Entendiendo que todas las personas somos en esencia seres sociales, se comprende la importancia que tiene para un estudiante poder formar un grupo en su ámbito de estudio o en su vida cotidiana. Desde esta perspectiva, es mucho más productivo y eficiente que las personas realicen sus actividades en grupo, y no individualmente, sin embargo, no se debe abusar de esta forma de organización.

Lo más importante es que los docentes potencien el desarrollo de actividades tanto individuales como grupales, variando las formas de agrupar a los estudiantes, de acuerdo con los objetivos que se persiga con la actividad. Un grupo no es sólo un conjunto de personas, sino que estas se reúnen para lograr una tarea común, algo que resolver. Además los trabajos en grupo promueven el sentido de pertenencia proveyendo de modelos, normas, valores, etcétera.

Lo mencionado es esencial porque todo ser humano necesita de la compañía de otros; es relevante que cada miembro sea aceptado por los otros gracias a sus características individuales ya que todos tienen la necesidad de estima, es decir, ser apreciado por el grupo. Debido a esto, se puede decir que realizando las actividades en forma grupal los estudiantes pueden llegar a lograr lo mencionado ya que tienen un doble ejercicio: además de realizar la tarea pautada, tienen la posibilidad de conocerse porque se establece una interacción profunda entre ellos centrada en la comunicación que es la herramienta más importante, y gracias a ella se potenciará la cohesión. La suma de estos factores permitirá tener la conciencia de pertenecer, de confirmación por los otros miembros y de estima.

En el siguiente apartado compartimos diferentes formas de agrupamiento susceptibles de aplicar en las clases de cualquier asignatura, ya que son una vía para enriquecer los contextos de aprendizaje con interacciones sociales centradas en el conocimiento. Es importante que se utilicen diferentes estrategias de agrupamiento para aprender a trabajar de forma individual y en equipo, con compañeros diferentes, como lo tendrán que hacer a lo largo de la vida.

Tipos de Agrupamientos

Uno de los recursos que permite aportar diversidad en la forma de trabajar en el aula es el agrupamiento de los estudiantes, lo que favorece que interaccionen de forma diferente y con compañeros distintos.

Gran Grupo

O grupo de clase.

Grupos pequeños

La clase se divide en pequeños grupos, de diferente tamaño o naturaleza en función del objetivo que se pretenda lograr con él. En cuanto al número de componentes, es preferible que cada grupo lo formen entre 2 y 6 miembros, para asegurar que todos tengan la oportunidad de participar activamente. Dado que la forma de agrupamiento se puede variar al cambiar de actividad, los equipos pueden mantenerse estables, pero también es recomendable rotarlos cada 2 ó 3 semanas.

Grupos Afines

Para realizar ciertas tareas, se puede dividir la clase en grupos afines en función de su nivel de conocimientos previos, intereses o capacidades, de tal forma que se pueda asignar a cada grupo tareas en las que todos puedan aportar y aprender. Cada grupo tendrá que desarrollar tareas y llegar a un resultado diferente en función de lo que ya saben y lo que pueden aprender.

Ejemplo: Cuando se estudie el tema del Sistema Solar, la clase puede dividirse en grupos de cuatro o cinco personas. Todos tendrán que trabajar sobre este contenido: sus nombres, orden, tamaño; buscar imágenes, dibujarlos, hacer un mural del sistema o un móvil poniendo los nombres a cada uno de los planetas,. Otros podrán trabajar sobre lo que ya saben pero añadiendo profundidad y complejidad en el tema: historia de cada planeta, su descubrimiento, tamaño, composición, distancia, órbita.

Grupos Heterogéneos

Otra forma de agrupamiento consiste en crear equipos en los que haya estudiantes con diferentes capacidades, desde aprendices a expertos en un tema o con diferentes niveles de habilidad. Estos grupos pueden ser estables para que aprendan a trabajar juntos, pero también es interesante hacer grupos heterogéneos nuevos para que los estudiantes puedan conocer y trabajar con diferentes compañeros, tratando de que vayan rotando y que participen en el equipo compañeros con diferentes capacidades o niveles de aprendizaje.

Para formar los grupos heterogéneos puede utilizarse la selección al azar. Otra fórmula consiste en hacer un listado de los estudiantes en función de su nivel de competencia respecto del tema que se va a trabajar. Una vez hecha la lista, componer los grupos de forma que, en todos ellos, haya estudiantes con todos los niveles de habilidad. Un ejemplo más elaborado, lo aporta Silversides (en Kagan, 1992 y Gregory y Chapman, 2002), utilizando un sistema de círculos concéntricos, en el que se incluyen los nombres de los estudiantes según su nivel de destrezas o competencias en un tema, materia o tipo de actividad.

Ejemplo: Sistema de círculos concéntricos.

Grupos de Interés Común

Otra opción a poner en práctica supondría permitir trabajar en grupos de interés común. Varios estudiantes pueden tener interés en una temática o en un aspecto de un tema, por lo que permitir esta forma de agrupamiento puede responder mejor a sus intereses, y determinaría que el estudiante se implicara más en el aprendizaje. Poder buscar información, hablar sobre el tema, discutir, indagar. Los estudiantes pueden ayudarse unos a otros en tareas específicas. De esta manera el que tutoriza aprende y asume una responsabilidad para con el otro.

Gestión de Aulas con un Elevado Número de Alumnos

El tema de la cantidad de alumnos dentro de una sala de clases se ha discutido largamente. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha investigado cómo varia el número de alumnos por clase en el mundo y cómo afecta esto en su aprendizaje. Entre los años 2000 y 2009, fueron muchos los países que invirtieron en reducir el número de alumnos por aula, pero según la OCDE el resultado respecto de la mejora en el desempeño académico fue apenas imperceptible. De hecho aseguran que lo que realmente mejoraría los resultados académicos es la mejora de la calidad de la enseñanza, en concreto el nivel del profesorado.

A pesar de que el ideal para cualquier profesor o profesora es tener un curso con un número de alumnos reducido para atender de mejor manera a cada uno y dedicarle un tiempo significativo a los procesos individuales, sabemos que la realidad es otra. Gran parte de los colegios, escuelas y liceos está conformado por cursos numerosos, por lo que la necesidad es lograr que, a pesar de ello, todos los estudiantes puedan aprender y desarrollarse al máximo.

A continuación se destaca una serie de consejos para gestionar un aula con un elevado número de alumnos:

  1. Planificar las clases muy bien: Esto es fundamental en las clases con muchos alumnos. Es importante programar y saber qué van a hacer los estudiantes a continuación. Los tiempos muertos equivalen a distracción e inicio de la disrupción en el aula.
  2. Transformar la clase en pequeños grupos de trabajo: Aplicar estrategias para estructurar pequeños grupos de trabajo (aprendizaje cooperativo, basado en proyectos, etc.).
  3. Controlar el tiempo: En un aula con tantos estudiantes, es fácil que el tiempo de una actividad se descontrole.
  4. Modificar la colocación de los sitios en el aula: Posicionar a los estudiantes con un peor rendimiento académico en los sitios más cercanos al profesor y a la pizarra.
  5. Permitir que todos participen: A menudo, en aulas concurridas, los estudiantes menos participativos tienden a ocultarse en el amplio número de compañeros y compañeras que participan antes que él o ella. Utilizar actividades, ejercicios o metodologías que fomenten la participación de todos y todas es muy necesario en este tipo de aulas.

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