El presente artículo se propone compartir los aprendizajes y reflexiones que construimos en el proceso de la investigación “Integración social desde las subjetividades de los actores. Desplegar una investigación de este tipo, nos permitió discutir las nociones de subjetividad al momento de pensar, y potenciar estrategias interventivas que asumen como parte esencial el movimiento entre lo material, lo inmaterial y las lógicas de poder instaladas en los vínculos entre las y los actores involucrados.
Este artículo nace de la vinculación de tres planos de tensión que se intersectan, y al hacerlo reactualizan preguntas dirigidas hacia el Trabajo Social en tanto disciplina. Un primer plano se produce como resultado de una lectura de tipo socioestructural a partir de la cual podemos señalar que, condicionados por el contexto de pandemia a escala planetaria provocada por el covid-19, el escenario actual nos obliga a repensar nuestras bases disciplinares, desafíos y proyecciones en tanto colectivo profesional.
Un segundo plano refiere a una dimensión histórico-disciplinar, a partir de la cual es posible identificar que la pregunta todavía abierta sobre la históricamente compleja relación entre investigación e intervención sociales en/desde el Trabajo Social debe ser reactualizada al calor del actual contexto. En ese marco, este texto busca poner de relieve la inquietud por el vínculo entre intervención social e investigación científica disciplinar en un contexto particular, visibilizando la necesidad político-epistémica de provocar un pensamiento ordenado que contribuya a la reflexividad y crítica del Trabajo Social en relación con dicha intersección.
En esta oportunidad el modo de abordar esta relación se centra en un recorte que se sostiene en la consideración de que tal separación entre hacer y saber o intervenir e investigar se reproduce, principalmente, en el campo de la formación profesional del grado. A partir de ello, y tal como se señala en otras oportunidades, existe una pluralidad de producciones académicas que tematizan la cuestión preguntándose por el vínculo existente entre investigación científica e intervención social en Trabajo Social, y especialmente sobre lo que pudimos definir como “la ficción de la dualidad teoría-práctica” (Scarpino y Bertona, 2021, p. 23).
Si bien dentro de este conjunto de producciones estudiadas existen distintas propuestas de reconsideración sobre tal vínculo, se identificó una vacancia significativa en torno a cómo abordar esta escisión en términos empíricos. Sin embargo, se considera que, producto de la pandemia global, la migración hacia la virtualidad posibilita reconsiderar el problema de la escisión teoría/práctica, reformulando algunas inquietudes: ¿qué particularidades, derivadas del contexto actual, presenta la intervención que la diferencia de la investigación en/desde Trabajo Social? ¿Mediante qué dispositivos pedagógicos es posible acompañar los procesos de formación en cada campo? ¿Cuáles son las vinculaciones sinérgicas que se plantean entre ambas dimensiones? Y, por tanto, ¿cómo se expresan, en propuestas pedagógicas específicas, las mismas?
Consideraciones Teóricas y Posicionamiento Político
Se parte de comprender al Trabajo Social como una disciplina que produce interpretaciones sobre la realidad de maneras situadas, generando herramientas explicativas para los fenómenos que configuran las desigualdades contemporáneas desde una perspectiva histórica. A su vez, se sostiene que esta profesión asume un posicionamiento político que busca incidir en la definición, elaboración, implementación y evaluación de políticas públicas y dispositivos necesarios para abordar los efectos que esta desigualdad genera en distintos planos de lo social, apuntando a su transformación.
Todo ello es realizado bajo las orientaciones que el enfoque de los derechos humanos posibilita, construyendo procesos junto a los sujetos implicados en distintos escenarios conflictivos, quienes van permeando de maneras significativas los márgenes interpretativos de la disciplina. Ejemplo de esto último son las discusiones formuladas por los activismos feministas, las teorías del género y las sexualidades, y la crítica del giro descolonial, que han impreso sobre el campo disciplinar una serie de preguntas e interpelaciones críticas, inevitables y sumamente productivas.
El problema emerge, cuando ese entramado no es considerado cotidianamente. Mediante la invisibilización de algunas de las tres dimensiones del quehacer/saber disciplinar, se incurre en una jerarquización y segmentación de procesos e incumbencias que reinscribe en la ya tematizada separación moderno-cartesiana que distingue entre saber científico y saber interventivo. La consecuencia más visible de este modo de interpretar la disciplina resulta en sostener que lo que caracterizaría al Trabajo Social es su dimensión interventiva, al tiempo que consolida una “‘segregación profesional’ entre ‘profesionales de la academia’ y ‘profesionales de la práctica’” (Rivas, 2009, p.
Porque se considera que esta tensión se reactualiza aún en el presente, resulta pertinente volver a preguntarnos ¿qué se espera de la investigación científica, la intervención social, y la docencia en y desde Trabajo Social? ¿Existe un campo de acción privilegiado para la construcción de los saberes disciplinares? ¿O su potencia resulta de la compleja interrelación existente entre estos? ¿Cómo se piensa cada especificidad?
Se infiere que, aún hoy, sigue vigente un orden separatista que opera produciendo un Centro y una Periferia disciplinar, algo que junto a Boaventura de Sousa Santos (2010) se puede señalar como la reproducción misma del pensamiento de Occidente moderno, el cual se configura como un pensamiento abismal, que construye un sistema de distinciones visibles e invisibles. Frente a ello, y tal como se indica en otras oportunidades, esta situación debe transformarse produciendo necesariamente nuevas “[…] zonas de reflexión que superen las dicotomías del saber y el hacer, o de la academia y la sociedad” (Artazo y Scarpino, 2021, p.
En este sentido, producir esa zona reflexiva supone reconocer que este modo abismal de construir la disciplina responde a un problema de orden teórico que se traduce en un problema de orden práctico: subyace un imaginario de derivación, podríamos pensar, en la relación entre investigación social e intervención científica. La primera, suele presentarse como aquello que le brinda a la intervención las herramientas conceptuales para actuar. Sin embargo, ese modo de comprender la relación continúa perpetuando una lectura lineal y no dialógica de esta relación.
Investigación, Intervención y Docencia
En efecto, pensar en la relación entre investigación, intervención y docencia es un desafío epistemológico dentro de la disciplina, y debe implicar otros movimientos en esa consustancialidad. Es posible decir que esos movimientos deben dirigirse a enseñar y aprender a investigar mientras se interviene, y a intervenir mientras se investiga. Ejercicios, en última instancia, que buscan aproximar lo que por momentos aparece separado, y que pretenden habitar la unión de dos pares de acciones infinitivas junto a sus gerundios: investigar interviniendo / intervenir investigando. Un desafío pedagógico que resulta tan necesario como urgente para contribuir a la desarticulación de los análisis estancos sobre el Trabajo Social.
[…] hace que sea indispensable referirse a la necesidad de no desvincular la intervención de la investigación, de asumirla como un campo ocupacional y de comprender que mediante ella no solo se forman investigadores: también se desarrolla una actitud investigativa (Mejía y Velásquez, 2021, p.
De alguna manera, vincular consustancialmente docencia, investigación e intervención nos permite desestabilizar los análisis segmentados de la realidad social, algo que Ana Marcela Bueno (2013) considera que ha sido en gran medida lo que provocó -desde la institucionalización de las ciencias sociales- la fragmentación entre hacer y pensar en nuestra disciplina.
Impacto de la Pandemia en la Formación y la Intervención Social
Numerosos son los estudios que, desde la irrupción del coronavirus, han referido a los efectos que esta situación ha implicado a escala global. Como se ha señalado, el universo de lecturas sobre el tema no es homogéneo, sino que es posible identificar diversos tipos de análisis sobre el mismo, según los recortes que se construyan para su abordaje.
[…] puesto que lo que se cuestiona y sobre lo cual se reflexiona tiene que ver con los modos en que nuestras sociedades se han organizado, las relaciones que éstas han construido con sus entornos vitales y sus efectos (Bonavitta; Scarpino y Pascual, 2020, p.
En este marco, contribuyendo con el amplio torrente de discusiones, es interesante apuntar algunas consideraciones sobre los efectos de la pandemia en la educación en general, y en la formación en Trabajo Social en particular, interpretando que los procesos educativos son puestos en tensión por un contexto de crisis global que “[…] nos ubica ante un problema de enseñanza y de vida, un problema que entrelaza ambos y que despliega ante nosotros problemas sociales y urgentes” (Bazán y Zuppa, 2020, p.
Retomando los aportes de Tatiana Encina; Ligia Altaleff, María Carolina González Cejas y Micaela Megias es posible indicar que la emergencia sanitaria posibilitó crear interrogantes que profundizaron el debate “sobre la dialéctica entre lo material y lo virtual, y su forma de incidir en nuestra disciplina, en un contexto de mayor virtualización de la intervención” (Encina; Altaleff, González Cejas y Megias, 2021, p. 187). Esta profundidad, podríamos considerar, debe ser tematizada a partir de un desglosamiento de sus componentes.
En este marco, junto a Lorena Guzzetti; Antonella Bouza, Florencia Ovando y Laura Cicone se puede decir que la situación epidemiológica permitió revelar “[…] tres grandes verdades: todes somos igualmente vulnerables en nuestra humanidad, todes necesitamos de les demás para sobreponernos y transitar la amenaza, pero no todes contamos con los mismos recursos para hacerlo” (Guzzetti; Bouza, Ovando y Cicone, 2020, pp. 44-45). A partir de ello, las autoras reflexionan sobre los modos en los cuales el teletrabajo y la presencialidad para las trabajadoras esenciales, implicaron readecuaciones y transformaciones en la construcción de estrategias de intervención profesional. En función de esto, indican la existencia de algunas características que adquirió el ejercicio profesional al considerar la variable del género en una profesión históricamente feminizada.
En este marco, si se considera que “El covid-19 impactó directamente sobre nuestros cuerpos y en un espacio de intervención profesional, por excelencia como lo son las relaciones social” (Guzzetti et al., 2020, p.
Se busca complejizar el presente atravesado por una virtualización de la vida (Maiso, 2018) que, si bien antecede a la pandemia, expresó niveles de profundización en el actual contexto, ocupando las tecnologías de la información y comunicación (TIC) un lugar central, que impactó de lleno en el ámbito educativo.
Espacios Virtuales de Aprendizaje y Disponibilidad Sociopedagógica
En este sentido, resulta preciso preguntar por los tipos de interacciones que el territorio de la virtualidad implica. Con el fin de esclarecer conceptualmente qué es el espacio virtual de aprendizaje se hace referencia a los señalamientos de Leda Beatriz Digión y Margarita María Álvarez, quienes definen a “los entornos virtuales como el recurso web o software con finalidades educativas que permite gestionar todas las actividades características de la enseñanza y el aprendizaje de una asignatura o curso” (Digión y Álvarez, 2021, p. 22).
Sin embargo, si a su vez “[…] consideramos al espacio virtual como una extensión del espacio público, en donde se expresa y ejerce la ciudadanía y es, por ende, un escenario que convoca al ejercicio profesional del Trabajo Social” (Encina et al., 2021, p. 187). Es posible indicar que el recurso web por sí solo no da cuenta de la complejidad que la noción de entorno virtual puede significar.
Es por lo que cabe preguntarse ¿qué otras variables permiten evidenciar los distintos elementos que inciden en la producción de esos entornos en donde se asiste para desarrollar los procesos de enseñanza-aprendizaje mediados por la virtualidad? Se reconoce la existencia de “condiciones socioeconómicas y tecnológicas desiguales que acentúan las brechas sociales y tecnológicas” (Bobadilla; Miño y Rago, 2020, p. 33).
En este marco la propuesta es la categoría de disponibilidad sociopedagógica como herramienta para nombrar ese amplio abanico de recursos, capitales, circunstancias, trayectorias, saberes, modalidades y experiencias que influyen, condicionan y potencian la producción del entorno virtual al tiempo que lo reproducen. Se entiende que la noción de disponibilidad sociopedagógica brinda la posibilidad, si no desentrañar al menos considerar críticamente la existencia de una heterogeneidad desigualmente configurada en los repertorios educativos.
Esta desigualdad, o conjuntos de desigualdades, aunque se expresa en el proceso pedagógico que acontece en el marco de los entornos virtuales, al mismo tiempo lo desbordan, dado que refiere a un repertorio de condiciones socioestructurales y producciones subjetivas de les estudiantes en pandemia.
Práctica de Intervención Social y Formación Profesional
La “Práctica de Intervención Social I” constituye el primer vínculo con el medio institucional-territorial de los y las estudiantes, instancia donde se realiza el descubrimiento y fundación del espacio de intervención social. Para la intervención, se visualizan técnicas de evaluación e interpretación cartográfica, la organización de los distintos grupos de la comunidad, el trabajo permanente por lograr un sentido de pertenencia e historia poblacional, además de asesorías psico-educacionales a niños, familias y profesionales.
El plan de acción desarrollado en el marco de la Práctica Profesional I y II, cuenta con una evaluación en el entorno sobre el ciclo de las políticas implementadas en los beneficiarios hasta ese momento. Además, incluye actividades con el entorno que son de gran relevancia, como la capacitación a dirigentes sociales, la realización de un conversatorio y ferias itinerantes y reuniones comunitarias para el fortalecimiento de la identidad y organización barrial, así como mesas de diálogos que apuntan al mismo objetivo.
En sus cuatro años de existencia, el proyecto de Trabajo Social ha permitido que los estudiantes UNAB internalicen de mejor forma los aprendizajes adquiridos, fortaleciendo, por ejemplo, las habilidades para co-construir estrategias de aproximación al espacio de intervención o investigación, para identificar problemáticas en el territorio y elaborar un plan de acción enfocado en lograr un impacto positivo para la comunidad. En tanto, la iniciativa ha logrado promover la cooperación y colaboración entre los actores sociales, de manera tal de hacer frente a las dinámicas de precarización e informalidad urbana de diferentes campamentos, fomentado, además, la creación del sentido de identidad de la población.
En la Práctica de Intervención Social I participaron 79 estudiantes en 11 instituciones u organizaciones, con seis docentes a cargo. Los procesos de formación de futuros profesionales de trabajo social no están ajenos a dichos desafíos y requieren que la Universidad, y en particular la carrera de Trabajo Social, estén en sintonía a las necesidades del país. Lo anterior se realizó a través de cápsulas de video informativas, acompañamiento y gestión de campañas solidarias, entre otras acciones.
A través de la modalidad de teletrabajo, fue posible responder a dicha contingencia en beneficio de población vulnerable, migrantes y sujetos de la política social (infancia, mujeres, personas en situación de discapacidad, adultez mayor, jóvenes, familia, entre otros), así como articular la institucionalidad y los diferentes beneficios de asistencia social relacionados a ellos. Adicionalmente, se crea el Centro de Investigación e Intervención Social Universitario (CINSU), espacio transdisciplinario de diálogo participativo para co-construir intervenciones e investigaciones que beneficien a las diversas organizaciones públicas y privadas. Este centro busca promover investigaciones e intervenciones sociales situadas a las realidades regionales donde se encuentra la Universidad Andrés Bello, propiciando la labor articulada de estudiantes académicos/as, egresados/as y diversos actores locales.
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