Uno de los reclamos más recurrentes contra el sistema de pensiones son las bajas pensiones que se entregan, siendo muy insuficiente para mantener una vida digna, forzando a muchos adultos mayores a tener que seguir trabajando o a vivir en la pobreza y la marginalidad. Sin embargo, se ignora el hecho de que los sistemas de pensiones no llevan más de 100 años en nuestro país y un poco más de un centenario en el mundo, en donde los diferentes sistemas han sido siempre imperfectos y su financiamiento ha sido un constante tema de debate. ¿Qué nos dice la historia?

Orígenes de los Sistemas de Pensiones

Hace 120 años, y con el propósito de promover el bienestar de los trabajadores y evitar un levantamiento social que pudiera llevar al socialismo, la Alemania de Otto von Bismarck se convirtió en el primer país del mundo en tener un sistema de pensiones para el adulto mayor. El Canciller (1871-1890) Otto von Bismarck, es considerado el padre de los sistemas de seguridad social en el mundo.

Tras la Primera Guerra Mundial, los sistemas de seguridad social para los trabajadores y los adultos mayores se desarrollaron rápidamente en varias regiones, y la protección social se incluyó en los programas de los organismos mundiales recientemente creadas, como la Organización internacional del Trabajo (OIT).

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) es un organismo especializado de las Naciones Unidas que se ocupa de los asuntos relativos al trabajo y las relaciones laborales. En 1944, la histórica Declaración de Filadelfia de la OIT realizó, entre otras cosas, un llamamiento en favor de la aplicación de las medidas de seguridad social y al estudio de los problemas comunes relativos a la administración de los sistemas de pensiones. Al año siguiente, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo artículo 22 reconoce que “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social”.

Historia en Chile

En nuestro país, la historia de la seguridad social y los sistemas de pensiones, comienza en 1924 cuando se establece una Política Pública de Previsión Social, la primera de su tipo en América Latina. Dicho sistema fue llevado adelante por casi 60 años, mediante las Cajas Previsiones, en donde cada una establecía las condiciones de afiliación y cobertura, y los recursos iban a un fondo común con el cual se financiaban las jubilaciones. Dicho sistema asignaba el monto de la pensión, considerando los aportes del empleador, los recursos estatales y un porcentaje del suelo de los trabajadores.

Producto de una supuesta inviabilidad a largo plazo de las Cajas de Previsiones, en 1980 la dictadura instauró el modelo de “capitalización individual”, o “ Sistema de AFP” mediante la Ley 3.500, estableciendo un mecanismo de financiamiento de carácter personal, a partir de los ahorros que cada trabajador realiza durante su vida laboral. Sistema que fue exportado a varios países en el mundo, especialmente en América Latina y Europa Oriental.

Sistemas de Pensiones Actuales en el Mundo

Aunque cada país tiene una legislación que es especial y única, alrededor del planeta existen elementos comunes en todos los sistemas de pensiones, por lo que es posible separarlos en tres grandes categorías: de reparto, de capitalización individual, y mixto.

Capitalización Individual

En este sistema, el que existe actualmente en nuestro país, funciona mediante el ahorro individual de cada afiliado, en donde mes a mes los afiliados ponen parte de su sueldo en cuentas individuales que luego son invertidas en la bolsa y otras inversiones para que ganen rentabilidad. Bajo este sistema la pensión final depende de cuánto se haya aportado durante la vida laboral y la rentabilidad del fondo acumulado, los cuales son administrados por instituciones privadas, como las AFPs.

Este sistema además de ser utilizado en nuestro país es el que rige para Perú y Australia. En el caso de Perú, gracias a una reforma de abril de este año, los pensionados pueden retirar hasta el 95,5% de los fondos de AFP. En ese país además, existen dos sistemas de protección social, uno de carácter público (Sistema Nacional de Pensiones, SNP) y el otro privado (Sistema Privado de Pensiones, SPP), otorgando ambos niveles de cobertura similar.

En el caso de Australia, los trabajadores cotizan el 9% de sus sueldos, a lo que se suman aportes voluntarios de los beneficiarios y un fondo de seguridad que financia el Estado, mediante la entrega de un “premio” a los trabajadores de bajos ingresos que hayan cotizado en sus fondos de manera regular. A diferencia de Perú y nuestro país, en Australia existen muchas cajas administradoras de fondos de pensiones, habiendo alrededores de 500 mil de esas entidades.

Reparto

Este sistema, funciona mediante el financiamiento de las pensiones con los aportes mensuales obligatorios que realizan los trabajadores activos para pagar las pensiones de los jubilados, esperando que cuando estos tengan que jubilar, sea la gente en edad laboral los que aportarán al sistema. En este modelo puede ser el Estado o entidades privadas quienes administren los fondos de pensiones.

Es el modelo de países como Dinamarca y EE.UU. Dinamarca es probablemente el más exitoso exponente de este sistema, puesto que el Estado garantiza altas jubilaciones, no sin antes haber cobrado una alto impuesto a los trabajadores activos. En este sistema, la pensión pública básica es de un máximo del 17% del salario medio y solo se recibe tras haber cotizado durante 40 años, siendo los 67 años la edad mínima de jubilación .

En el modelo danés las aportaciones individuales en fondos privados son permitidos, pero quienes no cuenten con este tipo de ahorro, el Estado le subvenciona ciertas medicinas o le otorga reducciones de impuestos. El caso de EE.UU es uno menos generoso. El modelo norteamericano ofrece jubilaciones mínimas muy limitadas, solamente para evitar que los adultos mayores vivan en la miseria, esperando que sean las personas o la empresas en donde trabajan la que ahorre o invierta para su jubilación o para la de sus trabajadores.

Mixto

Este sistema es también conocido como tripartito. Se combina el aporte del Estado con el ahorro privado a través de planes individuales y aportes de los empleadores, según el convenio que exista entre los trabajadores y la empresa. El más reconocido exponente de este modelo es Nueva Zelanda, en donde su sistema de carácter universal, busca incluir a todas las personas en edad de jubilar mediante impuestos a la población activa y un sistema de ahorros voluntarios subsidiados por el Estado, para complementar el monto de las pensiones, financiado con aportes del empleador y los trabajadores.

Con el objetivo de incentivar el ahorro voluntario en los diferentes esquemas que existen, el Estado aporta con mil dólares neozelandeses (equivalentes a unos 500 mil pesos chilenos, y que va ganando rentabilidad ) una vez que el trabajador entra al sistema, además de devoluciones de impuestos y ayudas para la compra de la primera vivienda del cotizante. A diferencia del sistema de pensiones de la mayoría de los países, en Nueva Zelanda la jubilación no se entrega mediante una pensión mensual, si no que se recibe una única suma global una vez que se alcanza la edad de jubilación a los 65 años, existiendo la posibilidad de retirar anticipadamente el dinero de los ahorros voluntarios con el objetivo de comprar una primera vivienda, enfrentar dificultades financieras, costear una enfermedad grave o para emigrar permanentemente del país.

Otro ejemplo de un país con un modelo tripatripo es Suiza, en donde las cotizaciones son obligatorias para los mayores de 20 años, con contribuciones que se dividen en partes iguales entre el empleador y el trabajador, mediante descuentos del sueldo. Existiendo también planes de pensiones privadas, los cuales son promovidos mediante beneficios fiscales, en donde las contribuciones se deducen del impuesto sobre la renta, y la cantidad a percibir está determinada por el tipo de póliza que se elija. Por su parte, la pensión pública de cada jubilado, se calcula según la media de ingresos y la cantidad de años que la persona ha contribuido al sistema. Con este, la pensión es recibida solamente si la persona ha contribuido al sistema el mismo número de años que otros que han nacido en su mismo año.

Desafíos Futuros para los Sistemas de Pensiones

Un informe de la unidad de políticas públicas del Citigroup en EE.UU. advierte a los problemas de financiamiento de los sistemas de pensiones, no solo en los sistemas de reparto, sino que también los privados, los cuales podrían entrar en una severa crisis en los próximos años si no se realizan cambios importantes. Para ambos casos, el problema fundamental es el mismo: alrededor del mundo la gente está viviendo cada vez más tiempo, pero ni los individuos, ni los estados, ni las empresas están ahorrando lo suficiente para cumplir con los compromisos con la población de la tercera edad y los que se están acercando a ella.

Y es que tanto en Chile como en el resto del planeta los sistemas previsionales han sido impactados por una serie de transformaciones en las últimas décadas, pues además de una mayor expectativa de vida, hoy en día se están llevando adelante profundas transformaciones en el mercado laboral, tales como: la flexibilidad laboral, la incorporación masiva de la mujer al trabajo y el desempleo juvenil, lo que requerirá adaptar los sistemas de protección social a las nuevas realidades y necesidades.

El Caso Australiano

Con un 9 por ciento del sueldo de cotización por parte de los empleadores, se inicia el proceso de capitalización individual que tiene el Sistema Australiano de Ingresos de Jubilación. Además de esta base obligatoria, agrega aportes voluntarios a través de una gran cantidad de empresas administradoras de fondos o seguros.

El primer pilar es la pensión por edad promedio, consiste en que en función de los recursos obtenidos durante todos los años de cotización, se introduce un aporte estatal, es decir, proporciona un ingreso básico a aquellos que tengan activos menores al umbral mínimo de pensión, establecido por ley en 1908. Para Julie Agnew, investigadora del Center for Retirement Research del Boston College, en un artículo publicado en 2013, aquellas personas que están por encima del umbral no tienen, o se les elimina este beneficio.

Conocido también como la “Garantía de Jubilación”, requiere que los empleadores hagan un aporte a la jubilación de sus empleados de un 9 por ciento de su salario. Según un estudio realizado por el Departamento del Tesoro Australiano, ello debería aumentar progresivamente al 12 por ciento el año 2020. Para Agnew, el 90 por ciento de los australianos tiene sus ahorros en ese fondo, cuyo total general excede el Producto Interno Bruto (PIB) del país. Es por eso que a partir de 2005 los empleados pueden escoger los fondos de su jubilación. Es decir, si se invierten en activos, bonos, bienes raíces o en alternativas de capital privado.

Este pilar conocido también conocido como el “sacrificio salarial” es el ahorro que se realiza fuera de los fondos con ventajas fiscales. Si bien la tendencia determina que a medida que las contribuciones de jubilación aumenta, el ahorro voluntario no necesariamente se incrementa, para Agnew en Australia es de conocimiento común que en la medida que se hagan más sacrificios salariales, mejor se construirá la jubilación a futuro.

Asimismo, la investigadora agrega que es necesaria la realización de asesorías a los trabajadores para que tomen mejores decisiones en función de su ahorro voluntario. De esta manera, el sistema de ingresos de jubilación de Australia ha producido altos niveles de ahorro individual, sumado a un costo relativamente bajo para el gobierno.

Según Hazel Bateman, experto australiano en un artículo publicado sobre este modelo, ningún sistema es perfecto. La experiencia australiana fundamentada en tres pilares fue analizado por César Galleguillos, cientista político experto en sistemas de seguridad social del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, quien lo valoró por incentivar al ahorro. “Cumple su cometido en cuanto a que crea la percepción de que la base de una buena jubilación está en el ahorro y que todo lo demás es compensación, y no al revés.

En cuanto a la posibilidad de que el Estado ponga un dólar, por cada dólar aportado por una persona que no alcance el umbral de pensión, el experto se mostró de acuerdo con algo similar en nuestro país. “La capacidad fiscal de Australia es mayor que la que tenemos en Chile. Pero también sucede que las jubilaciones no son el eje central de los sistemas de previsión social, las prestaciones son solo una parte de un conjunto de otros aspectos como salud, educación, derecho a trabajar, etc.

En su conclusión, Galleguillos valoró el Super de Australia como un sistema bien administrado. “En Chile tenemos algo similar, porque una parte importante de la capitalización proviene del presupuesto público. Esto nos demostraría que el aporte privado es importante, pero también que el Estado no es mejor administrador que los privados.

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