Cuando en la actualidad asistimos a intensos debates por el sistema previsional o la reforma que busca mejorar las pensiones, se soslaya un aspecto central, que dice relación con la etapa de la jubilación, y muy concretamente, como resulta la experiencia viva de jubilar después de años consagrados a unos de los principales referentes para la identidad personal, además en un contexto donde cada vez más desaparecen los rituales que dan orden a la vida y generan comunidad.
Pues bien, la sociedad actual ha preferido darle la espalda a la jubilación, cual tierra lejana que solo algunos visitarán y de la cual como “trabajadores activos” podemos ser meros espectadores de una experiencia que viven otros, quedando las personas que experimentan este proceso a merced de sus propios recursos para hacerle frente y con ello haciendo una verdadera omisión que riñe de manera estricta con la raíz etimológica de la palabra jubilación que se asocia con la palabra júbilo.
El origen de la palabra “jubilación” viene de ese año especial y gozoso que se anunciaba con el fuerte sonido (Yubal) del cuerno, el shofar hebreo. En el antiguo Israel tras siete veces siete años, el año cincuenta que seguía, era el Jubileo, durante el cual se llevaba a cabo una reforma agraria con la repartición de la tierra de cultivo, no se explotaba la tierra, se condonaban las deudas, y se liberaba a los esclavos.
La Preparación para la Jubilación
Es sabido que gran parte de nuestra formación está orientada desde la escolaridad en adelante a ser parte de la fuerza de trabajo y a la manera en que se movilizan todos los esfuerzos por configurarnos en un aporte para la sociedad. Al igual que otros momentos de la trayectoria vital, en esta una nueva etapa también se registran pérdidas y ganancias, como parte de lo natural de la dialéctica del vivir que atraviesa cada fase del desarrollo y se expresa de similar manera, como en otros capítulos de la historia personal.
¿Cómo es que si en parte importante de nuestro itinerario del desarrollo, centrado en generar herramientas para la vida, todavía en las organizaciones o lugares de trabajo, en su generalidad, omiten el rito simbólico de la jubilación que otorga cierre a una de las etapas más importantes de la vida laboral?
En este programa lo que se intenciona es que los y las participantes den cuenta de su proceso vivencial de jubilación, vale decir, de la manera singular en que experimentan este hito para de esa forma ir resignificando o desmontando aquellos mitos que aun rodean la etapa venidera, esto es, renovando miradas para su nuevo devenir vital.
Objetivos de un Programa de Preparación para la Jubilación
Es en este punto, donde resulta gravitante comprender vivencialmente que la muy anhelada jubilación para algunas personas significa mucho más que un fin de semana largo y que esta nueva etapa también contiene una luna de miel que en algún momento expira, de no tramitarse adecuadamente en los distintos ámbitos del autocuidado que se asocian a lo físico o corporal, lo emocional, lo vincular-afectivo, lo intelectual- cognitivo, lo social, lo económico y lo espiritual.
Otros objetivos que busca este programa son promover que las personas jubilables asuman su nuevo rol proactivamente, tender a mejorar la calidad de sus vidas y proveer una visión positiva de la etapa venidera, contribuyendo con ello a la asunción de un mayor protagonismo que les propicie escribir un guion de vida con sentido personal.
A esto se agrega, generar una instancia de orientación, reflexión y apoyo en diferentes temas atingentes de orden social y económico al proceso de jubilación, para quienes se encuentran cursando la última etapa de su ciclo laboral en la institución y que en un proceso natural y esperable conviven con dudas, y miedos frente a una etapa desconocida que carece de una guía de planificación, cual folleto turístico a un lugar inexplorado en el que abundan incertezas.
Prejuicios y Estereotipos sobre la Jubilación
Por otro lado, también se pude constatar la existencia de mapas mentales colectivos amparados por nuestra sociedad de consumo y exitista que propician la generación de algunas actitudes comunes hacia la jubilación como son temor ante el cese del empleo, ansiedad ante la desestructuración de la vida, “temor a la libertad”, angustia a quedarse sin metas y objetivos vitales, fuerte temor a caer en aburrimiento, en soledad o en depresión, miedo a reencontrarse con la vida familiar y un conjunto de creencias que opera en la forma de mitos y estereotipos sociales con respecto a la jubilación (vejez, decadencia, inutilidad, deterioro o incluso muerte).
Estos últimos prejuicios sobre la adultez mayor y la edad pueden ser subsumidos bajo el nombre del Viejismo, Edadismo y Gerontofobia, que presentan como denominador común un cúmulo de mitos, estereotipos y en definitiva, creencias limitantes, contra la población mayor a causa de su edad y que básicamente apuntan a términos como fragilidad, dependencia, soledad y un temor excesivo a envejecer, generando a su vez estigmas y etiquetas que dificultan que esta etapa vital resulte portadora de beneficios y bondades.
El efecto de estos prejuicios es que las personas que cursan este proceso de maduración vital se auto marginen de la capacidad de poder disfrutar, de cultivar e iniciar nuevas amistades, de mantener una vida emocional sexual satisfactoria y activa y de realizar actividades con un tono hedónico o placentero que generen la sensación de fluidez o Flow (concepto de la psicología positiva).
Esta última experiencia solo resulta posible de alcanzar en la medida que una persona adulta mayor se sienta completamente absorbida por una actividad que genere sentido personal y que experimente la vivencia de perder la conciencia de sí mismo/a por encantarse abstraído/a y entregado/a a lo que está realizando, reconociendo en ello un transcurrir del tiempo sin percatación consciente y con un grado alto de satisfacción.
El poder desmontar prejuicios sobre la adultez mayor requiere un potente cambio mental y cultural por parte de todos los grupos sociales, incluidas las propias personas que jubilan que también en ocasiones resultan herederos de maneras de concebir la jubilación y la Adultez Mayor como una etapa de decadencia.
La Centralidad del Trabajo y la Identidad Personal
A lo anterior, se suma desafiar una de las ideas más instaladas en nuestro colectivo y, esta es, la centralidad del trabajo en nuestras vidas, llegando incluso a una sobrevaloración del mismo y como esta creencia impregna o tiñe la totalidad de la identidad personal. Es así como esto se refleja en que el “trabajolismo” o también llamado adicción al trabajo sigue siendo la única adicción aplaudida en el mundo actual.
De modo que abordar el desmontaje de prejuicios sobre la adultez mayor adquiere un desafío mayor en una sociedad que ensalza el trabajo como uno de los pilares de la identidad personal, llegando en ocasiones a que el rol laboral abarque la totalidad de la imagen de sí mismo, donde la identidad personal se le iguala a identidad laboral.
Y es ahí donde para quien atraviesa este proceso puede llegar amontonar ciertas preguntas: ¿Quién soy sin este rol que ha definido mi identidad por tanto años?; ¿sigo siendo el mismo que ejercía un rol laboral?; ¿seré un extrabajador? o, por el contrario, ¿seguiré siendo lo que realicé gran parte mi vida?
Una manera de desafiar esas creencias circulantes es concebir la jubilación como un hito que marca un antes y después en la trayectoria laboral, que posibilite la internalización de que la jubilación solo corresponde al ámbito del trabajo, por cuanto las personas no se jubilan de bailar, de estudiar, de asistir al gimnasio, de ir a un taller, de viajar, de conocer nuevas personas, de nutrir su relación afectiva, de enriquecer su vida espiritual, de conocer nuevas personas y principalmente de dar calidad a sus relaciones significativas, y en definitiva reconciliarse con la asunción de responsabilidad, que implique un papel activo, protagonista de su propio destino.
Para despedirse adecuadamente del trabajo es necesario atravesar un proceso, que conforme la singularidad de la persona será la modalidad de su gestión. Mientras que para algunas resultará una pérdida, para otras será un alivio o descanso después de tantos años de trabajo. Habrá quienes la conciban como una mera continuidad y finalmente otras que la perciban como un nuevo comienzo lleno de oportunidades.
Lo que busca este programa si bien es validar en una primera instancia la propia manera de significar la jubilación, pues ella obedece a una historia de vida con experiencias personales, mandatos familiares y creencias de la sociedad imperante, es promover una jubilación que sea concebida como una oportunidad para un nuevo viaje, sin una guía protocolizada para un lugar desconocido, pero por lo mismo, genere el reto personal de encontrarse con uno mismo en una etapa con mayor sabiduría, sentido del juicio, serenidad y madurez vital .
Revalorización y Ritualización de la Jubilación
En la medida que se revaloriza y ritualiza la jubilación por parte de la sociedad, se espera que las generaciones venideras validen y honren a sus antecesores como aquellos que posibilitaron que hoy ellos puedan ocupar un lugar y que a su vez tomen ese saber antiguo y lo fundan desde el reconocimiento con el saber nuevo, para de esa forma generar espacios laborales saludables marcados por el respeto mutuo.
En la sociedad actual existe predominio de una valoración cada vez más progresiva de la juventud, se quiere ser y parecer joven como una forma de dar respuesta a una sociedad cada vez más competitiva e individualista.
Sin embargo, una persona solo puede vivir así esta etapa si posee una fuente de ingresos que le asegure contar con lo necesario para vivir dignamente, no para “sobrevivir” como es el drama diario de miles de personas en Chile.
Durante siglos, sino milenios, la mejor gente ha luchado por garantizar la sobrevida digna de los necesitados, de los pobres y los adultos mayores, desde los valores de la Justicia Social y la Solidaridad. En la sociedad capitalista los movimientos de trabajadores se unieron y lucharon para asegurar la protección para los suyos y para ellos mismos ante las contingencias de la vida, y en ocasiones contaron con el apoyo de estadistas esclarecidos.
Estamos ante un hecho mayor, después de muchos años de movilizaciones en las calles principalmente de estudiantes, la clase trabajadora ha entrado masivamente en escena, con una nueva generación que no vivió las derrotas históricas del pasado, arrastrando a la vieja generación y las clases medias.
El Sistema de Pensiones y la Seguridad Social
En 1981 la dictadura chilena terminó con las Cajas de Previsión, el viejo sistema de seguridad social, que pagaba las pensiones. El sistema de AFP no fue creado para dar pensiones, sino para fortalecer los mercados de capitales y transformar el ahorro forzoso de los trabajadores en capital al servicio de la acumulación y ganancias de los grandes grupos económicos.
Oligopolios abusivos que se coluden para esquilmar a los consumidores. Chile es el país más desigual de todos los miembros de la OCDE. En gran medida esto se explica por el sistema de AFP, un pilar de la acumulación capitalista en Chile. Cada mes a los trabajadores asalariados nos descuentan el 10% de nuestras remuneraciones que van a parar a los mercados de capitales, es decir a los grandes grupos económicos que controlan el país ( banca, inmobiliarias, minería, cadenas de venta minorista ó retail, farmacias, agro negocio y forestales, salmoneras, concesiones de autopistas …) muchos de ellos depredadores del medio ambiente, y en cambio recibimos pésimas pensiones.
Para las grandes empresas es el negocio soñado, reciben un flujo permanente de dinero barato, y luego lo prestan caro, o lo invierten en nuevos negocios. El sistema de AFP es rechazado por la mayoría de la población, los datos que explican este rechazo son elocuentes.
La Seguridad Social garantiza el apoyo necesario para mantener un nivel de vida digno en la enfermedad, el desempleo, la vejez, y la maternidad, y para ello se organizan sistemas que están orientados por principios, internacionalmente reconocido a través de los convenios de la OIT.
- Solidaridad: Toda la gente en la medida de sus posibilidades debe contribuir económicamente al financiamiento de la protección social, que entrega prestaciones a todos, al menos para cubrir sus necesidades básicas.
- Universalidad: En las AFP no están todos los trabajadores.
- Igualdad o No Discriminación: Baste pensar en el caso de las mujeres, que reciben en promedio pensiones 40% menores a las de los hombres. Ellas ganan salarios menores por tanto cotizan menos, tienen más periodos sin cotización o “lagunas”, porque se hacen cargo de la crianza de los hijos, y del cuidado de personas mayores, sin compensación previsional adecuada.
- Suficiencia.
- Sustentabilidad.
Cualquier sistema que no cumpla con los principios enumerados arriba, no es Seguridad Social, sino más bien algún tipo de seguros privados que otorgan prestaciones sobre la base de un negocio que pretende utilidades o lucro.
El llamado “Pilar Solidario”, entrega Pensiones Básicas de $93.500 al mes a los que no cotizaron, o un “Aporte Previsional Solidario” a los que se jubilan con menos de 302.000 pesos. Pero atención, siempre que se demuestre que están en el 60% más pobre de la población.
Detrás de las tremendas movilizaciones contras las AFP y sus sistema de capitalización individual, hay una batalla valórica. Nosotros creemos que el sistema más eficiente es un sistema de reparto intergeneracional, solidario que evite la discriminación de la mujer, diseñado realmente para pagar pensiones, y que garantice medios de vida y dignidad para todos y todas en la tercera edad.
Es el sistema de capitalización individual de las AFP es el principal mecanismo de acumulación del capital en Chile en favor de los grandes grupos económicos. Esto explica gran parte de la concentración extrema de las empresas y la riqueza en el país.
Hay que recordar que a principios de los años 80, cuando se establecieron las AFP, y se expropiaron las antiguas Cajas de Previsión, estábamos en plena represión y dictadura militar, pero la economía chilena se hundía, empresas y bancos estaban quebradas y descapitalizadas tras el fracaso del primer experimento neo-liberal y la doctrina de shock. Los empresarios necesitaban urgentemente dinero fresco.
Estamos frente a dos concepciones valóricas diametralmente opuestas, y si observamos los resultados de treinta años de experimento monetarista con las pensiones privatizadas en Chile, tenemos la demostración palpable que en necesidades sociales la colaboración solidaria y lo público son más eficientes.
Con el excedente calculado a partir de aportes superiores a los gastos esperados, crearemos un Fondo de Reserva Previsional, que invertirá en proyectos y empresas con interés social, que generé un interés garantizado. Con esto aseguramos la sostenibilidad del sistema de pensiones, en épocas de dificultades económicas, o alto desempleo, y en el futuro cuando llegue a haber un problema demográfico estará cubierto.
La propuesta no es una vuelta al pasado de las Cajas de Previsión. Estas tenían un componente de reparto solidario pero limitado a las fronteras de los gremios a los que agrupaban. Pero la propuesta de reparto actual considera la situación de movilidad en el mundo del trabajo durante la vida laboral. A diferencia de las pensiones de AFP, en donde no hay certeza de su monto al llegar al retiro, y lo único claro son los porcentajes de cotización y comisión a pagar.
TAG: #Jubilacion

