La salud mental es una preocupación creciente en todo el mundo. Y en Chile, el panorama no es distinto: según el estudio “Día Mundial de la Salud Mental 2024” de Ipsos, el 73% de los chilenos afirma haber sentido estrés laboral hasta el punto de afectar su vida diaria. Los datos son claros: más de la mitad de los encuestados en Chile (54%) declara haber estado tan estresado que no pudo ir a trabajar durante un período. Este nivel de afectación interfiere directamente con la productividad laboral, incrementa las tasas de ausentismo y, en muchos casos, deriva en licencias médicas prolongadas.
Impacto y Prevalencia de Problemas de Salud Mental
Desde 2020, la Asociación Chilena de Seguridad, junto al Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hace un seguimiento al estado de la salud mental de los chilenos a través del Termómetro ACHS-UC. En su última entrega -en mayo de este año- el informe arrojó que un 17,5% de la población tiene presencia o sospecha de este tipo de trastornos. Este es un porcentaje menor en relación a las cifras que se obtuvieron durante la pandemia, pero mayor en relación a la versión anterior de este estudio (entregado en diciembre de 2022), en especial entre las mujeres, quienes aumentaron en 5,8 puntos porcentuales en esta variable.
Tal como lo confirma el Termómetro ACHS-UC, lo que sucede con las mujeres en la población general también se reproduce en las enfermedades profesionales de salud mental. Daniela Campos profundiza en esta línea: “De manera constante las mujeres presentan más malestar en términos de problemática de salud mental que los hombres. No podemos olvidar que las mujeres enfrentan una mayor carga debido a los roles de género tradicionales, como las responsabilidades domésticas y el cuidado de la familia. Esto puede generar una acumulación de estrés y presión, lo que aumenta el riesgo de problemas de salud mental”.
La OMS y la OIT han llamado a adoptar medidas concretas para abordar los problemas de salud mental laborales, esto tras la publicación del Informe Mundial de Salud Mental del 2022. Entre los hallazgos reportados, se estima que cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad; y datos recientes señalan que la pandemia provocó un aumento del 25% en los cuadros de ansiedad y depresión general en la población, lo que puso de manifiesto la necesidad de contar con herramientas y políticas para lidiar con el impacto de una pandemia en la salud mental de las personas.
Estadísticas Clave
Según datos de la Superintendencia de Seguridad Social en Chile, el 67% de los diagnósticos de enfermedades profesionales reconocidos en 2022 correspondieron a problemas de salud mental. Esta cifra indica que dos de cada tres trabajadores que presentaron una licencia por enfermedad profesional durante ese año lo hicieron por motivos relacionados con su bienestar mental. La situación se agrava aún más si se consideran los datos de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS, 2023), que señalan que el tiempo promedio de estas licencias supera los 45 días.
Otra cifra relevante que entrega el informe es el aumento de las enfermedades profesionales en un 63,4% respecto al año 2021, sin considerar COVID-19. El número de enfermedades profesionales (sin COVID-19) es de 8.700, de las cuales el 56% corresponde a mujeres y un 44% a hombres.
Las enfermedades de salud mental en las trabajadoras alcanzan un 77% en 2022, 9 puntos porcentuales más que en 2021, mientras que en los hombres representan un 55%, 20 puntos porcentuales más que en 2021, mostrando una preocupante alza durante los últimos años.
La especialista destaca que la medición les ha permitido identificar que el 80% de las enfermedades profesionales de salud mental diagnosticadas, suceden en cuatro grandes sectores de nuestra economía: Educación, Gobierno, Salud y Retail.
Y explica que, “si antes las enfermedades de salud mental se generaban por la exposición al agente de riesgo de liderazgo disfuncional o acoso laboral, hoy esto es compartido con la sobrecarga de tareas”, añade Campos. Es también muy relevante comprender la sobrecarga laboral propia de las características de los puestos de trabajo.
Los resultados de la última encuesta mostraron que el 58,1% de la población declaró percibir “Poco interés o placer por hacer cosas”, mientras que el 56,9% respondió que “se ha sentido ansioso o nervioso". Al desagregar estos datos por sexo, a modo de ejemplo, el 62,7% de las mujeres declararon sentirse debilitadas, deprimidas o desesperadas, en contraste con el 45,8% de los hombres que declaró haber sentido alguno de esos sentimientos en algún momento.
Factores de Riesgo y Protección
Un elemento clave a considerar es que el trabajo aparece como un factor protector para las personas (un 77% dice sentirse satisfecho con su trabajo, según la encuesta), pero no se puede ignorar la existencia de dinámicas laborales con impacto negativo en la salud mental de las y los trabajadores.
“El estrés laboral u otros fenómenos, como el burn out (agotamiento físico y mental por recarga laboral), pueden tener una relación estrecha con problemas de salud mental. El estrés crónico y prolongado de origen laboral, puede aumentar el riesgo de desarrollar ansiedad y depresión, condiciones que pueden interactuar y amplificar los efectos negativos del estrés, creando un ciclo perjudicial para las personas. A largo plazo, esto puede tener un impacto significativo en la calidad de vida y el bienestar general, dado que puede afectar las relaciones personales, la satisfacción laboral, el desempeño, la salud física y mental en general”, asegura Daniela Campos de la ACHS.
Medidas Preventivas y el Rol de las Empresas
Ante esta realidad, las empresas deben tener un rol activo y responsable. El primer paso es medir para comprender la realidad de sus ambientes de trabajo. Y por esto, la reciente actualización del Protocolo de Riesgos Psicosociales, destinada a medir la exposición a factores de riesgo para la salud mental en el trabajo, es considerada un avance. “Esta es una herramienta vinculante y obligatoria cuya mayor innovación es que cambia la mirada respecto a la conciliación trabajo-vida privada. Si antes se medía cuánto influía la vida familiar en el trabajo, ahora se evalúa la incidencia del trabajo en la vida privada”, explica la especialista de la ACHS, quien precisa: “Con información, y considerando la perspectiva de género, los empleadores pueden tomar medidas preventivas.
Desde la Asociación Chilena de Seguridad, la recomendación es que los equipos de Recursos Humanos utilicen las medidas disponibles para prevenir, disminuir o contener los riesgos psicosociales en su ambiente de trabajo. Para eso es clave establecer medidas de prevención, políticas de desconexión en el trabajo y entrega de herramientas socioemocionales que favorezcan el desempeño y la calidad de vida de las personas.
Entre las iniciativas que más ayudan a que las y los trabajadores cuenten con mayor protección de su salud mental en las empresas, está la respuesta institucional de tolerancia cero a las conductas riesgosas.
Implementar políticas de bienestar laboral puede marcar la diferencia. Las organizaciones tienen un rol fundamental en revertir esta situación. Y es que hablar de salud mental sigue generando estigmas, especialmente en el ámbito laboral. Muchas personas sienten que reconocer su agotamiento o ansiedad puede ser visto como una señal de debilidad o falta de compromiso.
“Nuestra experiencia en la ACHS, ha mostrado que potenciar ambientes sanos y seguros debe tener como punto de partida la identificación de aquellos factores de riesgo que se encuentran presentes en el lugar de trabajo y asumir que son una amenaza efectiva para la integridad psicológica de los individuos”, señala Daniela Campos, jefa técnica de Riesgos Psicosociales de la ACHS.
La buena noticia es que, habiendo gestión de estos temas en las organizaciones, hay posibilidades concretas de mejora. Según datos de la ACHS, de cada 100 centros de “riesgo alto” que fueron gestionados en conjunto con los trabajadores, sólo siete se mantienen altos, 62 pasaron a “riesgo medio” y 32 transitaron a “riesgo bajo”.
Un ambiente de trabajo saludable es un pilar fundamental para el bienestar de los empleados y, por ende, para la productividad de las empresas.
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