La reforma sindical del gobierno ha concluido su tramitación en la Cámara de Diputados y ha comenzado su discusión en el Senado. El título oficial del mismo es “proyecto de ley que moderniza el sistema de relaciones laborales” y en un largo mensaje de veinticuatro páginas nos ilustra acerca de los múltiples aspectos y bondades de tal modernización.
O como dice más suavemente el mensaje, “la redistribución del producto económico haciendo posible la participación de aquellos que han colaborado en su generación”.
El Fin del Reemplazo en la Huelga
En primer lugar, el fin del reemplazo en la huelga. Se prohíbe el reemplazo de los puestos de trabajo de los trabajadores en huelga.
Desde esta perspectiva dejada de lado, la prohibición radical del reemplazo es un atentado contra la libertad de trabajo de los empleados ajenos al conflicto, que tienen derecho a que el empresario les proporcione trabajo efectivo y también de aquellos otros que, estando desempleados o mal pagados, ven obstaculizada su libertad de contratación laboral.
Otro aspecto problemático es la restricción de la titularidad de la negociación colectiva en empresas con sindicatos.
Pero el análisis de la reforma indica que, además de “no estar preparado” para rellenar el enorme forado de cancha abierto en el lado de los trabajadores (discutiendo una negociación ramal ajustada, desburocratizando la negociación y la huelga, otorgando titularidad sindical sin ambages), Chile necesitaría nuevos dispositivos cuya regresividad ha sido afirmada por muchos decepcionados expertos de la propia concertación: pactos de adaptabilidad que permiten transar condiciones precarias a título de una flexibilidad que en Chile ya es extrema; establecimiento de servicios mínimos obligatorios durante las huelgas, cuya determinación judicializará el diálogo y favoreciendo los reconocidos mecanismos de desgaste sindical utilizados por los empresarios; suspensión de huelgas y dictación de reanudación de faenas por simple mandato de tribunales.
Contexto Histórico y el Movimiento Sindical Minero
Luego de un duro período tras la represión militar, el movimiento sindical minero se reactivó entrada la década de 1950.
Iniciada el 17 de marzo, tuvo una duración de 96 días, pudiendo prolongarse aún más si no hubiera ocurrido el devastador terremoto que asoló el sur de Chile. La Huelga Larga de 1960 tuvo un impacto local, nacional e internacional.
En las asambleas participaban hombres y mujeres. "yo iba adelante, muy adelante y tú mirabas hacia atrás, pero la mirada se perdía.
Las mujeres organizaron una delegación de coordinación para la evacuación, sumado a una comisión de médicos y asistentes sociales. Una despedida dolorosa vivieron las familias.
Así partieron en diferentes grupos, unos, primero en bus y luego en tren. En Valparaíso y Santiago se organizaron actos para su bienvenida y cuyo fin además era recolectar donaciones para la comunidad minera.
El impacto del terremoto hizo que la huelga si hiciera aún más insostenible. Finalmente, luego de tres meses de paralización, se llegó a un acuerdo con el gobierno que consistió en un reajuste de 17% (González, 1991).
Paralelismos Globales: Huelga en la Costa Este de EE.UU.
La huelga en la Costa Este y del Golfo de Estados Unidos, organizada por la International Longshoremen’s Association (ILA), duró solo tres días. Esta es la primera huelga desde 1977 y la mayor huelga en una terminal portuaria que se ha visto en cualquier parte del mundo en los últimos 100 años.
La USMX había presentado una oferta de última hora, que incluía un aumento salarial del 50%, mejoras en los planes de pensiones y mayores contribuciones a la atención médica.
El discurso de la ILA fue agresivo, subrayando que la mayoría de las compañías navieras son de capital extranjero y que sus ganancias no benefician a la economía estadounidense, perjudicando a sus trabajadores.
En promedio, Estados Unidos maneja unos 3,6 millones de TEU al mes, lo que equivale al 21% del volumen mundial de carga.
A pesar del acuerdo, el riesgo de una nueva huelga no ha desaparecido.
Semanalmente, las rutas desde Shanghái hacia Róterdam, Los Ángeles y Nueva York registraron caídas del 8,2%, 4,2% y 1,8%, respectivamente.
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