El servicio doméstico fue una de las ocupaciones laborales más importantes del primer siglo de vida de la República chilena, ya que llegó a emplear más del 10% de la población activa del periodo. La Colonia ya tenía una población inserta en estas funciones, entre ellas la esclavitud negra, abolida en 1826, pero el fenómeno se masificó con el siglo XIX.
Por una parte, la consolidación de un modo de vida de la elite, adaptado de los europeos, conllevó la necesidad de aumentar el servicio doméstico y especializar sus funciones, creando una jerarquía muy estricta entre sus diversos miembros, propia de la servidumbre de una casa de elite. Por otra parte, los sectores medios y populares también emplearon personas en el servicio doméstico, en general "sirvientas de mano" (sirvientas que acumulaban todas las funciones de gestión doméstica), además de nodrizas o niñeras para el cuidado de los niños.
A finales del siglo XIX, el uso de nodrizas empezó a ser criticado por los médicos, ya que las responsabilizaban parcialmente por la alta tasa de mortalidad infantil. Como sector laboral y social, el servicio doméstico fue en general considerado como una condición más que como una profesión, ya que no recibía una formación formal. A pesar de su peso numérico en la población activa, el servicio doméstico no logró ganarse un espacio en los debates sobre la cuestión social, por lo que quedó en gran parte marginado de los avances en materia de legislación sociolaboral y sindicalismo.
Existieron sin embargo instituciones que se preocuparon de su educación, protección y colocación laboral, como las Hijas de María Inmaculada para el servicio doméstico, una congregación española que llegó a Chile en 1913. Además de este sistema formal de colocación, los domésticos podían recurrir a agencias o a anuncios publicados en la prensa. Particularmente interesante resultaba, en Santiago, el diario "El Chileno" (1883-1924), también llamado "diario de las cocineras", que publicitaba anuncios del servicio doméstico en varias de sus páginas.
Los anuncios recalcaban la importancia de la recomendación, como parte de un sistema laboral basado en la confianza y la lealtad. Los procesos de modernización vividos por la ciudad en el periodo mencionado tuvieron como consecuencia un notable crecimiento urbano. Este aumento de la población condujo a que un número considerable de mujeres migrantes consiguieran empleo en las casas de la elite local a cambio de precarios sueldos y largas jornadas de trabajo.
La precaria regulación del trabajo doméstico potenció la dependencia, la permanencia de una estructura laboral que funcionaba en el trato “de palabra” y por ende una desprotección general de estas trabajadoras. Las empleadas domésticas sufrían, además, un alto número de incidentes relacionados con su seguridad, pues tal como en la actualidad, en el camino a su trabajo estas podían ser víctimas de atropellos de cocheros imprudentes, de ataques de perros o de calles en mal estado que provocaban accidentes con regularidad.
La situación hoy en día no ha cambiado mucho. Si bien sabemos que la legislación nacional protege a las empleadas de casa particular, las cifras de informalidad laboral, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para inicios del 2025, son alarmantemente elevados. Esta informalidad, permanente a lo largo de gran parte de nuestra historia, sigue contribuyendo a la desprotección de un amplio sector de trabajadores del país, por lo que su discusión y el debate de las condiciones en las que se desempeñan no se debe descuidar.
Hace una semana, el medio británico BBC publicó una entrevista a la socióloga francesa Alizée Delpierre, quien se infiltró en la casa de los superricos europeos convirtiéndose en una más de sus trabajadoras domésticas. La socióloga hizo un análisis sobre las prácticas de empleadores y trabajadores del servicio doméstico, lo que nos lleva a reflexionar sobre lo poco que ha cambiado el trabajo doméstico durante los últimos dos siglos.
La continuidad de las tradiciones cotidianas y familiares constituye uno de los principales roles que han definido la experiencia e identidad de las mujeres a lo largo del tiempo. Estas funciones han determinado modelos genéricos idealizados tanto para las mujeres trabajadoras, como las de élite. Sin embargo, vale destacar que estas actividades, más conocidas como labores propias del sexo, han recaído especialmente en manos de las mujeres de sectores populares, situación que ha sido explicada por las relaciones entre raza y género definidas en América Latina desde la Conquista.
Indígenas, negras, mestizas y mujeres de casta han conformando el contingente de trabajadoras domésticas, situación que da cuenta de las condiciones culturales que han definido las valoraciones sociales y la situación material de este sector laboral, y del trabajo femenino en general. Desde el siglo XX, el servicio doméstico ha sido una de las principales actividades asalariadas ejercidas por mujeres, grupo al que se le han reconocido distintas características socioculturales.
A pesar de su importante presencia, no fue sino hasta la década del sesenta cuando las trabajadoras domésticas comenzaron a organizarse de manera más constante. Frente a las desigualdades laborales que eran denunciadas por la clase trabajadora, ellas sintieron la necesidad de conformar un colectivo tendiente a promover mejores condiciones de trabajo, mejorar los sueldos, los contratos, definir la jornada laboral y obtener seguridad social, todos asuntos que permitirían una mayor valoración social de su actividad y su reconocimiento legal.
Si bien existen antecedentes anteriores de organización y lucha en el marco del movimiento general de trabajadores -principalmente a través de sindicatos como la Federación de Empleadas de Casa Particular que expresaba sus ideas por medio de su publicación Surge- un hito relevante de este proceso lo constituye la creación de la Asociación Nacional de Empleadas de Casa Particular o ANECAP en el año 1964, la que se mantiene vigente en la actualidad. La ANECAP, junto a la acción de otras asociaciones que durante 1980 se agruparon en la Comisión Nacional de Sindicatos de Casa Particular, logró decisivas reivindicaciones.
Hitos Legales y Organizacionales del Servicio Doméstico en Chile
| Año | Descripción |
|---|---|
| 1833 | Se decreta la Constitución de 1833, cuyo artículo 10 excluye el servicio doméstico de la ciudadanía activa. |
| 1849 | Se decreta la Ley sobre Hurtos y Robos. Si bien estaba destinada al control del bandidaje rural y al robo de ganado, se aplicó al servicio doméstico definiendo y castigando el "abuso de confianza". |
| 1855 | Se dicta el Código Civil, cuyos artículos 1987 a 1995 se refieren a las relaciones laborales entre el "amo" y el "criado doméstico". |
| 1867 | Se redacta un proyecto de reglamentación del servicio doméstico en la Municipalidad de Santiago. |
| 1874 | Se dicta el Código Penal que establece un agravio de penas para los delitos cometidos por miembros del servicio doméstico. |
| 1907 | Se dicta la ley 1990 sobre descanso de un día a la semana en la industria. |
| 1913 | Se instala en Santiago la Congregación "Hijas de María Inmaculada para el servicio doméstico". |
| 1917 | Se dicta la ley 3321 sobre descanso dominical, la que excluye el servicio doméstico de este derecho. |
| 1921 | Se funda el "Consejo Federal número 19 de empleados de casas particulares", al alero de la Federación Obrera de Chile. |
| 1924 | Se dicta una serie de leyes, relativas a la legislación social, que excluyen al servicio doméstico de sus beneficios (contrato de trabajo, indemnizaciones por accidente del trabajo). |
| 1925 | Se decreta la Constitución de 1925, que restablece a los integrantes del servicio doméstico como ciudadanos activos. |
| 1926 | Se funda el Sindicato Autónomo de Empleados de Casas Particulares de ambos sexos. |
| 1931 | Se dicta el Código del Trabajo, cuyo título VII incorpora al servicio doméstico, por primera vez, a una legislación laboral y reconociendo su actividad como asalariada. |
| 1939 | Se funda el Sindicato Profesional de Empleadas de Casa Particular, compuesto solamente por mujeres. |
| 1964 | Es creada la Asociación Nacional de Empleadas de Casa Particular (ANECAP). |
| 1973 | Se conforma el Sindicato Único Nacional de Empleadas de Casa Particular. |
| 1988 | Se funda la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO), en la cual Chile participa desde su creación. |
| 1990 | Se dicta la Ley N° 19.010 que reconoce a las trabajadoras de casa particular una indemnización por despido sin importar motivo, equivalente al 4,11% de su remuneración mensual. |
| 1998 | Se dicta la Ley N° 19.591 que reconoce a las trabajadoras de casa particular como beneficiarias del fuero maternal. |
| 2000 | Se realiza en Santiago el primer Congreso Nacional de Trabajadoras de Casa Coordinadora nacional por iniciativa de organizaciones de las trabajadoras de casa particular de todo Chile. |
| 2008 | Se dicta la Ley 20.279 de Reforma Previsional que iguala la remuneración mínima de las trabajadoras de casa particular con la del resto de los trabajadores. |
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