¿Qué pensamos cuando vemos a un colega regañando a otro por usar las redes sociales en el trabajo? ¿Que quiere beneficiarse a su costa, mostrando que es mejor empleado?
El castigo altruista: ¿Altruismo o beneficio propio?
Un estudio de la Universidad de Yale (Estados Unidos) liderado por Jillian Jordan ha investigado el muy común pero, a su vez, enigmático comportamiento de los humanos cuando buscan el perjuicio de otros, también conocido como castigo altruista. Estas circunstancias suceden a diario; por ejemplo, en las redes sociales, cuando un usuario responde de manera reprobatoria al ver una conducta de otro que considera indignante.
Una respuesta probable es que el 'castigador', en lugar de motivarse con razones altruistas, busca beneficiarse con esa conducta. A pesar de que esta conducta es 'costosa', ya que incluye la posibilidad de recibir una respuesta negativa del 'castigado', sus beneficios pueden ser más grandes que las consecuencias negativas.
La crisis política y la corrupción en el sistema capitalista
En momentos de “crisis orgánica”, donde caen los viejos partidos y representantes y surgen nuevos fenómenos políticos, así como también estos caen y resucitan los viejos, o surgen nuevas combinaciones, las disputas y tensiones entre diversos “bandos” (que se apoyan, a su vez, en diversas fracciones de clases sociales e instituciones del Estado), tienden a acrecentarse. Hay disputas hegemónicas abiertas desde la revuelta del 2019 y en eso el gran empresariado, su justicia y sus partidos actúan.
Por eso, hay que romper toda ingenuidad y hacer consciente que será la derecha y la ultraderecha de Kast la que buscará aprovechar el discurso “anticorrupción” para fortalecerse y avanzar hacia un programa de ataques contra el pueblo trabajador y hacia un nuevo gobierno derechista más ligado a sus propios intereses.
Por eso combatimos el discurso en apariencia neutral de “la lucha contra la corrupción”, pues es usado por parte de personeros que han construido un régimen de corrupción al servicio de las transnacionales y los grandes capitalistas. También en la vieja Concertación, y sectores que dentro del mismo Gobierno buscan sacar triunfos de esta crisis para debilitar a sus adversarios en el aparato gubernamental y ganar mejor posición de fuerzas.
Llamamos a los trabajadores, jóvenes y mujeres a desconfiar de estos verdugos al servicio de los grandes poderes, a no confiar en ninguna de sus acciones ni palabras donde buscarán renovar sus confianzas. Así también planteamos total desconfianza en todo el aparato de esta justicia para ricos.
Pretender que sea la Fiscalía y la casta judicial la que resuelva la corrupción es una ilusión reaccionaria. Hemos visto durante años como los fiscales, partiendo por el Fiscal Nacional, han usado la “justicia” al servicio de la defensa de intereses empresariales, o de sus propios intereses para escalar en la burocracia estatal, para lo cual deben tener el visto bueno en particular del Senado, esa casta oligárquica que funciona como administradora de los intereses capitalistas.
La jerarquía superior de la justicia por su parte, quienes ponen la última decisión en los casos particulares, ganan como gerentes, tienen cargos vitalicios y nadie los eligió. Fiscales y jueces están ligados por múltiples lazos a los dueños del poder.
Las figuras que emergen mediáticamente de esta casta en nombre del combate a la corrupción, son en realidad funcionarios que conspiran a favor de una fracción burguesa en contra otra. La “justicia” se ha transformado en un medio de la política y de las fracciones empresariales no solo para perseguir luchadores, como fue con cientos de casos de presos políticos encerrados por esos mismos fiscales y jueces; no solo para criminalizar la protesta y para perseguir el delito de los pobres mientras mantienen en la impunidad total a todo este régimen; sino que también como un medio para buscar imponer sus propios intereses en sus disputas hegemónicas.
Y no se trata solo un fenómeno local, sino internacional, desde países centrales como Estados Unidos hasta los vecinos Argentina y Brasil, donde la justicia de los ricos y poderosos se ha usado para hacer caer gobiernos, proscribir sectores, etc.
Pero al mismo tiempo, no se puede combatir toda esta hipocresía sin decir con total claridad que el caso “Democracia Viva” no se trata de errores ni “manzanas podridas”, y está relacionado al programa de Apruebo Dignidad de gestión del capitalismo dentro de una estrategia “institucional” usando los viejos mecanismos de los 30 años.
Y se vincula también a la propia trayectoria de este gobierno, que aliados a la vieja Concertación, le están abriendo el camino a la derecha y extrema-derecha, que su discurso quedó en pura gestión del neoliberalismo con algún “rostro humano” pareciendo una nueva Concertación, que han llevado a la colaboración con el viejo régimen y los empresarios, que han desmoralizado a su propia base social de millones con la renuncia a las medidas más progresistas de su propio programa y usar el programa de otros, como en la represión y las policías.
Esta crisis de RD y de todo el gobierno y Apruebo Dignidad, es el derrumbe de un programa de reformas a un capitalismo cada vez más en crisis; el derrumbe de un programa de auto-reformas del viejo régimen neo-pinochetista; el derrumbe de una estrategia de conciliación con los capitalistas y los partidos del régimen, que llevó primero a salvar a Piñera y frenar Revuelta del 2019, con el mentado Acuerdo por la Paz, y luego pasivizando la sociedad con la “vía institucional” donde los viejos dinosaurios restablecieron sus posiciones tras la recomposición del gran empresariado.
Es el derrumbe por último de una supuesta “ideología moral” que no pretende en ningún modo atacar las estructuras de explotación y opresión del capitalismo, sino “gestionarlas” en los marcos institucionales.
El capitalismo no funciona sin corrupción
Los analistas e ideólogos ligados a la derecha y al progresismo burgués salen a cobrarle al Frente Amplio que su discurso de “superioridad moral” y de “manos limpias” se vino al piso. Se soban las manos, pues la épica de recambio generacional quedó sin sustento. Se ubican como padres regañando a sus hijos.
En la base de este discurso, como intentó decir El Mercurio, está que el problema es la “naturaleza humana” y por tanto que la corrupción proviene de maldades individuales y de esa forma limpiarle la cara a toda la casta política capitalista y al régimen. La solución sería tener responsabilidad y experiencia en la gestión del aparato estatal.
Por otro lado, están quienes apuntan sus dardos al problema “institucional”. Todos los gobiernos entregarían millonarios fondos a fundaciones privadas, pero hay falta de regulación y fiscalización. Este discurso institucionalista apunta a revivir los grandes pactos políticos entre la derecha y la centroizquierda cuando saltaron escándalos de este tipo, previniendo una escalada a una crisis institucional más profunda.
Como cuando hicieron el 2003 con el acuerdo Lagos-Longueira en el caso MOP-Gate, o el caso Penta-SQP con pactos implícitos con la regulación del financiamiento de los partidos políticos. En ambos casos se busca hacer que caiga uno para salvar a todos, hacer algunas reformas y volver a legitimar un Estado que a ojos de millones, se muestra como corrupto.
Y es que la corrupción es absolutamente esencial en este sistema. El Estado constituye un aparato burocrático destinado a asegurar las condiciones para la hegemonía de la clase capitalista, para permitir que un puñado de grandes empresas y multinacionales vivan del saqueo de las riquezas naturales y de la explotación de millones.
Lo fundamental para los capitalistas no es la eficiencia, sino la ganancia, o más bien, eficiencia enfocada a la ganancia de los grupos empresariales. Por eso los distintos sectores capitalistas buscan formas que permitan obtener mejores ganancias a costa de corrupción y prebendas políticas, forma parte de la lógica económica para que el Estado funcione a su servicio.
Cuando no se trata de esto, el Estado y su burocracia sirven para sostener a los propios partidos, pues se trata de una pieza clave para mantener su dominio de forma más o menos estable, y así, irlos asimilando a la gestión de su sistema de explotación y dominación.
Pasó con partidos como el PPD, formados instrumentalmente, que en los años se fue transformando en un partido de burócratas enquistados en el aparato estatal y gestores de los buenos negocios privados. Tan así, que cuando perdieron el Gobierno y miles de sus “empleados” dejaron de ingresar fondos al partido, fueron directo a SQM.
Hay también el uso de los fondos estatales para mantener a partidos enteros. Y no hablamos solo de las platas por “legalidad” partidaria, donde son miles de millones a las cajas de partidos del régimen, o de las platas por votos, sino también de usar fundaciones y organizaciones para financiar a sus partidos y campañas, o para corromper dirigentes sociales haciéndolos funcionarios del Estado para la gestión de los conflictos.
En estos casos, se trata de una profunda integración al estado capitalista dependiente de sus recursos, transformándose así en gestores del aparato estatal que siempre beneficia a los grandes empresarios o los partidos del régimen, que acceden al uso de cuantiosos recursos fiscales, mientras las grandes mayorías ven sus necesidades siempre postergadas.
El Estado es una pieza clave para la gobernabilidad y la hegemonía político-ideológica. Esto no es solo el monopolio de la fuerza en los aparatos represivos (que los han fortalecido y gozan de una gran autonomía que les permitió, por ejemplo, defraudar miles de millones tanto en Carabineros como FF.AA), sino también un espacio para la búsqueda de cooptación y reparto de beneficios para militantes y bases electorales.
Para los partidos que se proponen gestionar y administrar el aparato estatal, tener un mejor reparto de esa torta es la base para la búsqueda de figuración, para la aspiración de ascenso y consecución de privilegios. Administrar el Estado a favor de los capitalistas los empuja a querer vivir como burgueses y si no, a usar el Estado para la integración de los movimientos a su seno y así pasivizarlos, desmoralizarlos, como también ha hecho el PC integrando sus sindicatos al Estado, buscando impedir cualquier atisbo de lucha y cuestionamiento.
Medidas radicales contra esta democracia y justicia patronal
Los liberales y la derecha hacen demagogia sobre la ineficiencia del Estado y el excesivo gasto público. Sin embargo, todos se oponen a bajarse el sueldo y ganar como lo haría, por ejemplo, una profesora. Ellos no quieren un Estado chico, quieren un Estado “fuerte” que reprima a todo quien desafíe la sacrosanta propiedad privada de los capitalistas, y un Estado “eficiente” para beneficiar a los grandes empresarios.
Tener un aparato burocrático afín a este objetivo es parte de la naturaleza de su proyecto. Para ellos “quitarle la grasa al Estado” no es otra cosa que recortar planes sociales y despedir a trabajadores del sector público, la gran mayoría que entrega servicios esenciales como educación y salud a cambio de bajos salarios. Detrás de su ideología no hay otra cosa que atacar derechos democráticos del pueblo trabajador.
Nosotros, socialistas, luchamos por una sociedad donde se inviertan las prioridades y la economía está al servicio de las necesidades sociales y no de las ganancias, y en esa pelea, luchamos para que sean las y los trabajadores junto al pueblo quienes gobiernen, a través de sus propios órganos de autoorganización democrática.
Por eso luchamos por un programa que apunte a poner fin a ese aparato burocrático que está al servicio de la minoría de grandes empresarios. Una medida básica que planteamos es acabar con los sueldos millonarios en todo el Estado y que todo político y funcionario gane lo mismo que una profesora o un trabajador calificado. Basta de sueldos millonarios.
Ninguna de las fuerzas capitalistas, ni tampoco el FA y el PC están dispuestos a esto, pues se adaptaron completamente a la gestión del estado burgués. Su “rebaja de la dieta” no es más que una medida simbólica.
Estos casos deben ser investigados por comisiones independientes donde participen los comités de vivienda y de pobladores, junto a sindicatos y obreros de la construcción, no por fiscales que usan el poder estatal como medios para sus intereses propios y de los poderosos. Donde no decidan jueces millonarios que defienden el sistema de justicia para ricos, sino donde se decida en base a jurados populares electos por sufragio universal, que sean revocables, sin privilegios y cobren lo mismo que un trabajador.
Hay que poner fin al sistema de justicia en beneficio de los millonarios, poner fin a la casta judicial no electa por nadie, que gana millones y viven como ricos.
Psicopatía en el liderazgo
Echa un vistazo a tu alrededor en la oficina. ¿Podrías clasificar a alguno de tus compañeros como psicópata? "Los psicópatas suelen obtener el poder mediante la intimidación y el acoso en lugar de a través del respeto", añade.
Un estudio reveló que, generalmente, los psicópatas dejan detrás de sí un enorme caos. Pero también hay algunos beneficios de ser un psicópata. Una forma común de saber si alguien es un psicópata o no es utilizando un listado llamado el Hare Psychopathy Checklist.
Pero aunque a veces duela, ser impulsivo puede ser positivo. Varios investigadores han encontrados lazos entre psicópatas y héroes. Asumir riesgos va de la mano de la innovación y el emprendimiento, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Cambridge.
"Generan muy buena impresión, consiguen ascensos rápidamente y también aumentos en su sueldo pero no son necesariamente buenos gerentes. Si eres muy suave la gente puede no respetar tu autoridad", señala. "Pero si eres demasiado dominante y no tienes buenas ideas, la gente te rechazará.
"La insensibilidad no es algo malo, pero en el contexto equivocado puede transformarse en crueldad. La intrepidez también puede ser ventajosa, pero en el contexto equivocado puede caer en la imprudencia.
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