El Día Internacional de la Mujer, reconocido por las Naciones Unidas en 1975, es una fecha que invita a reflexionar sobre el papel fundamental que la mujer está llamada a desarrollar en la sociedad. "El Día Internacional de la Mujer no solo conmemora las luchas históricas, sino que también se constituye como una jornada de reflexión donde se renueva el compromiso de respetar la dignidad de la mujer". El llamado a reconocer y apreciar el aporte de la mujer en pleno siglo XXI es más relevante que nunca ya que en cada rincón de la sociedad ella juega un papel esencial para el desarrollo y la innovación. No se trata solo de aspirar a una igualdad formal o de derechos, sino de un cambio cultural profundo en el que se valore la presencia femenina en sus múltiples dimensiones.

Los estudios que exploran la relación histórica entre mujeres y trabajo dan cuenta de que se trata de un fenómeno que no sólo se explica a partir de la creciente incorporación femenina al mercado del trabajo de los últimos treinta años. Más bien se trata de un proceso de larga duración en nuestra historia que encuentra sus raíces, al menos para el caso del Chile republicano, en los profundos cambios que experimentó la economía nacional a fines del siglo XIX.

Participación Femenina en la Industria a Fines del Siglo XIX

Un aspecto social importante del inicio de la industria en Chile, fue el aumento de la participación de las mujeres en este sector económico desde fines del siglo XIX. Dicho hallazgo está respaldado por estudios que se han interesado en la medición de la participación de las mujeres en el mercado laboral y en organizaciones laborales. Según datos estadísticos, hacia 1907 las mujeres constituían casi un tercio de la población económicamente activa, conformando la mayor parte de la fuerza de trabajo de esas ramas económicas. El trabajo femenino, realizado tanto en establecimientos fabriles como en domicilio, empleó entre uno y dos tercios de las mujeres activas mayores de 12 años.

La clásica identificación del trabajo remunerado con los hombres y el cuidado del hogar con las mujeres, se vio desafiada por la creciente participación femenina en el mercado laboral urbano. A principios del siglo XX, en un contexto de profundas desigualdades laborales, políticas y sociales para las mujeres, los movimientos obreros y de derechos civiles se fortalecieron, con la participación destacada de mujeres que exigían mejores condiciones en su trabajo y la igualdad de oportunidades.

Primeras Iniciativas y Demandas

Desde el ámbito privado, una de las iniciativas que promovió tempranamente la incorporación de las mujeres a la actividad industrial, fue la organización de la Escuela Profesional de Niñas propuesta por la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), en 1887.

Una de las primeras manifestaciones reconocidas ocurrió el 8 de marzo de 1908 en Nueva York, donde 15.000 mujeres marcharon para exigir un horario más humano, salarios dignos y el derecho al voto. Sucedió un hecho trágico que marcó profundamente la lucha por los derechos laborales femeninos: el incendio en una fábrica donde murieron 146 trabajadoras debido a las pésimas condiciones de seguridad. Este evento conmocionó al mundo y generó un impulso renovado en las demandas por un trato de mayor dignidad para las trabajadoras.

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