En los primeros años del siglo XX, en los Estados Unidos, se desarrolló una corriente progresista y humanista que intentaba paliar lo que percibían como excesos de la gran industrialización, es decir, la superexplotación de decenas de miles de trabajadores que se incorporaban a las fábricas.
Numerosas organizaciones oficiales y no gubernamentales realizaban actividades de contención, investigación y difusión de la problemática social producida por el capitalismo en ascenso. Había un mercado incipiente para la fotografía social y Lewis Hine, que ya había dado muestras de su capacidad como fotógrafo, decide dejar la vida académica para dedicarse a documentar la problemática de la clase trabajadora.
Hine, a través de su trabajo, buscaba mostrar tanto las injusticias que debían ser corregidas como el valor de los trabajadores anónimos que hacían funcionar el mundo. Documentando las penurias del trabajador moderno, Hine seguramente confiaba en poder contribuir al mejoramiento en sus condiciones de trabajo, a “corregir” los excesos del capitalismo.
“Hay dos cosas que quería hacer: quería mostrar las cosas que debían ser corregidas, y quería mostrar las cosas que había que apreciar.” Y sin dudas, según leemos en el párrafo citado al comienzo, su interés era mostrar al mundo a esos trabajadores hasta ese momento anónimos, a esas mujeres y hombres que hacían que el mundo funcione.
El Legado de Lewis Hine
Su primer gran encargo proviene del Comité Nacional contra la Explotación Infantil (NCLC) para el cual realizó entre 1908 y 1918 una enorme tarea de seguimiento y registro fotográfico del trabajo infantil en granjas y plantaciones, fábricas textiles, minas y manufactureras de tabaco, de lo que resultará el corazón de su obra fotográfica.
Luego de ese gran trabajo viaja dos años a Europa contratado por la Cruz Roja para documentar la devastación luego de la primera guerra. Hace unos años en el Centro Cultural Borges, compuesta por más de 80 fotografías se pudo recorrer todas sus etapas: fotos de inmigrantes, de niñas y niños trabajadores, Europa en la primera posguerra, trabajadores ferroviarios, la construcción del Empire State.
En ellas no sólo impacta el valor documental de las imágenes, también los epígrafes que las acompañan:
- “Manuel, joven recolector de camarones, 5 años de edad y una montaña de conchas de ostras detrás de él. No entiende una palabra de inglés. Biloxi, Mississippi, 1911”
- “Newsies (canillitas) comenzando su jornada a la 1 de la mañana del domingo, durante una tormenta de nieve. Puente de Brooklyn.1908”
- “Viuda con sus hijos. Todos trabajan en un molino. Tyfton, Georgia.1908”
La Dignidad en la Lente
Hay algo importante en las fotografías que Hine realiza sobre la explotación infantil en Estados Unidos: los niños están fotografiados a su altura, y en general miran a cámara, con expresión seria y concentrada. No son victimizados, el autor los muestra agotados pero les permite enfrentar la lente en sus propios términos, los trata con dignidad y respeto.
Son las circunstancias del contexto, sus ropas y caras sucias, sumados al contundente epígrafe, lo que convierten a cada foto en una elocuente denuncia. Entre los rostros de niñas, niños y jóvenes, que muestran sus vidas duras con responsabilidades de adulto, y la resignación ante una realidad inevitable, se cuelan a veces las bromas o los juegos.
Sólo uno de los retratados muestra un rostro plenamente sonriente, “Harold Walker. 5 años. Condado Comanche. Gerónimo. Oklahoma. 1916.” Vemos sus ropas gastadas y sucias, las manos en los bolsillos y una sonrisa con dos dientes menos: se mezclan en la foto la niñez y la adultez.
El fondo muy desenfocado lo aisla totalmente de su contexto, resaltando la franca calidez de su sornisa. El autor intenta, quizás, protegerlo así de la dura realidad que le tocó vivir.
El Análisis de Raúl Beceyro
El cineasta, crítico y docente argentino Raúl Beceyro hace un interesante análisis de una de las fotos más difundidas de Lewis Hine, “Pequeña tejedora en una hilandería de algodón en Carolina. 1909”:
“De un lado está la máquina, el trabajo; del otro un ser humano que se ve obligado a trabajar...Él dice que la máquina quiere aplastar al ser humano y que el ser humano se le resiste. La fotografía es la historia de esa resistencia. El punto de cámara, ese paso al costado que ha dado el fotógrafo, establece toda la importancia de la máquina; pero al bajar cincuenta centímetros la altura de la cámara y al descender al nivel de los ojos de la niña, y además al poner en foco al personaje, en ese momento el fotógrafo se pone decididamente de su parte...Hine no subestima el poder de la máquina (del trabajo, del capitalismo, del dinero, del Estado) lo sabe enorme, y a su lado puede parecer irrisoria la resistencia de la niña.
Es posible, incluso, que esa niña que trabajaba en 1909 en una hilandería de Carolina haya sido, ella, vencida, pero sus pares, ellos, triunfarán. Puede pensarse que esa niña oprimida, sometida, humillada, momentáneamente vencida, es la representante de la clase obrera, y es sobre esa clase que la foto, finalmente habla” [1]
El Comienzo de la Fotografía Documental Social
En sus fotos de niñas y niños recolectando fruta, de jóvenes y adolescentes vendedores de diarios, de niños mineros, de trabajadores ferroviarios, Lewis Hine se pone claramente de su lado.
En su serie sobre la construcción del Empire State, muestra a los operarios arriesgando su vida en la construcción del rascacielos, a más de cien metros de altura. Allí también se pone del lado del trabajador, lo hace además, literalmente a su lado, compartiendo el riesgo, empuñando su cámara en las alturas.
La obra de Lewis Hine, representa seguramente el comienzo de la fotografía documental de índole social, campo en el que pocos años después se destacarán Dorothea Lange y Walker Evans. Es seguro que además de sus conocimientos sociológicos y su sensibilidad social y política, su innegable talento como retratista lo ha convertido en uno de los autores más importantes del siglo XX.
El Trabajo Infantil a Fines del Siglo XIX
A fines del siglo XIX, la actividad industrial urbana y minera, particularmente carbonífera y salitrera, comenzó a incorporar la mano de obra de niños y niñas bajo condiciones de trabajo que hasta entonces no se conocían, lo que motivó un debate sobre los efectos positivos y negativos que esto provocaba.
Las labores callejeras provocaron mayor rechazo, pero la solución más recurrente fue regular las diversas actividades como la venta de diarios y la limpieza de calzado, estableciendo límites de edad y la exigencia de escolaridad primaria.
Al parecer, fue el desarrollo social, económico, sus efectos sobre la distribución del ingreso y el aumento en las expectativas sociales, así como las políticas educacionales, las que finalmente redujeron las tasas de participación laboral infantil, a partir de los años sesenta y setenta.
Desde entonces, la mayor parte de los niños no ha vivido la experiencia del trabajo, por lo menos en forma regular y asalariada, hasta que abandona el período escolar o deserta en la etapa final.
Ejemplos Históricos del Trabajo Infantil
- Niños Mineros: En la zona del carbón del Golfo de Arauco abundaban los pequeños que trabajaban hasta 16 horas en las minas.
- Pequeños Mariscadores: En las fábricas de la costa, los pequeños trabajaban durante 4 horas limpiando los moluscos que se extraían durante el día.
- Limpiando Chimeneas: En Inglaterra, los deshollinadores se paseaban por las calles, aunque existían leyes que intentaban protegerlos.
- Fábricas de Vidrio: Niños laboraban en las fábricas de vidrio, realizando diversas tareas.
- Vendedores de Diarios: Jóvenes y adolescentes vendían diarios en las calles, a menudo en condiciones precarias.
Cronología de la Protección Infantil en Chile
La preocupación pública por la situación de los niños estuvo marcada por la cuestión social. Así, las políticas de bienestar de la época planteaban que la modernización del país dependía directamente del mejoramiento de las condiciones de vida de los seres más vulnerables y desprotegidos de la sociedad como los trabajadores, mujeres y niños.
El principal centro de interés político estuvo enfocado en disminuir la mortalidad infantil, lo que se logró bien avanzado el siglo. La vulnerabilidad que afectaba a los niños era tanto sanitaria, como moral y el alma de los menores era amenazada por la delincuencia infantil, las precarias condiciones de trabajo, el abandono de los padres y el uso "inapropiado" del tiempo libre.
En este contexto, varias leyes de protección a la infancia que buscaban controlar la marginalidad, el abandono y la delincuencia fueron promulgadas desde 1912, a las que se les sumaron las leyes laborales de 1924. A su vez, desde fines del siglo XIX, la educación primaria también comenzó a cobrar protagonismo y a ampliar su alcance.
Uno de los mecanismos para incentivarla fue la alimentación escolar, aunque con resultados insuficientes. Sin embargo, la cobertura se transformó en un objetivo explícito a partir de la promulgación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria en 1920, pese a que su aplicación se demoró varias décadas en concretarse.
| Año | Descripción |
|---|---|
| 1901 | Se crea el Hospital de Niños en Santiago (actual Roberto del Río). |
| 1908 | Se publica el primer número de El Peneca, revista infantil. |
| 1909 | Se funda la Asociación de Boy Scouts. |
| 1912 | Se promulga la Ley de Protección a la Infancia Desvalida. |
| 1920 | Se promulga la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. |
| 1924 | Se realizan las leyes laborales, que regulan el trabajo infantil asalariado. |
| 1928 | Se promulga la Ley de Protección de menores que crea los Tribunales de Menores. |
| 1979 | Se celebra el Año Internacional del Niño. |
| 1990 | El gobierno ratifica la promulgación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño. |
[1] Raúl Beceyro. Ensayos sobre fotografía. Ed. Paidós, Buenos Aires.
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