Para muchos, incluso el sexo se ha convertido en una aventura virtual. Los nativos digitales son los que más gozan y aceptan una sexualidad diferente que se experimenta en redes sociales, aplicaciones y plataformas. Este fenómeno ha dado lugar a nuevas formas de trabajo sexual, donde los intercambios se realizan tanto por amor como por negocio.
El Auge del Trabajo Sexual Virtual
El llamado "nuevo porno" y la ciberprostitución abundan en la red. Adultos jóvenes buscan placer en internet, sin aspirar al contacto corporal. El término "pack" se usa para referirse a fotos o videos de carácter íntimo que son enviados a otros ya sea con un fin de coqueteo o comercial. Para los jóvenes, el "pack" es más que conocido, sin embargo, muchos adultos aún no se dan cuenta de los riesgos que su propagación, sin consentimiento, por internet puede traer.
Riesgos y Desafíos
Pero, acechan los riesgos de la “extorción sexual” y la “porno venganza” para ellos y, más preocupante, para los menores de 18 años. Jóvenes que con naturalidad usan las fotos y mensajes eróticos que se envían por la red. Ven el sexting como una iniciación en la sexualidad, pero desconocen los peligros que encierra el envío de mensajes eróticos y desnudos que se viralizan sin control. Todo en medio de vacíos legales que no ofrecen la suficiente protección.
Un promedio de 200 denuncias anuales recibe la PDI por divulgación no consentida de videos y fotos íntimas en internet y redes sociales. La "porno venganza" es cuando una persona divulga sin permiso fotos con contenido sexual que fueron enviadas por sus exparejas mientras mantenían una relación.
La fiscalización es más débil en las historias de Instagram, razón por la cual muchas han optado por compartir en esa modalidad sus fotos, videos y tarifas. El objetivo es atraer la atención de clientes que luego las contactan por mensajes directos para hacer sus pedidos.
Profesionalización y Plataformas
Aymara y las mujeres que trabajan con ella han profesionalizado su trabajo, algo muy común en otros países donde el trabajo sexual está regulado y donde, incluso, hay agencias que arriendan y producen estudios para hacer sesiones de fotos eróticas y transmisiones en vivo.
En los últimos años ha habido un boom de cuentas de trabajadoras sexuales virtuales en Instagram, algunas con cerca de 200 mil seguidores. En esta red social se ven fotos sensuales, pero no explícitas, ya que la plataforma tiene políticas muy estrictas respecto a qué es lo que muestra una imagen. No permite mostrar pezones de mujer ni genitales, por esto es usual que las trabajadoras sexuales virtuales tengan más de una cuenta, como forma de respaldar su contenido y también de mantener sus seguidores en caso de que las denuncien y cierren sus cuentas.
Además de vender las fotos por esta vía, las trabajadoras sexuales suelen tener un perfil en Patreon, página web diseñada para conseguir financiamiento para proyectos creativos de toda índole, y que se ha convertido en una plataforma popular entre las trabajadoras sexuales virtuales.
Nashiro -como se hace llamar en redes- se hizo una cuenta en una página que, al igual que muchas que agarraron fuerza en tiempos post pandemia, conecta a clientes (en su mayoría hombres) a proveedoras de servicios sexuales y afectivos (en su mayoría mujeres). En esta en particular, se ofrecen citas virtuales y presenciales para regalonear. En eso, según advierten, son estrictos.
A la fecha, la más conocida de las aplicaciones que le otorga un espacio al trabajo sexual virtual, OnlyFans, cuenta con más de 200 millones de usuarios (y 3.2 millones de creadores de contenido).
Precios y Servicios
Los precios varían poco entre cada trabajadora sexual virtual. En general, las videollamadas duran entre 15 y 20 minutos y cuestan mil pesos por minuto. Un pack, que incluye cerca de 25 fotos, videos y/o gifs, ronda los 10 mil pesos. Incluso algunas cobran por una conversación de chat, aunque esta no incluya material gráfico ni audiovisual. Eso porque, explican, muchas veces lo que el cliente busca no es solamente un encuentro virtual sexual, sino una conversación, compañía. Esa es la gran diferencia entre el porno y lo que estas chicas hacen. Según ellas, poder mirar a los ojos al cliente y hacer lo que a él le gusta es el plus de su trabajo.
“Quieren consumir algo que sea hecho especialmente para ellos. Les gusta el hecho de que haya otra persona que les dedica tiempo y trabajo. Es el boom de lo amateur también, la baja de la industria porno tradicional y el auge de un contenido que sea mucho más atractivo por la cercanía que evoca, por esa fantasía de la cercanía, como de la 'girl next door'", explica Skinbyrd (30), trabajadora sexual virtual hace 6 años.
Perfil de la Clientela
Más del 90% de la clientela de las TSV son hombres, entre los 20 y los 55 años, la mayoría heterosexuales y muchos casados. Si bien suelen ser chilenos, el mercado cada vez se ha vuelto más internacional, razón por la cual muchas trabajadoras sexuales virtuales han tenido que habilitar paypall para recibir pagos de países como Estados Unidos, Italia, España, Canadá y México.
Impacto de la Pandemia de COVID-19
En todo el mundo, las personas que ejercen el trabajo sexual se han visto gravemente afectadas por la pandemia de COVID-19, y los gobiernos no están haciendo lo suficiente para protegerlas.
Apenas comenzó la crisis sanitaria dos palabras pasaron a ser claves en el combate al Covid-19: “distancia social”. En suma, estar a más de un metro, dos metros del otro, no tocarse, no besarse, usar mascarillas, guantes, constante lavado de manos. El sexo no es la lejanía, pero alternativas no faltan.
Desde que comenzó la crisis sanitaria del Covid-19, Celeste cuenta que no ha recibido clientes. Tiene deudas, una hija y un arriendo que pagar, por lo que debió reinventarse. “Lo que yo he hecho es tratar de tener algún ingreso por la vía virtual. Para eso, tengo un canal de streaming que está en proceso con la idea de hacer mi trabajo de la forma más profesional posible”.
Otro grupo ha seguido atendiendo de forma presencial a clientes determinados, donde la confianza es ley.
Desafíos Legales y Sociales
En Chile el trabajo sexual no está prohibido, pero tampoco está reconocido como tal. Por eso, se mantiene en una suerte de área brumosa que solo refuerza su precarización.
Hay algunas leyes que consideran el trabajo sexual de manera indirecta, pero no hay nada que aúne todos los matices; el Código Sanitario, por ejemplo, prohíbe que se realice en cualquier establecimiento y postula un control sanitario voluntario a quienes lo ejerzan.
Pero, como profundiza Danitza Pérez, no hay un marco teórico desde el derecho que aborde la divulgación sin consentimiento de contenido personal, ni tampoco una ley que vaya orientada a la violencia digital. Tampoco tenemos una Ley de Educación Sexual Integral que, según explica, es lo primordial.
Las autoridades deben ofrecer alternativas viables para las personas que trabajan en la marginalidad y acaban ejerciendo el trabajo sexual, pero también tienen que aceptar que algunas personas preferirán el trabajo sexual a otro tipo de empleo, o que este trabajo puede ser la única opción de ganarse la vida en sus circunstancias personales.
Perspectivas Feministas
En sociedades en las que la mujer ha sido sujeta, entre otras cosas, a la constante precarización laboral (en tiempos de crisis, somos nosotras quienes sufrimos un retroceso en términos de derechos sociales y laborales), ¿qué tan voluntaria y deliberada es la decisión de transar nuestros cuerpos en el mercado?
En 2018, la filósofa y activista italiana Silvia Federici, dijo en un seminario que el trabajo sexual no era el único en el que se explotaba el cuerpo femenino. ¿Por qué habría que abolir la prostitución si en los sistemas neoliberales hay muchas otras formas en las que se nos obliga a vender nuestro cuerpo? Partiendo por el matrimonio”.
A su vez, la feminista francesa Virginie Despentes, autora de Teoría King Kong, ve el trabajo sexual como una forma de liberación, autoconocimiento y una entrada al sistema cobrando por algo que igual las mujeres hacemos de manera gratuita. Ella misma se dedicó al trabajo sexual durante dos años -tema que relata en su libro- y defiende su legalización, aun cuando admite que su experiencia ciertamente no es la de todas. Nunca se sintió violentada, ni en peligro, ni sufrió abusos.
Propuestas de Regulación
Por eso, la fundadora y vocera de Fundación Margen, Herminda González, explica que lo primero es que se reconozca. “Solo así vamos a poder modificar las leyes que están redactadas de manera ambigua y permiten abusos de las trabajadoras por parte de las fuerzas de seguridad. Hay que reconocer y regular el trabajo sexual desde una perspectiva de derechos”, dice.
Luego del frustrado proyecto, las trabajadoras comenzaron a construir su propia propuesta legislativa con la colaboración de distintas abogadas feministas y la disposición de presentar el texto en el parlamento de la diputada Karol Cariola (PC). “Hoy el trabajo sexual por voluntad es una realidad (…). Eso hoy existe, está pasando y por lo tanto amerita de generar políticas de protección para esas mujeres, en el ámbito sanitario, laboral y social.
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