El empleo precario suele mirarse como un problema para la economía de las familias, pero las autoras remarcan que se ha transformado también en un problema de salud pública. Las políticas en torno al empleo deben asumir la centralidad que éste tiene en la vida de las personas y la multiplicidad de aspectos que confluyen en él.

Según la última Encuesta Nacional de Empleo, 9,2 millones de personas participan en el mercado del trabajo, lo que representa más del 70% de la población mayor de 15 años. No es extraño entonces que demandas salariales y otras vinculadas con el trabajo aparezcan con fuerza que en las semanas de intensas protestas que hemos vivido. Como respuesta, el Gobierno propuso un Ingreso Mínimo Garantizado subsidiado por el Estado, mientras la gran empresa, que ocupa a cerca del 50% de los asalariados, dejó claro que hay margen para implementar mejoras.

El Impacto del Empleo en la Calidad de Vida y la Salud

El trabajo es un determinante clave de la calidad de vida y la salud. Por una parte, cumple la función “manifiesta” de proveer los ingresos necesarios para la reproducción de las familias y alcanzar un nivel de vida socialmente aceptable, proveyendo las condiciones materiales de vida que permitan alcanzar un buen estado de salud.

En cuanto al ingreso, gran parte de los trabajadores recibe salarios insuficientes. En una estimación a partir de la única Encuesta nacional de empleo trabajo y salud (ENETS) realizada en el país en el año 2010, y que utilizó una escala de precariedad laboral (EPRES), se constató que, de todos los asalariados privados con contrato, el 50,8% presentaba niveles de precariedad nocivos para la salud.

Desde los años 30 se vienen desarrollando estudios científicos que muestran que el desempleo afecta la salud de las personas, y en especial su salud mental. Más recientemente existe además evidencia del rol protector que cumple en seguro de desempleo frente a los efectos tóxicos de éste. A su vez, a partir de los 80 se ha acumulado la evidencia epidemiológica que muestra que también el empleo precario tiene efectos negativos sobre la salud.

“Los trabajadores con empleos temporales suelen tener más lesiones por accidentes de trabajo, lo que se ha atribuido a peores condiciones de trabajo, menor inversión en capacitación y equipos de protección personal, así como menor experiencia adquirida en las tareas realizadas”. Investigaciones también describen que las mujeres con empleos precarios están en mayor riesgo de acoso sexual en el trabajo que aquellas con empleos no precarios.

En Chile, usando la ENETS 2010, observamos que las personas con empleos altamente precarios se declaran insatisfechos con sus trabajos en una frecuencia que más que duplica la de los trabajadores con empleos no precarios (2.2 veces más). Lo mismo ocurre con la presencia de síntomas depresivos (con una frecuencia de 2.4 veces más) y el reporte de mala o muy mala salud general (3 veces más).

La precariedad laboral y el desempleo comparten la pérdida, total o parcial, de las funciones manifiestas y latentes del empleo, con la consiguiente repercusión negativa tanto en calidad de vida como salud de las personas que trabajan y sus familias. Sumado a ello, las personas en situación de desventaja en el mercado de trabajo (como por ejemplo mujeres, jóvenes y adultos mayores, o quienes están en ocupaciones de baja cualificación) son las más expuestas a tener empleos precarios y muy precarios.

Desde la salud pública, la gran cantidad de personas expuestas a los efectos tóxicos de la precariedad laboral en Chile nos pone frente a una epidemia social urgente, que exige mirar íntegramente al empleo y la seguridad social.

Causas de la Precariedad Laboral en Chile

La precariedad laboral es un fenómeno global que no es nuevo, pero que re-emerge con fuerza como la otra cara de la moneda de la flexibilización progresiva de los mercados de trabajo. En Chile, dicha flexibilización se consolida institucionalmente en el Plan Laboral de 1982, contemporáneamente con profundas transformaciones a la seguridad social (pensiones y salud), vigentes con ajustes menores hasta hoy. En este modelo, los trabajadores son concebidos sólo como un factor más de la economía, y no como sujetos de derecho.

Posibles Soluciones y Caminos de Política

Por tanto, deben ser nuevas políticas y nuevas leyes las que aseguren íntegramente la función social del empleo. En este sentido, existen al menos tres caminos de política para atacar la epidemia de la precariedad hoy en Chile.

  1. El primero, sin dudas, es el aumento real de los salarios, que asegure la reproducción de la vida como función manifiesta del empleo. Esto implica ir más allá de lo planteado hasta ahora, puesto que no puede depender de subsidios estatales ni de la buena voluntad de un sector del empresariado.
  2. El segundo, refiere al fortalecimiento de la parte débil de la relación salarial, avanzando hacia la negociación colectiva ya sea por rama o territorio, y así anulando las brechas existentes entre trabajadores de alta y baja capacidad negociadora.
  3. Finalmente, un tercer camino es el fortalecimiento de la protección frente al desempleo. Urge mejorar la cobertura del actual seguro de cesantía, eliminando las excesivas barreras de acceso a esta prestación, especialmente las relativas a la continuidad laboral. Durante el año 2018, 180 mil trabajadores recibieron mensualmente pagos por el Seguro de Cesantía, lo que representa sólo al 32% del promedio de cesantes del mismo período.

Más allá del Salario: Reconocimiento y Beneficios

Con niveles de compromiso más bajos que nunca, muchas empresas enfrentan grandes desafíos para motivar a sus colaboradores. Muchos factores influyen en la decisión a tomar, entre ellos el contexto socioeconómico del rubro donde esté la empresa. ¡Claro que el sueldo importa! Ningún trabajador espera que se le pague mal o de manera deficiente.

La premiación y recompensa en las empresas pasa a ser tan importante como el aumento de sueldo, como lo evidenciaron 200.000 trabajadores de todo el mundo que indicaron que lo que más los motiva a quedarse en sus trabajos era ser reconocidos, ¡muy por delante del salario!, que quedó en el octavo puesto. Otra encuesta demostró que la atención que los gerentes les prestan a los colaboradores, o la posibilidad de que estos asuman funciones gerenciales eran factores tan eficaces como una prima, un aumento de sueldo o la obtención de opciones sobre acciones.

Pero la gama de beneficios puede ser muy amplia. Expertos en el mundo laboral concuerdan en que la característica primordial para el éxito de estos programas reside en su adaptabilidad laboral. El reconocimiento también contribuye a la cultura empresarial, ya que refuerza el sentimiento de pertenencia que el trabajador tiene con respecto a la empresa. Desde este punto derivan toda una serie de beneficios a largo plazo, como la mejora en el compromiso, en la moral, la fidelidad y la productividad de los trabajadores. Esto funciona tanto para mejorar la calidad de vida laboral en las Pymes como en grandes empresas. Asimismo, las nuevas realidades y tendencias en beneficios laborales y calidad de vida están obligando a las empresas a ser más flexibles y a tener más creatividad en sus ofertas de reconocimiento.

La Brecha Salarial de Género en Chile

Datos de la plataforma BUK y Trabajando.com corroboran el distinto punto de partida por género. La brecha salarial promedio entre hombres y mujeres en Chile es de un 27%. De acuerdo a la investigación, lanzada hace unos días -y que contó con una muestra de más de 3.900 personas encuestadas en Chile, Colombia, México y Perú-, los hombres en el país negocian más que las mujeres los salarios de sus ofertas laborales.

La gerenta de desarrollo y negocios de Trabajando.com, María Jesús García Huidobro, explica que este disímil comportamiento se puede atribuir principalmente a factores culturales. Esta realidad, agrega, hace que tanto el mercado como las propias trabajadoras bajen sus pretensiones salariales. Ahora bien, a mayor responsabilidad, mayor negociación. Sin embargo, para todos los roles, ellas lo hacen menos que los hombres.

“Un pago justo y acortar las brechas de género en materia salarial es clave no solo para promover entornos laborales sanos, sino también libres de discriminación donde se garantice una retribución justa y con condiciones equitativas para los colaboradores, independiente de sus características como el género”, destacó Warren.

En Chile una de cada dos mujeres desea cambiar de trabajo, ya sea que lo esté intentando activamente o no. En las mujeres, las razones por lo que renunciarían a su trabajo son: el salario e incentivos monetarios en primer lugar (59%), seguido de mal ambiente laboral (37%), baja flexibilidad (35%) y la falta de oportunidades de desarrollo (33%).

Razones para renunciar al trabajo (mujeres en Chile)
Razón Porcentaje
Salario e incentivos monetarios 59%
Mal ambiente laboral 37%
Baja flexibilidad 35%
Falta de oportunidades de desarrollo 33%

TAG: #Trabajar #Salario #Trabaja

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