La escuela es el lugar preciso donde ocurre la educación que un Estado nación quiere transmitir a sus alumnos. Chile siempre ha sido un país multicultural: primero, por la histórica presencia de diversos pueblos indígenas en el territorio que hoy es chileno, y luego también por la presencia de peruanos y bolivianos en el nuevo territorio chileno, tras la Guerra del Pacífico, y por la inmigración proveniente de Europa y los países árabes.
Multiculturalidad vs. Multiculturalismo
Es relevante la diferencia con el concepto de multiculturalismo, además de diferenciar multiculturalidad de interculturalidad. Siguiendo a Bolívar (2004), “no es lo mismo reconocer sociológicamente la multiculturalidad (existencia de múltiples culturas), que abogar por un multiculturalismo (convivencia de culturas diferentes en igualdad de derechos). La multiculturalidad designa una situación de hecho, como es la diversidad o el pluralismo cultural.
El multiculturalismo, por el contrario, no designa una condición sino una ideología o una orientación, a saber (…) aquella que reclama una política que reconozca las diferencias identitarias” (Bolívar, 2004, p. 18). El multiculturalismo se podría definir como un “heterogéneo conjunto de movimientos, asociaciones, comunidades y -posteriormente- instituciones que confluyen en la reivindicación del valor de la ‘diferencia’ étnica o cultural, así como en la lucha por la pluralización de las sociedades que acogen a dichas comunidades y movimientos” (Dietz, 2012, p. 19). Aun así, el multiculturalismo no se hace cargo de la decisión política de generar un diálogo igualitario entre estas diferentes culturas, con los conflictos y desafíos que ello supone.
Construcción de la Identidad Nacional y Rituales Cívicos
Después del proceso de independencia, en la etapa de construcción de la República, “se hizo necesario crear nuevos rituales, incluido el culto a los héroes y actos conmemorativos que afianzaran la nueva lealtad republicana” (Rojas Flores, 2004, p. 52). A fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX aparecieron una serie de “rituales cívicos” que apuntaron a “fortalecer el sentimiento de pertenencia e identidad nacional” (p. 95).
En ese contexto, surgieron los así llamados “batallones escolares”, organizaciones paramilitares de niños, y las “romerías cívicas escolares” o “romerías patrióticas”, cuyo formato era similar al de una romería religiosa, pero donde se mostraba devoción a “personajes laicos”. Otra instancia que se implementó, y que a juicio del autor probablemente también se inspiró en las prácticas militares, fue el juramento a la bandera en los colegios (pp.
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