En los últimos años, el estudio del desarrollo de políticas de inclusión sociolaboral para jóvenes ha ganado terreno en la agenda académica. Su auge coincide con la percepción del momento crítico que atravesó la población juvenil al inicio de la era neoliberal, emergiendo como una «cuestión social» en las políticas públicas y sociales.

Esto se debió a los profundos cambios en el mundo laboral y a las rupturas en el vínculo entre educación y empleo, que afectaron de manera diferente a la población joven. Entre las indagaciones del campo, se destaca que la mayoría de los programas de inserción laboral juvenil comenzaron a implementarse a fines de la década de los 80 e inicios de los 90, en el marco de procesos de focalización de la política social a grupos particulares.

Estas iniciativas estatales recuperaron en su formulación la teoría del capital humano, otorgando centralidad al fomento de las competencias y aptitudes de las personas para aumentar su empleabilidad y vender su fuerza de trabajo, reivindicando el papel de la educación en el desarrollo económico y la estructuración del empleo. Bajo estas prerrogativas, la mayoría de los dispositivos estatales se implementaron de manera focalizada a los jóvenes que no habían concluido la escuela secundaria y/o vivían en contextos de pobreza, mediante componentes de capacitación, intermediación para la inclusión de los jóvenes en empleos y autoempleos y transferencias monetarias condicionadas.

En Argentina, a partir de la posconvertibilidad, se inició una etapa de recuperación económica que no logró revertir el deterioro estructural del mercado de trabajo que había afectado particularmente a los jóvenes. En este contexto, diferentes estudios identificaron las persistencias y nuevas problemáticas vinculadas al empleo juvenil, entre ellos su sobrerrepresentación en los niveles de precariedad laboral (tanto en el sector formal como informal) y la rotación de las ocupaciones juveniles.

En lo que respecta a la intervención del Estado hacia este sector social, se destacan ciertos cambios vinculados al denominado «giro productivo» de la política social, a partir del cual se sostendrá el sesgo focalizador y promotor del «capital humano», pero se pasará de una política orientada a la capacitación laboral a la generación de las «disposiciones» hacia el empleo. Por otro lado, se destaca que muchos de estos programas se orientaron a atender la demanda social organizada a través de movimientos y actores de la sociedad civil (principalmente sindicatos, ONG y organizaciones de desocupados), con una identificación más territorial que sectorial, que recibieron apoyo para la generación de empleo en el marco de emprendimientos sociales cooperativos.

Más allá de estas innovaciones mencionadas, las iniciativas estatales presentaron particulares dificultades en la integración laboral de la población juvenil pobre. Esto se debe tanto a las características fragmentarias y de corta duración de los dispositivos estales, como por las escasas posibilidades con que cuentan los jóvenes, bajo las particulares condiciones familiares y socioeconómicas en las que viven.

Estas dificultades se vieron incrementadas al calor de las transformaciones en los dispositivos estatales sufridos a partir de 2015, momento en el cual se reactualizan discursos estatales vinculados a lógicas meritocráticas y del merecimiento, tanto al interior de las componentes de capacitación (profesional y/o de oficio), como para el acceso de los jóvenes a subsidios y/o microcréditos. Desde estas nuevas prerrogativas, estudios destacan que se tendió a una mayor culpabilización de la situación de exclusión a los propios destinatarios, en tanto el «éxito» o «fracaso» de su posterior inserción laboral es leído en términos de la propia capacidad, esfuerzo y desempeño individual de los mismos.

Este trabajo contribuye a este campo de estudio, atendiendo no solo a los procesos de implementación de estas políticas en el ámbito local/barrial, sino también restituyendo los heterogéneos modos de ganarse la vida de los jóvenes y cómo estos se interpenetran en la gestión cotidiana del trabajo de un programa estatal. Para su abordaje, recuperamos la categoría de modos de «ganarse la vida», la cual permite ampliar el análisis de las relaciones laborales «de dependencia» o «empleo» para atender a la diversidad de prácticas puestas en juego para lograr la subsistencia.

Esto permitirá explorar los espacios formales, informales y domésticos a los que acceden los jóvenes y que permean la gestión cotidiana del trabajo, desbordando los límites impuestos desde las disposiciones formales de las políticas. Metodológicamente, recuperamos el enfoque antropológico, el cual permite rescatar los sentidos, valores, prácticas y significaciones que construyen los distintos sujetos sociales significativos de nuestra problemática.

En cuanto al recorte empírico de la investigación incluimos al Programa «Nueva Oportunidad» de la provincia de Santa Fe, el cual tiene como población objetivo a jóvenes de entre 14 y 30 años que habiten en diferentes asentamientos irregulares de la ciudad. El trabajo de campo se realizó en dos de las dependencias estatales descentralizadas en que este se implementa: el Centro Cultural «El Obrador» y el Centro de Convivencia Barrial Flammarion, ambos localizados en asentamientos informales, uno en el distrito Oeste de la ciudad -Barrio Toba- y otro, en el distrito Sudoeste -Flammarión-.

El Programa "Nueva Oportunidad"

En diciembre de 2013, el gobierno de la provincia de Santa Fe puso en marcha el Programa «Nueva Oportunidad», en el marco de la percepción del «riesgo» y «peligrosidad» que afronta la población joven en la ciudad de Rosario, producto del aumento de la violencia en contextos de vulnerabilidad social y urbana. Se propone promover la «inclusión sociolaboral» de sus destinatarios, a partir de generar trayectos de capacitación y formación laboral en diferentes oficios y rubros de actividad.

En términos formales, la propuesta consiste en el dictado de cursos de capacitación laboral de seis meses de duración, que puede ser extendida en el tiempo para dar continuidad al proceso formativo de los jóvenes. Esto último se produce mediante su línea de trabajo «Nexo Oportunidad», que prevé la conformación de unidades productivas (emprendimientos) y/o la inserción de los jóvenes en pasantías en empresas.

Ambos trayectos contemplan una beca estímulo mensual para que puedan complementar con la asistencia y aprobación de las prestaciones disponibles. Es importante destacar que desde el Programa se otorga centralidad a la «proximidad territorial» con la población destinataria y, por lo tanto, los equipos de trabajo se localizan en las instituciones estatales de los contextos sociourbanos donde habitan los jóvenes. Para su implementación, el gobierno provincial y municipal realizó convenios con instituciones de formación y capacitación laboral, organizaciones sociales y dependencias estatales descentralizadas que se localizan al interior de los barrios donde habitan los jóvenes.

De esta manera, los equipos de trabajo integran a capacitadores en diferentes rubros productivos, referentes sociales y trabajadores estatales territoriales. En cuanto al diagnóstico de la problemática laboral juvenil, identificamos que este programa, al igual que los desplegados a nivel nacional, caracteriza a los jóvenes como carentes de «cultura del trabajo» y, por tanto, «desafiliados» de las instituciones laborales.

Bajo esta concepción, los funcionarios del programa destacan que los jóvenes carecen de experiencias laborales y educativas y, de esta manera, son pensados en términos de sus dificultades «subjetivas» y «materiales» para vincularse con el trabajo y/o para conformar emprendimientos productivos.

En el testimonio emerge, en primer lugar, la caracterización sobre la lejanía de los participantes con el trabajo -que podemos definir como «formal»- y, por lo tanto, con las rutinas y normas asociadas a este, entre las que se menciona, la jornada de trabajo, los derechos laborales y la estabilidad o el «largo plazo». En segundo lugar, aparecen elementos a los que se orientan las intervenciones, tales como «reglamentar o introducir nociones» que permitan el ingreso al trabajo remunerado o la conformación de emprendimientos.

En paralelo a esto, la retórica del programa apunta a generar un abordaje «integral» de la problemática, la cual se vincula con que, además de la orientación y capacitación laboral, los equipos territoriales generen lazos de cercanía y confianza con los jóvenes, realicen actividades y estrategias de contención individual y grupal y que les permitan «pensar un proyecto de vida».

De esta manera, su finalidad trasciende el aprendizaje del oficio, orientándose a la generación de espacios de encuentro, participación e intercambio entre sus participantes. Como se destaca en el relato, entre las disposiciones y orientaciones expuestas por el directivo del Programa, se busca la generación de estrategias en territorio que permitan un abordaje «integral» de sus problemáticas y posibiliten generar «cambios subjetivos» en los jóvenes.

Este tipo de abordaje fue problematizada en diferentes investigaciones, desde las cuales se indica que este tipo de concepciones están permeadas por una interpretación «voluntarista», en tanto reducen el problema de la inserción laboral de estos conjuntos sociales, a una serie de características «subjetivas» y «competencias» de los sujetos. Advierten, igualmente, que el problema de esta perspectiva es no incluir en su diagnóstico las propias características del mercado laboral y sus posibilidades de acceso, responsabilizando así al propio sujeto trabajador de la situación de desempleo.

Además de estas cuestiones, nos parece que las mismas tienden a desconocer las propias estrategias y dinámicas laborales que despliegan los jóvenes y que nos interesa profundizar en el próximo apartado.

Trabajos, rebusques y ayudas

En nuestra llegada a los barrios Toba y Flammarion, lo primero que capturó nuestra atención era cómo su fisonomía se encontraba completamente invadida por puestos callejeros para la venta de alimentos o reventa de artículos (ferias populares) o «quioscos» localizados en domicilios particulares. No resultaba menor la cantidad de trabajadores que circulaban en bicicletas con sus uniformes o ropa de trabajo durante los horarios de arribo a sus hogares.

Este panorama que afloraba en la mera observación de nuestro estar allí nos reclamaba analizar cómo se configuraban los universos de posibilidad, relaciones y expectativas laborales de los jóvenes que asistían a los dispositivos estatales orientados a la «inclusión sociolaboral». A partir de esto, en términos conceptuales, nos resultó imprescindible partir de una categoría amplia de trabajo, que nos permitiera abordar las heterogéneas formas concretas en las que se desarrolla y la variedad de relaciones económicas, sociales y culturales que lo constituyen.

Para su abordaje, entonces, la conceptualización de modos de ganarse la vida, nos permitió captar la mayor porosidad, pluralidad y diversificación de las relaciones capital-trabajo y su ampliación y articulación con espacios familiares y vecinales. Asimismo, para comprender los sentidos y valoraciones vinculados a dichas actividades se atendió a cómo opera la transmisión y circulación de sentidos mediatizadas en las relaciones intergeneracionales producidas al interior de la familia.

Esto último tiene particular importancia, en tanto resultaba frecuente que los jóvenes nos mencionaran que eran sus padres o personas a cargo quienes les inculcaban o exigían «hacer algo» en relación con una actividad laboral y/o formativa que les permitiera aprender un oficio y acceder a un trabajo, con el cual realizar un aporte económico que ayudara a la familia o para solventar sus propias necesidades.

Entre los jóvenes entrevistados hemos registrado que el acceso al trabajo asalariado suele ser más frecuente entre los varones, quienes tienden a emplearse por salarios muy bajos, con largas jornadas laborales y en empleos de gran demanda física. En el caso de las mujeres, estas tienen escasas posibilidades de asalarización y presentan mayores trayectorias en trabajos de circuitos informales, cuentapropia comercial y sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidado.

Los sectores en los que se insertan los varones son principalmente la construcción y en menor medida la metalmecánica y manufacturera. También relevamos inserciones dentro del sector servicio, como empresas de limpieza, gastronomía y hotelería, comercio. Dentro de las posibilidades de inserción de las mujeres identificamos que los sectores más frecuentes son dentro del sector servicio en la rama del comercio, la gastr...

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