En los últimos años, el desempleo ha sido uno de los problemas más apremiantes que enfrenta Chile. A pesar de la creciente actividad económica y la expansión del sector servicios, la tasa de desempleo sigue siendo alta, especialmente entre los jóvenes y los trabajadores de baja calificación.

Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desempleo en Chile en 2023 es del 8,5%. Esto significa que cerca de una de cada diez personas en edad laboral no tiene trabajo. El desempleo escaló hasta el 8,8% en febrero-abril de 2025 -el primer incremento tras 14 meses sin alzas-, mientras que la creación de nuevos puestos de trabajo fue de 20.011, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Juan Bravo, director del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, asegura que “esta combinación inevitablemente lleva al fenómeno del desempleo de larga duración”. En total, hay 147.768 personas en esta situación en el país sudamericano.

Es un grupo minoritario si se compara con el total de desempleados: 907.718. Sin embargo, es especialmente vulnerable debido a las consecuencias de estar sin trabajo durante un tiempo tan largo. “Los efectos son múltiples. Es un fenómeno que repercute en una depreciación del capital humano, porque las personas que están tiempos demasiado extensos sin empleo empiezan a perder destrezas.

Por otro lado, está el riesgo de caer en pobreza debido a que los afectados gastan sus ahorros y medios de financiamiento. Finalmente, eleva la prevalencia de enfermedades como ansiedad y depresión, y también la probabilidad de enfermedades físicas. Es algo que no solo afecta a nivel individual, sino a todos porque, en algunos casos, lleva a la posibilidad de realizar conductas socialmente indeseables como caer en drogadicción o cometer delitos”, explica Bravo.

Al descomponer los 35.894 desocupados de larga duración que se agregan durante este último año, 24.800 son personas con educación superior completa. Para Bravo hay dos posibles causas: “En ciertas áreas de estudio hay un exceso de profesionales, que no son demandados por el mercado laboral. Es decir, existe un descalce entre la oferta formativa y las demandas del mundo productivo.

Asimismo, cuando este grupo educativo trabaja accede a mayores niveles de ingreso y tiene mayor capacidad de ahorro. Eso significa que, en comparación con otros grupos, tiene más tiempo para dedicar a la búsqueda de un empleo adecuado”.

Jorge Gaju, director ejecutivo de Fundación Emplea, que capacita a personas sin trabajo, indica que la desocupación duradera afecta a los grupos más vulnerables, en particular a las mujeres, que independiente de su edad, muchas veces deben postergar su desarrollo profesional por el cuidado de otros. “El problema también se agrava entre las personas migrantes, que demoran años en regularizar su situación y solo acceden a empleos informales precarios, y en las personas con discapacidad”, señala.

El tiempo promedio de desempleo en Chile alcanzó los 7,1 meses durante el trimestre octubre-diciembre de 2024, la cifra más alta desde 2022, según un análisis del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (Ocec Udp), compartido por Diario Financiero. Este alza en el tiempo promedio de búsqueda laboral afecta de manera desigual a hombres y mujeres.

Mientras los hombres promedian 6,4 meses desempleados, las mujeres enfrentan un promedio de 7,8 meses. La prolongación del tiempo de desempleo tiene un impacto directo en el bienestar de las familias. La falta de ingresos estables no solo afecta la capacidad de cubrir necesidades básicas, sino que también genera estrés y problemas de salud mental.

Por otro lado, la situación es crítica para ciertos grupos etarios. Las personas de 35 a 49 años son las más afectadas, con un aumento significativo de 10.621 personas en desempleo de larga duración. Además, aunque el segmento de 50 años y más mostró una disminución en el número de desocupados de larga duración, esto podría no ser una buena señal.

El desempleo de larga duración también ha golpeado a los profesionales con educación superior completa. Según el análisis del Ocec Udp, la cantidad de personas con formación universitaria que llevan 12 meses o más sin encontrar empleo aumentó de 36.226 en 2023 a 50.936 en 2024.

Espinoza advirtió que un 94,8% de los empleos creados en el último trimestre de 2024 correspondieron a subempleo por calificaciones, es decir, trabajos que no se ajustan al perfil profesional de los trabajadores. La combinación de un mercado laboral poco dinámico y un aumento en el tiempo promedio de desempleo plantea un desafío importante para la recuperación económica y social de Chile.

El director del Instituto de Economía de la Universidad Católica, Tomás Rau, está preocupado por el estado actual del mercado laboral. Subraya que no debemos naturalizar una tasa de desempleo superior al 8%, y que la falta de crecimiento económico está obstaculizando la creación de empleos de calidad.

Agrega que “seguimos enredados con la permisología y la judicialización. Una sola persona puede detener un proyecto de Data Center de millones de dólares con argumentos espurios”. Se tiene una tasa de desempleo de 8,7% y se lleva casi 2 años con una tasa de 8% o más. Entre enero de 2010 y febrero de 2020, la tasa de desempleo promedio fue de 6,9%. Faltan 278 mil empleos por recuperar.

La orientación de la legislación laboral está aumentando los costos de contratación. Es innegable que algunas medidas han encarecido la contratación de mano de obra. La identificación “causal” de los efectos de cada medida en el empleo es difícil de calcular porque ocurren simultáneamente y hay otros cambios ocurriendo también, como la gratuidad de la educación superior, PGU, entre otros.

Sin embargo, es evidente que cuando un insumo productivo se encarece las empresas pueden sustituir parcialmente dicho insumo por otro, como el capital. Eso tiene un efecto en el empleo en el mediano y largo plazo.

Es simple. El salario mínimo afecta a trabajadores menos calificados y muchos trabajadores jóvenes entre 18 y 24 años tienen poca calificación y experiencia laboral. Hoy el desempleo juvenil está en 21,4%, pero para las mujeres (en este segmento) alcanza el 23,4%. Por otro lado, la PGU significó un ingreso no-laboral para muchas personas con 65 años o más que antes no tenían.

Un resultado de los modelos de oferta de trabajo es que un aumento en el ingreso no-laboral desincentiva la participación laboral y es lo que está ocurriendo con las personas de 65 o más años.

América Latina fue la región en desarrollo más afectada por la pandemia a nivel global, considerando mortalidad, caídas en la producción y destrucción de empleos. Esto se debe a que el escenario macroeconómico, social y sanitario de la región previo a 2020 era sumamente frágil. El PIB regional creció en promedio tan solo en un 0,3% entre 2014 y 2019.

Según datos de la CEPAL la tasa de pobreza regional aumentó de 27,8% en 2014 a 30,5% en 2019; es decir, previo a la pandemia existían 187 millones de personas viviendo bajo la línea de la pobreza en Latinoamérica. Si bien en Chile no existió un incremento en las tasas de pobreza durante 2014-2019, ha habido una fuerte desaceleración en el crecimiento de la producción estableciendo un panorama laboral complejo y frágil frente a la irrupción de la pandemia.

Esto se reflejó en el incremento de las tasas de desocupación, como también en la creación de empleos de baja productividad caracterizados por la presencia de precarias condiciones laborales. La tasa de desocupación a nivel nacional tuvo un leve incremento, pasando de 6,2% en 2013 a 7,3% en 2019. Sin embargo, puede ser relevante e ilustrador observar la cantidad de desocupados en vez de las tasas.

Este aumento de tan solo un punto porcentual representa un aumento en casi 180 mil personas que buscan activamente empleo y no logran encontrarlo. Adicionalmente, debemos tener claro que la tasa de desocupación considera solamente a personas que no trabajaron en la semana en que se tomó la encuesta pero que buscaron activamente empleo en dicho período.

Si ampliamos la definición e incorporamos a todas las personas que trabajan en horarios part-time y desearon trabajar más horas pero por razones ajenas a su voluntad no logran hacerlo, la tasa de desocupación promedio entre 2014 a 2019 se eleva del 7% al 16%. Esto implica que el sistema económico no solo ha sido incapaz de crear los puestos de trabajo necesarios para la población dispuesta a trabajar, sino que adicionalmente no ha sido capaz de crear las horas de trabajo requeridas por los trabajadores ya empleados.

No solamente existió un aumento en la desocupación en el periodo 2014-2019, sino que los indicadores de empleo en dicho período también sufrieron un deterioro. Los mercados laborales en los países en desarrollo se caracterizan por su dualidad.

Existe un porcentaje de la población que debe emplearse en trabajos por cuenta propia para subsistir, ya sea en la agricultura o en servicios informales, y otro porcentaje de trabajadores asalariados que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario. A nivel global, existe una correlación positiva entre el PIB per cápita de las economías y la participación del empleo asalariado en el empleo total.

Esto quiere decir que en los países más ricos el porcentaje de trabajadores por cuenta propia es muy bajo y el de asalariados es alto. Durante el sexenio 2014-2019 el tipo de empleo que creció con más fuerza en Chile fue el trabajo por cuenta propia (en promedio, a 3,8% anual), mientras que el empleo asalariado creció en menos de la mitad (1,6%).

Esto tiene implicancias directas en la composición del empleo, ya que podemos evidenciar un aumento en la participación del trabajo por cuenta propia en el empleo total en dicho periodo. La situación se vuelve más preocupante si es que consideramos que el empleo asalariado privado creció solamente en 1,1% en promedio durante dicho período vs. un 4,3% del empleo asalariado público.

Si bien la composición del empleo en Chile ha sufrido pequeñas variaciones, esto tiene implicancias directas en la calidad del empleo, ya que el trabajo por cuenta propia cuenta con menor estabilidad laboral, menores ingresos laborales mensuales ($358.000 vs. $623.000 que recibieron los asalariados en promedio en 2019), menor protección frente al desempleo, menor acceso a derechos laborales como los beneficios por maternidad, accidentes de trabajo, etc.; como también falta de acceso a la seguridad social contributiva (contribución al sistema de pensiones).

Sin embargo, la existencia de una relación asalariada de trabajo tampoco garantiza condiciones laborales decentes ni acceso a la protección social. El promedio de empleados informales en Chile en 2017 a 2019 fue de un 29%. Esto implica que casi uno de cada tres trabajadores en Chile no cuentan con cotizaciones de salud ni con previsión social (en el caso de los trabajadores asalariados), o que sus actividades no están registradas en el Sistema de Impuestos Internos (para los trabajadores por cuenta propia).

La informalidad laboral también impacta a los grupos más vulnerables como a las mujeres, que tienen tasas de informalidad más altas que los hombres (30% vs.

El aumento en la tasa de desempleo, la presencia del empleo informal y la creación de empleos precarios han sido características fundamentales de los mercados laborales en Chile previo a la irrupción de la pandemia. El empleo total de la economía creció en promedio casi 2% por año durante 2014-2019.

Los sectores económicos que explican este crecimiento son principalmente las actividades de Hotelería y Restaurantes que representan un 17% de dicho crecimiento, el comercio (16%), la construcción (10%) y servicios de enseñanza y salud (28%). Adicionalmente, son estos tres sectores: comercio, construcción, hotelerías y restaurantes justamente los que cuentan con las tasas de ocupación informal más altas de todos los sectores económicos.

El crecimiento del empleo en Chile durante 2014-2019 se ha basado en la creación de empleos en sectores de baja productividad, con altas tasas de informalidad y concentrando principalmente a población vulnerable en determinados sectores productivos. La pandemia ha generado la crisis económica más grave y generalizada que haya sufrido Latinoamérica desde que existen registros estadísticos.

En términos generales existió en Chile una destrucción de casi dos millones de empleos entre el último trimestre de 2019 al segundo trimestre de 2020. Sin embargo, se debe considerar que la contabilización de empleo considera a los trabajadores ausentes o con reducción de la jornada laboral a los cuales se les aplicó la Ley de Protección al Empleo (principalmente, trabajadores asalariados formales).

Un indicador complementario vendría a ser la pérdida total de horas de trabajo producto de la pandemia. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Latinoamérica y el Caribe fue la región con la mayor pérdida de horas de trabajo en todo el mundo (en relación con las horas totales trabajadas en 2019) con una reducción del 16% anual vs. una pérdida mundial de 8.8%.

Chile tuvo una reducción anual del 17% lo que equivale a una pérdida anual de 1.373.000 empleos de jornada completa. En el gráfico 3 podemos observar que la cantidad de ocupados ausentes se expandió de manera significativa durante 2020. En el segundo trimestre hubo 1.200.000 trabajadores que se contabilizaron como empleados aunque no ejercieron actividades productivas.

La pérdida de empleos tuvo efectos heterogéneos entre distintos tipos de trabajadores. Los empleos asalariados formales, que están asociados a mejores condiciones laborales e ingresos, fueron la categoría de empleo menos afectada por la pandemia. Los tipos de empleos más afectados fueron aquellos asociados a peores condiciones laborales y menores ingresos.

La crisis no solo se caracterizó por la pronunciada caída en la producción y la pérdida de empleos de los trabajadores más vulnerables, sino también por la pérdida masiva de ingresos laborales de los ocupados. Según datos del INE, un 28% de los ocupados declaró una reducción de sus ingresos laborales durante 2020 (casi dos millones de trabajadores).

Si bien no se observaron diferencias entre sexo, sí se constatan diferencias importantes según nivel educacional. De hecho, la masa salarial -que es la suma de todos los ingresos salariales del empleo principal de todos los ocupados de la economía- pasó de $5,4 billones en 2019 a $4,8 billones en 2020, lo que implica una reducción de 11%.

La pérdida masiva de empleos y de ingresos laborales durante la crisis implicó un aumento en los niveles y tasas de pobreza sin precedentes en las últimas décadas en Chile. Es relevante destacar que los ingresos considerados para calcular las tasas de pobreza consideran otros tipos de ingresos no laborales (arriendos, subsidios y bonos, alquiler imputado, transferencias privadas, etc.); he ahí la relevancia de las transferencias que realizó el gobierno en conjunto del retiro masivo de los fondos de pensiones para amortiguar la caída de los ingresos laborales.

Si solamente tomáramos en cuenta los ingresos laborales de los trabajadores y las pensiones autofinanciadas, la tasa de pobreza nacional se eleva de 10,8% a 40%. Esto significa que si los hogares solamente hubiesen dependido de sus ingresos laborales 7,8 millones de personas en Chile estarían por debajo de la línea de pobreza monetaria.

Una de las principales características del proceso de recuperación económica es que desde el último trimestre de 2020 Chile logró recuperar y mantener los niveles de producción pre-pandémicos. Sin embargo, este no ha sido el caso del empleo y la fuerza de trabajo, los cuales se han mantenido por debajo de sus niveles previos a la pandemia.

De hecho, existió una recuperación de los indicadores laborales durante el tercer y cuarto trimestre de 2020; pero desde entonces los niveles de empleo se han estancado. En primera instancia, un estancamiento de la fuerza de trabajo puede conducir a reducciones en las tasas de desocupación, si es que existe un estímulo en la demanda de trabajo por parte de las empresas y se relajan las restricciones de movilidad para los trabajadores por cuenta propia.

En el gráfico 6 podemos ver que los niveles de empleo cayeron más que los niveles de producción en Chile. La pérdida masiva de empleos durante la pandemia no se vio reflejada en incrementos en las tasas de desempleo; de hecho, está se elevó a un 11% de la fuerza de trabajo durante 2020.

Una de las características distintivas de esta crisis es que la pérdida de empleos se vio reflejada en la salida masiva de personas de la fuerza de trabajo, reduciendo las tasas de participación laboral y volviendo más complejo el regreso de las personas al mercado del trabajo. Si bien ha existido una recuperación tanto del empleo como de la fuerza de trabajo esta se ha estancado durante 2021.

La caída en los ingresos laborales y los consecuentes incrementos en los niveles de pobreza y desigualdad durante 2020 han tenido repercusiones en la composición del gasto total de la economía alterando tanto la composición de la demanda agregada [el gasto total efectuado por todos los agentes de la economía en la adquisición de bienes y servicios nacionales en un período de tiempo] como de la producción total de la economía.

Estas variaciones en el gasto y la producción explican, en parte, la brecha entre la recuperación del PIB y el empleo durante 2021. En el gráfico 7 podemos observar que durante 2018 y 2019 el consumo total de los hogares representó un 64% de la demanda agregada, siendo el componente más relevante del gasto total, mientras que desde 2020 hasta el segundo trimestre de 2021 este cayó a 59%.

No solamente existió un cambio en la participación del consumo en el gasto total, sino que los componentes del consumo también sufrieron un cambio, especialmente en el consumo de servicios y en el de bienes durables (autos, electrodomésticos, etc.). Esta última categoría ha sido la más dinámica en el proceso de recuperación económica.

De hecho, el crecimiento anual del consumo real (aislado del incremento de los precios) de los bienes durables ha sido de un 50% y un 130% en el primer y segundo trimestre de 2021, respectivamente. Este fenómeno se explica, en parte, por el efecto de los retiros masivos de los fondos de pensiones.

Debemos tener claro que a medida que se enriquecen los hogares, la fracción de su ingreso destinada a consumo disminuye. Adicionalmente, también debemos considerar que los retiros de los fondos de pensiones fueron regresivos, ya que los hogares de mayores ingresos accedieron a montos mayores que los hogares más pobres.

Al conjugar estos dos factores podemos explicar que la participación del consumo agregado de la población no haya retornado a sus niveles pre pandémicos. Por otro lado, ha existido una fuerte contracción en el consumo de servicios, el cual no ha logrado recuperar su participación prepandémica.

La recomposición del gasto es fundamental para entender la dinámica de la recuperación económica ya que esto implica una modificación de los ingresos que están recibiendo las empresas, y, por ende, de sus ganancias y del nivel de empleo que demanden. De hecho, ha existido una considerable recuperación de la inversión efectuada por las empresas en Chile durante 2021.

Como se ha destacado anteriormente, una de las características principales de esta crisis es que la destrucción masiva de empleos se tradujo en una fuerte contracción de la fuerza de trabajo. Si en el primer trimestre de 2020 las personas inactivas fueron 5,9 millones, en el siguiente trimestre de 2020 este número se elevó a 7,5 millones de personas.

Al observar la composición de la inactividad en Chile podemos destacar que la pandemia «desalentó» a setenta mil personas de participar en el mercado laboral. Aún existen veinte mil desalentados para volver a los niveles pre pandémicos; y esto tampoco representa un buen referente, ya que contar con más de cien mil personas que están desalentadas por participar en el mercado del trabajo refleja, en parte, la precariedad de las condiciones laborales.

Si nos ceñimos a las razones de inactividad en las encuestas de empleo, el argumento de que no se han recuperado los niveles de empleo porque las personas prefieren el ocio y disfrutar de los beneficios del gobierno y otros, no tiene sustento. De hecho, la cantidad de personas que no tienen deseos de trabajar se ha reducido desde 320 mil en promedio durante 2018-2019 a 250 mil personas durante el inicio de la pandemia.

Dentro de las categorías más relevantes al momento de explicar la inactividad laboral está el fuerte incremento en 300 mil personas inactivas extras por razones familiares permanentes. Este grupo tiene la particularidad de ser, casi en su totalidad, mujeres. La crisis económica-sanitaria incrementó la inactividad de mujeres por razones familiares de 1,3 millones a 1,6 millones.

Por ende, tenemos que recalcar el hecho de que la pandemia tensionó y sobrecargo el trabajo no remunerado de millones de mujeres, y que este nuevo escenario crea la necesidad de repl...

Aunque el desempleo es un problema complejo, hay varias soluciones que se pueden implementar para abordarlo.

  • Promoción del trabajo autónomo: El trabajo autónomo puede ser una buena opción para aquellos que buscan más flexibilidad y autonomía en su trabajo.
  • Desarrollo de habilidades en tecnología: La tecnología está revolucionando muchos sectores y cambiando la forma en que las personas trabajan.
  • Flexibilización del mercado laboral: Las regulaciones rígidas y la falta de flexibilidad en el mercado laboral pueden impedir la creación de empleo.
  • Promoción del emprendimiento: El emprendimiento puede ser una forma efectiva de crear empleo y estimular el crecimiento económico.

El desempleo es un problema complejo que requiere soluciones integradas y multifacéticas. Aunque no hay una solución única para este problema, las medidas mencionadas anteriormente pueden contribuir a abordar el desempleo en Chile en 2023. Las puertas del trabajo no están abiertas para todos en Chile. Así lo evidencian las últimas cifras: en el último año, el número de personas desempleadas aumentó 37.479 más, y casi todos -el 95,8%, es decir, 35.894- forman parte de un grupo atrapado en la cesantía prolongada.


Indicador Dato
Tasa de desempleo en Chile (2023) 8,5%
Aumento de desempleados de larga duración (último año) 35.894
Desempleados de larga duración con educación superior completa 24.800
Tiempo promedio de desempleo (octubre-diciembre 2024) 7,1 meses

TAG: #Empleo #Desempleo

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