Dinamarca, junto con Finlandia, Noruega y Suecia, es un referente cuando se habla de un Estado de bienestar robusto, con prestaciones universales y beneficios generosos para el conjunto de la población. También se les cita como ejemplo por ser las naciones más igualitarias del planeta, no sólo en términos socioeconómicos, sino también en relación a las inequidades de género.

Es menos sabido, sin embargo, que también son un referente a la hora de hablar de productividad. Como muestra el gráfico 1, Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega están entre los países más productivos del mundo. Esta relación entre un sistema que por un lado ofrece bienestar universalista, con pocas horas de trabajo, y que por otro, es una economía robusta y productiva, constituye un hecho incómodo para las teorías que plantean que la relación debería ser inversa.

Dinamarca se destaca por su modelo de “flexiguridad”, con jornadas laborales de 37 horas semanales y un salario promedio de 65.506 euros. Copenhague lidera en energías renovables y diseño, mientras que Aarhus es un referente en biotecnología.

A pesar del frío y las escasas horas de luz en invierno, Dinamarca se ha convertido en uno de los líderes en rankings de calidad de vida. Semanas laborales de sólo 37 horas, bajas tasas de desempleo, salud y educación gratuitas, son algunas de las cualidades que han hecho del país nórdico sinónimo de prosperidad y equidad.

Ahora, el ranking Work-Life Balance, realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), puso a Dinamarca al frente de esa lista, como el mejor país para vivir y trabajar. El estudio se basó en tres factores: duración de la jornada de trabajo, tasa de empleo de mujeres con hijos y tiempo dedicado al ocio y a la vida personal.

Los daneses utilizan el 68% de su tiempo diario (16,3 horas) para disfrutar de la vida cotidiana, del ocio y sus pasatiempos. Las horas de trabajo en el país nórdico suman 1.563 al año, una cifra que, además, va en descenso.

El reporte arrojó que el 78% de las madres danesas son contratadas después de que sus hijos comienzan a asistir al colegio, en comparación con el 66% del promedio de los otros países. Además, ellas pueden acceder a un posnatal de un año, con derecho a seis meses de sueldo completo.

Con un ingreso per cápita de US$ 38.900, una tasa de crecimiento en torno al 1,5% y una economía basada en la exportación de alimentos y la generación de energías renovables, el reino de Dinamarca se ha posicionado, además, como uno de los mejores lugares para hacer negocios, según la revista Forbes.

Los 5,5 millones de habitantes de Dinamarca, cuya esperanza de vida es de 78,8 años, gozan de uno de los estados de bienestar más desarrollados del mundo, gracias al cual tienen educación y salud gratuitas, el sueldo mínimo más alto de Europa (US$ 44 por hora), subsidios de vivienda para gente con bajos sueldos y cuentan con múltiples actividades culturales en espacios públicos.

El Sistema de Pensiones Danés

En el ámbito global, Dinamarca destaca por su sistema de pensiones, calificado con un nivel A y un índice superior a 80 puntos, según el informe Global Pension Index de Mercer. Este sistema se basa en una pensión pública complementada por una pensión privada.

La pensión pública básica en Dinamarca alcanza un máximo del 17% del salario medio, lo que equivale a unos 4 mil euros anuales. El acceso a esta pensión está disponible a partir de los 67 años, tras haber cotizado durante 40 años. Aunque la edad de jubilación es de 65 años, el gobierno determinó en 2015 que se incrementaría gradualmente hasta los 69 años en 2030.

El primer pilar que entrega el gobierno danés, de manera universal, es de 74.844 coronas danesas al año (poco más de $9 millones), que equivalen a un 18% del ingreso promedio en Dinamarca. Se paga a todos quienes tengan sobre 40 años de residencia y se reduce proporcionalmente según el número de años de residencia.

Dos tercios del aporte obligatorio son cubiertos por el Estado (equivalente al 3% del sueldo), mientras que el tercio restante es financiado por el trabajador. El segundo esquema, también obligatorio, varía según los convenios colectivos de las empresas y las agrupaciones de trabajadores.

Flexibilidad Laboral y Negociación Colectiva

El mercado laboral danés se caracteriza por su flexibilidad y alto grado de liberalización. No existe un salario mínimo interprofesional, y la indemnización por despido se limita a un máximo de seis meses de salario para aquellos trabajadores con una antigüedad laboral de 15 años. Las negociaciones colectivas se han ido descentralizando en los últimos 30 años, acercándose al nivel de las empresas en asuntos clave como salarios y horas de trabajo.

Comparación con Otros Países

Si bien Chile ha implementado una reforma en su sistema de pensiones, buscando emular modelos exitosos como los de Países Bajos, Islandia y Dinamarca, es importante analizar las diferencias salariales. Estos países destacan por sus altas tasas de reemplazo, utilizando una combinación de aportes estatales, cotizaciones mixtas y ahorro voluntario.

En América Latina, Chile se sitúa en la mitad "más alta" en cuanto a sueldos mínimos, pero la diferencia con países desarrollados es notable.

País Sueldo Mínimo (aproximado en pesos chilenos)
Australia $1.294.177
Dinamarca $1.224.172
Francia $872.222
Estados Unidos $680.400 (varía por estado)

Productividad y Bienestar en Dinamarca

Se dice que los países escandinavos se dieron “el lujo” de trabajar menos solo cuando se volvieron productivos. Usando nueva evidencia histórica, el autor argumenta que fue al revés: la reducción de horas la consiguieron los sindicatos, en contra de la voluntad de los empresarios y cuando estos países no eran lo productivos que son ahora. En el caso de Dinamarca, el Estado de bienestar comenzó a construirse tras la Primera Guerra Mundial.

En la medida que se acumularon las conquistas laborales (como políticas sociales, pensiones, protección al empleo, rebajas de jornada laboral, etc.), el empresariado aprendió a utilizarlas no como carga, sino como fortaleza. En otras palabras, a pesar de oponerse inicialmente a las mejoras sociales/laborales, los empresarios escandinavos aprendieron eventualmente a utilizar lo que era visto como una carga en una verdadera oportunidad. Hoy los países escandinavos producen y exportan bienes altamente especializados y con un alto contenido tecnológico y de conocimiento a pesar -o probablemente gracias- a sus políticas sociales y laborales.

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