En el contexto del Día de la Mujer, es crucial analizar los cambios necesarios para alcanzar la igualdad de derechos de género. Uno de los aspectos fundamentales es la redistribución de roles y la incursión de hombres en trabajos tradicionalmente desempeñados por mujeres.

Trabajo Doméstico No Remunerado

El trabajo doméstico no remunerado es un área donde la desigualdad de género es particularmente evidente. Las mujeres destinan en promedio 3 horas más que los hombres diariamente al trabajo no remunerado, que incluye actividades domésticas, de cuidados, apoyo a otros hogares, la comunidad y trabajo voluntario.

Una política pública que se haga cargo del trabajo no remunerado es esencial, no solo para la no discriminación de la mujer, sino también para que podamos empezar a comprender el trabajo en su gran ciclo, que es el trabajo doméstico y el trabajo asalariado. El Estado debería ser garante de los cuidados para niños y niñas, tarea que ha sido relegada históricamente a las mujeres.

Eso puede solucionarse con mecanismos de cuidado en los espacios de trabajo y también avanzando en cuestiones básicas como el pre y post natal parental, para que así se establezcan leyes que resguarden el proceso de maternaje de las mujeres. Hoy día las mujeres en edad fértil no sólo somos víctimas de las Isapres, sino que también somos víctimas de nuestros propios espacios de trabajo.

Pero la solución no tiene que ver exclusivamente con políticas públicas, sino con cómo como comunidad consideramos el trabajo doméstico fundamental no solo para la producción de bienes y servicios, sino también para la reproducción de la vida. Es necesario hacer un proceso de socialización de los cuidados: que los hogares, las familias, las comunidades y los barrios podamos ejercer un trabajo mucho más comunitario en torno a la colectivización de los cuidados. Los cuidados son la base de la construcción social.

Datos Relevantes sobre el Trabajo Doméstico

  • El 50% de las mujeres en edad de trabajar se encuentran inactivas.
  • El 36% de las mujeres que se encuentran fuera de la fuerza de trabajo están en esta situación por razones familiares permanentes.
  • Desde 2010, más del 97% de quienes se declaran fuera de la fuerza del trabajo por razones familiares permanentes son mujeres.

La Mujer en el Mercado Laboral

El ingreso del mercado laboral femenino contribuyó con el 30% de la reducción de la pobreza extrema en América Latina. Sin embargo, persisten desigualdades salariales y de oportunidades. Las mujeres ganan un 29,3% menos que los hombres, lo que equivale en promedio a $187.000 mensuales.

En 2015 las mujeres ganaban $137.000 menos que los hombres. De esta brecha, $43.000 se explicaban por nivel de educación, experiencia laboral, oficio, cargo, tamaño de la empresa y rama económica en la que trabajan. Los $94.000 restantes no tienen otra explicación que discriminación.

Solamente un 8,1% de las mujeres percibe más de $1.000.000, cifra que sube a 13,8% en el caso de los hombres. Además, el 97 % de quienes trabajan en el servicio doméstico y 72% de quienes lo hacen en servicios sociales y de salud son mujeres.

El 70% de los cargos del poder Ejecutivo, Cuerpos legislativos y directivos públicos y privados los ocupan hombres. El 76% de los empleadores son hombres. La tasa de sindicalización de mujeres superó a la de los hombres con un 17,6% versus un 16,6%. Sin embargo, el 70,4 de las dirigencias son ocupadas por hombres.

Tabla: Distribución del Empleo por Género

Indicador Mujeres Hombres
Cargos del poder Ejecutivo, Cuerpos legislativos y directivos públicos y privados 30% 70%
Empleadores 24% 76%

¿Por qué las mujeres no tienen cargos dirigenciales?

Tiene que ver con que la comprensión que tenemos de liderazgo, es masculina. ¿Cuántas veces mandaron a la Bachelet a "ponerse los pantalones"? Si vas a una definición de liderazgo en un libro texto y en medios, o ves las imágenes asociadas al liderazgo, tienen características masculinas, que están mucho menos presentes en las mujeres: agresividad, conflictividad, individualismo, pragmatismo, no emocionalidad. Incluso en los campos laborales donde hay mayoría de mujeres, como en educación, quienes lo dirigen son varones. Las mujeres entran a puestos de subordinación.

Para acceder a campos de liderazgo, muchas mujeres tienen que pasar por procesos de masculinización. No es una opción consciente, es el modo de llegar arriba porque todas aquellas características que se asocian con lo femenino no son atractivas para este modelo. Y cuando una mujer llega a esas posiciones destacadas, es fuertemente criticada, se les exige mucho más que a los hombres, se hacen unos análisis tremendamente duros, se critica incluso su apariencia física y su vida personal: si son o no son madres, si tienen o no pareja, si por dedicarse a su carrera dejan a su familia de lado, cómo se visten, el pelo que usan.

Toda esta discriminación está invisibilizada, porque está disfrazada de natural. Pero hoy día se están cuestionando los supuestos que hay detrás de esa naturalización. ¿Cuál es el perfil de selección para cargos? ¿Qué conductas son premiadas en una organización? ¿Cuál es la distribución física en el trabajo? ¿Cómo se les exige ir vestidas al trabajo? Todas esas pequeñas cosas que parecieran ser neutrales al género, no lo son.

Condiciones Laborales y Pensiones

El 60,9 % del total del empleo femenino se crea en la economía informal, mientras que un 47,8 % en el caso de los hombres. Entre enero de 2010 y enero de 2019 se han creado 879.456 nuevos empleos para mujeres. De ellos, el 62,5% corresponden a empleos expuestos a condiciones de precariedad: sin contrato indefinido ni cotizaciones de seguro de cesantía, salud y pensiones.

El 94,3% de las mujeres tiene una pensión menor de $158.000.

Acoso Laboral y Sexual en el Trabajo

En el primer semestre 2018 la Dirección del Trabajo recibió 234 denuncias por acoso sexual en ambientes laborales, que representa un aumento del 51% respecto al año anterior.

La Reforma Laboral y sus Impactos

La reforma laboral ha sido criticada por mantener las negociaciones a nivel de unidades económicas, en vez de permitir la negociación por ramas. Esta reforma tampoco considera el trabajo doméstico, que actualmente no tiene una valoración real con respecto, por ejemplo, al PIB. No se contabiliza lo que ese trabajo femenino implica para la economía.

A eso se suma que todo lo que se está haciendo para flexibilizar las relaciones de trabajo y fomentar de esa forma el empleo de las mujeres, es para que ellas puedan conciliar su trabajo en las familias. Están mandando un discurso subliminal: "Para que las mujeres no se mueran de hambre, tienen que trabajar. Ya, busquemos y démosle oportunidades a los empresarios para que las contraten, pero hagámoslo de forma tal que ella pueda cumplir las tareas en su casa como madre y cuidadora y además las tareas del mercado".

Demandas de las Mujeres Trabajadoras

En el encuentro plurinacional de mujeres que luchan, de diciembre de 2018, se acordaron tres demandas principales:

  1. Trabajo digno, estable y seguro: igualdad de sueldos, fin al acoso laboral y sexual, acceso a salas cuna, fin a la discriminación por estar en edad fértil o ser madres, terminar con el subcontrato y el contrato a honorarios en el sistema público.
  2. Un sistema de seguridad social que termine con las AFPs y no contemple solo pensiones, sino también seguro de desempleo, salud digna y un sistema nacional único de cuidados que se haga cargo del cuidado de niños, niñas, personas de la tercera edad y personas enfermas.
  3. Un llamado a las mujeres a organizarnos para luchar por nuestros derechos, incluyendo a las trabajadoras domésticas no remuneradas.

Se busca un reconocimiento social e institucional al trabajo doméstico para que las mujeres que se dedican al cuidado de su hogar y su familia tengan, por ejemplo, pensiones dignas.

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