El análisis del trabajo de la mujer en la actualidad revela una panorámica compleja, donde se entrelazan avances significativos con desafíos persistentes. A pesar de los esfuerzos por promover la igualdad de género, las estadísticas muestran que aún existen brechas importantes en diversos ámbitos laborales.

Crecimiento de la Ocupación Femenina

El crecimiento anual de la ocupación de las mujeres en el país alcanzó un aumento del 3,6%, llegando a un total de 3 millones 889 mil trabajadoras.

Para el trimestre junio-agosto 2023 se registraron 9 millones 5 mil personas ocupadas, lo que significa una variación anual de 1,7%.

Aunque el número de ocupados crece 1,7% en un año, la tasa de desocupación también creció en 1,1 puntos porcentuales, lo que se explica porque la variación en el número de personas desocupadas (16,7%) fue mayor a la variación en la fuerza de trabajo, compuesta por personas ocupadas y desocupadas (2,9%).

Por otra parte, se observa una reducción de 2% en el número de personas inactivas y un crecimiento de 0,9% de la población en edad de trabajar (empujado por el crecimiento poblacional en curso producto de las mayores expectativas de vida).

Por otro lado, los ocupados formales tuvieron un crecimiento de 2,1% respecto al mismo trimestre del año 2019, mientras que los ocupados informales cayeron un 2,4% respecto a ese mismo año.

Todos los indicadores presentados se construyen a partir de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), siguiendo todos los estándares de dicha institución para evaluar la calidad de las estimaciones.

Desigualdades en la Carrera Académica

Las barreras que enfrentan las mujeres en el desarrollo de la carrera académica son tema de discusión y análisis desde hace ya varios años.

Organismos como la ANID han implementado medidas para disminuir estas brechas, al igual que las universidades. Sin embargo, las desigualdades persisten.

Una cultura sexista y androcéntrica, donde prevalecen estereotipos de género, además de las altas exigencias en la producción científica, que no considera factores como la maternidad, son algunos de los motivos que se distinguen, y que estarían en la base de esta desigualdad, que va más allá de las estadísticas.

“En el sistema científico, persisten barreras significativas para la incorporación de la perspectiva de género. Históricamente dominada por hombres, la ciencia ha excluido las experiencias y necesidades de mujeres y minorías, perpetuando sesgos y estereotipos que desvalorizan sus contribuciones (…), además, las desigualdades en la educación y los techos de cristal dificultan la inclusión de diversos grupos segregados en la toma de decisiones.

Aunque el acceso de las mujeres a la educación superior hoy representa el 52,5%, versus un 47,5% de los hombres (matrículas 2023), esta equidad se va disipando cuando se trata de la carrera académica, donde ellas siguen enfrentando más dificultades en las áreas de investigación e innovación.

Según cifras de la Tercera Radiografía de Género del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, “en 2023 sólo el 34% de quienes desarrollaron investigación en Chile fueron mujeres (…), y en los últimos 10 años, las mujeres graduadas con Becas ANID han decaído de un 49% a un 45%.

Otro ejemplo de esta subrepresentación se refleja en los Fondecyt entregados entre 1981 y 2020, los que “financiaron 15.550 proyectos de investigación en diversas áreas de conocimiento. De ellos, 2.218 proyectos fueron liderados por mujeres y 12.062 por hombres.

En este sentido, Gabriela Bawarshi afirma que “se evidencia que en el ámbito académico también existe una jerarquía con respecto a los roles internos, por ejemplo; las labores de gestión, extensión y vinculación con el medio son desvalorados en relación al trabajo de investigación.

Así, mejorar la producción científica, no implica solamente aumentar el número de publicaciones y de cargos jerárquicos utilizados por mujeres, sino modificar la lógica de lo que estamos entendiendo por creación de conocimiento hoy en día.

Uno de los aspectos que no se contemplan en este ámbito, es el de la maternidad. Tal como plantea la profesora de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO), Silvia Lamadrid, estas brechas “se agudizan a medida que se avanza en el ciclo vital. Es el periodo de consolidación y mayor productividad académica el cual se ve tensionado con la opción de la maternidad y crianza de hijos.

Las desigualdades entre hombres y mujeres en cuanto a las oportunidades y condiciones laborales en esta área son aún mayores para las mujeres que son madres, debido a que, para ascender en la carrera académica, se requiere de tiempo y dedicación para investigar, postular a fondos de investigación, liderar proyectos y publicar, aspectos que chocan con las exigencias propias de la maternidad y la crianza.

“Esta iniciativa es parte de las medidas de acción afirmativa que se han implementado desde hace varios años en materia de igualdad de género. Es una recomendación para que las diversas Unidades Académicas puedan incorporar estas sugerencias en la etapa de postulación, evaluación y adjudicación, ejecución y seguimiento, y difusión y comunicación.

Esperamos que estos criterios puedan impactar sobre todo en el proceso de postulación, incentivando a las mujeres a que tomen un rol protagónico y se atrevan a postular. Las mayores brechas, tanto en fondos internos de la Universidad, como a nivel nacional, se encuentran en la etapa de postulación y creemos que estos criterios pueden ayudar en incentivarlas a participar”, señala Gabriela Bawarshi, quien agrega que “sin embargo, aún queda un largo camino para monitorear el impacto de estos criterios.

Desigualdad Jurídica y Económica a Nivel Global

Casi 2.400 millones de mujeres en edad de trabajar aún no gozan de los mismos derechos que tienen los hombres ante la ley. La puntuación promedio a nivel mundial del informe 2023 es de solamente medio punto más que en 2021.

Aunque Australia y Nueva Zelandia se posicionan dentro de las 20 economías con mejor desempeño en 2023, se prevé un estancamiento del progreso global a su ritmo más bajo en los últimos 20 años.

Año a año, el informe “La mujer, la empresa y el derecho” desarrollado por el Banco Mundial (BM) tiene como propósito medir la igualdad de género y las restricciones que la impiden en el mundo a través de ocho ámbitos. Los resultados de este 2023 han sido reveladores por cuanto a que a pesar de avances en regiones como África Subsahariana, las mujeres siguen teniendo sólo tres cuartas partes de los derechos otorgados a los hombres.

La conmemoración del 8 de marzo de este 2023 tuvo como trasfondo una premisa poco auspiciosa por parte del Banco Mundial: ”Las reformas hacia un trato igualitario de las mujeres ante la ley ha caído a su nivel más bajo en los últimos 20 años”.

Entre las principales definiciones entregadas por el organismo, la economista jefe a cargo del estudio que realizó mediciones en 190 países, Indermit Gill, afirmó con claridad que los gobiernos del mundo no se pueden dar el lujo de marginar a la mitad de su población. Asimismo, el estudio determina que se estimaron ganancias económicas globales que superarían los cinco mil millones de dólares si es que las mujeres iniciaran y expandieran nuevos negocios, al mismo ritmo que lo hacen los hombres.

Esto, a pesar de que durante 2022 sólo se registraron 34 reformas jurídicas hacia la igualdad de género en 18 países, lo que constituye el número más bajo desde 2001.

Las economías con puntuaciones superiores al promedio mundial, de 77,1 se sitúan en las regiones de ingreso más alto en Europa y Asia central, pero también en América Latina y el Caribe.

Por su parte, las puntuaciones promedio más bajas se registraron en Oriente Medio y Norte de África y en Asia meridional. Por el contrario, seis economías promulgaron una serie de reformas para igualar las remuneraciones.

Estos países son Costa Rica, Costa de Marfil, Gabón, Kazajstán y Senegal, quienes además eliminaron las restricciones al empleo de la mujer. El informe demuestra un hecho incuestionable, que en ninguna de las economías asiáticas las mujeres tienen las mismas condiciones jurídicas que los hombres.

Esta realidad muestra dos excepciones: Nueva Zelandia y Australia. En el caso de Nueva Zelandia, se trata de la única economía que no logra el máximo puntaje en la variable de parentalidad, esto debido a que no existe en su jurisdicción un permiso pagado para los padres.

En las posiciones siguientes, Hong Kong y Taiwán presentan un desempeño más bajo pero con un puntaje 10 puntos superior al de China continental. A ellos, le siguen los países más desarrollados de dicha región como Corea del Sur y Singapur.

Por el contrario, en el final de la tabla del ranking regional, en una de las economías más importantes se encuentra Japón, que presenta importantes falencias en materia de trabajo y remuneración.

Hacia un Modelo de Desarrollo Distinto

A la luz de la realidad de la igualdad de género, María José Guerrero González, candidata a doctora en Gobierno de la Universidad de Essex y experta en Estudios de Género, señaló que más que igualar la cancha, es necesario pensar en una cancha distinta.

“Lamentablemente las formas de producción siguen estando dentro de modos de explotación a ciertos grupos, mayoritariamente los más vulnerados, como son niñas, mujeres, pueblos indígenas, zonas rurales, etc. Por lo tanto, no creo que haya que igualar a estos grupos más vulnerados a los que vulneran, sino pensar en un modelo de desarrollo distinto”, afirmó.

Sin embargo, en relación a lo necesario para entregar muchas más autonomías y derechos a mujeres, enfatizó en que aún faltan muchas aristas que deben ser tomadas en consideración.

“Por una parte están todos los avances en términos de igualdad sustantiva de género, es decir, que no solamente sean políticas o legislaciones que apunten a un derecho en el papel, sino que en lo práctico.

Esto quiere decir que, en términos de educación la mayoría de las naciones tienen igualdad de acceso, pero cuando vemos las brechas, en Chile por ejemplo, las mujeres están escolarizadas e ingresan a la universidad en mayor proporción que los hombres, pero si después lo vemos en las especializaciones de postgrado o en las jefaturas de las universidades hay una brecha muy significativa”, agregó.

También, apuntó a la necesidad de dirigir esfuerzos inmediatos a políticas que ayuden a erradicar la violencia sexual y el sexismo en los distintos espacios.

“Esa es una barrera muy importante en tanto la educación como los espacios laborales y públicos como las calles o parques porque las mujeres después de la violencia sexual se alejan de los espacios. Por ejemplo, en el laboral, renuncian a sus empleos, incluso habiendo sido víctimas.

En los establecimientos educacionales es lo mismo porque son las mujeres las que desertan o cambian de carrera producto de esta violencia. Por lo tanto, apuntar a esa autonomía es relevante considerando que a nivel mundial las violencias sexuales tienen un gran porcentaje de predominancia entre niñas y mujeres”, destacó.

Consultada sobre una de las conclusiones del informe, respecto de que se estiman mayores ganancias económicas globales si las mujeres iniciaran nuevos negocios al mismo ritmo que lo hacen los hombres, explicó que hay diferentes variables por las cuales esto ocurre.

“Una de ellas tiene que ver con los talentos que tienen las mujeres en relación a las gestiones internas en las empresas y los mercados laborales. Esto no ocurre por un tema de naturalidad, en términos de que las mujeres naturalmente tengamos estos talentos, como por ejemplo que seamos conciliadoras o más productivas, etc, sino que tiene que ver con procesos de socialización porque a las mujeres se les socializa de una manera que genera diversos tipos de habilidades como las comunicacionales que impactan de manera positiva en los mercados económicos hoy”, comentó.

Sin embargo, a pesar de esto señaló que esta no debería ser la razón para que más mujeres participen en la economía.

“Es importante recalcar que no es producto de que las mujeres aumenten la productividad en los mercados laborales que a ellas se les tenga que incluir en esos mercados, sino que simplemente porque es un derecho y es justo, porque las brechas en los trabajos remunerados de mujeres y varones, y la calidad de este tipo de trabajos, contratos y seguridad social que viene con ellos a nivel mundial es muy amplia.

Si nos vamos al sector rural la brecha es mucho mayor en términos de autonomía económica y todo lo que ello implica. Por lo tanto hay un círculo virtuoso, sí, pero no es producto de esto es que haya que integrar mujeres sino porque simplemente es un derecho”, sentenció.

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