¿Cómo se mide el bienestar de un país completo? No es simple, y actualmente los gobiernos lo miden a través de indicadores como el PIB (producto interno bruto), el crecimiento económico, las estadísticas de empleabilidad, entre otros. Todos tienen relación, principalmente con el flujo de la economía, el nivel de desarrollo y el progreso nacional o local.

Claro, tener trabajo, un mejor sueldo, más alternativas para comprar e invertir, no necesariamente responden a la necesidad de bienestar de una familia o de una persona. Pero la felicidad es tan relativa como difícil de medir, porque las cosas importantes y fundamentales son subjetivas y varían de persona en persona. Entonces, ¿qué hacer?

El gobierno de Japón, inspirado en países como Bután, Francia, Reino Unido y Alemania, decidió jugársela con un nuevo medidor de bienestar subjetivo, a través del estudio "La vida más allá de crecer" de su Instituto para Estudios de Felicidad, Economía y Sociedad, nacido el año 2011; el que incluye un nuevo indicador con tres pilares: condición socioeconómica, salud y relación. ¿El objetivo? Crear una nueva estrategia de crecimiento nacional, basado en el bienestar personal y también afectivo de sus ciudadanos, con el fin de generar políticas públicas e iniciativas comunitarias que ayuden a fortalecer la felicidad de las personas, la sostenibilidad del país y así lograr un verdadero avance en la sociedad.

Para medirla se decidió trabajar de forma sectorizada, ya que cada pueblo tiene un contexto social diferente, y es por esto que las investigaciones y los estudios de bienestar quedaron en manos de los gobiernos locales quienes actualmente (22 de ellos) están trabajando en el reconocimiento de las necesidades de sus vecinos y comunidades; desarrollando indicadores propios y fijándose metas para la creación de políticas públicas por y para el bienestar de la comunidad.

Indicadores de Bienestar en Japón

Basados en indicadores internacionales exitosos en cuanto a bienestar, los gobiernos locales de Japón han ido incorporando distintos medidores. Éstos incluyen estados emocionales, uso del tiempo personal, interacción con la comunidad, compromiso con el medio ambiente, equidad de género, entre otros.

Algunos de los indicadores que han integrado son los siguientes:

  • Frecuencia de sentir egoísmo
  • Frecuencia de sentir generosidad
  • Ocurrencia de pensamiento suicida
  • Nivel de educación, tasa de alfabetización
  • Frecuencia de jugar juegos tradicionales
  • Número de días en un año asistiendo a la comunidad
  • Ingreso del hogar
  • Suficiencia de ingresos para satisfacer las necesidades diarias
  • Proporción de habitaciones (número de personas por habitación)
  • Compra de ropa de segunda mano
  • Horas de sueño
  • Sentido de confianza en los vecinos
  • Intercambio laboral con miembros de la comunidad
  • Confianza en los medios
  • Afecto familiar

Además, han incorporado preguntas más directas como: ¿te encuentras casualmente con amigos?, ¿estás en contacto con tu familia?, ¿tienes vecinos insoportablemente ruidosos?, ¿tu casa es demasiado pequeña para recibir amigos?

Por un lado, los gobiernos preguntan directamente si las personas son felices o no y el por qué, y por otro lado se basan en datos estadísticos objetivos que se consideran relacionados con la felicidad. A la fecha y gracias a estos medidores que han entregado datos determinantes como que el 60% de los japoneses quiere darle mayor prioridad a su vida personal, han surgido distintas iniciativas que apoyan a las comunidades, como las siguientes:

  1. Mitad agricultor, mitad X: estilo de vida en que las personas pueden practicar la agricultura de subsistencia a pequeña escala para cultivar alimentos para ellos y sus familias y pasar el tiempo restante en lo que quieran hacer, en su "misión personal", ya sea cuidando adultos mayores, enseñando idioma a los niños, escribiendo, cocinando, o desarrollando cualquier habilidad personal al servicio de sus comunidades.
  2. Pueblos en transición e independencia energética: movimiento que reconoce la crisis actual del cambio climático y que tiene como objetivo lograr un cambio en la comunidad hacia la sostenibilidad, optimizando el uso de los recursos locales existentes y las habilidades y creatividad de la población local.
  3. Ciudad que promueve lazos comunitarios para evitar el aislamiento social: Adachi Ward se llama la localidad que decidió crear cientos de asociaciones de vecinos para acompañar y asegurarse de que las personas, en especial los adultos mayores, se encuentren en buenas condiciones y cuenten con una red de apoyo cercana, tengan vida social constante y actividades con la comunidad.
  4. Compra flores en el centro y viaja gratis en tren: con esta iniciativa se alienta a las personas a utilizar el transporte público en lugar de los autos, además de visitar Toyama (cada día más despoblada) y aumentar las ventas de flores, tan características del lugar. Además, cuentan con huertas comunitarias, donde les dan trabajo a las personas de tercera edad.
  5. Koura promueve los espacios para que los niños jueguen: con la construcción de las ciudades y calles, quedaron pocos espacios verdes y libres para que los niños jugaran como antes, entonces los vecinos decidieron realizar plazas de bolsillos (pocket parks) y bancos de flores en los bordes de los canales y espacios peatonales de adoquines para permitir que los menores jueguen al aire libre y de forma segura. También se limitaron caminos exclusivos, cercanos a los ríos, para que los niños caminen a sus colegios y jueguen en sus trayectos con la naturaleza.

Mini Departamentos en Tokio

Puede ser impensado pero es realidad. En Tokio existen departamentos de tan solo 9 m2 que son tendencia entre los estudiantes y jóvenes profesionales que viven en la capital nipona. Tokio a la fecha es considerada una de las ciudades más costosas en cuanto al precio de los arriendos, el precio promedio en la zona céntrica alcanza los 920 Euros ($830 mil), es por eso que los mini departamentos son una opción sobre todo económica muy valorada por los jóvenes.

Los sectores donde hay más disponibilidad para arrendar o comprar un mini departamento es en Ebisu, Nakameguro y Shinjuku. Es relevante considerar que para un joven que busca este formato, su factor principal para adquirir una propiedad, es que se encuentre cercana a una estación de metro. Por otra parte, los inversores pueden llegar a tener entre un 2% y un 5% más de rentabilidad que propiedades con metrajes sobre los 30 m2 ubicadas en el centro de la ciudad.

La constructora japonesa Spilytus está desarrollando fuertemente la construcción de los mini departamentos en el centro de Tokio. Desde 2015 que se encuentran desarrollando inmuebles con un pequeño metraje.

La Economía de Bienes Raíces y la Arquitectura en Japón

Pero como explica el arquitecto Alstair Townsend de Tokio, la tendencia por la vivienda de vanguardia podría estar siendo impulsada tanto por la extraña economía de bienes raíces propia del país, como también por la creatividad de sus diseñadores. A menudo vemos en nuestro sitio un constante flujo de radicales casas japonesas, en su mayoría diseñadas por arquitectos jóvenes, que a menudo provocan confusión en los lectores.

Puede parecer que en Japón cualquier cosa es permitida: escaleras y balcones sin baranda, habitaciones completamente abiertas a sus alrededores, o casas sin ventanas. Estas propuestas para vivir, a veces caprichosas, irónicas y hasta extremas, llaman la atención de los lectores, y nos hace preguntarnos: ¿Qué pasa con Japón?

Después de todo, para Japón - el país con más arquitectos registrados per cápita - sobresalir entre la multitud es clave para que los jóvenes diseñadores salgan adelante. Uno que esté dispuesto a seguir adelante, o que pueda darse el lujo de pasar por alto uno o más tipos de riesgos, como la privacidad, la comodidad, la eficiencia, la estética, etc.

Pero las residencias experimentales de Japón no son necesariamente villas de lujo para una élite cultural rica. Muchos son pequeños hogares de clase media, y no una tipología en la que esperaríamos encontrar atrevidos diseños vanguardistas. Así que, ¿qué es lo que tiene Japón que impulsa a tomar riesgos todos los días?

En Occidente, la desviación de las normas sociales puede poner en peligro el valor de una casa, ya que puede resultar poco práctica o de mal gusto para los futuros compradores. Las decisiones de diseño demasiado atrevidas pueden presentarse como un riesgo para la inversión, por lo que los clientes en consecuencia suelen mitigar sus gustos personales y excentricidades.

Si viajamos a Japón, podremos darnos cuenta de que esta lógica es completamente opuesta, basicamente, porque los japoneses no pueden esperar vender sus casas. Las casas en Japón se deprecian rápidamente como bienes de consumo duraderos - automóviles, refrigeradores, palos de golf, etc. Después de 15 años, una casa pierde todo valor y es demolida, en promedio 30 años después de su construcción.

De acuerdo a un informe elaborado por el Instituto de Investigación de Nomura, este es uno de los principales obstáculos hacia la prosperidad de las familias japonesas. En conjunto, la liquidación equivale a una pérdida anual del 4% total del PIB de Japón, sin mencionar las montañas de residuos de construcción. Y así, a pesar de la disminución de la población, la construcción de viviendas se mantiene estable.

87% de la venta de casas en Japón corresponde a residencias nuevas (en comparación al 11-34% en los países occidentales). Esto pone el número total de nuevas casas construidas en Japón a la par con EE.UU., a pesar de tener sólo un tercio de su población. Esto hace plantearse la pregunta: ¿por qué los japoneses no valoran sus antiguos hogares?

Aquí, sin querer recurrir a clichés, un poco de historia cultural ofrece una idea...En primer lugar, Japón fetichiza la novedad. La frecuente severidad de terremotos le ha enseñado a su pueblo a no tomar edificios por sentado. La impermanencia es un valor cultural y religioso consagrado, que podemos notar claramente en casos como el Santuario de Ise - Gran Palacio Sintoísta, que es re-construido cada 20 años.

Estas repetidas verdades, sin embargo, no ofrecen una justificación económica suficiente para explicar una depreciación inmobiliaria en Japón. Su actitud desechable a la vivienda parece ir completamente en contra del sentido financiero occidental.

En la prisa del país por industrializarse y reconstruir ciudades destruidas tras la Segunda Guerra Mundial, los constructores produjeron rápidamente muchas casas de estructura de madera barata y de mala calidad - mal construidas, sin aislamiento ni refuerzo sísmico adecuado. Las antiguas casas de esta época se conocen por ser de mala calidad, incluso tóxicas, y la inversión en su mantenimiento o mejora se considera inútil. Así, en lugar de mantenerlas o renovarlas, la mayoría son simplemente demolidas.

Entonces, el creciente precio de la tierra se disparó tan rápido que los edificios fueron considerados instalaciones temporales. Esta percepción continúa hoy, sostenida en parte, por las políticas que mantienen artificialmente el precio del suelo, a pesar de años de estancamiento económico y la disminución de la población.

La calidad de las típicas casas hoy en día - la mayoría de las cuales son prefabricadas robóticamente - ha mejorado mucho, pero la mentalidad preconcebida permanece arraigada como lógica de mercado. La depreciación es el mantra de los tasadores de viviendas. Sin embargo, no existe ninguna razón material que impida que estas casas, debidamente mantenidas o mejoradas, puedan dar cobijo de manera permanente en el tiempo, tal como ocurre en Occidente, donde la reventa de casas y el cambio de hogar varias veces en la vida de uno, es un lugar común.

Aunque esto está empezando a cambiar, un trabajo asalariado estable sigue siendo un requisito previo para una hipoteca, que los prestamistas devuelven poco a poco en su totalidad a lo largo de sus carreras. Vender más caro - beneficiarse de la reventa - está fuera de la discusión, ya que nadie quiere comprar una vivienda usada. A medida que el asalariado acuciosamente va reuniendo el dinero para pagar su hipoteca, el valor de su propiedad se va depreciando con el tiempo, dejando sólo el valor de la tierra (menos el costo de la demolición de la casa). En otras palabras, el valor negativo del patrimonio es la norma.

La presión económica y, en consecuencia, la inmovilidad geográfica es una realidad para la mayoría de los propietarios de viviendas arraigadas en Japón. En comparación a otras economías desarrolladas, en donde por lo general la gente rica contrata a arquitectos, en Japón, existen muchos más jóvenes japoneses propietarios por primera vez, que compran tierra y contratan a un arquitecto para construir su nueva casa.

Esto se debe tal vez, junto con todas las razones económicas anteriormente mencionadas, a que están resignados a vivir en su primera casa durante el resto de sus vidas. Entonces, ¿cómo es que la extraña economía de bienes inmuebles de Japón influye en su arquitectura? Los clientes no necesitan contemplar lo que un potencial comprador pensará en 8 a 10 años a futuro. Esto les da a ellos y a sus arquitectos una mayor libertad personal.

Los vecinos son en gran medida incapaces de oponerse por razones estéticas a lo que se construye a su lado. Esto es una bendición para la licencia creativa de los arquitectos, pero también reduce el incentivo colectivo para mantener y embellecer las comunidades mediante, por ejemplo, vegetar o enterrar las líneas eléctricas.

La libertad para construir casas que son una expresión personal de estilo de vida, el gusto y deseo, hace que Japón sea un ambiente fértil para que los arquitectos y sus clientes pongan a prueba los límites del diseño residencial.

Para los arquitectos, es una ayuda que las demandas civiles sean poco comunes. A diferencia del litigio cuidadoso de sus colegas europeos y americanos, los arquitectos japoneses rara vez temen reclamos por negligencia, lo que los impulsa a tomar mayores riesgos.

Tal vez también existe una medida de ingenuidad juvenil en cuanto a las consecuencias a largo plazo de las decisiones de diseño que, como usuarios finales, tendrán que soportar durante el resto de sus vidas. Puede parecer triste que las familias japonesas se esclavicen, limiten y ahorren para construir una casa, sólo para ver su inversión desaparecer rápidamente durante los siguientes 15 años.

En este sentido, algunas de estas casas vanguardistas parecen ser los últimos y fatales hurras - locuras ante la insignificancia de la propiedad de vivienda en Japón. Resignados a esta situación, aún necesitando un lugar para vivir y criar una familia, no es de extrañar que los clientes japoneses busquen recuperar el control rebelándose silenciosamente de la mejor manera posible - a través del diseño. Además... eventualmente todo será destruido.

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