La pandemia trajo consigo una serie de cambios en la vida laboral de las y los trabajadores. La reciente implementación de la ley de reducción de la jornada laboral a cuarenta horas semanales genera un importante debate en materia de equidad de género, pues es decisivo considerar su efecto en la doble jornada laboral que enfrentan las mujeres, especialmente aquellas del sector informal.

El Fenómeno de la Doble Jornada

Este fenómeno se da producto de la doble jornada laboral. Este fenómeno conocido como ‘’doble presencia’’ o ‘’jornada indeterminable’’, en palabras de la española Margarita Ramos Quintana, quien lo define como un supuesto caracterizado por la ausencia de varones en las actividades domésticas.

Históricamente las mujeres hemos sido relegadas al ámbito privado y las tareas domésticas; la entrada masiva de la mano de obra femenina al ámbito productivo no se dio de la mano de la disminución del tiempo dedicado al trabajo reproductivo, una situación que además de agrava con la pandemia.

Para visualizar que alcance ha tenido el ingreso de las mujeres al mundo productivo, pensemos en las cifras que presenta el INEGI en torno a la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT). Según esta encuesta realizada hace un año, en promedio las mujeres en México dedican 37.9 horas semanales al trabajo productivo (esto sin contemplar el tiempo que se dedica al trabajo “por fuera” de la jornada laboral). Sumado a esto, las mujeres dedican en promedio 39.7 horas a la semana a labores domésticas, un trabajo que no es remunerado, pero que vemos que equivale al tiempo que se dedica al trabajo en el ámbito público.

Cifra que contrasta con las 15.2 horas semanales que los hombres dedican a las tareas domésticas. Esto, es decir el tiempo que se dedican a esos trabajos que suman 78 horas semanales, es lo que denunciamos como dobles jornadas laborales que recaen en las mujeres. Si sumamos esta cifra a las 8 horas que en promedio debería dormir una persona, tenemos como resultado que las mujeres solo disponen en promedio poco más de 4 horas diarias “libres”. Según el mismo estudio del INEGI, expresa que las mujeres solo dedican 3.8 horas semanales a descansar y 5.2 al cuidado de la salud y personal.

Ni pensar en que mujeres puedan mantener este ritmo de vida mientras intentan continuar con sus estudios, aquellas que son madres solteras, aquellas que no tienen derechos laborales ni prestaciones.

Impacto en la Brecha Salarial

El tiempo que las mujeres dedican al trabajo doméstico, no solo resulta en el enorme cansancio de las mujeres, sino que abona a su precarización laboral. Estudios de género han arrojado que las mujeres después de los 25 años (edad en la que según los designios patriarcales de la sociedad se estima que inicia la maternidad) descienden las posibilidades de un aumento salarial o de un ascenso.

Esto responde a que producto del tiempo dedicado al trabajo reproductivo, objetivamente se tiene menos tiempo para trabajar, sumado a los prejuicios patriarcales que son usados por las patronales para esto.

Sumado a ello, aunque está legislado que no se despida a mujeres por estar embarazadas, las patronales (sobre todo de contrataciones ilegales) lo siguen haciendo para no hacerse cargo de las licencias de maternidad, algo que dificulta la reinserción laboral de las mujeres. Otro ejemplo son los bonos de “productividad” en sus diversas modalidades, mismos que son negados cuando hay alguna falta, se llega tarde, etc.

Algo que obvia el tiempo de cuidados que dedican las mujeres: ir a citas médicas si uno de sus hijes o integrantes de la familia, asistir a juntas escolares, cuidar a les hijes y enfermos en medio de la pandemia, aquellas que improvisadamente se volvieron maestras para ayudar en las tareas escolares de cara a las clases en línea. Sin contemplar el cansancio y estrés acumulado debido a que después de la jornada laboral pagada, el trabajo se extiende a tareas en el hogar: limpiar, lavar, cocinar, planchar y un largo etcétera.

Esto se suma a otras condiciones que generan la brecha salarial: gremios feminizados en los que prima la precarización, mejor pago por hora promedio para mujeres con respecto a los hombres, mejor pago por igual trabajo.

Estudio sobre la Doble Carga Laboral y Salud Mental

El objetivo del estudio fue evaluar los efectos de la “doble carga laboral” sobre la salud mental en mujeres nicaragüenses trabajadoras de Managua, en el periodo de mayo a octubre del año 2023. Se llevó a cabo un estudio observacional, de corte transversal en Managua, Nicaragua. La muestra incluyó 910 mujeres trabajadoras del sector formal.

La recolección de datos se efectuó mediante una encuesta en línea, distribuida por redes sociales. La encuesta evaluó la doble carga laboral, el estrés laboral y la salud mental. Entre los principales resultados se encontró que el 71% experimenta doble jornada laboral, dedicando más de 2 horas diarias al trabajo doméstico no remunerado, y el 56% enfrenta doble jornada prolongada, con más de 4 horas diarias o 28 horas semanales adicionales en tareas domésticas.

El análisis bivariado reveló que la doble jornada laboral se asoció a mayor frecuencia de alteración de la salud mental (puntaje ?12 en la escala Goldberg GHQ 12) (OR 2,61; p<0,0001). La asociación fue más fuerte cuanto se analizó la exposición a trabajo doméstico prolongado (?4 horas diarias) (OR 3,4; p<0,0001). También se identificaron otros determinantes potenciales de salud mental, como el estrés laboral, el acoso laboral y la violencia en el lugar de trabajo, persistiendo como predictores independientes en el análisis multivariado.

¿Cómo Afecta la Doble Jornada a las Relaciones?

Hochschild y sus investigadores asociados entrevistaron a cincuenta parejas y observaron una docena de hogares a lo largo de las décadas de 1970 y 1980, para explorar la brecha de ocio entre hombres y mujeres. La investigación demostró que las mujeres aún se hacen cargo de la mayoría de las responsabilidades del hogar y del cuidado de los niños a pesar de su ingreso en la fuerza laboral. Esta «doble jornada» afectaba a las parejas, provocando sentimientos de culpa, tensión marital, falta de interés sexual y sueño.

Por otro lado, Hochschild difundió las historias de algunos hombres que compartieron por igual la carga del trabajo doméstico y el cuidado de los niños con sus esposas, demostrando que si bien es poco común, es una realidad para algunas parejas. La investigación presentaba además una clara división entre las preferencias ideológicas de los géneros y las clases sociales.

Medidas para mitigar la doble jornada

Algunas de las medidas que sugiere el informe de Comunidad Mujer, para contribuir a disminuir la brecha de género en el ámbito del trabajo son, en primer lugar, generar un diálogo social que busque reconocer el valor del trabajo de cuidados no remunerado. En segundo lugar, garantizar el equilibrio a la hora de negociar una adaptabilidad laboral para las mujeres.

La ley de reducción de jornada laboral incorporó aspectos de corresponsabilidad, lo que se refleja en los permisos de cuidado y en horarios que visibilizan las labores del hogar. Estas medidas sin duda permiten a las mujeres una mejor redistribución equitativa de las tareas domésticas.

No podemos desconocer que la reducción de la jornada laboral constituye un gran avance para lograr una organización equilibrada en los tiempos de trabajo.

Tassara agregó que, por lo tanto, "no basta con que se produzcan ajustes o cambios legislativos si estos no van acompañados de cambios conductuales y culturales.

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