La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un evento que busca ofrecer a todos los participantes una experiencia de la Iglesia universal, propiciando un encuentro personal con Jesucristo. Es un nuevo impulso a la fe, a la esperanza y a la caridad de toda la comunidad del país de acogida.

Orígenes y Desarrollo de la JMJ

La primera Jornada se realizó en Buenos Aires en 1987. Allí el Papa Juan Pablo II reunió a un millón de jóvenes. En estos 36 años se ha realizado en Santiago de Compostela en 1989, en el Santuario de Czestochowa en Polonia en 1991 con 1 millón 600 mil asistentes, Denver USA 1993 con 700 mil fieles, Manila Filipinas en 1996 donde se ha reunido una de las más grandes concentraciones de personas que se tenga registro, con 5 millones y medio de personas.

Una constante de todos estos Encuentros Mundiales es que, a pesar de la reunión de cientos de miles de jóvenes, durante estos días no hay incidentes ni delitos provocados por los peregrinos. En estos encuentros es posible soñar con un mundo mejor, renovado desde el Evangelio, desde la gratuidad del encuentro, de la fraternidad, de la colaboración mutua. Y en ese encuentro se produce el milagro de Pentecostés. Jóvenes que hablan todos los idiomas de la tierra pero que se entienden en lo esencial. En estos días de gracia, los jóvenes podrán hacer misiones en las diócesis que los acogen cerca de Lisboa. También hay catequesis entregadas por obispos de todos los rincones del mundo.

Signos de la JMJ

Uno de los momentos más significativos del desarrollo de la JMJ es cuando se recibe la Cruz peregrina de madera de 3,9 metros de altura construida en el Año Santo del 1983. Fue confiada por Juan Pablo II a los jóvenes el Domingo de Ramos de 1984 para que la llevaran por todo el mundo. Se ha convertido en un verdadero signo de fe.

Se transportó a pie, en barco e incluso haciendo uso de medios poco habituales como trineos, grúas o tractores. Recorrió la selva, visitó iglesias, centros de internamiento de menores, cárceles, escuelas, universidades, hospitales, monumentos y centros comerciales. Poco después del 11 de septiembre, viajó a la zona Zero en Nueva York, donde tuvieron lugar los ataques terroristas que mataron a casi 3.000 personas.

Desde el año 2003 el Papa Juan Pablo II dispuso que la Cruz Peregrina contara con la compañía del ícono de Nuestra Señora Salud del Pueblo Romano (Salus Populi Romani), que representa a la Virgen María con el Niño en los brazos. Con 1,20 metros de alto y 80 centímetros de ancho, el icono está asociado a una de las devociones marianas más populares de Italia. Existe una antigua tradición de llevarlo en procesión por las calles de Roma para ahuyentar peligros y desgracias o acabar con las pestes.

Mensaje del Papa León XIV a los Jóvenes

Ante el millón de jóvenes congregados en la Santa Misa en la explanada de Tor Vergata, el Papa León recordó que la plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, sino de lo que acogemos y compartimos con alegría.

La Universidad Católica y su Participación

A través de oraciones, charlas y una transmisión en vivo, la UC siguió el cónclave y la elección del Papa León XIV. Pero la alegría no terminó ahí, pues la Pastoral UC organizó las fiestas religiosas de Cuasimodo, Pentecostés y Corpus Christi para celebrar en comunidad, una que luego recibió a cerca de 500 escolares para conversar de fe y liderazgo cristiano en Somos Iglesia.

Como si fuera poco, en junio se conmemoró el mes del Sagrado Corazón, patrono de la universidad, y en julio salieron más de 1.500 estudiantes universitarios a evangelizar a lo largo del país en misiones y trabajos solidarios.

Reflexiones del Papa Francisco sobre la Convivencia y la Cultura

Un primer punto que abordó el Papa fue el de la convivencia nacional, y señaló que ella "es posible -entre otras cosas- en la medida en que generemos procesos educativos también transformadores, inclusivos y de convivencia. Educar para la convivencia no es solamente adjuntar valores a la labor educativa, sino generar una dinámica de convivencia al interno del propio sistema educativo. No es tanto una cuestión de contenidos sino de enseñar a pensar y a razonar de manera integradora.

El Santo Padre sostuvo que "hoy resulta profética la misión que tienen entre manos. Ustedes son interpelados para generar procesos que iluminen la cultura actual, proponiendo un renovado humanismo que evite caer en todo tipo de reduccionismo.

En otra parte de su intervención, Francisco afirmó que "en esta sociedad liquida o ligera, como la han querido denominar algunos pensadores, van desapareciendo los puntos de referencia desde donde las personas pueden construirse individual y socialmente. Pareciera que hoy en día la "nube" es el nuevo punto de encuentro, que está marcado por la falta de estabilidad ya que todo se volatiliza y por lo tanto pierde consistencia.

Otra idea analizada por el Santo Padre es la de "avanzar en comunidad", aspecto en el que relevó la importancia de la Pastoral Universitaria a nivel nacional, la cual se vislumbra en Chile como el signo de una iglesia joven y viva. Luego, agregó que "esta comunidad está desafiada a no quedarse aislada de los modos de conocer, así como tampoco a construir conocimiento al margen de los destinatarios de los mismos.

La Encíclica «Dilexit nos» y el Amor del Corazón de Jesucristo

«”Nos amó”, dice san Pablo refiriéndose a Cristo (Rm 8,37), para hacernos descubrir que de este amor nada “podrá separarnos” (Rm 8,39)». Así comienza la cuarta Encíclica del Papa Francisco, titulada a partir del incipit «Dilexit nos» y dedicada al amor humano y divino del Corazón de Jesucristo: «Su corazón abierto va delante de nosotros y nos espera sin condiciones, sin exigir ningún requisito previo para amarnos y ofrecernos su amistad: Él nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10).

Francisco explica que, encontrando el amor de Cristo, «nos hacemos capaces de tejer lazos fraternos, de reconocer la dignidad de todo ser humano y de cuidar juntos nuestra casa común», como nos invita a hacer en sus encíclicas sociales Laudato si ‘ y Fratelli tutti (217). Y ante el Corazón de Cristo, pide al Señor «que vuelva a tener compasión de esta tierra herida» y derrame sobre ella «los tesoros de su luz y de su amor», para que el mundo, «sobreviviendo entre guerras, desequilibrios socioeconómicos, consumismo y uso antihumano de la tecnología, recupere lo más importante y necesario: el corazón» (31).

El primer capítulo, «La importancia del corazón», explica por qué es necesario «volver al corazón» en un mundo en el que estamos tentados de «convertirnos en consumistas insaciables y esclavos de los engranajes de un mercado» (2). Al corazón conducen las preguntas que importan: qué sentido quiero que tengan mi vida, mis opciones o mis acciones, quién soy yo ante Dios (8).

Es el corazón «el que une los fragmentos» y hace posible «cualquier vínculo auténtico, porque una relación que no se construye con el corazón es incapaz de superar la fragmentación del individualismo» (17). La espiritualidad de santos como Ignacio de Loyola (aceptar la amistad del Señor es cosa del corazón) y san John Henry Newman (el Señor nos salva hablándonos al corazón desde su Sagrado Corazón) nos enseña, escribe el Papa Francisco, que «ante el Corazón de Jesús, vivo y presente, nuestra mente, iluminada por el Espíritu, comprende las palabras de Jesús» (27).

Gestos y Palabras de Amor de Cristo

El segundo capítulo está dedicado a los gestos y palabras de amor de Cristo. Los gestos con los que nos trata como amigos y muestra que Dios «es cercanía, compasión y ternura» se ven en sus encuentros con la samaritana, con Nicodemo, con la prostituta, con la adúltera y con el ciego del camino (35). Su mirada, que «escruta lo más profundo de tu ser» (39), muestra que Jesús «presta toda su atención a las personas, a sus preocupaciones, a su sufrimiento» (40).

En el tercer capítulo, «Este es el Corazón que tanto amó», el Pontífice recuerda cómo la Iglesia reflexiona y ha reflexionado en el pasado «sobre el santo misterio del Corazón del Señor». Aclara que «la devoción al Corazón de Cristo no es la adoración de un órgano separado de la Persona de Jesús», porque adoramos «a Jesucristo entero, el Hijo de Dios hecho hombre, representado en una imagen suya en la que destaca su corazón» (48).

Así, el Papa recuerda a Pío XII que no se puede decir que este culto «deba su origen a revelaciones privadas». Al contrario, «la devoción al Corazón de Cristo es esencial a nuestra vida cristiana, en cuanto significa la plena apertura de la fe y de la adoración al misterio del amor divino y humano del Señor, hasta el punto de que podemos afirmar una vez más que el Sagrado Corazón es una síntesis del Evangelio» (83).

A continuación, el Pontífice invita a renovar la devoción al Corazón de Cristo también para contrarrestar «las nuevas manifestaciones de una “espiritualidad sin carne” que se multiplican en la sociedad» (87).

Experiencia Espiritual y Compromiso Comunitario

En los dos últimos capítulos, el Papa Francisco destaca los dos aspectos que «la devoción al Sagrado Corazón debe mantener unidos para seguir alimentándonos y acercándonos al Evangelio: la experiencia espiritual personal y el compromiso comunitario y misionero» (91). De hecho, el amor a los hermanos es el «mayor gesto que podemos ofrecerle a Él a cambio de amor» (167).

La Encíclica recuerda de nuevo con san Juan Pablo II que «la consagración al Corazón de Cristo «debe asimilarse a la acción misionera de la Iglesia misma, porque responde al deseo del Corazón de Jesús de propagar en el mundo, a través de los miembros de su Cuerpo, su entrega total al Reino». En consecuencia, a través de los cristianos, «se derramará el amor en el corazón de los hombres, para que se edifique el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia y se construya también una sociedad de justicia, paz y fraternidad» (206).

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