La nueva política chilena de seguridad y salud laboral, promulgada en el año 2016, busca priorizar medidas preventivas por sobre las de protección de riesgos laborales, acercándose de esta manera a entregar beneficios a todos los trabajadores sin distinción. Entre sus objetivos principales destaca el desarrollo y promoción de una cultura preventiva en toda la sociedad, incorporando para ello la prevención y promoción de la seguridad y salud en el trabajo.

Además, dentro de sus ejes centrales se encuentra el enfoque de prevención de los riesgos laborales, es decir, priorizar medidas preventivas por sobre las medidas de protección y el respeto a la vida e integridad física y psíquica de los trabajadores.

Los trastornos musculoesqueléticos (TME) relacionados con el trabajo se definen como alteraciones inespecíficas de músculos, articulaciones, tendones, ligamentos, nervios, huesos y vasos sanguíneos, causados principalmente por el trabajo o el entorno ergonómico inmediato. Se caracterizan por molestias dolorosas y deterioro funcional variable y se desarrollan en función del tiempo, a consecuencia de la exposición a movimientos sostenidos y repetitivos.

Los factores que contribuyen adicionalmente a la aparición de TME se explican a través de un modelo multicausal que incluyen componentes fisiológicos del individuo y psicosociales del trabajo. Se ha reportado que este tipo de TME constituye dos tercios de las lesiones en el trabajo, considerado como uno de los problemas más frecuentemente reportados en el contexto laboral.

En Chile, los TME muestran una prevalencia alta, esto según los datos proporcionados por la Encuesta Nacional Laboral 2014, la cual los posiciona como el segundo problema de salud al que más referencia hacen empleadores y trabajadores, con un 23,2% y un 35,3% respectivamente.

En Chile se han propuesto distintas modalidades de prevención para disminuir la incidencia de TME, como la intervención ergonómica, rotación de puesto de trabajo, pausas activas, ejercicios de estiramiento y fortalecimiento, de los cuales la literatura muestra resultados positivos variables.

Los resultados de estas intervenciones se han medido en base a indicadores de morbilidad o de discapacidad por TME. En el contexto de un estudio que buscó evaluar la efectividad de ejercicio en la prevención de TME en el puesto de trabajo, se diseñó una encuesta para recoger la percepción de los trabajadores del beneficio que les trae el uso de ejercicios de fortalecimiento progresivo y supervisado en el puesto de trabajo como estrategia preventiva.

La muestra fue representativa de 2 empresas que incluían a 2400 trabajadores manufactureros, de los cuales se seleccionaron 109 individuos de ambos sexos, menores de 40 años, con relación contractual formal de al menos 1 año con la empresa y el consentimiento para ser parte del estudio.

Basado en la opinión de expertos, se diseñó una encuesta que incluyó 9 preguntas y respuestas con escala de Likert, evaluadas en su constructo y contenido previo a su aplicación, las que permitieron valorar la percepción del beneficio del ejercicio en el puesto de trabajo para la prevención de TME.

El instrumento fue aplicado en la totalidad de los trabajadores al concluir el estudio experimental de forma auto-administrada, individual y anónima.

La Tabla 1 muestra las características basales de los trabajadores consultados (n = 109), tanto de aquellos que participaron del programa de ejercicios de estiramiento (n = 56), como de aquellos que participaron en el de fortalecimiento (n = 53). La edad media de los trabajadores fue de 28,7 años, con un predominio de hombres de un 80,7% y de nivel educacional secundario. Respecto a sus hábitos de ejercicio físico fuera del trabajo, un 45,8% manifiesta practicar ejercicio de forma frecuente o permanentemente (considerado más de 3 veces a la semana).

De la encuesta aplicada (Tabla 2), tres preguntas buscaron capturar información relevante respecto a importancia y aspectos beneficiosos para la salud. Tomando en cuenta que los 109 trabajadores estuvieron expuestos a ejercicios de estiramiento en el último año fue posible capturar su opinión en relación a la práctica de ejercicio en el puesto de trabajo; de ellos, un 92,3% de los trabajadores considera importante realizar ejercicio en el trabajo y el 82,8% lo asocia a una actividad beneficiosa para su salud.

A su vez, ambos grupos consideran en su mayoría que los ejercicios que practican les permiten disminuir o prevenir dolencias musculoesqueléticas. Para los investigadores resultó importante rescatar la información de los trabajadores respecto a una nueva modalidad de ejercicios implementada en la empresa; en relación a esto, un 90% de ellos considera que los ejercicios de fortalecimiento los ayudan en su trabajo y un 98% estaría de acuerdo con implementarlo en la empresa.

Destaca también el nivel de satisfacción de realizar esta intervención en un entorno grupal, donde se alcanza un 96% de agrado.

Este estudio permitió conocer la percepción de los trabajadores respecto al uso del ejercicio realizado en el puesto de trabajo como estrategia de protección de enfermedades musculoesqueléticas. La literatura científica ha evidenciado las ventajas de la práctica regular de ejercicio en la población general y en trabajadores. Una de las razones reportada por las personas para no adherir a programas de ejercicio ni a las recomendaciones de actividad física (AF) es la “falta de tiempo”24-25, lo cual coincide con los resultados de este estudio.

Cabe mencionar que en nuestro país existen extensas jornadas laborales que no facilitan realizar AF física y ejercicio fuera de ella. En este sentido, la fatiga y dolor reportado por los trabajadores como respuesta a las tareas laborales, la inherente necesidad de descanso, largos desplazamientos entre hogar y el lugar de trabajo, así como las labores domésticas que requieren de extensa dedicación de tiempo, no contribuyen a la disposición del trabajador de someterse a AF fuera del trabajo; en consecuencia, cualquier estrategia de AF física y ejercicio dentro de la jornada de trabajo surge como una alternativa real y replicable.

Este estudio detectó, mediante el autorreporte, que el 45,9% de los trabajadores manifestó practicar ejercicio al menos 3 veces por semana, hecho que no asegura que sean capaces de cumplir con aquellos valores de AF recomendados. Es así como los programas de ejercicios controlados y dirigidos se perfilan como alternativas adecuadas para el aseguramiento de la práctica regular de AF y de ejercicio, ya que al parecer logran comprometer a sus participantes, traducido en los altos porcentajes de adherencia mostrados en este estudio (75%) y en el de Zebis et al26 con un programa de ejercicios de fortalecimiento controlado y dirigido similar al aplicado en este estudio (85% de adherencia), además de la intención expresada de implementarlo en el trabajo de forma permanente (98% de los trabajadores contestaron estar de acuerdo con la implementación de un programa de ejercicios de fortalecimiento).

No obstante, se requiere de otros estudios que apoyen estas afirmaciones a través de evaluaciones objetivas de niveles de AF, ya sea a través de acelerometría o, en su defecto, cuestionarios de autorreporte y, de esta forma, establecer relaciones entre variables de percepción. Por otra parte, este estudio mostró que, independiente del modelo de entrenamiento utilizado, los trabajadores son conscientes de la importancia de realizar ejercicios en el trabajo y que realizarlos se asocia a una conducta saludable que le permite disminuir sus afecciones musculoesqueléticas.

Estos datos toman gran relevancia en el momento de sugerir la implementación de programas de ejercicio en las empresas, permitiendo orientar estrategias hacia un camino desde el cual se podría mejorar la adherencia y compromiso con los programas de salud implementados, en donde los potenciales beneficios para la salud (reportado en este estudio en un porcentaje superior al 85%) surgen como un aspecto motivador importante, los que junto al apoyo de los colegas y la familia han reportado ser facilitadores importantes de la práctica de actividad física25,27, con la consiguiente mejoría de la productividad y disminución de licencias médicas derivadas de patologías musculoesqueléticas.

Este estudio mostró que a un alto porcentaje de trabajadores le agrada realizar ejercicios en el trabajo en conjunto con sus colegas, hecho importante teniendo en consideración los hallazgos de Jakobsen en 201517, quien a través de un ensayo clínico aleatorizado comparó la efectividad de un programa de intervención de ejercicio físico en el trabajo versus uno realizado en el hogar, encontrando diferencias importantes respecto a las ausencias de enfermedad en el último año y mejora de capacidad de trabajo en relación a las exigencias de este, concluyendo que realizar ejercicios en el trabajo en conjunto con colegas evita el deterioro de la capacidad de trabajo.

No obstante, es necesario considerar que estos hallazgos corresponden a mujeres de una población con una realidad y actividad laboral distinta de los sujetos analizados en este estudio.

Los trabajadores otorgan gran importancia a realizar ejercicios en el trabajo, reportan que su aplicación les trae beneficios a la salud y están de acuerdo con implementar estrategias como esta de forma permanente. Cabe mencionar que lo percibido por los trabajadores facilitaría, además, un buen nivel de adherencia. En este sentido, se permitió demostrar que modelos de ejercicios controlados y dirigidos se perfilan como alternativas reales y replicables para ser implementadas dentro de las empresas, las cuales podrían beneficiar a la organización en la disminución de licencias médicas y ausentismo laboral por patologías musculoesqueléticas, mejorar la capacidad de trabajo y sus procesos productivos.

Referencias

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