Las Cajas de Compensación son instituciones de derecho privado, sin fines de lucro. Nacieron hace más de 70 años, con el objetivo de brindar bienestar y aportar al mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores, los pensionados y sus familias, operando en el ámbito de la seguridad social. Las CCAF son principalmente colaboradoras del Estado en su rol social.

El Rol del RUT en la Identificación para Beneficios Sociales

Todos los trabajadores o pensionados afiliados, pueden saber la caja a la cual están afiliados ingresando su RUT en el sitio web, consultatucaja.cajasdechile.cl.

Beneficios de las Cajas de Compensación

Las Cajas no persiguen fines de lucro y, de esa manera, están obligadas a reinvertir sus excedentes en más y mejores prestaciones y servicios para sus afiliados y familias. Además, son altamente “representativas”. Sus directorios son bipartitos, compuestos por representantes de los trabajadores y de los empleadores de las empresas afiliadas.

El crédito social es un instrumento de financiamiento que ofrecen las Cajas de Compensación a trabajadores y pensionados con acceso limitado a otras fuentes de crédito. El monto del préstamo se decide en función de los ingresos del trabajador y se paga mediante descuentos por planilla. Los descuentos mensuales no pueden exceder un porcentaje de la remuneración o pensión, con lo que se evita el sobreendeudamiento. Las tasas que cobran las Cajas por sus créditos son parejas para todos los trabajadores afiliados.

Ni trabajadores ni empleadores pagan por pertenecer a una Caja y acceder a sus beneficios, entre ellos los bonos de escolaridad y matrimonio, entre otros. Los pensionados pueden afiliarse a una Caja de Compensación entre las 4 existentes, de manera individual y voluntaria, y con ello acceder a todos los beneficios que éstas les ofrecen.

Héroes de la Guerra del Pacífico

Luis Cruz Martínez fue uno de los 77 chilenos que peleó en la batalla de La Concepción, uno de los más feroces enfrentamientos de la guerra del Pacífico. Y es uno de los personajes de la novela de Francisco Schilling, que recrea en toda su brutalidad el olor a sangre y cuerpos mutilados, el horror de la muerte de soldados que apenas eran unos niños y que se convirtieron en hombres demasiado pronto.

Luis Cruz Martinez se convirtió en soldado con apenas dieciséis años. Se había enlistado en el ejército apenas comenzó el conflicto. Cuando las balas y la muerte le daban tregua, Luis escribía notas sobre la guerra. Había abandonado el liceo maravillado con la gloria que prometían las leyendas de Prat y la Esmeralda y la admiración de sus compatriotas sedientos de heroísmo. Pero ése era un error: no había gloria en la guerra, solo muertos.

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