El Trabajo Social es una carrera orientada a la generación del bienestar en personas y comunidades. En Chile existen trabajadores y trabajadoras sociales cuya actividad profesional se desarrolla en espacios públicos, privados e instituciones sin fines de lucro.

En las últimas décadas se ha debatido arduamente sobre las posibilidades y méritos del Trabajo Social para optar al reconocimiento de su carácter disciplinar, lo que -a juicio de sus defensores- vendría a superar las justificaciones ideológicas y tecnológicas. Paralelamente, ha estado en juego su definición como carrera profesional de rango estrictamente universitario.

Ambas aspiraciones se han articulado en torno a un renovado interés por otorgar un lugar de relevancia al conocimiento científico en su quehacer, incorporando acciones de sistematización, investigación y construcción de teoría. En ese espectro temático se suscita la discusión sobre la pertinencia de una epistemología regional para el Trabajo Social.

Epistemología del Trabajo Social

La intención de abordar el análisis epistemológico del Trabajo Social no es nueva. En 1983, Boris Lima publicó la tercera edición del libro que tituló Epistemología del Trabajo Social. En el prefacio explica que en el transcurso de dos décadas de labor profesional fue tomando conciencia del vacío que existía en torno a la explicitación del sustento científico del Trabajo Social.

Para dilucidar ese vacío se fue internando en el ámbito de la epistemología en busca de una fundamentación que confiriera "razón de ser" a la disciplina. En palabras del autor: "...las respuestas al por qué del Trabajo Social deben buscarse en un marco amplio -en el plano histórico y epistemológico- y no exclusivamente en los linderos de su propio hacer.

La epistemología trata de la teoría del conocimiento científico y como tal debe comprender sus problemas, métodos, técnicas, estructura lógica, examen de las categorías e hipótesis en la investigación. La "novedad" que se estaba produciendo en las postrimerías del Siglo XX era el creciente número de estudios que buscaban elucidar el rol "del conocimiento científico en el Trabajo Social, a su práctica, a sus métodos, a su lógica, a su ideología o a su fundamentación filosófica".

Recientemente otras voces se han sumado a este reclamo. Así, Estela Grassi de la Universidad de Buenos Aires, reconoce: "el trabajo social ha tenido una relación conflictiva con el conocimiento, del cual la teoría es la expresión sistemática. Esta conflictividad se expresa, entre otras cuestiones, en que se ha llevado al extremo una forma dicotómica de pensar la realidad que separa radicalmente realidad-teoría y discurso-acción.

Pero la teoría pretende ser una interpretación válida de la esencia de los fenómenos, es decir, de aquello que trasciende lo inmediato, lo evidente, lo concreto sensible, para ubicarlos en estructuras históricas. Por eso la teoría está obligada a explicitar o validar sus supuestos y sus proposiciones sobre la realidad.

Grassi sostiene que lo conflictivo de esta relación se hace evidente en la muy socorrida queja -que aún hoy hacen algunos profesionales- de que la formación recibida en las aulas sería muy teórica. La tácita "creencia" que está en la base de ese lamento es que la teoría sería invalida por que no cumple con la expectativa de identificar la totalidad de los problemas cotidianos "bis a bis".

Ingenuamente, algunos esperan que el conocimiento organizado teóricamente sea isomórfico respecto de cada uno de los fenómenos cotidianos. De aquí se pasa, fácilmente, a la conocida perogrullada que se enuncia en tono magistral: "una cosa es la teoría y otra cosa es la práctica".

Con estos pueriles argumentos se pretende justificar una supuesta dicotomía intrínseca entre la teoría y la práctica, facilitando de ese modo, la ingerencia subrepticia de supuestos ideológicos en torno al conocer, definidos desde particulares opciones (o "paradigmas"), que influencian el ejecutar de la práctica profesional. Esta actitud contiene la paradoja de que no pone en cuestión las teorías implícitas a partir de las cuales el trabajador social "operativo" define una situación como un problema social.

En contra de tal simplismo reaccionan Teresa Zamanillo y Lourdes Gaitán denunciando la incoherencia de ese artificial y pernicioso dualismo: "...acabemos con la ficción. La acción no excluye el pensamiento, como tampoco éste vive sin aquélla. Pensamiento y acción son las dos caras de una única verdad. (..). Acción y cambio son los dos conceptos que más han ocupado y preocupado a los trabajadores sociales.

Pero para cambiar o transformar la realidad social hemos de convenir en que es preciso conocer la dirección que se quiere seguir, a donde se desea llegar. Sin embargo "dar" con un cuerpo de conocimientos adecuados a los fines del Trabajo Social no es fácil; en primer lugar porque la sistematización de conocimientos realizada por disciplinas como la psicología o la sociología no ha sido hecha en función de dichos fines, por lo tanto, no será posible que los trabajadores sociales puedan "dar" con un cuerpo de conocimientos ad hoc como quién tropieza con un tronco en el camino.

Pero eso no significa que les corresponda "descubrir" todo los conocimientos que se necesitan a partir de cero, se trata más bien de re-estudiar el cuerpo de conocimientos existentes en las ciencias sociales, desde la realidad situada que le corresponde atender al Trabajo Social. A partir de ahí, se podrá elaborar una reconstrucción racional de dichos conocimientos, lo que implica seleccionar, interpretar y desechar, en términos de su factibilidad de integración a un programa coherente de investigación y de acción, presidido por los "fines que se persiguen" en el Trabajo Social (según nos han recordado Gaitán y Zamanillo).

Paralelamente, Cecilia Aguayo aborda otro aspecto de la sistematización referida a los elementos cognitivos que surgen desde la practica como una forma de aprehensión racional de la experticia: en ese sentido, la sistematización "tiene que ver con el re-encuentro de la práctica consigo misma", inaugurando un espacio de re-flexión y de organización de los saberes que se infieren desde la practica.

Así entendida, la sistematización es una tarea de construcción de conocimientos que puede realizar el profesional práctico sin alejarse de su cotidiana labor, siempre que cumpla algunos requisitos: "...representa el rito de detenerse en la marcha de los proyectos sociales, de suspender la condición funcionalista de las relaciones sociales que nos permitirá la toma de distancia necesaria para identificar, interpretar, analizar, develar, respetar, comprender la realidad en la que trabajamos".

Y cuando -de esa manera- rescatamos, reflexivamente, los contenidos cognitivos que emanan de la practica, podemos "descubrir a los sujetos, sus sentidos y significaciones, ahora bien, no solo se trata de dar cuenta de las inter-subjetividades, sino también de la objetivación de estas relaciones" (7).

El Enfoque de Redes en el Trabajo Social

La importancia del enfoque de trabajo con redes en el trabajo de acción social se ha difundido durante las últimas décadas, contando con diversidad de modelos y acciones en las prácticas profesionales. Este artículo promueve una reflexión acerca de su relevancia para lograr cambios en los territorios y en las vidas de las personas.

Para quienes trabajamos en torno a las acciones con sentido social de justicia, las redes adquieren importante fuerza para lo que denominamos logros de cambio y transformaciones sociales, relevantes en la acción de las profesiones de lo social. Desde la acción de Trabajo Social, trabajar con y desde redes es esencial para impulsar los cambios.

La red social se puede entender como un conjunto claramente definido de actores que se encuentran vinculados mutuamente a través del establecimiento de relaciones sociales (Lozares, 1996). Montero (2003) considera la red como una estructura social en la que los individuos encuentran protección y apoyo para la satisfacción de necesidades gracias al soporte ofrecido en el contacto con el otro.

Las redes involucran, por tanto, un patrón de intercambio de recursos que se da entre una serie de individuos unidos directa o indirectamente mediante diversas interacciones y comunicaciones que se instauran de forma espontánea o intencional (Light y Keller, 2000).

También reconoce el aporte de los razonamientos de Moreno, hacia 1934, con el desarrollo de la sociometría, precedida de los avances en la Teoría Matemática de los Grafos hacia finales de la década de 1940 y principios de la década de 1950, con el fin de dar explicación a la estructura social de pequeños grupos, intentando evidenciar el impacto de estos sobre la conducta individual (Galaskiewicz y Wasserman, 1993).

En la década de 1950, Barnes analiza relaciones como la amistad, el parentesco y el vecinaje en grupos de pescadores, llegando a la conclusión de que la totalidad de las relaciones sociales debían estudiarse como un conjunto de puntos (correspondientes a nodos) que se vinculan con líneas para formar redes totales de relaciones, modelo gráfico empleado en la actualidad.

El desarrollo de la teoría en las siguientes décadas del siglo XX permitió que la teoría de redes sociales hiciera aportes en distintos campos del saber, desde lo metodológico a la comprensión de procesos de estructuras sociales, estudios de las relaciones entre actores sociales a gran escala, relaciones entre posiciones sociales, estudios entre características o atributos de pares ordenados por diadas (amistad, pertenencia política, nacionalidad), empleo de encuestas muestrales para estudio de redes sociales ego-centradas o redes personales, análisis de la vinculación e interacción entre pequeños grupos y grupos extensos.

Un Sentido Desde la Acción

En Trabajo Social, el constructo de red social es parte del lenguaje diario en la acción. No se permite estar desvinculado de las concepciones de la realidad social. Pensar las personas, las familias, los grupos, las comunidades, las regiones, pensar el mundo es pensar en redes. La interacción está mediada por redes. El manejo de los problemas requiere de recursos internos, externos, expresión de relación entre las personas, la familia y el entorno.

Los indicadores funcionales de una red social serán aquellos que permitan la colaboración que respete el accionar independiente de cada componente de la red. La elasticidad de la membrana es importante, sus puentes deben ventilarse por una equilibrada corriente de dependencia e independencia para fortalecer la autodeterminación de todos y cada uno.

La dinámica de las redes sociales se instituye según el contexto al que pertenecen. Este contexto es el marco significativo de ocurrencia de la vida de la red en el cual la conducta y los mensajes verbales y no verbales se hacen significativos.

Las redes sociales, desde esta perspectiva, se clasifican en redes primarias, secundarias e institucionales. Las redes primarias se constituyen en el mapa mínimo que incluye personas interactuando. Se trata de la familia (nuclear o ampliada hasta la tercera generación), de la suma de relaciones de una persona que percibe como significativas y que fundan los vínculos personales.

Estas redes primarias se expanden hacia ámbitos sociales inmediatos, de cercanía y contacto directo. Las redes secundarias tienen lugar en contextos más lejanos al grupo primario, de menor proximidad, situados en el mundo externo a la familia. En general, las redes sociales se expanden desde lo familiar hacia el mundo externo, en atención a los ciclos evolutivos, la incorporación de recursos para las diferentes funciones que debe cumplir la familia de otros y la necesidad de sistemas de apoyo.

Hay una serie de características de las redes que aportan al Trabajo Social. Por ejemplo, en cuanto a la comprensión de que las personas construyen sus redes a partir de sus relaciones íntimas, así como las pautas y relaciones que establece en torno a su consumo. Constituyen el espacio psicosocial, tejido de vínculos del sistema de comunicaciones y afectos en una doble mirada: un valor cultural de construcción de identidad y un valor funcional de ayuda y sostenimiento.

Establecer la funcionalidad de las redes social es importante. También es importante tener presente la cercanía o distancia, la independencia o dependencia de la red social. Así, un indicador de funcionalidad es la colaboración en coexistencia con la independencia. En el marco de este indicador, un excesivo aglutinamiento o desapego serían percibidos como disfuncionales.

Características de las Redes Sociales

  • Tamaño: es el número de personas que componen la red social de una persona.
  • Composición: es el número de diferentes tipos de personas en la red (número de familiares, amigos, vecinos, compañeros).
  • Densidad: es el grado de interconexión que tienen los miembros de la red entre sí, independientemente de la persona de referencia.
  • Dispersión: hace referencia a los niveles de relación en términos de tiempo y espacio.
  • Direccionalidad: grado en que la ayuda afectiva, material o instrumental es dada y recibida por la persona.
  • Duración: extensión en el tiempo de las relaciones de la persona con su red social.
  • Características de apoyo social de las redes sociales: se refiere al tipo de apoyo social que se transmite entre los miembros de la red y la persona de referencia.

Metodología de Trabajo Social en Red

Chadi (2000) plantea una metodología de Trabajo Social para el proceso de trabajo en red. En intervención social, la metodología consiste en “instrumentar una organización coherente en la red social que garantice la salud en sentido general, a través de su transformación en una unidad de apoyo, fortalecimiento y esclarecimiento” (Chadi, 2000, p. 76).

A su vez, la metodología implica un reencuadre en la intervención que permite a la red el logro de una organización mínima que la habilita para establecer objetivos compartidos que reforman su accionar.

Este proceso de trabajo de red se inicia desde una solicitud de ayuda desde las personas, la familia, los grupos. Necesariamente, se produce una reconstrucción de una visión macro de la demanda y el problema.

En la etapa 1, el profesional debe observar los vínculos existentes, obteniendo información acerca de cuáles es necesario reforzar, cuáles son significativos y cuáles se deben crear. De igual forma, es convocado a evaluar los grados de apertura o repliegue de cada red, en otras palabras, determinar si su interacción con el medio es favorable.

En la segunda etapa de este proceso es indispensable identificar cuáles son los recursos útiles que permiten estrategias de articulación y funcionamiento acordes con los objetivos de la red. En la fase siguiente, la intervención se encuentra dividida en fases de intervención en la red primaria, la red secundaria y la red institucional.

La intervención en la red institucional está orientada a trabajar en las problemáticas que presenta la institución, las cuales, en opinión de la autora, no son consideradas debido a que la atención de los profesionales se concentra en las situaciones presentadas por los usuarios.

Anteriormente, se mostraron las distintas redes y las posibilidades de trabajo que posibilitan con personas individuales y familias, así como las tres fases: identificar la red, analizar la red e intervenir en red.

[…] hablamos de identificar la red social, nos referimos a conocer la existencia de personas de la comunidad que las ayudan; a la capacidad de autocuidado de la persona o familia de referencia y de los miembros de la red más relevantes; a los profesionales que las están ayudando desde el sistema formal y con quienes han establecido una relación de ayuda y confianza; y a las posibilidades de las personas para cuidar, mantener, aumentar o modificar su propia red (Rodríguez, 2014, p.

Hay una serie de características que se han sistematizado respecto de los equipos que trabajan en red. Lo primero es que “estén abiertos a producir cambios en las posiciones profesionales, que tengan una gran flexibilidad para el desempeño de roles múltiples y capacidad de negociación y diálogo” (Villalva, 2004, p. 292).

Otro aspecto que se señala es que estos equipos deben trabajar la comunicación y los conflictos de manera de encontrarse abiertos a innovaciones y cambios sociales, y que sus respuestas a las comunidades tengan estas mismas características. Asumir los roles de experto-consultor, orientador-formador, referente organizativo y de recursos, facilitador de procesos individuales y colectivos, coordinador de ayudas externas (Rodríguez, 2014, p.

En cuanto a las funciones, se han identificado algunas, entendiendo que la acogida, la orientación y el acompañamiento continúan siendo la mejor armadura para la intervención social. Respecto de la intervención en redes sociales, el trabajador social tiene entre sus funciones (Rodríguez, 2014, p.

Pensamiento Crítico y Trabajo Social

El académico Pablo Suárez Manrique también relevó el valor de los diversos tipos de pensamiento crítico, advirtiendo que no existe uno solo. Entre ellos identifica la línea des-colonial, así como el feminismo, ecologismo, sindicalismo, entre otros. “Es necesaria la distinción porque también existe un pensamiento crítico sistémico, del cual se vale el sistema y las políticas públicas.

En su caso, el académico Suárez Manrique plantea el pensamiento crítico con el objetivo de generar un mundo posible distinto al actual, lo que implica un sistema diferente al hoy predominante. “Requerimos construir otro mundo posible. No sólo tenemos una situación asociada al mundo neoliberal, donde el ser humano es transformado en un recurso capital humano.

Suárez Manrique comentó que “intervención social” asoma como un concepto instrumental que no reflexiona la realidad, sino como una acción pragmática y operativa. Por ello levanta una crítica y sostiene que eso es producto de una lógica colonial que intenta perpetuar el sistema.

“El concepto praxis, que también está asociado a la acción, no dice relación exclusiva con la situación instrumental, sino que plantea una filosofía de la praxis. Para poder hacer una acción, tienes que reflexionar sobre la existencia del otro u otras. Y cuando hablas de existencia, hablas de dignidad, proyecto histórico, democracia, participación… La acción que nosotros realizamos no es puramente instrumental, sino que tiene un sentido de futuro donde tenemos que contemplar al otro u otra en un proceso de mejoría de las injusticias sociales.

El Contexto de los Movimientos Sociales

Respecto de la contingencia en nuestro país, no se puede dejar de lado el sentido que tiene este enfoque en el contexto de los movimientos sociales. En este sentido, se trataría de un nuevo paradigma en Trabajo Social, muy cercano a las expresiones de los nuevos “movimientos en las sociedades complejas como redes invisibles, de grupos, de puntos de encuentro, de circuitos de solidaridad, que difieren profundamente de la imagen del actor colectivo políticamente organizado” (Melluci, 2001, p. 97, citado por Henrique, 2009).

El enfoque ha posibilitado algunas aproximaciones a las nuevas movilizaciones colectivas en este mundo contemporáneo de tipo transterritorializado. […] el componente político de redes abre la posibilidad de decisión y actuación que tienen los sujetos frente a asuntos que les conciernen; de ahí su conexión con apuestas alternativas a los modelos dominantes del desarrollo, en las que el enfoque es de abajo hacia arriba, desde los procesos gestados en las propias culturas y donde cobra relevancia la autogestión, la organización social y los movimientos de base como fundamento para imaginar nuevos mundos (Gil, 2015, p.

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