La historia del ejército español está marcada por diversos conflictos y transformaciones. Desde la Guerra de Arauco hasta la formación del Ejército Libertador de Los Andes, las estrategias y la composición de las fuerzas militares han evolucionado significativamente. En este contexto, el sueldo de los soldados, incluyendo a los cabos, ha sido un factor crucial para mantener la operatividad y la moral de las tropas.
Guerra de Arauco: Orígenes del Financiamiento Militar
Durante la Guerra de Arauco, que enfrentó a los españoles y a los mapuche, el ejército español distaba de ser profesional. El gobernador Alonso de Ribera describió su precariedad material y moral. Estaba compuesto por los encomenderos de Santiago y Concepción, quienes debían costear sus propias armas y pertrechos junto a un gran número de indios de encomienda.
Ante esta situación, Ribera solicitó al rey Felipe III la creación de un Real Situado para pagar un sueldo a los soldados y así crear un ejército profesional. En 1603, se autorizó este Socorro de Arauco desde las arcas del Virreinato del Perú, lo cual tuvo un impacto económico en el comercio realizado en la misma frontera entre indígenas y españoles.
El Ejército Libertador de Los Andes
Tras la derrota de los patriotas en Rancagua en octubre de 1814, las tropas chilenas emigraron hacia Argentina por el paso de Uspallata. Al llegar a Mendoza, Bernardo O'Higgins y José de San Martín organizaron el Ejército Libertador de Los Andes, que tuvo como finalidad liberar Chile del gobierno español para luego preparar el avance hacia Perú. Ambos planes influyeron directamente en el pensamiento del general San Martín, quien tenía conocimiento del antiguo "Plan Maitland", propuesto en 1800 por el teniente general del Ejército británico Thomas Maitland.
En abril de 1816, San Martín solicitó recursos al gobierno de Buenos Aires para levantar fortalezas en los pasos de Los Patos, Uspallata y El Portillo, con el fin de defender el campamento militar de Mendoza y dar seguridad a las tropas durante el viaje. Posteriormente, tomó la decisión de cruzar la cordillera por los pasos de Come Caballos al norte de Huasco, en Guana y Los Patos al suroeste de Ovalle, Uspallata frente al valle del Aconcagua, Portillo de Los Piuquenes al sur de Santiago y El Planchón al norte de Talca.
Sin embargo, el camino no fue fácil y las pérdidas cuantiosas. Fueron muchos los enfermos que cayeron durante el cruce, volviendo a los puntos de partida en Cuyo, a lo que se sumó también las muertes por frio o enfrentamientos con el enemigo, junto con una alta deserción. Del mismo modo, muchos de los animales utilizados para trasladar a los soldados y sus pertrechos perecieron tras algunos días de ascenso. De las 9.821 mulas y los 1.600 caballos que salieron desde Mendoza, llegaron a Santiago solo 4.330 mulas y 500 caballos.
El paso de la cordillera de los Andes por el Ejército Libertador significó el triunfo de los patriotas, principalmente por la estrategia de sorprender a los españoles por diferentes partes del territorio y ocupar las capitales de provincia rápidamente, así como por el financiemiento entregado por mendocinos y chilenos. El avance patriota se consolidó, finalmente, en las batallas de Chacabuco y Maipú.
Un Incidente Ufológico Inexplicable
El 25 de abril de 1977, cerca de Putre, un grupo de soldados divisó un objeto luminoso no identificado. Dijeron que a Armando Valdés lo abdujeron, aunque él no lo recordara. Los que estuvieron junto a él ese día y los que la han investigado creen otra cosa. El cabo Valdés, de 22 años, no debió estar ahí esa gélida noche, cerca de las 4 de la mañana.
No era él quien estaba destinado a encabezar la guardia de ocho militares que debían preocuparse de los más de 300 caballos -también se han dicho que eran mil- que había en las pesebreras del destacamento Huamachuco. Como suele suceder en esa zona, hacía frío y los soldados se encontraban reunidos alrededor de una fogata.
“Concurrí al lugar de los hechos y vimos una cosa luminosa que descendía y que se perdía detrás de los cerros, a unos 1.500 metros. Después apareció un segundo aparato, que se posó a unos 500 metros. Parece que les llamó la atención el fuego que teníamos, así es que les pedí a mis hombres que lo apagaran. Tras eso, el fenómeno se retiró (unos metros) y se mantuvo ahí por una hora, al menos. Ordené que se identificaran, lo que corresponde a cualquier militar. Después me separé de ellos (los soldados) y ahí pierdo la película. Ellos cuentan que me desaparecí delante de ellos. Después volví por arte de magia. Y lo que contaron los demás soldados, que tomados de las manos observaron perplejos los acontecimientos, fue que perdieron el rastro de su oficial por un lapso de 15 minutos, que asustados lo buscaron vanamente por los alrededores y que, cuando por fin reapareció, lo hizo cayendo desde el cielo, hablando incoherencias con una voz distinta la suya.
Hubo dos hechos que llamaron poderosamente la atención de los presentes. Se les llamó patrulla militar y no una guardia, lo que en realidad era. Por lo mismo, hubo unos días en los que se prohibió comunicar sobre los hechos. El caso también alcanzó notoriedad internacional. El escritor español J. J. Benítez, reconocido por su saga “Caballo de Troya” se interesó por él y viajó a Chile para investigarlo.
No fue hasta 1999, cuando se retiró del Ejército, que Armando Valdés retomó públicamente el episodio en Lluscuma. Sobre esos 15 minutos que sus hombres le perdieron el rastro, dijo que fue un momento de “sueño e inactividad”. En febrero de 2013, luego de relatar esto en el II Encuentro Ufológico en Maipú, le dijo lo siguiente a La Cuarta: “Nunca fui abducido, no existe contacto de primer, ni de segundo, ni de tercer tipo (…) En ese momento quería partir a ver dónde había caído esa luz, para sacar un trocito de oro y hacerme millonario, pero no fue (…) Estábamos con mis muchachos agazapados en las pesebreras, cuando en eso la luz del OVNI se puso tan fuerte que decidí salir a ver desde un costado, y probablemente me pegué una orinada. Sin embargo, luego cambiaría de opinión.
“Pasa que los dichos de todos los demás testigos coinciden, salvo la de Valdés (…) Él fue quien dio aviso a su unidad en Putre, a su amigo el oficial Antonio Flores. No fue una broma. No sabemos qué paso, pero sí se trató de algo anómalo, quizás una operación militar de una potencia extranjera o chilena, como se ha dicho, aunque en este último caso no lo creo. Entonces, ¿por qué Armando Valdés cambia su versión?
Tras la participación del ex militar en el II Encuentro Ufológico en Maipú, en 2013, el caso más célebre de la ufología cayó en el absoluto desprestigio. “No fue una broma. No sabemos qué paso, pero sí se trató de algo anómalo, quizás una operación militar de una potencia extranjera o chilena, como se ha dicho, aunque en este último caso no lo creo.
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