La discusión sobre la igualdad de género en el ámbito laboral a menudo se centra en la existencia de una "brecha salarial", un concepto que ha sido objeto de debate y controversia. El psicólogo canadiense Jordan B. Peterson, en una entrevista, deconstruye los argumentos tras "la brecha salarial de género".

¿Qué es la Brecha Salarial?

Se argumenta acerca de la existencia de una brecha estructural en torno al salario; es decir, se asume que los hombres, en promedio, ganan mucho más dinero que las mujeres, y que esta situación sería reflejo de una discriminación histórica y sistemática en contra de las mismas.

Argumentos en Contra de la Brecha Salarial como Discriminación

Las fuentes que defienden este argumento se equivocan debido a que -casi siempre- se muestra como evidencia de la denuncia el promedio de la suma total de la ganancia de hombres y mujeres, y no se suele hacer la respectiva desagregación por áreas de especialidad o en base a diferentes factores (Fundación para la Educación Económica, 2020). Para que el argumento feminista funcione habría que asumir que el empresariado mundial es masoquista, tonto, suicida: "¡Ajá! Les pagamos menos y también las contratamos menos". Es absurdo.

Por otra parte, se debe considerar que, resulta impensable que esto sea real de manera individualizada debido a que en la gran mayoría de países, pagarle a alguien menos por el mismo trabajo es ilegal. Verbigracia, en Estados Unidos, desde la aprobación de la Ley de Igualdad de Salario en 1963, es un delito pagarle menos a alguien respecto a otro por el mismo trabajo.

Asimismo, no se suele tomar en consideración las preferencias personales y genuinas de las personas y menos la diferencia propia de trabajos donde se requiere mucha más fuerza física, trabajos en los que los hombres asumen la gran mayoría de plazas.

El "Techo de Cristal" y la Discriminación Positiva

En segundo lugar, se sostiene que las mujeres ocupan menos cargos jerárquicos que hombres, lo cual se enlaza con el denominado “techo de cristal”. Este concepto se refiere al conjunto de normas no escritas al interior de las organizaciones que dificulta que las mujeres tengan acceso a los puestos de alta dirección (COVAMINI, 2019). Además, poseería un carácter de invisibilidad que sería el resultado de la ausencia de leyes y códigos visibles que condenaría a las mujeres a estas limitaciones.

Muchas veces, para “solucionar” esta “problemática”, se opta por implementar medidas que tienen como input a la denominada “discriminación positiva”, que al final de cuentas solo termina siendo discriminación contra las mujeres al darle facilidades a este grupo de personas basándose en su sexo y no a sus capacidades.

Violencia de Género y el Patriarcado

En tercer lugar, se suele decir que la aún existente violencia física, sexual y psicológica en contra de las mujeres es una prueba fehaciente de que nos encontramos en un patriarcado y que estas lógicas perpetúan, normalizan y retroalimentan el mencionado sistema. La violencia que sufren las mujeres en distintas dimensiones es innegable y es algo que hay que condenar, corregir y sancionar.

Sin embargo, se debe considerar la violencia que sufre la contraparte de los varones en diferentes contextos y su realidad mediante las cifras disponibles. Otro aspecto a tener en cuenta es que algunas denuncias por agresión suelen ser falsas; casos de esto los encontramos con mayor frecuencia en España, donde la presunción de inocencia no suele ser tomada en cuenta.

Además, este argumento falla también porque al sostenerse que esto sucede debido a la existencia de un sistema patriarcal se termina ignorando muchos otros elementos explicativos en torno a la problemática. Lo más evidente es que esta problemática responda al machismo aún existente como ideología, es decir, como parte del marco cultural de muchas personas.

Roles de Género y Preferencias Individuales

Otro argumento señala que los roles de género tradicionales predeterminan qué papel deben jugar mujeres y hombres en aspectos como el cuidado de la familia y el hogar, o que el trabajo remunerado ya viene predeterminado con base en el sistema patriarcal y sus “reglas”. Esta lógica crearía una espiral de dependencia económica en la mujer.

Ante lo descrito, es oportuno resaltar que esta idea no toma en cuenta que muchas veces estos roles pueden responder a las preferencias y acuerdos particulares de cada pareja, además que, al menos en lo que entendemos por Occidente, tanto hombres como mujeres en su gran mayoría poseen roles similares y compartidos (Kreimer, 2020).

El Machismo como Resago del Patriarcado

Por último, los argumentos, en clave de denuncia, -previamente refutados- poseen ciertos rasgos de verosimilitud en sus críticas, pero este no está relacionado con el problema que denuncian per se: por la existencia del patriarcado, muchas de sus denuncias responden a lo que se entiende por machismo, aspecto que definimos previamente. El machismo puede y debe entenderse, también, como residuos, rezagos o restos de lo que fue el patriarcado en su momento. Un ejemplo más concreto de esto es la denominada cosificación de la mujer en medios de comunicación y redes sociales.

El Concepto de Meritocracia

El concepto de meritocracia fue acuñado, en su versión moderna, recién en 1958 por el sociólogo y activista laborista británico Michael Young en su libro The rise of the meritocracy, 1870-2033: An essay on education and equality (El triunfo de la meritocracia, 1870-2033: ensayo sobre educación e igualdad) (Young 1961). Primero, una sociedad organizada en torno a la idea de meritocracia es una sociedad basada en lo que solemos llamar “igualdad de oportunidades”. Todos estamos, sin duda, a favor de la igualdad de oportunidades.

Lograr mayores niveles de igualdad de oportunidades sería, de hecho, un gran paso hacia la construcción de una sociedad en que cada persona pueda vivir una vida plena. Esto no significa, sin embargo, que una sociedad que provea igualdad de oportunidades sea una sociedad necesariamente justa.

Un segundo problema con la perspectiva de una sociedad meritocrática, es que tras la idea de mérito hay siempre una noción particular -habitualmente implícita- de qué es valioso para la sociedad. Un sistema meritocrático tiene el problema de que tiende a generar escenarios en que los ganadores se llevan todos los premios (lo que la ciencia política estadounidense llama sociedades y política winner-take-all, Frank y Cook 1996; Hacker y Pierson 2011).

La Crisis de la Masculinidad

“La "tóxica masculinidad", dicen las feministas. Los chicos reciben de la sociedad moderna un mensaje devastador y paralizante. Primero, se les recrimina su agresividad, cuando es innata y esencial a su deseo de competir, de ganar, de ser activamente virtuosos. Luego se les dice que la sociedad es una tiranía falocéntrica corrupta de la que ellos, por supuesto, son culpables de origen por el mero hecho de ser hombres. Y finalmente se les advierte: «No se les ocurra intentar prosperar o avanzar, porque entonces además de culpables seréis cómplices activos de la tiranía feminicida». El resultado es que muchos varones, sobre todo jóvenes, tienen la moral por los suelos. Están empantanados, perdidos. No tienen rumbo ni objetivos" dice.

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