El gran sueño keynesiano del pleno empleo es un concepto clave en la economía. En el capítulo 12 de su General Theory (1936), John Maynard Keynes define el animal spirits como un impulso casi irracional.

El Pleno Empleo en la Teoría Keynesiana

El pensamiento keynesiano, convertido en modelo de desarrollo, promueve una política de pleno empleo que tendría efectos estimuladores sobre la demanda, la que a su vez sería el factor clave para la reactivación económica, especialmente después de la crisis del 1929. Otro pilar del pensamiento keynesiano es el rol fundamental del Estado en la prevención de las crisis económicas.

Keynes pensaba que el Estado debía actuar cada vez que el ciclo económico lo requería. Cuando la economía crecía debía abstenerse de entrometerse, pero cuando decrecía, el Estado debía invertir y estimular las inversiones para amortiguar el impacto de la crisis. De esta forma, el Estado keynesiano es distinto al Estado de bienestar.

El vínculo entre el Estado keynesiano y el Populismo es posible de establecer. Como se ha expuesto anteriormente, el Estado comenzó a intervenir la economía con el objetivo de amortiguar las cíclicas crisis del capitalismo, a través de estímulos tributarios e inversiones directas en momentos de estancamiento. Su principal propósito fue aumentar el poder adquisitivo de la población para así aumentar el consumo en el mercado interno; para esto, debió procurar el pleno empleo.

Ejemplos Históricos de Políticas de Pleno Empleo

En los Estados Unidos, el presidente Franklin Delano Roosevelt (1882-1945) se convirtió en el protagonista de este Nuevo Trato (New Deal, en inglés) que implicaba la promoción del crecimiento económico a través de inversiones estatales, financiadas de manera creciente por contraer una deuda pública.

Con la llegada como Jefe de Estado de Pedro Aguirre Cerda, en 1938, las medidas de regulación estatal fueron profundizadas y el gobierno del Frente Popular inició la planificación de la economía nacional. El fascismo (el alemán, como el italiano y el japonés) utilizó tanto los principios del Estado de Bienestar Bismarckiano como las medidas propias de un Estado intervencionista keynesiano como respuesta a la Gran Depresión.

El Contexto Chileno Reciente

A un año de finalizar este gobierno, es muy posible que se cumplan -puntos más, puntos menos- estas dos grandes promesas. Y todo esto no ocurre, como algunos pretenden creer, por arte de magia. Chile tiene una institucionalidad fiscal que es reconocida y admirada a nivel internacional.

Hemos sido tradicionalmente responsables en materias macroeconómicas. Y también es cierto que existen condiciones favorables. Pero no se trata sólo del precio del cobre. Para que gire la rueda de la economía se requiere de muchas variables. Y de una componente intangible: esa convicción y determinación que inyecta una buena dosis de confianza. Es, en otras palabras, el animal spirits que este gobierno ha generado en materias económicas.

Irónicamente, aunque los chilenos somos los campeones de la desconfianza, existe mucha confianza en nuestra economía. Faltaba un nuevo impulso para remecernos y despertarnos de la siesta. Y vaya el impulso económico que hemos vivido y seguimos viviendo. El año 2010 nuestro PIB creció un 6.1%. El 2011, cuando existían dudas respecto a la sorprendente reactivación del año anterior -se hablaba del efecto terremoto- crecimos al 6%.

Y el año 2012 también fue espectacular no sólo en términos de crecimiento -un 5,6% - sino también de inflación y desempleo. Cuando se esperaba una desaceleración para comienzos de este año, la tasa del IMACEC de enero creció a un 6.7% anual. La inflación fue menor a lo esperado: un 0,2% en enero mientras que en febrero se redujo a 0.1%. Y en el trimestre noviembre-enero el empleo aumentó un 2% anual y la tasa de desempleo se redujo hasta un 6%, con los salarios creciendo a tasas reales del 4,4%.

Tabla: Indicadores Económicos de Chile

Año Crecimiento del PIB Tasa de Desempleo Inflación
2010 6.1% N/A N/A
2011 6.0% N/A N/A
2012 5.6% 6% Baja

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