El Día de la Mujer Trabajadora es una fecha propicia para reflexionar sobre el rol de la mujer en la sociedad y fomentar la igualdad de género desde la infancia. En este contexto, las manualidades pueden ser una herramienta valiosa para involucrar a los niños y niñas en esta importante conmemoración, siempre y cuando se aborden desde una perspectiva pedagógica que promueva la participación y la reflexión.
Es crucial que los educadores sean sensibles a las necesidades de los niños y niñas, empatizando con ellos y ofreciendo soluciones creativas a los problemas del día a día, de manera que se sientan protagonistas. Además, es importante involucrar a las familias, buscando estrategias para que participen activamente en el proceso educativo.
A veces, la falta de tiempo lleva a priorizar la creación de manualidades y regalitos, perpetuando estereotipos sobre el rol del educador como una figura tierna y creativa. Para evitar esto, es fundamental observar a la infancia y aprender de los niños y niñas. Si observamos a un bebé que está caminando hacia un lado, no lo llevaremos hacia otro, sino que reconoceremos su inquietud por explorar y descubrir.
La clave está en priorizar al niño o niña por encima de la comodidad del educador. Es más cómodo planificar una actividad de antemano y seguir un libreto, pero es más enriquecedor permitir que los niños y niñas flexibilicen las experiencias, lo que aumenta su compromiso y participación.
Existe una diferencia entre asistir a una actividad y participar en ella. Participar implica dar ideas y modificar lo establecido, mientras que ser protagonista es lo más importante. Los niños y niñas asisten a los jardines infantiles y participan en diversas actividades, pero es fundamental promover niveles de participación que les permitan tomar decisiones y expresar sus opiniones.
Por ejemplo, en lugar de imponer actividades como escuchar un cuento, cantar una canción o hacer rimas, se puede preguntar a los niños y niñas qué les gustaría hacer. Si un niño menciona que su mamá le compró un paraguas, se puede aprovechar la oportunidad para conversar sobre los peligros de tener paraguas abiertos en la sala, para qué sirven e incluso hacer rimas sobre el tema.
Los niños y niñas siempre han sido curiosos, exploradores y preguntones, pero es fundamental brindarles posibilidades para que desarrollen estas cualidades. No hay una única respuesta sobre cómo son los niños y niñas de hoy, ya que son diversos y sus experiencias varían según su origen y contexto familiar. El gran desafío es reconocer que no existe una única infancia, sino múltiples infancias, y adaptar las experiencias y los objetivos a las necesidades individuales de cada niño y niña. Es importante evitar la hoja de planificación con el mismo objetivo para todos, ya que no todos aprenden al mismo ritmo ni de la misma manera.
Lo esencial es la reflexión sobre las prácticas pedagógicas. Cada adulto debe ser garante de los derechos de los niños y niñas, y esto se logra a través de la voluntad individual y el compromiso colectivo, no solo a través de orientaciones institucionales.
El encierro fue una experiencia difícil para todos, y la lección aprendida es la importancia de no tener miedo a vincularnos, a estrechar lazos, a comunicarnos. Es importante decirnos cosas lindas y cuidarnos mutuamente. A las familias, se les recomienda escuchar más a sus hijos y entender que el error es parte del aprendizaje. No se debe corregirlos, violentarlos ni exigirles que sean como otros, ya que son personas con derechos y deberes, y esta etapa es trascendente para toda su vida.
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