldo de cualquier trabajador condiciona el monto de la pensión, anticipada o de vejez diferenciada para hombres y mujeres.
En cambio, las cotizaciones de los servidores de las fuerzas armadas alcanzan al 6,5%, un 6% corresponde a la cotización previsional y un 0,5% al fondo revalorizador de pensiones.
Cabe mencionar que los militares en servicio aportan un 5% al fondo de desahucio, mientras que en las ocupaciones civiles lo asume el respectivo empleador.
La cuestión de fondo es que la mantención de un sistema de reparto no se sustenta financieramente, aun cuando sea una legítima retribución para la abnegada carrera militar, y que se arguye mantener, porque la idoneidad militar no sería aplicable en las actividades civiles o porque los militares estarían impedidos de ofrecerla a otros países.
Tomando como referencia los datos expuestos por el vicepresidente ejecutivo de Capredena en la Cámara de Diputados el monto total de las pensiones que pagó ese organismo el año 2015 fue de MM$911.270 (0,54% del PIB), un 66% fueron pensiones de retiro e inutilidad y un 34% pensiones de montepío.
Estas pensiones son financiadas en un 89,33% con aportes del Estado y sólo un porcentaje muy menor con las cotizaciones de quienes se encuentran en servicio activo.
El aporte fiscal creció también como promedio un 6% anual entre los años 2011 al 2015. Aunque esta cifra impresiona por su magnitud es más preocupante que, aun así, más del 16% de los militares en retiro recibe mensualmente una cantidad inferior al sueldo mínimo (Rojas, 2019).
El gasto fiscal que trae consigo mantener este sistema de reparto, debe considerar que la suma de las pensiones de Capredena y la Dirección de Previsión de Carabineros (Dipreca), ya en el año 2011, alcanzaron el 1% del PIB.
El 14 de enero del presente año se realizó una ceremonia en el palacio de gobierno para dar a conocer un proyecto de ley destinado a modernizar la carrera militar, en el contexto de un conjunto de iniciativas relacionadas con las FF.AA., como el financiamiento de las capacidades estratégicas de la defensa nacional.
Según lo expresara el presidente de la República, “…no sacamos nada con tener los mejores equipos técnicos, el mejor equipamiento bélico, la mejor tecnología si no contamos también con los mejores equipos humanos para poder hacer buen uso de ese equipamiento y de esas tecnologías”, agregando a continuación que dicha ley “…busca adecuar la carrera militar a esta nueva realidad que vivimos los chilenos, que tenemos una de las expectativas de vida más altas del mundo…” (Noticias Destacadas, 2019).
En síntesis, la iniciativa legal eleva el límite máximo de años de servicio de los oficiales de 38 a 41 años y de los suboficiales de 35 a 40 años. También posterga el derecho a recibir pensión completa de 30 a 35 años de servicio.
Por otro lado, dicho proyecto contempla un cambio radical ya que no solo alarga la carrera en los grados superiores de la carrera, sino que también establece el mérito y no exclusivamente la antigüedad como mecanismo de promoción.
Desde la perspectiva del personal que tiene la determinación, las condiciones y las posibilidades de completar su carrera, podrán jubilar de las FF.AA. con pensión completa, en el caso de los oficiales a contar de los 63 años de edad y para la gente de mar desde los 55 años de edad.
Como efectivamente las expectativas de vida han aumentado, en ambos casos esas edades no son indicativas de un retiro de la vida laboral, especialmente por la continuidad de trabajo remunerado de militares en retiro a una edad tardía, más en los emprendimientos privados que en empleos formales.
El tema de la carrera militar había venido estudiándose entre los años 2003-2007 por el comité de directores del personal de las FF.AA., cuyos integrantes arribaron a nueve proposiciones para cambiar la normativa vigente con el fin de: crear carreras temporales o específicas, alargue de la carrera, ascenso por méritos, escalafón de complemento, nuevo sistema de remuneraciones, retiro por edad cumplida, desahucio a los 25 años, eliminación de beneficios y medidas de transición (González, 2018).
Siendo todas las propuestas interesantes, el actual proyecto de ley las recoge sólo en forma parcial.
Al respecto, un reciente artículo precisa las principales finalidades del proyecto sobre modernización de la carrera profesional, el cual aún se encuentra en la Cámara de Diputados siguiendo el primer trámite constitucional, y que esencialmente son: la “…necesidad de retener por más tiempo en servicio al personal de las FF.AA.” y la “…conveniencia de contener el gasto previsional de Capredena” (Novion, 2019).
Asimismo, el proyecto de ley contempla la creación del escalafón de servicios generales y el aumento de la permanencia en la base de selección para el ascenso, ambas en el sentido retener a oficiales y a suboficiales calificados dentro de la institución.
Analizar la situación de la estructura piramidal española con la limitación de vacantes de plazas para los grados de capitán de fragata y equivalentes (75% del total de su promoción) y oficiales superiores (40% del total de su promoción) del escalafón de oficiales y para los grados de suboficial y suboficiales mayores del escalafón de suboficiales.
El sistema de pensiones es uno de los temas que se ha posicionado en la agenda pública de nuestro país.
Ha sido denostado con mucha fuerza por grupos vociferantes como los que instalaron el eslogan “No más AFP” y defendido por los que representan a una industria exitosa en el manejo de los fondos de pensiones desde hace ya 39 años.
Frente a este debate, que a fines de mayo del presente año alcanzaba a 5.762.869 cotizantes de la fuerza laboral de país (Superintendencia de Pensiones, 2019), es preciso reconocer los méritos de quienes, desde los cargos políticos y técnicos del gobierno militar, así como desde directivas gremiales y grupos financieros, hicieron realidad durante la década de los 80 del siglo XX, la modernización de la seguridad social en Chile.
Las bondades del régimen de reparto habían sido seriamente cuestionadas en 1960, cuando, por encargo del presidente Jorge Alessandri, se constituyó la Comisión de Estudios de la Seguridad Social, bajo la dirección de Jorge Prat Echaurren.
El diagnóstico de los diferentes regímenes e instituciones obtenido el año 1964 fue muy concluyente al señalar que el sistema previsional a esas alturas estaba “condenado a desplomarse por injusto, por oligárquico, por discriminatorio y por ser ineficazmente oneroso, tanto para los ganadores de sueldos o salarios como para la producción nacional” (Ciedess, 2000).
No obstante, 40 años después de la mencionada modernización de la seguridad social existe evidencia que las pensiones del sistema de capitalización individual no lograron satisfacer todas las expectativas de muchos actuales pensionados de las AFP.
Una primera explicación tiene que ver con la precariedad del empleo, la rotación laboral y el trabajo por cuenta propia, fenómenos que tendrían como efecto que algunas personas no ingresan a una AFP o si lo hacen, sus ahorros presentan lagunas de varios años sin cotizar; también porque una fracción de ellos no impone el 10% que corresponde a sus verdaderos ingresos, con el fin obtener un mayor sueldo líquido.
...el costo que tenía para los afiliados, financiar las pensiones medidas por las tasas de cotización que se registran en el período 1968-1970, era en promedio de 22,5 % en el SSS y un 25,8 % en la Caja EMPART.
Una tercera explicación es el aumento de la esperanza de vida al nacer en Chile, la cual según datos de la OMS del año 2016 alcanza a los 76,5 años para los hombres y 82,4 para las mujeres.
Esto trae consigo que los pensionados, al tener una mayor longevidad, ven que el fondo acumulado en una AFP debe repartirse entre más años y por ende disminuye el monto mensual del retiro programado o renta vitalicia de esos haberes.
Sin profundizar en la discusión técnica sobre las ventajas y desventajas del actual sistema previsional, está claro que el proyecto de ley para el mejoramiento de las pensiones que se discute hoy en el parlamento procura hacerse cargo de sus deficiencias con un importante consenso de no volver al sistema de reparto.
El acuerdo político coincide hasta hoy en aumentar la tasa de cotización en un 4% con cargo al empleador.
...sufriría importantes cambios con los proyectos de reforma previsional y de seguro de sala cuna universal que está impulsando el Gobierno en el Congreso.
En lo referido a la nueva cotización previsional del 17% (14,2% previsional, 1,25 % comisiones AFP y 1,53% seguro de invalidez y sobrevivencia) nos acercarían al promedio de 19% de los países OCDE (Palacios, 2019).
Uno de los grandes aportes económicos de la capitalización individual en los diversos fondos de pensiones es el haber incrementado el ahorro interno y la inversión para la productividad de nuestro país.
...un total de USD$ 219 mil millones son los ahorros que tienen los trabajadores chilenos para financiar sus pensiones.
Al cierre de enero, este número ya representa el 83,4% del Producto Interno Bruto (PIB), nivel histórico desde que se tienen registros.
Hace seis años, en tanto, su peso era de 62,3% respecto del PIB y el fuerte avance que ha registrado se explica, de manera importante, por la rentabilidad que han tenido los fondos en el último tiempo.
Resulta interesante contrastar que este activo del país es 83,4 veces el pasivo que representa para el erario nacional el gasto anual en el pago de pensiones de las FF.AA. por parte de Capredena.
Desde el punto de vista productivo dicha billonaria capitalización ha permitido una inversión directa de MMUS$1.067 y una indirecta de MMUS$155 en proyectos de infraestructura, con sólo el aporte de 0,73% de esos fondos (Macías, 2016).
¿Cuánto más se podría hacer para el desarrollo nacional si se incrementaran los 17 aportes a concesiones viales en proyectos productivos de otras áreas económicas nacionales?
...Chile es uno de los países de la OCDE en el que menor peso tiene, en términos de riqueza, el gasto social público y representa apenas la tercera parte del que dedica Francia, que aparece como número uno.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) explicó en un informe publicado este miércoles que el gasto social del Estado representó el pasado año un 10,9% en Chile, frente al 20,1% de media en los 36 estados miembros.
Solo México registró un menor gasto con un 7,5% del producto interior bruto (PIB).
Si bien es cierto que, desde la perspectiva histórica, fue una decisión correcta el haber optado por la capitalización individual para el sistema previsional de nuestro país, no es menos cierto que para las jóvenes generaciones el valor esperado de la pensión está estrechamente ligada a un adecuado monto de las actuales remuneraciones.
Tabla resumen de montos promedio de pensiones (Diciembre 2019)
| Tipo de Pensión | Monto Promedio |
|---|---|
| Antigüedad | $1.096.167 |
| Invalidez | $1.270.309 |
| Viudez | $704.787 |
| Orfandad | $309.427 |
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