La regulación del tiempo en el trabajo es uno de los principales objetivos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Para trabajar en el extranjero, es fundamental conocer las condiciones laborales que ofrece cada país. Muchas personas de otras latitudes, como Latinoamérica, optan por buscar trabajo en estos países por sus buenas Condiciones Laborales.

Contexto Global de la Jornada Laboral

Según cifras de la OIT, en los países asiáticos las personas tienen jornadas laborales semanales más extensas. Por ejemplo, Tailandia tiene una jornada semanal de 84 horas, mientras en las Islas Seychelles la jornada alcanza las 74 horas semanales.

Un estudio comparativo realizado con la colaboración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo (Eurofound), abarca a 1.200 millones de trabajadores en los 28 países de la Unión Europea, Estados Unidos, China, Corea del Sur, Turquía y algunos países latinoamericanos. El 15 % de los trabajadores de la Unión Europea trabaja más de 48 horas a la semana, frente al 40% en China y Corea del Sur, y más de la mitad en Chile y Turquía.

Chile y la Jornada Laboral

La jornada laboral actual de Chile de 45 horas, es elevada comparada con la de otros países más desarrollados. Si se compara con los países de la OCDE, Chile es uno de los países que más horas trabaja al año. Según el informe “Una contribución a la discusión sobre la jornada laboral” del CEP (2017), el promedio de horas trabajadas en Chile es de 1.990 horas, mientras que el promedio de la OCDE es de 1.737 horas al año.

Este martes, el diario El País de España dio a conocer nuevos indicadores de la OCDE. Según esta información, Chile aparece como el cuarto país peor ubicado en la lista. Al comparar las horas de producción nacional con los que menos trabajan, la brecha se vuelve aún más lapidaria. Por ejemplo, en los Países Bajos, los empleados solo completan un total de 1.380 horas por día. Según la estimación, los países que menos horas trabajan al año, responden a un sistema diario que no supera las seis horas de jornada. Mientras, en Chile, los números se elevan a nueve, incluso más, horas de permanencia al día.

En Chile estamos acostumbrados a una jornada laboral que alcanza las 45 horas semanales, siendo el quinto país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) donde más se trabaja. Además, gran parte de los empleados se debe ajustar a horarios rígidos, fijados por de manera unilateral por las empresas, sin que sea tan común la modalidad de horario flexible.

La última disminución de la jornada laboral se aprobó en Chile en septiembre de 2001, bajando de 48 a 45 horas semanales. La primera semana de noviembre la Cámara de Diputados aprobó el proyecto que establece una jornada laboral de 40 horas. De aprobarse el proyecto actual, la reducción de la jornada se realizará gradualmente hasta llegar a 40 horas semanales.

Condiciones Laborales en Europa

Como base, existe la jornada completa de 40 horas semanales y la parcial de hasta 30 horas semanales. No se pueden superar las 2.080 horas al año, con lo que la media baja a 40 horas a la semana. Sólo hay contratos indefinidos o temporal. Las vacaciones mínimas son de 20 días, aunque la mayoría de empresas dan 5 días más. El salario medio promedia los €30.000 y los €34.000 al año. El despido debe ser justificado y notificado en tiempo y forma al trabajador.

Jornada Laboral en Estados Unidos

La jornada laboral en Estados Unidos suele ser de Lunes a Viernes de 9:00 a 18:00 Hrs con una hora de colación y dos descansos de 15 minutos. Dependiendo de la ciudad, el salario medio parte desde los US$8 a US$12 la hora para empezar. La jornada laboral es entre 38 y 40 horas. Es importante tener en cuenta que no existe trabajo seguro, y los empleados pueden ser despedidos sin problemas.

El Caso de Suecia

Si bien hay varios países donde ocurre algo similar al caso chileno, hay otros en los que la situación es completamente diferente. Éste es el caso de Tobías Holmqvist, un padre de familia de 37 años con dos hijos, que vive en Estocolmo. Según relató Tobías al diario español El País, su jefe le da la libertad para decidir a qué hora entra a trabajar y cuándo sale. Incluso puede decidir tener la tarde libre para pasar tiempo con sus hijos, y continuar laborando en la noche. “Si tengo asuntos pendientes, trabajo por las noches. Pero si no, no hago nada (…) A veces, si trabajo por la noche, al día siguiente voy tarde a la oficina o no voy, sobre todo si hace buen tiempo”, indica.

Asimismo, no necesita ir a la oficina, puede hacerlo desde su casa si lo estima conveniente, porque “no me compensa ir y volver si no tengo alguna reunión”. Mientras cumpla con los plazos establecidos y haga todo bien, su jefe no le hace problemas al respecto. “Trabajo 40 horas a la semana y cuando tengo mucha carga de trabajo hasta 50, pero mi horario es completamente flexible. Si no tuviera esta libertad, no trabajaría aquí”, recalca.

Otra característica que hace diferente a Suecia de nuestro país, es que allá nadie se queda en la oficina hasta pasadas las 17:00 horas, porque es mal visto. “Si estás obligado a quedarte hasta las 8, no hay incentivos para ser eficiente.

Los padres que tienen hijos pequeños tienen un beneficio adicional: el permiso por paternidad en esa nación dura alrededor de 480 días (16 meses) después de que nace un bebé, tiempo que obligatoriamente se tiene que distribuir de manera equitativa entre el papá y la mamá. Esto porque en Suecia nadie tiene niñera o nana para cuidar a los niños. Por el contrario, todos los padres consideran de vital importancia el pasar mucho tiempo con sus hijos y cuidarlos ellos mismos, tarea que se les facilita por el hecho de tener horarios de trabajo flexibles. Eso sí, Tobías aclara que no todo es “color de rosa”.

El jefe de Tobías, Jonas Strömfelt, explicó que el éxito del sistema sueco se basa en que la gente es responsable. “En general, cuando a la gente le das libertad, se vuelve más creativa (…) Este sistema es positivo si la gente es responsable. No todo el mundo encaja, hay gente que necesita que la controles.

Tabla Comparativa de Horas Trabajadas

País Promedio de Horas Trabajadas al Año (OCDE)
Chile 1.990
Promedio OCDE 1.737
Países Bajos 1.380

El Contexto Histórico y la Evolución de las Condiciones Laborales

Al referirnos al Racionalismo, hablamos de la época en la que la centralidad del pensamiento político-filosófico dejó de ser Dios y los pensadores empezaron a preocuparse de la naturaleza humana. Por cierto, justificar un sistema político como la monarquía absoluta, cuya razón de ser había sido la voluntad divina, se hizo casi imposible en el nuevo contexto. El filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) asumió este desafío y planteó que la naturaleza humana es depredadora, que el hombre sería “el lobo del hombre”.

El Contrato Social: Locke vs. Hobbes

El filósofo inglés John Locke (1632-1704) no estuvo de acuerdo con la visión sobre la naturaleza humana de Hobbes, pero concordó con él en la idea del Contrato Social. Locke pensaba que el hombre sí era capaz de vivir en comunidad y que era de naturaleza pacífica. Por ello, el contrato social “firmado” por él daría lugar a una sociedad y a un sistema político que se caracterizaría por un monarca que también estuviese sometido a una Ley y que esta Ley fuera formulada por los ciudadanos (potestad legislativa), haciendo uso de su soberanía. El monarca se limitaría a gobernar y hacer cumplir la Ley (potestades ejecutivas y judicial).

La Democracia Directa y Rousseau

El científico y filósofo suizo Jean Jacques Rousseau (1712-1778) solo tuvo palabras de burla para Charles de Montesquieu a quien acusaba de “descuartizar al soberano”. Rousseau asumió la existencia de una voluntad general en el pueblo y que esta puede y debe ser interpretada por el gobernante de manera directa y sin intermediaciones. Este gobernante contaría con un mandato imperativo que implica que solo ejercería su gobierno mientras el pueblo tuviera la convicción de que él está interpretando de manera correcta su voluntad soberana. Este pensamiento político entró a la historia como la Teoría de la Democracia Directa o Democracia Radical y está presente hoy en día en la diversidad de las formas de organización, por ejemplo, al interior del movimiento estudiantil.

Revolución Industrial y la Burguesía

La innovación científico-tecnológica es una de las responsables de una gran revolución. Realizada principalmente por hombres pertenecientes a la clase llamada Burguesía, esta innovación permitió superar gradualmente viejas formas y prácticas de producción de alimentos y productos manufacturados. La Burguesía, haciendo uso del progreso tecnológico (por ejemplo, el telar mecánico o la máquina de vapor), impulsó el desarrollo industrial en sus países, adquiriendo gran riqueza económica, mientras la nobleza permanecía anclada al tradicional modo de producción vinculado a la posesión de tierras cultivables y a la servidumbre. Una consecuencia de esta Revolución Industrial es que la enriquecida Burguesía ya no se conformaba con su rol de súbdito en una monarquía absoluta.

Las Revoluciones Liberales y el Surgimiento del Conservadurismo y Liberalismo

Si bien la Revolución Gloriosa de Inglaterra (1688) puede ser considerada como poco violenta, este no es el caso de otras revoluciones de tipo liberal-burgués como la Revolución de Independencia de los Estados Unidos de América (1765-1783) o la Revolución Francesa (1789/93). En reacción a lo sucedido en Francia, se constituyeron a comienzos del siglo XIX en toda Europa los primeros partidos políticos que representarían las dos principales corrientes de pensamiento político por el resto del siglo y protagonizarían sangrientas guerras civiles al final de él. El Conservadurismo lamentó profundamente la destrucción del poder de la monarquía, considerando que ello era sinónimo de la disolución de orden político naturalmente dado.

El Liberalismo y los Derechos Humanos

El Liberalismo de la época también pretendió anticiparse a cambios revolucionarios para prevenir la violencia asociada. Para ello, pone énfasis en los derechos de cada uno de los ciudadanos, plasmados en la Declaración de los Derechos Humanos y Civiles (1789) y en la 1era Constitución Política de la República de Francia (1791) que fija como forma de Estado una monarquía constitucional, es decir, una monarquía moderada y subordinada a una Carta Magna y controlada por una división de poderes. De esta forma, la Burguesía se libera de las restricciones propias de una monarquía absoluta y logra emanciparse frente a la antigua clase dominante, la aristocracia.

El Auge del Socialismo

La creciente industrialización provocó un aumento de las injusticias sociales y estructurales y al mismo tiempo fue creciendo la consciencia acerca de sus causas y consecuencias. La preocupación de estos autores por la “cuestión social” junto a su fe inquebrantable en el progreso tecnológico y la salvación a través de las ciencias, los hizo emprender un proyecto de transformación social. Robert Owen fue el primero en usar el concepto moderno de “socialismo” para expresar así su esperanza por una sociedad nueva, racional y cooperativa. En las fábricas hiladoras de su propiedad con hasta 2.200 trabajadores implementó medidas sociales y de seguridad laboral incomparables para su época. Creó bolsas de trabajo, seguros de cesantía y un sistema de trueque que evitaba ganancias para los intermediarios. Se convirtió en activista para implementar políticas sociales en toda Inglaterra y luchó por convencer a los empresarios de que este sistema de seguridad social garantizaba mayores ganancias al aumentar la productividad debido al bienestar de sus trabajadores. La pertenencia a la clase obrera (proletariado), campesina, burguesa (capitalista) o aristocrática dependía de la posición que se tenía frente a los medios de producción, es decir, si se posee o no. También depende de cómo cada uno obtiene su parte de la riqueza nacional. Las clases que son dueñas de los medios de producción se enriquecen, apropiándose de la plusvalía generada por los trabajadores asalariados.

Revisionismo y Socialdemocracia

Después de la muerte de Karl Marx en 1883, el político alemán Eduard Bernstein (1850-1932) propone revisar la teoría de Marx a la luz de las crisis económicas de la época. Bernstein es considerado el fundador del Pensamiento Revisionista y Socialdemócrata. Tanto el pensamiento socialista (marxista) como el pensamiento socialdemócrata (revisionista) están inspirados en la cuestión social y su objetivo es alcanzar una sociedad con justicia social. Lo que los diferencia y enfrenta es el camino para alcanzar esta meta. La teoría de Marx propone superar y sustituir el modo de producción capitalista, ya que genera injusticia estructuralmente al basarse en la explotación. En cambio, la teoría de Bernstein busca alcanzar una sociedad justa mediante el desarrollo y la humanización del capitalismo.

El Anarquismo

El pensamiento anarquista claramente comparte la preocupación por las condiciones de vida de los trabajadores, pero rechaza un argumento central del Socialismo Científico. Marx propone que los trabajadores deben tomar el poder mediante la revolución y convertirse en la clase dominante. Tal convicción de un gobierno de la mayoría entró a la historia con el concepto de “Dictadura del Proletariado” y es rechazado por el pensamiento ácrata y anarquista. Este propone la abolición de la dominación, cualquiera que sea, de toda autoridad, jerarquía o control social impuestos al individuo.

El Estado de Bienestar Bismarckiano

La cuestión social también era una preocupación para el primer ministro de la Monarquía Constitucional alemana, Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen, Príncipe de Bismarck y Duque de Lauenburg (1815-1898). El desarrollo industrial, la migración interna del campo a la ciudad y la concentración de obreros en los centros industriales y mineros no solo generaron una modificación significativa en la estructura social del país. Las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y sus familias eran precarias y la situación de pobreza en la que vivía la mayoría de la población se hizo insostenible. En este contexto, Otto von Bismarck inauguró, en 1878, una práctica del ejercicio del poder y del control social que se caracterizó por la creación de un sistema de Protección Social, al mismo tiempo que se reprimió severamente a las organizaciones obreras mediante la ley “contra las tendencias amenazantes de la socialdemocracia”. Esta ley, denominada “Sozialistengesetz“ o “Gesetz gegen die gemeingefährlichen Bestrebungen der Sozialdemokratie“ fue despachada por el parlamento el 19 de octubre 1878 y contó con los votos tanto de los conservadores como de los nacional-liberales. Trabajadores que seguían viviendo en la miseria y laborando en condiciones infrahumanas, lo que incluía a las mujeres y en muchas oportunidades a los niños.

La Legislación Laboral y el Código del Trabajo

Este proceso de creación de políticas sociales culminó en 1924 con la aprobación de la ley que se refirió al contrato de trabajo y que, junto con otras disposiciones sobre materias laborales, constituyó la base del Código del Trabajo. La legislación laboral fijó la jornada de trabajo en 8 horas, limitó y protegió el trabajo de mujeres y niños, creó la Inspección del Trabajo y reglamentó las negociaciones colectivas. Esta nueva legislación social y laboral constituía un marco legal dentro del cual debían operar tanto las organizaciones sindicales como aquellas empresariales, así como las de conciliación y arbitraje en el caso de conflictos laborales.

El Estado Liberal y la Economía

El Estado liberal implicaba una estricta separación entre economía y política. A diferencia de algunas décadas después, el Estado no era un actor económico, sino mero garante de las reglas del juego que permitían que operaran las fuerzas del mercado y la libre competencia de las élites económicas. Las estructuras económicas y comerciales internacionales favorecían a las economías de industrialización temprana, pero las economías periféricas, como las latinoamericanas, eran muy vulnerables a los desfavorables términos de intercambio. Los precios de las materias primas y de los productos agrarios en los mercados internacionales disminuían sistemáticamente y contrastaban con los altos costos de productos manufacturados. De esta forma, a nivel mundial, el volumen del comercio internacional se redujo paulatina, pero significativamente. Una decadente producción para la exportación en la periferia generó mayores índices de cesantía. La desocupación repercutió negativamente en el poder adquisitivo del mercado interno, generando un círculo vicioso que siguió aumentando el número de desempleados.

La Crisis de 1929 y el Fin del Estado Liberal

La caída de la bolsa de Wall Street en Nueva York el “martes negro” (29 de octubre de 1929) fue nada más que la consecuencia del agotamiento de un modelo de desarrollo (basado en las ventajas comparativas) del Estado Liberal, debido al colapso del intercambio comercial a nivel global. Chile fue particularmente golpeado por la crisis. Meses después de la caída de la bolsa (comienzos de 1931), los precios del principal producto de exportación chileno cayeron bruscamente. Como una consecuencia de la crisis económica, el comercio internacional había quedado paralizado, situación que fue agravada por el desarrollo de un procedimiento de elaboración sintética de diversos nitratos6 , entre los que se encontraba el nitrato de sodio, del que Chile había tenido prácticamente el monopolio mundial. En consecuencia, hacia 1933, el salitre desapareció como principal fuente de divisas del país. El cobre era otro mineral cuya importancia como fuente de divisas había crecido desde 1920; su precio cayó de similar manera, con lo que los valores de las exportaciones chilenas disminuyeron en un 84% en comparación con 1928-1929.

El Keynesianismo y el Nuevo Rol del Estado

Los diversos gobiernos del mundo reaccionaron de diferentes formas ante el desafío de reactivar las economías nacionales, pero en todos ellos se produjo un cambio paradigmático en sus economías nacionales: perdió vigencia -o al menos hegemonía- la teoría económica clásica de la no interferencia del Estado con los asuntos económicos. El pensamiento keynesiano, convertido en modelo de desarrollo, promueve una política de pleno empleo que tendría efectos estimuladores sobre la demanda, la que a su vez sería el factor clave para la reactivación económica, especialmente después de la crisis del 1929. En los Estados Unidos, el presidente Franklin Delano Roosevelt (1882-1945) se convirtió en el protagonista de este Nuevo Trato (New Deal, en inglés) que implicaba la promoción del crecimiento económico a través de inversiones estatales, financiadas de manera creciente por contraer una deuda pública. Otro pilar del pensamiento keynesiano es el rol fundamental del Estado en la prevención de las crisis económicas. Keynes pensaba que el Estado debía actuar cada vez que el ciclo económico lo requería. Cuando la economía crecía debía abstenerse de entrometerse, pero cuando decrecía, el Estado debía invertir y estimular las inversiones para amortiguar el impacto de la crisis. De esta forma, el Estado keynesiano es distinto al Estado de bienestar.

El Estado Intervencionista en Chile y el Fascismo

Con la llegada como Jefe de Estado de Pedro Aguirre Cerda, en 1938, las medidas de regulación estatal fueron profundizadas y el gobierno del Frente Popular inició la planificación de la economía nacional. El fascismo (el alemán, como el italiano y el japonés) utilizó tanto los principios del Estado de...

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