La regulación del tiempo en el trabajo es uno de los principales objetivos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La votación de la Cámara de Diputados que aprobó la legislación que reduce la jornada laboral en Chile a un máximo de 40 horas, pone a nuestro país entre los pocos de la región que han llegado a esa cifra en sus respectivos cuerpos legales, aunque a la par de buena parte de países de Europa, Japón o China que sí tienen establecidos máximos similares. Con la reciente implementación gradual de las 40 horas, Chile se puso a la par de la mayoría de los países OCDE, bloque donde registraba un promedio de trabajo superior al del resto de naciones.

Sin embargo, la tendencia de aumentar las horas laborales genera críticas entre los trabajadores, quienes ven en la reducción de la jornada una mejora en la calidad de vida y productividad laboral. Es un proceso inevitable que acompaña el desarrollo de la humanidad”, concluye Stefano Farné, director del Observatorio Laboral de la Universidad Externado de Colombia.

La implementación gradual de la jornada laboral de 40 horas en Chile será uno de los hitos del gobierno de Gabriel Boric. La medida, pese a ser resistida por los gremios empresariales, es una tendencia que en Europa ya había comenzado para la década de 1990 y que actualmente hay países que han apostado para reducirla hasta las 35 horas o bien, trabajar solo 4 días a la semana.

Panorama Global de la Jornada Laboral

Según cifras de la OIT, en los países asiáticos las personas tienen jornadas laborales semanales más extensas. Por ejemplo, Tailandia tiene una jornada semanal de 84 horas, mientras en las Islas Seychelles la jornada alcanza las 74 horas semanales.

Francia, Dinamarca y Australia pertenecen a un grupo muy pequeño de países cuyas legislaciones establecen un tope máximo menor a 40 horas, mientras que Estados Unidos y el Reino Unido están entre las naciones que no establecen ningún límite legal, de acuerdo a datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La jornada laboral actual de nuestro país de 45 horas, es elevada comparada con la de otros países más desarrollados. Si se compara con los países de la OCDE, Chile es uno de los países que más horas trabaja al año. Según el informe “Una contribución a la discusión sobre la jornada laboral” del CEP (2017), el promedio de horas trabajadas en Chile es de 1.990 horas, mientras que el promedio de la OCDE es de 1.737 horas al año. La tendencia muestra que las horas trabajadas promedio de la OCDE han disminuido con el pasar de los años y refleja uno de los principios de la teoría económica que indica que el “ocio” se comporta como bien superior y comienza a aumentar cuando el ingreso también aumenta.

Chile y la OCDE

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de la que Chile es miembro junto a otros 37 países, es uno de los parámetros en cuanto a implementación de las 40 horas laborales, pues, en promedio, Chile era uno de los estados que, dentro del bloque, promediaba más horas de trabajo. En ese entendido, 25 de los 38 países ya han implementado jornadas de 40 horas: Austria, Canadá, Estonia, Eslovenia, España, Estados Unidos (depende del Estado), Finlandia, Grecia, Hungría, Italia, Japón, Letonia, Lituania, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia, Portugal, República Checa, República Eslovaca y Suecia.

Asimismo, de forma particular, los países que han implementado jornadas de menos de 40 horas son: Alemania, Australia, Dinamarca, Francia y Países Bajos.

Por otra parte, en el rango de los países que trabajan de 41 a 45 horas semanales, figuran Israel, Suiza y Turquía. Cabe destacar que dichas jornadas no contemplan la jornada máxima laboral, donde cada trabajador y empleador puede negociar, por ejemplo, horas extraordinarias o flexibilizar su propia jornada.

Chile en la Región Latinoamericana

Dentro de la región latinoamericana, la implementación en Chile sigue estando a la vanguardia de otros países de Latinoamérica que aún no han avanzado de manera concreta en la aplicación de esta reducción. En tanto, para la región latinoamericana, se suma a Ecuador y Venezuela en la implementación de esta medida, pioneros dentro del cono sur.

Ecuador y Venezuela son los únicos países de la región que han establecido en 40 horas la jornada semanal.

Chile, junto con Brasil, El Salvador, Honduras y República Dominicana trabajan en el tramo de jornada laboral semanal de 41 a 45 horas. Mientras que en el rango de 46 a 48 horas semanales se encuentran Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.

Implementación Gradual y Evidencia Comparada

Según evidencia comparada recabada por el Ministerio del Trabajo y Previsión Social y presentada ante la Comisión de Hacienda del Senado, se analizaron ocho países que reformaron las horas de trabajo con una reducción importante y con mecanismos de gradualidad o acuerdos entre las partes. En orden cronológico, Portugal implementó la reducción en 1996 motivado por converger con el promedio semanal de horas establecido por la OCDE de 37,5 en 1995. Esto, mientras la tendencia europea de la época que buscaba la reducción como herramienta para crear nuevos empleos y reducir el desempleo.

La medida fue implementada de manera gradual y se redujo de 44 a 40 horas en el lapso de dos años, así, para 1997 ya se había implementado la reducción.

Finlandia fue otro de los países que también implementó la reducción de jornada en el año 1996. A diferencia de Portugal, la medida se implementó a través de un mecanismo de repartición de empleo (work-sharing) para enfrentar el desempleo del país.

De esta forma, la jornada laboral estableció el límite de 40 a 30 horas semanales por trabajador que pasó de trabajar ocho horas diarias por cinco días a trabajar seis horas diarias por cinco días.

En el estudio, también se incluye Canadá, país que implementó su jornada en 1997 para la provincia de Quebec bajo una ley local. El objetivo también era estimular el empleo mediante el work-sharing y desde el año 1997 hasta el año 2000 se redujo en una hora la jornada, pasando de 44 a 40 horas.

No obstante, como la medida buscaba el estímulo del trabajo, la medida solo se implementó a empleados que cobraban por hora y no estaban cubiertos por un contrato sindical, pero sin restricción para mantener el salario mensual.

En el año 1998 fue el turno del Reino Unido. La medida fue implementada como respuesta a la exigencia de regulación por parte de la Unión Europea. Esto, pues el caso es particularmente especial, en rigor, antes de la reforma no contaban con regulación, pues las horas máximas que se podían trabajar en la semana radicaban en los acuerdos colectivos o individuales entre trabajadores y empleadores.

En concreto, la ley buscó implementar 48 horas de jornada como máximo a la semana, además de establecer la obligación de tener derecho a vacaciones tres o cuatro semanas.

Otro caso especial es el de Dinamarca, pues los trabajadores promediaban 37 horas de trabajo semanal con posibilidad de flexibilidad, de hecho, cuando en las directivas de la Unión Europeo buscaron su aplicación, en territorio danés no tuvieron más efecto que el de establecer un límite de jornada laboral de trabajo en 48 horas.

En rigor, el acuerdo para el año 2006 estaba fijado en las 37 horas. Corea del Sur también es uno de los países que implementó las 40 horas. La medida comenzó su aplicación en 2004, pero tuvo una reducción previa en el año 1999 cuando la jornada se redujo a 44 horas en una primera instancia. Se implementó primeramente en empresas de más de mil empleados para luego extenderse gradualmente a empresas más pequeñas.

El Caso Exitoso de Islandia

Se trata de Islandia, cuyo modelo ha logrado equilibrar la productividad y la calidad de vida de los trabajadores. Las primeras pruebas que el país nórdico hizo para bajar la semana laboral a cuatro días ocurrieron entre 2015 y 2019. En Reikiavik, la capital de Islandia, más de 2.500 funcionarios del sector público participaron de esos ensayos, lo que representa el 1% de la población activa. La iniciativa implicó que la jornada semanal de trabajo pasara de tener 40 horas a 35 o 36, sin que eso tuviera un impacto en el salario.

Una vez que finalizaron los experimentos, los resultados fueron claros: la semana laboral de cuatro días había sido un éxito, describe un informe realizado por investigadores del laboratorio Autonomy y la Asociación Islandesa por una Democracia Sostenible (Alda), que se dedicaron analizar datos de los ensayos.

Los investigadores descubrieron que la productividad no solo se mantuvo sino que también aumentó en la mayoría de los puestos de trabajo. Pero además de eso, vieron que el bienestar de los trabajadores había mejorado significativamente: se sentían menos estresados, tenían menos riesgo a presentar síndrome de burnout, y aseguraron que el cambio había facilitado el equilibrio entre el trabajo y su vida personal, detalla la BBC.

Las pruebas también fueron claves para que se modificaran los patrones de trabajo en Islandia. Esto, ya que los sindicatos comenzaron a negociar una semana laboral de cuatro días para miles de trabajadores afiliados. Los acuerdos alcanzados provocaron que, entre 2020 y 2022, el 51% de los trabajadores de todo el país aceptara la posibilidad de reducir sus días de trabajo.

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