Dado que pasamos más de la mitad de nuestras horas de vigilia en el trabajo, la alimentación durante este tiempo es fundamental. Generar hábitos saludables al momento de comer en nuestro espacio laboral son determinantes, pues se podrían alcanzar grandes beneficios tanto para nosotros, como para la institución en donde nos desempeñamos.
La relevancia de una alimentación adecuada en el trabajo es innegable al tomar en consideración que el espacio de trabajo es donde se pasa más de la mitad de las horas de vigilia diarias. Podemos comprender como éste pasa a ser determinante en la alimentación, siendo una instancia donde se pueden generar intervenciones y motivar cambios que mejoren la salud de los trabajadores.
El Problema de la Alimentación Inadecuada en el Trabajo
Chile tiene una de las jornadas laborales más extensas y es el segundo país con mayor obesidad entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La Encuesta Nacional de Salud del año 2017 fue lapidaria en sus resultados, 74,2% de los adultos chilenos tiene sobrepeso u obesidad, 12,3% es diabético y 27,6% sufre de hipertensión. El sedentarismo alcanza cifras del 86,7% y el cumplimiento de la recomendación de consumo para frutas y verduras llega solo al 15%.
Un estudio de la OIT en empresas chilenas demostró que los trabajadores chilenos no almuerzan regularmente, lo que genera molestias físicas y psicológicas (fatiga, dolor de cabeza, desconcentración, irritabilidad, etc.) y, probablemente, afecta la productividad laboral. El 17% de los trabajadores menores de 30 años ya presenta alguna patología crónica asociada a la alimentación, proporción que se duplica en los mayores de 40 años. La mayoría de los trabajadores desea disponer de las condiciones y el tiempo necesarios para recibir una alimentación saludable durante la jornada laboral.
Algunos estudios mencionan los factores que inciden de manera negativa sobre la salud de los trabajadores. En un estudio realizado con empleados de distintas empresas, se observó que un porcentaje elevado omitía al menos una comida (desayuno, o almuerzo, o cena), empleaban tiempos reducidos para comer, con escasa oferta de alimentos saludables. Estas situaciones podrían relacionarse con trastornos digestivos y disminución del rendimiento laboral.
Impacto de una Alimentación Adecuada
Una alimentación adecuada impacta en la calidad de vida del individuo siendo fundamental para que éste pueda desarrollarse en todos sus ámbitos de manera óptima. En el caso del mundo laboral, el efecto de una alimentación saludable es muy positivo, ya que influye en la productividad, compromiso y eficiencia del trabajador más, a pesar de ello, a menudo es ignorada en el contexto de los derechos del trabajo, siendo un tema poco intervenido o al que no se le da importancia.
La evidencia es clara respecto de la relación entre una dieta poco saludable y el mayor riesgo de obesidad y de sufrir enfermedades crónicas como afecciones cardíacas, diabetes o cáncer. La publicación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “Food at Work. Workplace solutions for malnutrition, obesity and chronic diseases” (Alimentación en el trabajo. Soluciones en el lugar de trabajo para la desnutrición, la obesidad y las enfermedades crónicas), demuestra que las inversiones en alimentación se recuperan porque se genera una reducción de los días de enfermedad y de los accidentes laborales y por un aumento de la productividad.
El empresario que promueva hábitos alimentarios más saludables, tendrá menos ausentismo laboral y una moral más alta de los trabajadores, reducción de costos de seguros, mayor productividad y mayor satisfacción en el trabajo, lo que contribuye a mejorar la imagen de la empresa y su reputación.
Los costos económicos asociados a la obesidad y a las enfermedades crónicas, no afectan solo al individuo, sino también al Estado; un reciente estudio en Chile estima los costos asociados a la obesidad en un 3 a 6% del gasto total en salud y a un 0,2% del PIB. Igualmente, generan un costo en el mundo laboral por ausentismo, licencias médicas y eficiencia laboral, afectando negativamente la productividad de la empresa.
Programas de Salud y Calidad de Vida Laboral
En este marco, el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile en su compromiso con la salud de los chilenos crea el Programa de Salud y Calidad de Vida Laboral, un modelo de intervención en bienestar y alimentación con un enfoque integral que pretende mejorar la calidad de vida, alimentación y nutrición de los trabajadores.
El programa se lleva a cabo en tres fases; diagnóstico, intervención y evaluación. Con el diagnóstico se logra conocer la cultura alimentaria de la empresa, los facilitadores, así como las amenazas y barreras para realizar cambios de hábitos, junto con una descripción de la realidad nutricional de los trabajadores y parámetros de salud como actividad física, sueño, estrés, consumo de tabaco y alcohol.
Con esta información se diseña la intervención, la cual considera múltiples actividades que tienen por objeto facilitar el cambio de hábitos hacia conductas saludables. Esto se acompaña con estrategias educacionales y de comunicación para abarcar a toda la empresa, incluso en lugares remotos. Finalmente, se realiza la evaluación para determinar el cumplimiento de los objetivos del programa, además de evaluar el impacto global del mismo en la organización y en el equipo de trabajo.
Este programa lleva más de 9 años contribuyendo a mejorar la calidad de vida y las condiciones alimentarias de los trabajadores chilenos. En este tiempo, hemos tenido excelentes resultados en indicadores tales como el aumento de la ingesta de verduras, frutas, legumbres y pescados, así como la disminución en el consumo de bebidas azucaradas, golosinas dulces y saladas, pan, entre otros. Además de progresos en la percepción de salud, trabajo y familia, junto con mejoras en el nivel de actividad física y disminución de la grasa corporal de los colaboradores.
La acogida por parte de los trabajadores ha sido mejor de lo esperada, suelen mostrarse muy motivados y con un alto nivel de compromiso por las actividades realizadas ya que comprenden que se traduce en beneficios y mejoras en su salud y a la vez se evidencia un mayor sentido de compromiso y pertenencia con la empresa, por gestionar y permitir que estas instancias estén a su disposición. Somos testigos de los beneficios de implementar intervenciones en salud en el espacio laboral y como éstas generan un clima de bienestar, autocuidado, respeto y compromiso.
Velar y contribuir en la salud de los trabajadores chilenos seguirá siendo la tarea de este programa.
Estudio Comparativo en Paraguay
El entorno laboral se ha convertido en un ámbito sobresaliente para la promoción de la salud en el siglo XXI, constituyéndose como un elemento de gran importancia para mejorar la calidad de vida de las personas. Actualmente en Paraguay algunas instituciones permiten la instauración de estos entornos laborales saludables. Algunas empresas, sobre todo del sector privado, han puesto en marcha actividades que ayudan a crear este entorno.
Algunas empresas, sobre todo del sector privado, han puesto en marcha actividades que ayudan a crear este entorno. Estos establecimientos, que cuentan con el programa en modalidad opcional para los funcionarios, están conformados por un equipo de nutricionistas que asesora a los empleados (re-educación alimentaria individualizada, proporcionando planes de alimentación adaptados a la realidad y gustos del paciente) un servicio de alimentación con algunas opciones recomendadas por las profesionales, un lugar destinado a la práctica de actividad física durante la jornada laboral y áreas de trabajo libres de humo de tabaco.
A pesar de los avances, muchos establecimientos no cuentan con Programas de Salud Ocupacional, indispensables para la protección social de los trabajadores. Sumando a esta situación, las estadísticas nacionales refieren la existencia de un alarmante porcentaje de enfermedades crónicas no trasmisibles (ECNT). Según la Primera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo y Enfermedades Crónicas no Trasmisibles, el 9,7% y 45,8% de la población presenta diabetes e hipertensión arterial, respectivamente, mientras que el 58% se encuentra con exceso de peso (sobrepeso y obesidad combinados).
Un estudio comparó el estado nutricional, hábitos de alimentación y de vida saludable en un grupo de funcionarios que cuenta con un programa de Entorno Laboral Saludable y otro grupo que no, en la ciudad del Asunción, Paraguay, en el año 2014. Se realizó evaluación antropométrica, nutricional y encuestas sobre hábitos saludables a 121 funcionarios de dos empresas distintas: 55 personas con entorno laboral saludable (Grupo A) y 66 personas sin el entorno laboral saludable (Grupo B).
El grupo A contaba con un entorno laboral saludable por varios años antes del desarrollo del presente estudio, por cinco meses al año. Este programa consistía en asesoramiento nutricional por parte de una nutricionista para los funcionarios, en un consultorio ubicado en la empresa, con controles cada dos semanas. El asesoramiento consistía en re-educación alimentaria individualizada, proporcionando planes de alimentación adaptados a la realidad y gustos del paciente. El grupo A contaba además con gimnasio disponible para ser utilizado dentro del horario laboral, ambiente libre de tabaco, y un comedor que recibía recomendaciones por parte de las profesionales (en cuanto a variedad y calidad nutricional de las comidas).
Los criterios de inclusión fueron: trabajar en alguna de las empresas, con horario laboral de mínimo 6 horas/día. Se realizó una entrevista a cada participante, recabando información acerca del consumo habitual de alimentos y bebidas. Luego, una vez obtenida la información cualitativa y general de la alimentación habitual, a fin de determinar las porciones referidas, se utilizaron las cantidades sugeridas por el sistema de intercambio de porciones de Chile. El estado nutricional se definió según la clasificación del Indice de Masa Corporal (IMC).
Las horas de sueño se contabilizaron como las horas desde que el participante refería conciliar el sueño hasta despertar, y se consideró como una cantidad adecuada mínimo 7 a máximo 9 horas de sueño. El nivel de actividad física se obtuvo mediante el Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ). Todas las mediciones fueron realizadas por personal capacitado y entrenado (estudiantes del último semestre de la carrera de Nutrición).
Participaron en el estudio un total de 121 personas, siendo 55 personas del “Grupo A” (empresa con Entorno Laboral Saludable) y 66 personas del “Grupo B” (otra empresa sin entorno laboral saludable). No se encontraron diferencias significativas en la proporción de hombres y mujeres, así como tampoco en la edad, el IMC y la circunferencia de cintura entre los dos grupos.
Respecto a las características cualitativas de la ingesta alimentaria, categorizada en adecuado o inadecuado según las porciones indicadas en las GAP, se observaron diferencias significativas en cuanto al consumo de lácteos, verduras y frutas entre ambos grupos. En el caso de los lácteos, se observó un porcentaje significativamente mayor de consumo adecuado en el grupo A en relación al grupo B. Un 64% de los participantes del grupo A presentó un consumo adecuado de verduras, versus un 14% del grupo B.
En cuanto a la ingesta o no de panificados integrales, azúcar y bebidas azucaradas, se observaron diferencias significativas entre ambos grupos, encontrándose que el 82% de los sujetos del grupo A no agregaba azúcar a sus infusiones, versus un 36% del grupo B. Sí se encontraron diferencias significativas en el nivel de actividad física y horas de sueño. El 50% de la población del grupo B dormía 6 horas o menos, mientras que en el grupo A la mediana de sueño era de 7 horas.
En el presente estudio, no se observaron diferencias significativas respecto a las medianas del IMC de ambos grupos, al igual que el riesgo cardiovascular según circunferencia de cintura. En cuanto al consumo de verduras y frutas, el porcentaje de consumo adecuado fue significativamente mayor en el grupo A que en el B. Con respecto al consumo de lácteos, debe resaltarse que si bien el grupo A presentó mayor porcentaje de consumo adecuado, pudo observarse consumo inadecuado de porciones de lácteos en ambos grupos de estudio.
Se evidenció además un significativo mayor porcentaje de consumo inadecuado de carnes y huevos en el grupo B en relación al grupo A (mayor cantidad de porciones que las recomendadas). Un porcentaje mayor del grupo B consumía azúcar y bebidas azucaradas vs el grupo A, mientras que el consumo de panificados integrales fue mayor en el grupo A, siendo estas diferencias significativas.
Respecto a los hábitos alimentarios se observó que un porcentaje significativo de sujetos del grupo B comía entre comidas principales en comparación al grupo A. También se observaron diferencias en cuanto al cumplimiento de los tiempos de comidas. Una mayor cantidad de participantes del grupo B omitía al menos un tiempo de comida principal, a diferencia de los sujetos del grupo A, quienes en su mayoría realizaban al menos cuatro comidas.
Se presentaron diferencias significativas en la cantidad de horas de sueño consideradas como adecuadas entre el grupo A y B, siendo significativamente mayor la cantidad de personas del grupo A con una cantidad de sueño adecuada.
Tabla Comparativa de Resultados del Estudio en Paraguay
| Variable | Grupo A (Entorno Laboral Saludable) | Grupo B (Sin Entorno Laboral Saludable) | Diferencia Significativa |
|---|---|---|---|
| Consumo Adecuado de Lácteos | Mayor | Menor | Sí |
| Consumo Adecuado de Verduras | Mayor (64%) | Menor (14%) | Sí |
| No Agrega Azúcar a Infusiones | Mayor (82%) | Menor (36%) | Sí |
| Consumo de Panificados Integrales | Mayor | Menor | Sí |
| Actividad Física Adecuada | Mayor | Menor | Sí |
| Horas de Sueño Adecuadas | Mayor | Menor | Sí |
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