Este artículo se propone estudiar la intervención del Partido Comunista argentino en el movimiento obrero durante la "Revolución Libertadora".
Se analiza la relación entre los planteos programáticos del partido y su participación en la Resistencia, la Comisión Intersindical, el Congreso normalizador de la CGT y la creación de las 62 Organizaciones en alianza con el sindicalismo peronista a partir de 1957.
La aparición del peronismo significó, entre otros aspectos, el desplazamiento de la influencia de las fuerzas de izquierda en la arena política y sindical.
Tras años de reacomodamientos, la caída de Juan D. Perón y la instauración de la dictadura autodenominada "Revolución Libertadora" implicaron un rearmado de las fuerzas sindicales que abrió una oportunidad para que la izquierda -en general- y el comunismo -en particular- recuperara sus posiciones.
En el marco de la dictadura de 1955-1958, la lucha fundamental giró en torno a la aplicación de planes de racionalización y aumento de la productividad del trabajo, lo cual estuvo marcado por la proscripción política del peronismo y la intervención sindical encarada desde el Gobierno Provisional.
Los estudios historiográficos sobre el movimiento obrero en el período que se inicia en 1955 no dan cuenta de la actuación del Partido Comunista (PC) en el mundo del trabajo, dejando así un vacío en el conocimiento sobre ese aspecto específico de la historia que cruza a la izquierda y los trabajadores en la Argentina.
De conjunto, los diversos trabajos suelen presentar al período como el de la "Resistencia peronista".
No obstante, dicho concepto oculta la participación de los trabajadores que intervinieron en la Resistencia desde referencias ideológicas alternativas al peronismo.
En ese sentido, las investigaciones acerca del rol de la izquierda pos-1955 demuestran que existieron importantes diferencias de interpretación en torno al fenómeno peronista, lo cual se tradujo en disímiles estrategias y tácticas políticas para conquistar a una clase obrera mayoritariamente identificada con el peronismo.
El Partido Socialista (PS) formó parte del antiperonismo, fomentó la "desperonización" del país y fue uno de los motores del llamado "sindicalismo libre".
En paralelo, desde el trotskismo se practicó el "entrismo" en el movimiento obrero peronista, táctica orientada hacia la identificación con ese espacio con el objetivo de acercarse a las masas, profundizar procesos de radicalización y lograr la orientación de sectores militantes hacia el marxismo.
En el caso de la organización liderada por Nahuel Moreno, que pasó a organizase como Movimiento de Agrupaciones Obreras y a editar el semanario "Palabra Obrera" (nombre con el que finalmente sería reconocido) tras la ilegalización del Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN), la participación en la Resistencia junto a los obreros peronistas llegó al punto de tomar parte de la simbología peronista para establecer un mayor acercamiento.
El dilema acerca de qué hacer con el peronismo fue determinante en el proceso de renovación cultural y política que se lleva a cabo con el surgimiento de la llamada Nueva Izquierda.
La fractura en el seno del PS entre un sector "ghioldista" (PS Democrático) y otro "renovador" (PS Argentino) en 1958 estuvo centrada en la búsqueda del grupo "renovador" por acercar al partido a las masas y terminar con años de antiperonismo; a su vez, el acercamiento de Palabra Obrera al Frente Revolucionario Indoamericanista Popular (FRIP) de Santucho en los orígenes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) fue un cambio de orientación luego del fracaso del "entrismo".
Estos procesos expresan el clima político reinante en la izquierda, signado -entre otras cuestiones- por la condensación de dos aspectos significativos: la apertura que implica la caída de Perón para afirmarse entre los trabajadores y la necesidad de revertir el "error histórico" que implicó el alejamiento entre la izquierda y las masas obreras en 1945.
Estos lineamientos también atañen a la experiencia del PC.
El presente artículo se inscribe en un estudio de historia social y política cuyo abordaje se sostiene en una metodología cualitativa.
En el mismo se busca examinar la actuación del PC argentino durante la Revolución Libertadora de 1955-1958, haciendo hincapié en su política para la reorganización del movimiento obrero.
En esos años, el comunismo fue parte activa de la resistencia en los sindicatos, protagonizando procesos destacados como la dirección de la Comisión Intersindical de 1957, la cual encabezó el proceso hacia la normalización de la CGT, cuyo desenlace sería la creación de las "62 Organizaciones", en una novedosa alianza entre el sindicalismo comunista y peronista.
La situación económica, social y política imperante bajo el gobierno de la dictadura es determinante para comprender el camino emprendido por el PC en el movimiento obrero.
Tras el golpe perpetrado contra Perón, el avance sobre las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera se profundizó a partir del aumento de precios, el congelamiento de salarios, la postergación de las convenciones colectivas de trabajo y el establecimiento de medidas tendientes a la racionalización y el aumento de productividad.
La intervención del sindicalismo en todos sus niveles y la proscripción al peronismo fueron elementos que sirvieron para confiscar a la clase obrera sus organismos de representación y la posibilidad de hacer política desde su principal referencia.
En ese marco, el PC encaró su lucha contra la dictadura y aprovechó el espacio abierto por la proscripción al peronismo y el desmantelamiento de su aparato sindical para ganar posiciones tras los años de hegemonía peronista en el movimiento obrero.
Se advierte en esta ocasión el despliegue de la estrategia frentista, tanto a nivel político como sindical.
Como veremos, la misma tiene su antecedente en la década del '30, cuando los Partidos Comunistas adoptaron la estrategia de Frente Popular promovida por el Comintern.
En el contexto de la dictadura -con las características económicas, sociales y políticas mencionadas- y con el principal referente en el movimiento obrero proscripto, el PC logró recuperar posiciones a nivel sindical.
La conjunción entre el contexto adverso para la clase obrera, el alza de la conflictividad social, el crecimiento del PC en el mundo del trabajo y su estrategia permeable a la acción conjunta con diversos sectores progresistas y democráticos, acercaron al sindicalismo comunista y peronista.
La alianza se materializó fundamentalmente a partir de 1957, con la creación de la Comisión Intersindical y el posterior agrupamiento sindical en el que ambos compartieron la dirección, las 62 Organizaciones.
El estudio de los procesos destacados está encarado a partir del análisis de las posiciones del PC y su política en el movimiento obrero en términos generales.
La revisión del semanario partidario Nuestra Palabra en los años en que se extiende la dictadura de la Revolución Libertadora (1955-1958) es la principal fuente primaria que aporta los datos sobre las caracterizaciones políticas y sociales por parte del PC, así como referencias a los diferentes conflictos en los que participa desplegando su estrategia en el movimiento obrero.
Veremos, en una primera parte, los fundamentos programáticos sobre los que se asientan las visiones sobre el peronismo, la dictadura y los objetivos políticos perseguidos.
En una segunda parte nos centraremos -sin adentrarnos en casos específicos de los gremios y determinados conflictos- en el análisis de la política del partido en el mundo del trabajo desde la asunción de Eduardo Lonardi hasta la creación de la Comisión Intersindical, momento en que el PC y la clase obrera dan un paso significativo en materia de organización para la defensa de sus condiciones de vida y de trabajo.
Por último, analizaremos el rol cumplido por el comunismo en la elaboración del programa de la clase obrera en el año 1957.
Estrategia Comunista, Peronismo y Revolución Libertadora
El PC argentino estuvo desde sus orígenes alineado con la dirección de la Internacional Comunista (IC o Komintern).
Adoptó así las distintas estrategias políticas impulsadas desde Moscú entre 1921-1935 en función de los diagnósticos establecidos acerca de la lucha de clases internacional y el camino hacia la revolución socialista.
La estrategia del período 1921-1928 fue la del Frente Único, que impulsaba la lucha del comunismo junto a diversas fuerzas de izquierda reformista (lo cual permitiría desenmascarar a sus direcciones) o de burguesías nacionales de países coloniales o "semicoloniales".
En 1928 la misma fue alterada en el VI Congreso de la IC con la adopción de la línea de Clase contra clase correspondiente al tercer período.
Se analizaba la situación internacional en base al postulado que auguraba la crisis que traería consigo el final del capitalismo: se consideraba que en esta crisis los sectores medios jugarían un papel reaccionario con lo cual se prohibía el compromiso con corrientes reformistas y se establecía la idea de dos campos antagónicos: fascismo y comunismo.
A su vez, se planteaba la necesidad de crear sindicatos revolucionarios escindidos de los sindicatos existentes.
La inserción del PC argentino en el mundo del trabajo comenzó en los '20 y creció al calor de la aplicación de las diversas estrategias políticas impulsadas por la IC.
Aun bajo la estrategia de Frente único, desde 1925 la incursión en el medio obrero fue posible a partir de la bolchevización del partido, es decir, a partir de la adopción de los criterios del Komintern en materia de estructura partidaria.
Se estableció la célula como unidad de organización en el taller o fábrica y la opción por el desarrollo de sindicatos únicos por rama.
Cuando en 1928 se modificaron los tantos, el PC argentino se proclamó, en el VIII Congreso partidario de ese año, a favor de la estrategia del tercer período.
En el mismo definieron las características de la estructura económica argentina en términos de un capitalismo atrasado, dependiente del imperialismo inglés y norteamericano, deformado por la persistencia del latifundio, cuya necesidad histórica era la realización de una revolución democrático-burguesa, agraria y antiimperialista.
El correlato de esta estrategia en el mundo sindical fue la creación de sindicatos "rojos" por rama y de una central comunista en 1930, el Comité de Unidad Sindical Clasista (CUSC), espacios a partir de los cuales el comunismo encabezó importantes conflictos obreros.
En 1935 la IC determinó en su VII Congreso un nuevo cambio de orientación: la nueva línea impulsaba la formación de frentes populares para luchar junto a diversas organizaciones progresistas y democráticas (inclusive sectores de la burguesía) contra el nazi-fascismo europeo de Hitler y Mussolini a la cabeza.
En sintonía con la nueva apreciación, el PC se pronunció a favor del armado de un Frente Democrático Nacional antioligárquico, antiimperialista, compuesto por fuerzas democráticas y progresistas; en el plano sindical, resolvió disolver el CUSC e integrar la CGT en 1936 junto a socialistas y sindicalistas, al tiempo que modificó su inserción en los lugares de trabajo marcando el pasaje de la estructura celular a la organización de comisiones internas.
La adopción del frente popular fue ratificada en 1938 en el IX Congreso del partido, configurando un horizonte socialista indeterminado que promovía una concepción etapista de la revolución social, cuya tarea inmediata sería la realización de una revolución democrático-burguesa.
Entre la segunda guerra mundial, la burocratización de la URSS y la caída del stalinismo, el PC quedó encerrado en su caracterización de la estructura y en el planteo del Frente Democrático Nacional.
Como se afirma en otro trabajo, "lo que siguió de allí en más y durante medio siglo fueron meras adecuaciones a los lineamientos".
En este trabajo analizaremos la forma en que se puso en juego la estrategia unitaria en el movimiento obrero durante la Revolución Libertadora, lo cual implica estudiar, especialmente, la relación entre comunismo y peronismo.
Los "años peronistas" (1946-1955) fueron un verdadero quiebre en la historia argentina.
Se asistió al establecimiento de un ordenamiento político compuesto por la alianza entre las Fuerzas Armadas, sindicatos, corporaciones patronales de capital nacional y la Iglesia.
El régimen liderado por Juan D. Perón arbitró entre las clases sociales a partir de la consolidación de un 'modelo' económico de industrialización (cuya tendencia se observaba en décadas previas) con participación económica, política y social de la clase obrera.
En el marco del aumento de la demanda de mercancías agrarias, el Estado se convirtió en el principal apropiador de la renta de la tierra, propiciando un sostén a los pequeños capitales industriales y una política económica redistributiva.
El peronismo logró rápidamente la hegemonía en el sindicalismo (represión e intervencionismo estatal mediante) y el "orden social" se estableció a partir de la creación de empleos e incrementos tanto a nivel del salario, el consumo y las negociaciones colectivas.
Hacia la segunda presidencia de Perón la política económica mostró sus límites, fundamentalmente a partir del crecimiento de la inflación, de la carestía de vida y la crisis en la balanza de pagos.
En el marco del establecimiento del Segundo Plan Quinquenal iniciado en 1952, se optó por desarrollar la industria pesada, promover inversiones extranjeras y atacar las condiciones de trabajo de la clase obrera a partir de la intensificación del trabajo y el aumento de la productividad.
Este último punto es la clave para la entender el paso del peronismo al golpe de Estado de 1955: la burguesía buscó incrementar el plusvalor vía racionalización y aume...
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