Hay buenas noticias para todos los niños que crecieron mirando «Los Picapiedras», porque aunque sus primeros capítulos se emitieron en los años 60, su legado continúa hasta la actualidad. Y es que Pedro, Vilma, Pablo, Bam-Bam y Betty, se robaron el corazón de millones de personas. Por lo mismo, es que ¡volverán a la pantalla! Así lo confirmó Fox, quien anunció la llegada de un nuevo proyecto sobre la familia prehistórica más querida de todos los tiempos.

La nueva producción llevará por nombre Bedrock, y será la encargada de mostrar la nueva vida de los personajes. El show, estará ambientado 20 años después de la emisión del último capítulo de la serie, y será protagonizada por la hija menor de Pedro y Vilma. En los nuevos capítulos veremos a Peblles, quien actualmente está entre la adolescencia y la adultez.

Los Picapiedra: Un éxito que perdura

Los Picapiedra (en inglés The Flintstones) es una serie de animación de la productora Hanna-Barbera Productions. Fue estrenada por la cadena estadounidense ABC el 30 de septiembre de 1960 y fue emitida hasta el 1 de abril de 1966, con un total de 166 episodios y además de algunos especiales y películas. Los Picapiedra fue una de las series animadas más exitosas de la historia de la televisión. Después de 60 años, la serie aún continua teniendo una audiencia alta alrededor del mundo.

La acción tiene lugar en un pueblo llamado Piedradura en una versión ficticia de la Edad de Piedra con una sociedad idéntica a la de los Estados Unidos a mediados del siglo XX. Es un mundo fantástico en el que los dinosaurios, los tigres dientes de sable, los mamuts y otros animales hoy extintos coexistían con los humanos, quienes usaban tecnología similar a la del siglo XX, pero en la que los animales prehistóricos sustituían a los aparatos eléctricos. Los personajes conducían automóviles formados por troncos de madera (troncomóviles), ruedas de piedra, en los que el motor era sustituido por el empuje de los pies de sus ocupantes.

Las vestimentas eran de piel animal. Uno de los recursos humorísticos utilizados en sus aventuras era el empleo de animales en las acciones cotidianas. Un ejemplo es que cuando un personaje tomaba fotografías con una cámara instantánea, se mostraba el interior de ella para ver que era un ave la que realizaba la fotografía picando una roca con su pico.

Personajes principales y recurrentes

Los personajes principales de la serie se conformaban por dos familias que eran las protagonistas: Los Picapiedra formada por Pedro Picapiedra, Vilma Picapiedra y los Mármol integrada por Pablo Mármol y Betty Mármol. En episodios posteriores se agregaron dos personajes más: los bebés Pebbles Picapiedra y Bam Bam Mármol, además de la mascota Dino. Otros personajes recurrentes son el patrón de Pedro, dueño de la cantera, "el Señor Rajuela", Arnoldo el periodiquero, la señora Traka (mamá de Vilma) y el marciano Gazú.

Pedro Picapiedra: Un trabajador de la Edad de Piedra

Pedro Picapiedra, el cavernícola más famoso del mundo, trabajaba en una cantera en Piedradura y, de acuerdo con la serie de Hanna & Barbera (a.k.a. Ana y Bárbara, 1960-1966), manejaba maquinaria pesada y llevaba la vida típica de un working class man aunque localizada en la prehistoria. Su existencia y sus problemas y alegrías eran espantosamente similares a los nuestros.

El primer número, quizás el más oscuro y menos amable de todos, nos muestra la codicia que representa Mister Slate (Señor Rajuela), el jefe del yacimiento de piedra. Un ejemplo del capitalismo como destrucción y explotación de los obreros, a lo que Fred es precisamente un buen trabajador. Esmerado, y usando corbata para mostrar lo serio de sus aspiraciones, mantiene un trabajo miserable pero estable, ante un jefe rastrero que no pierde oportunidad de mostrar su opulencia, su descaro ante cualquier demostración de poder (ofrecerse como dictador marioneta de una posible invasión extraterrestre), o el principal motivante de un genocidio que sea fundacional de una ciudad donde su nombre perdure, aunque también la serie nos muestra el precio de ello, una constante soledad y un devenir miserable de ella.

¿Vivir para trabajar? Quizás, pero Fred se resiste a eso. ¿Vivir para consumir no es acaso vivir para trabajar pero con más pasos? («Qué hacemos con el dinero?» «Puedes comprar cosas que otra persona odió fabricar»). De hecho, consigue un trabajo extra pensando que con sus ingresos podía comprar más basuras innecesarias. Pero la verdad es que el motivo del por qué sobrevivimos es otro, y es nada más ni nada menos que familiar.

Reflexiones sobre la serie

En principio, para algunos lectores puede parecer que The Flintstones ofrece una visión demasiado crítica y oscura del mundo en el que vivimos. Sí, podría ser una serie y un compilado de seis números totalmente deprimente. Pero esos mismos números podríamos verlos de otra forma, donde el #001 presenta la posibilidad de ver qué es el pertenecer o hacernos sentir humano, el número #002 nos invita a entender cómo el amor no está atado a lo material, que incluso cuando piensas que tu vida no vale nada puedes otorgarla a otros en el #003, que en torno a la idea de matrimonio existe una base más fuerte que no tiene que ver con la procreación, entrega de dotes o convenciones sociales en el #004, que en nuestros hijos podemos ver el reflejo de mejores ideas a partir de nuestros errores en el #005, o que podemos descansar en quienes tenemos cerca para nuestras horas más oscuras en el #006.

La serie original era una clásica versión del hombre trabajador pero no muy brillante, con una esposa mucho más centrada pero sin el poder de decisión y económico de su marido, modelo cuyo reflejo social también tomaría y exageraría The Simpsons: el hombre de la casa es un idiota, pero es la cabeza de la familia. The Simpsons marcaron tan claramente ese camino que casi dejó de entenderse como una parodia. Sin embargo, los tiempos actuales ya no sostienen ese relato tan fácilmente, o al menos con mérito artístico suficiente. Aquí Fred es un reflejo de los dilemas actuales de masculinidad, o al menos cómo quisiéramos que se diera.

Un hombre con buenas intenciones pero confundido, amoroso pero con temor de perder lo que ama, esforzado pero también proclive al error, buscando nuevas oportunidades de reinventarse pero consciente del peso de sus heridas en el día a día. En este caso, sus errores no son prueba de una idiotez característica, sino de una honesta ignorancia, confusión y ser objeto fácil de modas, supuestos y tendencias.

No obstante, su principal fortaleza es que no puede ser engañado por siempre por estos influjos contextuales. El motivo para esto es que no está solo. Es en ellos donde se refleja la base o propuesta central de este cómic: el mundo está loco y cambia sin sentido, las instituciones fallan, así como los líderes y la economía. Pero si estamos acompañados, si no estamos solos, podemos hacer una diferencia, hace en principio que valga la pena vivir, y luego que valga la pena construir algo nuevo, un cambio.

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