El Servicio Nacional de Salud (NHS) en el Reino Unido, alabado mundialmente, enfrenta una crisis significativa debido a la insatisfacción de enfermeras, paramédicos y conductores de ambulancias, quienes exigen mejores salarios.

Considerando que los ciudadanos esperan servicios sanitarios eficientes y mayormente gratuitos, las largas esperas se han vuelto habituales. Los altos costos de la vida y una inflación cercana al 10% han llevado al sector a convocar huelgas de gran magnitud, algo inusual en el Reino Unido en años recientes.

El sindicato de enfermeros solicita un reajuste del 19%, contrastando con el 4,75% propuesto por el gobierno de Rishi Sunak. Este último, bajo una política fiscal austera, se niega a negociar aumentos salariales significativos, argumentando que sería irresponsable aprobar aumentos de dos dígitos.

Otros gremios también se han unido a las paralizaciones, en un fenómeno que la prensa ha denominado el "invierno del descontento". Bomberos, manipuladores de equipaje, paramédicos, examinadores de conducción, funcionarios de inmigración, conductores de autobús, trabajadores de la construcción y la industria ferroviaria son algunos de los sectores en huelga, en una de las movilizaciones más importantes de los últimos años.

El sector de la salud cuenta con un amplio apoyo social, especialmente por su labor durante la pandemia de COVID-19. El gobierno reconoce la diferencia entre negociar con los "jefes sindicales" tradicionales y el gremio de la salud. Una encuesta de YouGov reveló que el 64% de los británicos apoyaba la huelga de enfermeras en diciembre.

Se estima que faltan 50.000 profesionales en la red de salud pública del Reino Unido, y la mitad de las nuevas contrataciones provienen del extranjero debido a la incapacidad de formar suficientes enfermeros en el país. Los bajos salarios, comparados con el estándar continental, y las dificultades en la integración laboral post-Brexit complican la solución a este problema.

"Se están aprovechando de nosotros", comentó Rachel Ambrose, enfermera especializada en salud mental en Oxford, al Washington Post. "No buscamos lujos, solo queremos pagar nuestras facturas y tener calefacción".

En paralelo, unos 10.000 trabajadores de ambulancias en Inglaterra y Gales iniciaron una huelga, mientras que miembros del Real Colegio de Enfermeros (RCN) realizaron su primera movilización en 106 años de historia.

El gobierno británico dispuso de 1.200 soldados del ejército para conducir ambulancias durante las vacaciones y consideró recurrir a funcionarios de otros organismos para cubrir la falta de personal en las aduanas.

Rachel Parry, conductora de ambulancias en Wrexham, relató al The New York Times: "Cada trabajo ahora inicia con una disculpa por llegar tarde". En un incidente reciente, un paciente esperó más de 12 horas entre la llamada a la ambulancia y su ingreso al hospital.

Steve Barclay, Secretario de Salud, se reunió con los sindicatos del sector, pero las discusiones salariales no fueron parte de la agenda. "Valoro enormemente el trabajo de nuestro personal del Servicio Nacional de Salud y me decepciona que algunos miembros de los sindicatos sigan adelante con la huelga", declaró Barclay.

Hasta 100.000 miembros del sindicato Royal College of Nursing (RCN) de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte dejaron de trabajar, tras rechazar una oferta del gobierno.

Con pancartas que decían "llegó la hora de pagar al personal de enfermería de forma justa", se organizaron protestas a las puertas de los principales hospitales públicos, como el St Thomas de Londres.

La secretaria de Estado de Sanidad, Maria Caulfield, aseguró que solo en Inglaterra se perderían unas 70.000 citas médicas y operaciones a causa de la huelga.

Según el RCN, hay 47.000 puestos de enfermería sin cubrir en Inglaterra, en parte debido a "la mala remuneración".

Muchas enfermeras y enfermeros europeos, encabezados por los españoles, abandonaron el Reino Unido a raíz del Brexit, que puso fin al sistema que les permitía contabilizar su experiencia británica en sus países de origen.

Responsables de la salud pública británica aseguraron que algunas enfermeras comenzaron a saltar comidas para alimentar y vestir a sus hijos, y uno de cada cuatro hospitales en Inglaterra creó bancos de alimentos para su personal.

El RCN denuncia que los sueldos de las enfermeras cayeron 20% en términos reales desde 2010, debido a varios años de aumentos inferiores a la inflación.

La huelga llega en un momento en que el venerado Servicio Nacional de Salud (NHS) británico lleva años aquejado de financiamiento insuficiente. A esto se suma desde la pandemia las largas listas de pacientes que esperan para realizarse pruebas médicas, incluidas las relacionadas con el cáncer.

Pero el Ejecutivo conservador de Rishi Sunak afirma que las demandas salariales de las enfermeras, que piden recuperar el poder adquisitivo, no se pueden financiar con unas arcas públicas exiguas tras la pandemia.

"Nuestras enfermeras están increíblemente dedicadas a su trabajo y es muy lamentable que algunos miembros del sindicato sigan adelante con la huelga", afirmó el ministro de Salud, Steve Barclay.

Asegurando haber negociado "con personal sanitario exterior al sector público para garantizar niveles seguros de dotación de personal", se declaró "preocupado por el riesgo que las huelgas suponen para los pacientes".

"Corren tiempos difíciles, pero hemos aceptado íntegramente las recomendaciones del organismo independiente de revisión salarial del NHS de conceder a las enfermeras un aumento salarial de al menos 1.400 libras", afirmó, asegurando no poder hacer más.

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